Reseña: El síndrome de Mozart, de Gonzalo Moure

¡Hola! Después de haber mencionado este libro en varios Book Tags y en comentarios o introducciones de otros posts, me he decidido a releerlo por enésima vez para preparar una reseña en condiciones de una de mis lecturas preferidas. ¡Espero que disfrutéis de la reseña!

Irene se va de vacaciones con sus padres a Casares, un pueblo asturiano. Ella es muy aficionada a tocar el violín y en esa aldea conoce, por accidente, a Tomi, un joven pastor que posee un talento natural para la música, y que padece el mismo síndrome que pudo tener Mozart. Gracias a la música, estos dos muchachos compartirán su afición por la música clásica y por el violín, un extraordinario instrumento que Tomi domina sin saberlo.



 Puede que el título no parezca muy atrayente. Para mí, al menos, no lo fue. Creo que en la reseña de El arca de Schindler os hablé de él, ya que me lo regaló una tía junto con El niño con el pijama de rayas, y me desilusionó bastante el recibirlo porque me dio la sensación de ser un auténtico peñazo (esas fueron mis palabras en aquel momento). No sabéis lo equivocada que estaba. A pesar de que comencé a leerlo con recelo, pronto me atrapó e hizo que mi opinión diese un giro de 180 grados. Pasó de ser el libro raro, a mi libro favorito. ¿Cómo? Fácil, y ahora es momento de que os lo cuente. Nos enfrentamos a una trama que puede antojarse común: no hay nada en la sinopsis que nos diga que vamos a ver algo extremadamente increíble, sino lo que da la sensación de ser un aburrido verano de campo para una adolescente. Hasta ahí bien.

 Gonzalo Moure consigue emocionar con una base tan sencilla. No hay trampa ni cartón, sino un dominio de las palabras, del ritmo de la historia, de los sentimientos encubiertos y una gran ambientación. La historia en sí transcurre en Cansares, un supuesto pueblo asturiano (la verdad es que es la única vez que lo he oído,  así que es posible que sea una localización ficticia. Ahora para que me digáis que en el libro se dice que no existe, y yo buscando como una loca…). En fin, de vuelta a lo que nos incumbe, Irene vive en la ciudad y simpatiza con un chaval un poco especial y alocado que se llama Yarchik, pero sus padres planean para las vacaciones un viaje al lugar ya mencionado.

Aunque en un principio parezca elegido al azar, la chica se dará cuenta de que no es así. Su padre es psicólogo y sabe de la existencia de Tomi, un chico que vive cerca de la casa que han alquilado para las vacaciones. ¿Qué pinta Irene entre su padre y Tomi? Tomi es un muchacho con síndrome de Williams con un don especial para la música, y la protagonista toca varios instrumentos (violín principalmente), y su padre quiere utilizarla como “cebo”, intermediaria, para poder estudiar al chico. 

En mi opinión, la personalidad que se le da a Tomi, obviamente estudiada para que actúe de manera acorde a su problema, está trabajada muy profundamente y conseguirá que se convierta en un personaje entrañable. Tiene cambios de humor muy bruscos, un oído excepcional y una timidez semejante. Ahora bien, sabemos que Irene no estaba muy por la labor de viajar al norte, a un pueblecito (más bien una aldea) perdido en algún lugar de esta gran desconocida que es Asturias, así que esta conexión que debería ser fácil, se torna mucho más enrevesada.
 La joven se nos presenta como una chica urbanita, quizás hastiada de la música clásica que sus padres le han metido “por los ojos” y bastante reservada e introvertida. La suma de caracteres no podría ser más dispar. Por supuesto, en cualquier novela ha de haber amor (no técnicamente, pero de manera encubierta en la mayoría de historias hay situaciones amorosas o cosas por el estilo). En este caso es extraño, porque no estamos hablando de amor, sino de un cúmulo de sentimientos contradictorios pero tiernos y terriblemente naturales. Hay ciertas partes que te sacan una sonrisa y otras que muestran todo lo contrario: una complicada relación padre-hija, en la que Tomi, el pequeño duende de la eterna sonrisa, logrará sacar algo bueno. Como ya he dicho antes, es una historia muy cercana, en la que el lector se puede identificar perfectamente con los protagonistas, y que bien se merece el premio Gran Angular que le otorgaron en 2003.

