Reseña: El síndrome de Mozart, de Gonzalo Moure

¡Hola! Después de haber mencionado este libro en varios Book Tags y en comentarios o introducciones de otros posts, me he decidido a releerlo por enésima vez para preparar una reseña en condiciones de una de mis lecturas preferidas. ¡Espero que disfrutéis de la reseña!

Irene se va de vacaciones con sus padres a Casares, un pueblo asturiano. Ella es muy aficionada a tocar el violín y en esa aldea conoce, por accidente, a Tomi, un joven pastor que posee un talento natural para la música, y que padece el mismo síndrome que pudo tener Mozart. Gracias a la música, estos dos muchachos compartirán su afición por la música clásica y por el violín, un extraordinario instrumento que Tomi domina sin saberlo.



 Puede que el título no parezca muy atrayente. Para mí, al menos, no lo fue. Creo que en la reseña de El arca de Schindler os hablé de él, ya que me lo regaló una tía junto con El niño con el pijama de rayas, y me desilusionó bastante el recibirlo porque me dio la sensación de ser un auténtico peñazo (esas fueron mis palabras en aquel momento). No sabéis lo equivocada que estaba. A pesar de que comencé a leerlo con recelo, pronto me atrapó e hizo que mi opinión diese un giro de 180 grados. Pasó de ser el libro raro, a mi libro favorito. ¿Cómo? Fácil, y ahora es momento de que os lo cuente. Nos enfrentamos a una trama que puede antojarse común: no hay nada en la sinopsis que nos diga que vamos a ver algo extremadamente increíble, sino lo que da la sensación de ser un aburrido verano de campo para una adolescente. Hasta ahí bien.

 Gonzalo Moure consigue emocionar con una base tan sencilla. No hay trampa ni cartón, sino un dominio de las palabras, del ritmo de la historia, de los sentimientos encubiertos y una gran ambientación. La historia en sí transcurre en Cansares, un supuesto pueblo asturiano (la verdad es que es la única vez que lo he oído,  así que es posible que sea una localización ficticia. Ahora para que me digáis que en el libro se dice que no existe, y yo buscando como una loca…). En fin, de vuelta a lo que nos incumbe, Irene vive en la ciudad y simpatiza con un chaval un poco especial y alocado que se llama Yarchik, pero sus padres planean para las vacaciones un viaje al lugar ya mencionado.

Aunque en un principio parezca elegido al azar, la chica se dará cuenta de que no es así. Su padre es psicólogo y sabe de la existencia de Tomi, un chico que vive cerca de la casa que han alquilado para las vacaciones. ¿Qué pinta Irene entre su padre y Tomi? Tomi es un muchacho con síndrome de Williams con un don especial para la música, y la protagonista toca varios instrumentos (violín principalmente), y su padre quiere utilizarla como “cebo”, intermediaria, para poder estudiar al chico. 

En mi opinión, la personalidad que se le da a Tomi, obviamente estudiada para que actúe de manera acorde a su problema, está trabajada muy profundamente y conseguirá que se convierta en un personaje entrañable. Tiene cambios de humor muy bruscos, un oído excepcional y una timidez semejante. Ahora bien, sabemos que Irene no estaba muy por la labor de viajar al norte, a un pueblecito (más bien una aldea) perdido en algún lugar de esta gran desconocida que es Asturias, así que esta conexión que debería ser fácil, se torna mucho más enrevesada.
 La joven se nos presenta como una chica urbanita, quizás hastiada de la música clásica que sus padres le han metido “por los ojos” y bastante reservada e introvertida. La suma de caracteres no podría ser más dispar. Por supuesto, en cualquier novela ha de haber amor (no técnicamente, pero de manera encubierta en la mayoría de historias hay situaciones amorosas o cosas por el estilo). En este caso es extraño, porque no estamos hablando de amor, sino de un cúmulo de sentimientos contradictorios pero tiernos y terriblemente naturales. Hay ciertas partes que te sacan una sonrisa y otras que muestran todo lo contrario: una complicada relación padre-hija, en la que Tomi, el pequeño duende de la eterna sonrisa, logrará sacar algo bueno. Como ya he dicho antes, es una historia muy cercana, en la que el lector se puede identificar perfectamente con los protagonistas, y que bien se merece el premio Gran Angular que le otorgaron en 2003.