Respecto al final, ese gran amigo-enemigo mío y del que siempre he de decir algo para quedarme a gusto, tengo que comentar que es muy bonito (rara palabra saliendo de mi boca), muy similar al resto y lo que realmente se merecía la historia. Eso sí, yo creo que me esperaba que hubiese algo más romántico, pero está claro que el autor sabía que no era lo que quería mostrar, y a mi me ha dado un poquito con la puertas en las narices. Pero no es algo que haga que yo cambie mi percepción general sobre la obra.

 ¿Qué me decís del libro? ¿Lo habíais leído o es la primera vez que oís hablar de él?
 ¡SOY TODA OÍDOS!
 

Reseña: Ciudades de papel, de John Green

¡Buenas tardes!
Después de haberme pasado la noche leyendo este libro, he preparado la reseña a toda pastilla para compartir mi desilusión con vosotros. ¿Creéis que mi desencanto con John Green tiene fundamento o es fruto del insomnio?

Quentin Jacobsen ha pasado toda su vida amando en secreto (y no tan secreto) a la magníficamente intrépida Margo Roth Spiegelman. Así que, cuando ella fuerza su ventana como un ninja y lo recluta para una insólita campaña de venganza, él la sigue. Cuando su gran noche termina y Q vuelve a la rutina, descubre que Margo ha tornado de enigma a misterio. Pronto descubre que, tras su desaparición, ella ha dejado pistas para que la encuentre. Por eso emprende un camino tormentoso en el que descubrirá a la verdadera Margo y se conocerá más a sí mismo.


 Tras haber leído 364 páginas en 5 horas, haber conseguido un dolor de cabeza importante y rondar por la casa como un auténtico zombie; después de mis hazañas heroicas he llegado a la conclusión que una de las cosas que más desmerecen este libro es el título. ¿Ciudades de papel? Entiendo que sea una metáfora, una doble metáfora si se quiere, pero creo que a fin de cuentas es algo que se trata en el libro con una superficialidad entremezclada con pensamientos filosóficos que no me gustó en absoluto. Estoy a la par frustrada y molesta, y feliz por haber sido capaz de trasladar esta lectura a mi lista de leídos, a pesar de que me haya proporcionado una noche insomne.
Creo que comencé haciéndome falsas esperanzas, queriendo equiparar las dos obras de Green que probé tras Bajo la misma estrella. Es cierto que esta novela desborda sentimiento y ha obtenido tanto éxito porque trata el tema que trata, pero nos ha conmovido y eso sirve para darle un status diferente. Buscando Alaska lo elegí en verano, y me disgustó profundamente porque, aunque la historia en sí no era mala ni mucho menos, no conseguí identificarme o conectar con los personajes… Y, desde hace semanas, vengo viendo las fichas de Ciudades de papel en la blogosfera y me he dicho, ¿por qué no intentarlo de nuevo? No dudo de la capacidad narrativa de John Green, porque tiene un estilo ameno, limpio y muy natural. Creo que sus historias se leen con comodidad, pero no me gusta el “ambiente” con aires de reflexión que introduce, casi a presión, porque no me acaba de encajar con el resto. La intención es buena, a mi modo de ver.
 