Respecto al final, ese gran amigo-enemigo mío y del que siempre he de decir algo para quedarme a gusto, tengo que comentar que es muy bonito (rara palabra saliendo de mi boca), muy similar al resto y lo que realmente se merecía la historia. Eso sí, yo creo que me esperaba que hubiese algo más romántico, pero está claro que el autor sabía que no era lo que quería mostrar, y a mi me ha dado un poquito con la puertas en las narices. Pero no es algo que haga que yo cambie mi percepción general sobre la obra.

 ¿Qué me decís del libro? ¿Lo habíais leído o es la primera vez que oís hablar de él?
 ¡SOY TODA OÍDOS!
 
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Reseña: Ciudades de papel, de John Green

¡Buenas tardes!
Después de haberme pasado la noche leyendo este libro, he preparado la reseña a toda pastilla para compartir mi desilusión con vosotros. ¿Creéis que mi desencanto con John Green tiene fundamento o es fruto del insomnio?

Quentin Jacobsen ha pasado toda su vida amando en secreto (y no tan secreto) a la magníficamente intrépida Margo Roth Spiegelman. Así que, cuando ella fuerza su ventana como un ninja y lo recluta para una insólita campaña de venganza, él la sigue. Cuando su gran noche termina y Q vuelve a la rutina, descubre que Margo ha tornado de enigma a misterio. Pronto descubre que, tras su desaparición, ella ha dejado pistas para que la encuentre. Por eso emprende un camino tormentoso en el que descubrirá a la verdadera Margo y se conocerá más a sí mismo.


 Tras haber leído 364 páginas en 5 horas, haber conseguido un dolor de cabeza importante y rondar por la casa como un auténtico zombie; después de mis hazañas heroicas he llegado a la conclusión que una de las cosas que más desmerecen este libro es el título. ¿Ciudades de papel? Entiendo que sea una metáfora, una doble metáfora si se quiere, pero creo que a fin de cuentas es algo que se trata en el libro con una superficialidad entremezclada con pensamientos filosóficos que no me gustó en absoluto. Estoy a la par frustrada y molesta, y feliz por haber sido capaz de trasladar esta lectura a mi lista de leídos, a pesar de que me haya proporcionado una noche insomne.
Creo que comencé haciéndome falsas esperanzas, queriendo equiparar las dos obras de Green que probé tras Bajo la misma estrella. Es cierto que esta novela desborda sentimiento y ha obtenido tanto éxito porque trata el tema que trata, pero nos ha conmovido y eso sirve para darle un status diferente. Buscando Alaska lo elegí en verano, y me disgustó profundamente porque, aunque la historia en sí no era mala ni mucho menos, no conseguí identificarme o conectar con los personajes… Y, desde hace semanas, vengo viendo las fichas de Ciudades de papel en la blogosfera y me he dicho, ¿por qué no intentarlo de nuevo? No dudo de la capacidad narrativa de John Green, porque tiene un estilo ameno, limpio y muy natural. Creo que sus historias se leen con comodidad, pero no me gusta el “ambiente” con aires de reflexión que introduce, casi a presión, porque no me acaba de encajar con el resto. La intención es buena, a mi modo de ver.
 
 Quentin me gusta, y su personalidad nerd me parece un buen punto para empezar. La situación familiar en que se le enmarca le da como un aura de “Sí, lo sé. Mis padres son psicólogos y yo estoy aplatanado, pero en alguna parte de mi ser quiero arriesgarme una pizca.” Eso sí, Margot, la misteriosa Margot, no me ha entrado. Nada más empezar no he podido dejar de encontrar similitudes entre ella y Alaska. Tan independientes, rebuscadas… Creo que su personaje es completamente irreal: nadie actúa con tantas segundas intenciones, dándole vueltas a las cosas para lograr su objetivo, y menos huyendo sin una razón medianamente lógica. Como decía, el planteamiento es prácticamente imposible e irracional. Comenzamos en el pasado, vamos a la época final del instituto, conocemos a dos personajes con una relación oxidada y nos metemos en una búsqueda que ni un mejor amigo haría por su colega desaparecido. Green se pasa de largo con ese amor idealizado por Margo que parece mover a Quentin en un alocado viaje a través de varios estados malgastando el día de su graduación para encontrar a alguien por alguna extraña razón que lo ha vuelto impulsivo y seguro de sí mismo.  Simplemente no. No, no y no. Normalmente me suele gustar leer cualquier cosa con tal de que tenga letras porque disfruto sumergiéndome en cualquier novela o pasaje, o lo que sea. Con Ciudades de papel disfruté durante las primeras 150 páginas, después me comenzó a parecer un embrollo. Es cierto que la literatura es ficción, a pesar de que hablamos de generos de ficción y no-ficción, pero son historias, situaciones ideadas por alguien. A mi no me importa leer fantasía o “realidad”, pero cuando entro en este último, espero encontrarme con cosas verdaderamente reales. Me he criado con el convencimiento de “los americanos están locos”. Cuando digo americanos (disculpadme mis lectores latinos), me refiero a estadounidenses, siempre poseedores de coches cuando no tienen ni pelos en la barba, que hacen fiestas cuando sus padres no están y que se lanzan a hacer un viaje por su país con tres centavos en el bolsillo. Entonces, para mí, esta novela es el fiel reflejo de ese mito que me lleva acompañando mucho tiempo. Comenté más arriba que no acabó de convencerme la mezcla de prosa más cuidada intelectual con la narración de las andadas de unos adolescentes. Aquí os dejo un breve fragmento (muy comentado por las redes sociales y en internet)
 Pero, ¿no es eso también, en algún nivel fundamental, lo que nos dificulta entender que las demás personas son seres humanos de la misma manera en que lo somos nosotros? Los idealizamos como a dioses o los desestimamos como animales.
 Puede que la intención sea buena, pero es como una masa que no se cuaja del todo. Sabe bien, por separado, cada ingrediente es dulce,  pero al mezclarlo se te agría la expresión. ¿Me explico? A los que salvaría de buena gana es a Ben, a Radar y a Lacey, que si son buenos reflejos de las amistades de la época del instituto. Me han hecho sonreír, especialmente con el trámite del baile de graduación, y han logrado que mi opinión mejorase un poco. Creo que mi preferido ha sido Radar, porque es como un friki siempre sonriente y el amigo que cualquiera quisiera tener. 
Nunca dejaré de pensar que quizá le gustaban tanto los misterios que se convirtió en uno de ellos.
 Quentin reflexionando sobre Margo
En resumidas cuentas, me ha parecido flojo y me arrepiento de haber malgastado mi noche en leerlo, porque no ha merecido la pena tanto como pensaba. No diría que es un mal libro, porque creo que han influido en mi opinión unas expectativas desmesuradas, pero confío en que Green vuelva a la carga con algo un poquito mejor.
 Y, ¿vosotros que pensáis? Espero vuestras opiniones aquí abajo 😉

Reseña: El arca de Schindler, de Thomas Keneally


”Oskar Schindler era un industrial alemán católico y estaba muy bien relacionado con la jerarquía nazi. Además, era un mujeriego empedernido y un gran bebedor. ¿Quién iba a pensar que tras esa apariencia frívola y bohemia se escondía un hombre que no dudaría en arriesgar su piel para salvar a más de mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial? Una emocionante historia real llevada al cine por Steven Spielberg con el título de LA LISTA DE SCHINDLER.”


Cuando me enfrenté a esta novela solo había tocado el tema del Holocausto a través de El niño con el pijama de rayas. Me lo había regalado una tía (en contra de la opinión de mi madre de que era demasiado fuerte para una cría), que opinaba que la obra de Boyne no contaba gran verdad sobre esa época y situación, pero decidió que estaría bien que lo leyera. De eso habían pasado unos cuantos años y mis horas de clases apabullantes de historia sobre el tema, documentales en Discovery y cosas así me despertaron la intriga. Creo que la sinopsis no consigue transmitir del todo el verdadero trasfondo de la novela. Yo lo cogí, sin saber bien a qué atenerme, sí una biografía, una ficción edulcorada… Keneally mezcla ambas cosas con gran acierto. En mi opinión, se consigue poner al lector en la piel de los personajes, contarles como eran las cosas, la dureza de la situación, nada de velos opacos que endulcen la historia. 
El personaje de Oskar Schindler, comprendo que se haya modificado lo justo para convertir a la persona real en un protagonista literario, está perfectamente trabajado y desarrollado. No aparece como un héroe, o el salvador que va a terminar con la barbarie Nazi. Oskar es, al principio, uno más, que vive por todo lo alto, maneja dinero y tiene un gran don para moverse entre posturas aun más importantes que la suya. Sin embargo, se ve que, tras la fachada de empresario indiferente, hay algo más. Ahí es donde comienza la “magia” de Keneally. No es un tema fácil de tratar, pero el autor ha sabido enfocarlo sin caer en una ficción que ya no merecería la relevancia que ha conseguida. Estamos ante una narración frívola, sincera y sencilla, pero elegante, que se adecúa con el ambiente en que se desarrolla.
 