 Quentin me gusta, y su personalidad nerd me parece un buen punto para empezar. La situación familiar en que se le enmarca le da como un aura de “Sí, lo sé. Mis padres son psicólogos y yo estoy aplatanado, pero en alguna parte de mi ser quiero arriesgarme una pizca.” Eso sí, Margot, la misteriosa Margot, no me ha entrado. Nada más empezar no he podido dejar de encontrar similitudes entre ella y Alaska. Tan independientes, rebuscadas… Creo que su personaje es completamente irreal: nadie actúa con tantas segundas intenciones, dándole vueltas a las cosas para lograr su objetivo, y menos huyendo sin una razón medianamente lógica. Como decía, el planteamiento es prácticamente imposible e irracional. Comenzamos en el pasado, vamos a la época final del instituto, conocemos a dos personajes con una relación oxidada y nos metemos en una búsqueda que ni un mejor amigo haría por su colega desaparecido. Green se pasa de largo con ese amor idealizado por Margo que parece mover a Quentin en un alocado viaje a través de varios estados malgastando el día de su graduación para encontrar a alguien por alguna extraña razón que lo ha vuelto impulsivo y seguro de sí mismo.  Simplemente no. No, no y no. Normalmente me suele gustar leer cualquier cosa con tal de que tenga letras porque disfruto sumergiéndome en cualquier novela o pasaje, o lo que sea. Con Ciudades de papel disfruté durante las primeras 150 páginas, después me comenzó a parecer un embrollo. Es cierto que la literatura es ficción, a pesar de que hablamos de generos de ficción y no-ficción, pero son historias, situaciones ideadas por alguien. A mi no me importa leer fantasía o “realidad”, pero cuando entro en este último, espero encontrarme con cosas verdaderamente reales. Me he criado con el convencimiento de “los americanos están locos”. Cuando digo americanos (disculpadme mis lectores latinos), me refiero a estadounidenses, siempre poseedores de coches cuando no tienen ni pelos en la barba, que hacen fiestas cuando sus padres no están y que se lanzan a hacer un viaje por su país con tres centavos en el bolsillo. Entonces, para mí, esta novela es el fiel reflejo de ese mito que me lleva acompañando mucho tiempo. Comenté más arriba que no acabó de convencerme la mezcla de prosa más cuidada intelectual con la narración de las andadas de unos adolescentes. Aquí os dejo un breve fragmento (muy comentado por las redes sociales y en internet)
 Pero, ¿no es eso también, en algún nivel fundamental, lo que nos dificulta entender que las demás personas son seres humanos de la misma manera en que lo somos nosotros? Los idealizamos como a dioses o los desestimamos como animales.
 Puede que la intención sea buena, pero es como una masa que no se cuaja del todo. Sabe bien, por separado, cada ingrediente es dulce,  pero al mezclarlo se te agría la expresión. ¿Me explico? A los que salvaría de buena gana es a Ben, a Radar y a Lacey, que si son buenos reflejos de las amistades de la época del instituto. Me han hecho sonreír, especialmente con el trámite del baile de graduación, y han logrado que mi opinión mejorase un poco. Creo que mi preferido ha sido Radar, porque es como un friki siempre sonriente y el amigo que cualquiera quisiera tener. 
Nunca dejaré de pensar que quizá le gustaban tanto los misterios que se convirtió en uno de ellos.
 Quentin reflexionando sobre Margo
En resumidas cuentas, me ha parecido flojo y me arrepiento de haber malgastado mi noche en leerlo, porque no ha merecido la pena tanto como pensaba. No diría que es un mal libro, porque creo que han influido en mi opinión unas expectativas desmesuradas, pero confío en que Green vuelva a la carga con algo un poquito mejor.
 Y, ¿vosotros que pensáis? Espero vuestras opiniones aquí abajo 😉

Reseña: It, de Stephen King

¡Buenas! No ha pasado mucho tiempo desde que colgué la reseña de otra obra de King, La Larga Marcha, pero este libro me ha marcado mucho y tenía unas ganas enormes de compartir mi opinión sobre él con vosotros. Sin más dilación, vámonos al lío. ¡Una de terror, camarero!

”En Derry, un insignificante pueblo de Nueva Inglaterra, cada 27 años aparece un enigmático payaso, que, a su paso, siembra el caos y provoca extrañas desapariciones, horrendos crímenes, indescriptibles horrores… Es eso, una ancestral energía maligna que anida en las cloacas de Derry y el inconsciente de sus ciudadanos adultos. Habrá que ser un grupo de niños quienes intuyan la pavorosa revelación oculta tras la maldición cíclica que se abate sobre ese pequeño pueblo. Precisamente ellos, jurmentados para regresar a Derry y acabar con la pesadillas, serán quienes, cumpliendo su promesa 27 años después, se enfrenten cara a cara con eso, la mñas espantosa materialización de Mal y del Caos. Eso está dispuesto a presentar batalla, y utilizará sus infinitas apariencias y su terrible poder en una suerte de danza macabra y sangrienta.”