 La introducción de los personajes, digamos los villanos, me ha gustado mucho. Son tal y como cabe esperar de los “desquiciados” de la época que podían estar acometiendo las barbaridades que hacían. Probablemente, el que más me impactó fue Amon Goeth. Destila crueldad por los cuatro costados y es lo suficientemente imbécil para no plantearse lo que está haciendo y por qué. Os pongo en situación: este individuo dirige lo que vendría un campo de trabajos de judíos, y tal es su personalidad que al no encontrar nada interesante que hacer, opta por disparar al azar a todos quienes pasen por el centro del campo desde su terraza. Me parece detestable, y me ha producido un desagrado tal que lo he convertido en uno de los mejores antagonistas que he tenido el placer de leer.

También me han sorprendido los tejemanejes que había en las altas esferas, la facilidad para esquivar los golpes si se actuaba con astucia y la tremenda diferencia entre los de arriba y los perjudicados, el pueblo judío.  Sabemos que Schindler va a salvar a unos 1100 judíos acogiéndolos en sus fábricas durante los últimos coletazos del gobierno de Hitler, pero ¿qué imagen se nos ofrece de la desesperación de estas gentes y cómo se nos presenta? La verdad es que es completamente desoladora. Sin paliativos de ningún tipo. Es la miseria, el dolor, el miedo, el acorralamiento sin razón. La mejor manera de describir esto creo que es con la imagen de la niña del abrigo rojo que la mayoría hemos visto en alguna parte. Una pequeña que no sabe dónde ir ni qué hacer mientras la marabunta es arrastrada por las fuerzas del orden hacia no sé sabe donde, para registrar sus hogares y arrasarlos. Es algo que me va a impactar durante toda la vida. A parte, creo que, obviando el matiz claramente histórico y moralizador que tiene la obra, porque vemos (dentro de lo que cabe) un final más o menos feliz después de una situación catastrófica, la intención del autor ha sido ser muy fiel a la verdad. No se oculta la personalidad de Oskar, no se evita decir que era un mujeriego ni que la relación con su mujer parece casi un chiste a lo largo de la obra. Lo que muchos catalogaríamos como escenas fuertes, disparos, asesinatos, desesperación, etc., son tratados con gran naturalidad, lo que en un primer momento me dejó “fría”, pero ¿cómo lo cuentas sino? Estamos hablando de gente que gaseó a millones de personas, son meros trámites para ellos.

Hablar del final, de la lista, de esa lista de la que Schindler se sentía orgulloso y triste a la vez porque creía que podía haber hecho más, del lado humano del negociador nato, de esa fábrica que clama cuando se sabe que todo ha acabado y de la tristeza del hombre que, a pesar de todo lo que ha conseguido y la cantidad de vidas que ha salvado, se siente un extraño y un traidor, es bastante frustrante. Me parece triste que no se le hubiera dado el reconocimiento que merecía y que hubiera muerto, ya no abandonado, pero como uno más… Lo único de lo que me alegro es de que se haya colgado al canalla de Amon.

En líneas generales me ha gustado. Es cierto que puede herir sensibilidades, pero dudo mucho que esas personas tengan demasiado interés en leer esta obra. De mi boca solo oiréis buenas palabras hacia ella.
Muchos sabréis que hay una película (una película de casi 3 horas)… Suele costarme enamorarme de una adaptación, pero, tratándose de Spielberg, pocas quejas pueden promulgarse. Si el libro no os atrae, os recomiendo que veáis el filme, porque está genial y se va a convertir en uno de esos clásicos que adoraréis.

Reseña: Yo, Tituba, bruja negra de Salem, de Maryse Condé


Los tristemente célebres procesos de Salem comenzaron en marzo de 1692 con la detención de tres ”brujas”. Una de ellas eta Tituba, la protagonista y narradora de esta novela apasionante y terrible. Tituba fue el fruto de una violación perpetrada contra su madre (una esclava africana) por un marino inglés. La madre de Tituba fue ahorcada por matar al amo blanco que intentaba violarla. El padre adoptivo de Tituba, el esclavo Yao, se suicidó tragándose la lengua. Tituba creció sola en un mundo represivo y brutal, al que odiaba con todas sus fuerzas. El mismo mundo que más adelante la condenaría por bruja malvada y satánica. Tituba murió sin comprender…


 

 En Barbuda, los negros esclavos llevaban unas vidas deplorables. La comida no era muy buena y escaseaba; poder dormir bajo un techo decente no era fácil y si tenían la oportunidad de hacerlo, sus amos intentaban complicarles aun más la existencia. Tituba era la hija de Abena, una esclava negra que fue violada por un marino y fruto de esa relación, nació Tituba. Su madre tuvo suerte, pues conoció a Yao, otro esclavo que cuidó de ella y de su hija como si fueran sangre de su sangre. Los tres vivían sirviendo a un amo bastante paciente. Sin embargo, las apariencias engañaban y él dueño de la explotación quiso propasarse con Abena. Ella lo mató y fue ahorcada. También Yao se suicidó fruto de la desesperación. Tituba se crió junto a Man Aya, que fue quién la introdujo en el mundo de la brujería, la comunicación con los seres queridos muertos y el más allá. Solo John Indien, un negro con un desparpajo y garbo desconocidos en aquellos tiempos, logró sacarla de la cabaña en la que vivía para formar un familia y servir a la ama de la que él era siervo.
 
De casa en casa fue sirviendo, hasta llegar a Salem donde, por razones extrañas, fue tachada de bruja y enviada a una prisión. En la cárcel se hizo más fuerte. Al salir de allí volvió a casa de los Parris, y luego cayó en manos de un buen judío que la quiso y la devolvió a la realidad. Solo una revuelta planeada para acabar con el poder de los blancos sobre los negros terminó con ella. Otra vez dos vidas habían caído por un futuro próspero para la comunidad africana de Barbuda.

Gracias al libro me enteré de la historia de los juicios de Salem (y me llamaréis idiota, pero nunca es tarde si se aprende algo) y me parece de lo más interesante. Es increíble la creencia en Satanás y en las brujas y aun más, los extremos hasta donde se llevaban las cosas, sin dudar en vejar a las personas (especialmente  de etnias consideradas “inferiores” en aquel entonces). La novela me parece fantástica a la hora de narrar con detenimiento los problemas de la comunidad africana y el profundo desprecio que los ”blancos” manifestaban contra ella. La autora sabe perfectamente de lo que está hablando y eso se palpa en cada renglón de la historia, porque son hechos que no se pueden tratar a la ligera, pero a los que un dramatismo exagerado quitaría realismo.

 

La personalidad de Tituba, el empeño y su pasión por seguir adelante a pesar de todos los obstáculos que van apareciendo en su camino un día sí y otro también, me enamoró. Es una mujer con garra que sabe sobreponerse y mirar hacia delante. El final me conmocionó, porque no sé si lo sabéis, pero los desenlaces tristes me matan y el de este libro me tocó de llenó el corazón.
A pesar de esto, me parece un libro perfecto para aprender de historia, reflexionar sobre la estupidez humana y disfrutar con las letras.
 
¿Conocíais esta historia? ¿Os ha gustado la reseña?
¡Espero vuestras opiniones en los comentarios! 

Reseña: Noah, de Sebastian Fiztek

¡Buenas gente de la blogosfera! Me he quedado leyendo hasta las tres de la madrugada para poder terminarme este libro y preparar una reseña decente. ¿De qué libro hablo? Pues de Noah, una novela del autor de Terapia (un best-seller que aún no he leído pero que ya tengo en mi estantería). Sebastian Fitzek nos desenmascara a este misterioso vagabundo y a su tatuaje.

El autor del best seller Terapia vuelve a electrizar a los lectores con una trama arrolladora. Él no recuerda su propio nombre. No sabe de dónde proviene. No logra recordar cómo llegó a Berlín y cuánto hace que vive en la calle. Los sin techo con los que vagabundea por la ciudad lo llaman Noah, porque lleva ese nombre tatuado en la palma de la mano. La búsqueda de sus orígenes se convierte en un desafío para Noah. Para él y para toda la humanidad, porque Noah es el elemento principal de una conspiración que pone en peligro la vida en el planeta y ya se ha cobrado diez mil víctimas.