 ¿Cómo se comienza la reseña de una de las obras de terror con más carisma, reconocimiento y amantes y detractores del último siglo? Me ha costado, porque he querido hacerla lo mejor posible, no desmerecer lo que hay narrado en esas 942 larguísimas páginas y, para ello, me he pasado un buen rato plasmando todo lo que creía necesario para esta ficha en un folio. Sí, en este folio lleno de garabatos que os he escaneado (y en el que, como bien veréis, hay spoilers por todas partes).

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 Así que nos toca hablar de Pennywise, de Bill el Tartaja y de toda su panda. La narración se desarrolla en dos momentos marcados, en los que observamos a la perfección como han crecido los niños y qué ha sido lo que han dejado atrás, ya de adultos. En 1958, Los perdedores son un grupo de siete jóvenes que no tienen nada importante que compartir. Sin amigos, se unen creando un grupo atormentado por la “villanía” de Henry Bowers, que vendría a ser algo así como el antagonista de carne y hueso de la historia. 
Antes de esto, sin embargo, comienzan a desaparecer niños en Derry, un pequeño pueblo totalmente olvidado, en Maine. Uno de estos pequeños desaparecido y fallecido, es George Denbrough, hermano de Bill El Tartaja. Nadie sabe que le ha sucedido, ninguno de estos misteriosos casos son resueltos. Y ¿Quién está detrás de ellos? Pues ESO.  King crea un ente misterioso, ávido de miedo para poder mantenerse con vida (o lo que sea que tenga). En realidad, no sabemos qué es ESO. En el libro se nos explica (muy fantasioso, pero narrado de tal manera que le haría competencia a la teoría del BIG-BANG) que al principio de todo, solo existían ESO y La Tortuga. ESO era el mal y La Tortuga la buena, pero un día, esta tuvo un malestar estomacal, vomitó el Universo y murió. Y ESO se trasladó a la Tierra. Y muchos pensaréis, ¿esto tiene sentido? ¿Qué tiene que ver con el famoso payaso? ¿Realmente es de terror?
 
Hay una cosa que he aprendido tras leer a King, y, en general, cualquier obra catalogada como de terror. Hay muchas personas que buscan un libro de estas características con la esperanza de sobresaltarse página tras página. En mi humilde opinión, eso no tiene sentido. Si quieres gritar, cómprate Mamá y grita a lo largo de toda la película. It es una historia de terror psicológico, que, a través de unos hechos que puedan gustar más o menos, nos enseña cómo evolucionan los personajes, cóomo el coraje llega y desaparece, o cómo actúan o responden al toparse con una situación surrealista.

Nadie en su sano juicio creería que existe un payaso en las alcantarillas que devoran niños, ¿verdad? Pues tras leer esta novela me he pasado unas semanas caminando rápido al pasar cerca de una, he mirado debajo de la cama como una cría y he observado con desconfianza el desagüe de la ducha porque recordaba lo que había leído. Es cerrar los ojos y tener que abrirlos porque los recuerdos se arremolinan en tu cabeza y no sabes si es un sueño o si estás viendo sombras en la oscuridad. Eso es lo que consigue esta obra de King. Y aunque os lo haya descrito como algo “casi desagradable”, no es esa la sensación que os quiero transmitir, sino la de que está perfectamente enfocado, el autor sabe como manejar el tema porque tiene muy claro que quiere conseguir en el lector. &nbspNos conmueve al ver como los niños se “alían” y trabajan juntos para “espantar” a ESO y nos pone los pelos de punta al ir viendo como las llamadas de Mike Haslom (el único de los amigos que se había quedado en Derry, trabajando como bibliotecario), causan estragos al otro lado de la línea, cómo aquella vieja promesa que habían hecho parecía tan lejana que no querían creer que fuese verdad que tendrían que volver. Y nos demuestra la fragilidad del adulto, el modo en que el pragmatismo y la racionalidad que la sociedad le ha impuesto lo hace débil, principalmente contándonos la no valentía de Stan Uris para afrontar lo que suponía enterrado. Por eso, lo mejor de todo es la segunda parte, porque los adultos nos son descritos como héroes, sí, pero héroes fracasados, más inseguros  e ineptos que en su juventud. Diseñadora de moda, escritor, arquitecto, cómico… Todos de renombre, conocidos en la esfera pública, y que tendrán que regresar a las cloacas para enfrentarse a un enemigo mucho más peligroso, porque la propia Derry es su enemigo. Como bien dice King en una de las páginas: “ESO es parte de Derry, o quizás Derry es parte de ESO”.