Mi interés por este libro fue un verdadero flechazo: más que atraerme la sinopsis, me atrapó su portada. Una mano blanca sobre negro, muy CSI, pero embriagador para mi turbio cerebro. Noah es un buen nombre para esta historia. Es un puro misterio de principio a fin, con mucha acción y quizás demasiadas pretensiones para un comienzo desde diferentes lugares y puntos de vista. El autor escribe con gusto, sin recursos fabulosos pero con buenas descripciones y una narración bastante elegante que no se deforma cuando las situaciones son críticas o derrochan acción. La trama se centra en Noah y Oscar, aunque se intercalan episodios situados en Manila, Filipinas; Estados Unidos o Roma. Nos damos de bruces con Alicia, Jay y Noel, madre e hijos, que viven en la zona más pobre de Manila. Tienen que huir, porque les llega la noticia de que los quieren impedir que salgan de la zona. Son pobres, no tienen que comer y la esperanza hace mucho que la han perdido. Después conocemos a Noah y Oscar, en Berlín. Son vagabundos. Oscar parece haberlo sido durante mucho tiempo y cuida de Noah, un tipo alto y greñudo al que se encontró en el suelo inconsciente, con una herida de bala en el hombro. No recuerda nada. ¿Qué tiene que ver, obviando la situación deplorable en que viven, los personajes de ambos lugares? Y, ¿Qué tendrán que ver con Celine, una reportera del New York News que terminará siendo secuestrada tras regresar de una revisión de su embarazo?

Fitzek mantiene la incógnita a lo largo de toda la novela, con momentos trepidantes, organizaciones secretas, ricos que se “están matando” sin saberlo y pobres a los que no se les da una cura mortal. Todo ello enmarcado en una visión catastrofista del futuro de nuestro planeta, reflexiones sobre el cambio climático, sobre la estupidez humana, etc. Y, ¿Noah? Noah pasará de ser un mero sin techo que se guarece en un cuartucho de la estación de metro, a descubrirse a sí mismo en pocas horas. Será asesino y víctima y, en sus recuerdos fugaces, se verá morir a sí mismo.  Con un todas las organizaciones “secretas” armadas tras sus pasos, viajará a Ámsterdam, evitará que un asesino a sueldo se lo cargue y lo hará cómplice de un plan cuyo objetivo no conoce con totalidad. Solo hay algo de lo que está seguro: las personas están cayendo como moscas infectadas por la gripe de Manila. ¿Qué tiene que ver él, un sin memoria, con el parón mundial, el miedo sin fronteras y el cuadro que desencadena el recordar?

¿Ha sido confuso lo que os he explicado hasta ahora? Puede que sí, no era mi intención, pero he transmitido lo que el autor transmite durante las primeras cien, doscientas páginas: mucha información, muchos personajes, muchos sucesos, mucho pasado y futuro, de manera inconexa pero agradable al oído. ¿Consecuencia? Noah hacia aquí, Noah hacia allá, etc, y en mi cabeza: Qué coño… No me malinterpretéis, no quiero decir que esto sea algo malo, simplemente es una narración compleja y a la que se ha de prestar mucha atención porque sino podemos perdernos nuestros detalles. Fitzek ha hecho un buen trabajo, sin dejar nada al azar, estudiando la actualidad y el funcionamiento de “nuestras mentes de primates”. La famosa gripe de Manila tiene una curiosa similitud con el ébola, sí, esa enfermedad que tanto está dando de qué hablar en Occidente y de la Occidente solo se ha preocupado cuando ha traspasado sus fronteras. En la novela estamos en lo mismo: la hipocresía del ser humano al cuadrado. Pero, como bien sabemos, es una novela, es ficción, y por eso todo es más enrevesado que en “nuestro mundo de panderetas” (o crucemos los dedos para que sea así). Esta enfermedad es un proyecto para mantener a flote a la humanidad, sí, como oís, y la cura, la propia enfermedad.
Probablemente tengáis más dudas que antes de comenzar esta reseña, así que resumiré mi opinión en unas palabras: cuesta leerlo porque hay mucho que captar, pero una vez dentro de la lectura engancha. El autor da en el clavo con la composición y lo hace adictivo. Ese regusto a actualidad, esa cercanía con nuestra realidad le da el matiz perfecto para ser lo que es: una buena novela para tomarse con calma.
 Está sonando mucho en la blogsfera… ¿Vosotros os la habéis leído? ¿Os gustaría hacerlo?