Al margen de todos los acontecimientos “terroríficos”, la novela tiene cierta tensión sexual, amores frustrados entre el mismo grupo de Los Perdedores (Bill, Beverly, Ben, Mike, Stan, Eddie y Richie) y complicadas situaciones en los hogares propios. Bill siente que sus padres lo han dejado al margen tras la muerte de su hermano y, además, es tartamudo, Beverly tiene un padre extremadamente autoritario y con problemas, Ben es el centro de la diana a la que lanzan dardos contra su “exceso de peso”, Mike es un chico negro, Stan es tímido e introvertido, Eddie, un hipocondríaco y Richie un bocazas que habla cuando y de lo que no debería.

Por esto y por muchas cosas más, este es un libro que yo conservaría en vitrina. Tiene de todo, con la marca King en todas partes. El desarrollo es rápido y muy atractivo para la mente, porque imaginamos lo que sucederá, cuando y a quién, a pesar de tener entre manos un “tocho” de casi 1000 páginas. La narración no merece queja ni apostillamiento alguno por mi parte porque me ha encantado. Los personajes, con el “olor”  a héroes tan indispensable en las obras del autor, tienen una perfecta descripción y evolución a medida que se ven contra las cuerdas, e IT, ESO o como prefiráis llamarlo, es uno de los mejores “antagonistas” con los que me he encontrado. Es tan misterioso que no necesita un nombre terrorífico para hacernos “temblar” y eleva al máximo el ideal halloweenesco del payaso asesino.

Me encanta y, si no requiriese tanto tiempo leerlo, me lo devoraría de nuevo miles de veces. Os lo recomiendo con fervor, sé que muchos lo habréis leído, así que espero que me comentéis que os ha parecido y si creéis que, mientras escribía esta reseña, he sido poseída por el espectro de IT para decir tantas cosas buenas sobre el libro.

 
Dichas estas “cuatro palabras”, os hago una última recomendación: si tenéis intención de ver la película, intentad tener la voluntad de leer el libro antes. Es un filme antiguo, con efectos bastante deplorables y si etiquetáis la historia a partir de la terrible adaptación os habréis perdido algo muy bueno.

Reseña: El arca de Schindler, de Thomas Keneally


”Oskar Schindler era un industrial alemán católico y estaba muy bien relacionado con la jerarquía nazi. Además, era un mujeriego empedernido y un gran bebedor. ¿Quién iba a pensar que tras esa apariencia frívola y bohemia se escondía un hombre que no dudaría en arriesgar su piel para salvar a más de mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial? Una emocionante historia real llevada al cine por Steven Spielberg con el título de LA LISTA DE SCHINDLER.”


Cuando me enfrenté a esta novela solo había tocado el tema del Holocausto a través de El niño con el pijama de rayas. Me lo había regalado una tía (en contra de la opinión de mi madre de que era demasiado fuerte para una cría), que opinaba que la obra de Boyne no contaba gran verdad sobre esa época y situación, pero decidió que estaría bien que lo leyera. De eso habían pasado unos cuantos años y mis horas de clases apabullantes de historia sobre el tema, documentales en Discovery y cosas así me despertaron la intriga. Creo que la sinopsis no consigue transmitir del todo el verdadero trasfondo de la novela. Yo lo cogí, sin saber bien a qué atenerme, sí una biografía, una ficción edulcorada… Keneally mezcla ambas cosas con gran acierto. En mi opinión, se consigue poner al lector en la piel de los personajes, contarles como eran las cosas, la dureza de la situación, nada de velos opacos que endulcen la historia. 
El personaje de Oskar Schindler, comprendo que se haya modificado lo justo para convertir a la persona real en un protagonista literario, está perfectamente trabajado y desarrollado. No aparece como un héroe, o el salvador que va a terminar con la barbarie Nazi. Oskar es, al principio, uno más, que vive por todo lo alto, maneja dinero y tiene un gran don para moverse entre posturas aun más importantes que la suya. Sin embargo, se ve que, tras la fachada de empresario indiferente, hay algo más. Ahí es donde comienza la “magia” de Keneally. No es un tema fácil de tratar, pero el autor ha sabido enfocarlo sin caer en una ficción que ya no merecería la relevancia que ha conseguida. Estamos ante una narración frívola, sincera y sencilla, pero elegante, que se adecúa con el ambiente en que se desarrolla.
 
 La introducción de los personajes, digamos los villanos, me ha gustado mucho. Son tal y como cabe esperar de los “desquiciados” de la época que podían estar acometiendo las barbaridades que hacían. Probablemente, el que más me impactó fue Amon Goeth. Destila crueldad por los cuatro costados y es lo suficientemente imbécil para no plantearse lo que está haciendo y por qué. Os pongo en situación: este individuo dirige lo que vendría un campo de trabajos de judíos, y tal es su personalidad que al no encontrar nada interesante que hacer, opta por disparar al azar a todos quienes pasen por el centro del campo desde su terraza. Me parece detestable, y me ha producido un desagrado tal que lo he convertido en uno de los mejores antagonistas que he tenido el placer de leer.

También me han sorprendido los tejemanejes que había en las altas esferas, la facilidad para esquivar los golpes si se actuaba con astucia y la tremenda diferencia entre los de arriba y los perjudicados, el pueblo judío.  Sabemos que Schindler va a salvar a unos 1100 judíos acogiéndolos en sus fábricas durante los últimos coletazos del gobierno de Hitler, pero ¿qué imagen se nos ofrece de la desesperación de estas gentes y cómo se nos presenta? La verdad es que es completamente desoladora. Sin paliativos de ningún tipo. Es la miseria, el dolor, el miedo, el acorralamiento sin razón. La mejor manera de describir esto creo que es con la imagen de la niña del abrigo rojo que la mayoría hemos visto en alguna parte. Una pequeña que no sabe dónde ir ni qué hacer mientras la marabunta es arrastrada por las fuerzas del orden hacia no sé sabe donde, para registrar sus hogares y arrasarlos. Es algo que me va a impactar durante toda la vida. A parte, creo que, obviando el matiz claramente histórico y moralizador que tiene la obra, porque vemos (dentro de lo que cabe) un final más o menos feliz después de una situación catastrófica, la intención del autor ha sido ser muy fiel a la verdad. No se oculta la personalidad de Oskar, no se evita decir que era un mujeriego ni que la relación con su mujer parece casi un chiste a lo largo de la obra. Lo que muchos catalogaríamos como escenas fuertes, disparos, asesinatos, desesperación, etc., son tratados con gran naturalidad, lo que en un primer momento me dejó “fría”, pero ¿cómo lo cuentas sino? Estamos hablando de gente que gaseó a millones de personas, son meros trámites para ellos.

Hablar del final, de la lista, de esa lista de la que Schindler se sentía orgulloso y triste a la vez porque creía que podía haber hecho más, del lado humano del negociador nato, de esa fábrica que clama cuando se sabe que todo ha acabado y de la tristeza del hombre que, a pesar de todo lo que ha conseguido y la cantidad de vidas que ha salvado, se siente un extraño y un traidor, es bastante frustrante. Me parece triste que no se le hubiera dado el reconocimiento que merecía y que hubiera muerto, ya no abandonado, pero como uno más… Lo único de lo que me alegro es de que se haya colgado al canalla de Amon.

En líneas generales me ha gustado. Es cierto que puede herir sensibilidades, pero dudo mucho que esas personas tengan demasiado interés en leer esta obra. De mi boca solo oiréis buenas palabras hacia ella.
Muchos sabréis que hay una película (una película de casi 3 horas)… Suele costarme enamorarme de una adaptación, pero, tratándose de Spielberg, pocas quejas pueden promulgarse. Si el libro no os atrae, os recomiendo que veáis el filme, porque está genial y se va a convertir en uno de esos clásicos que adoraréis.

Reseña: Yo, Tituba, bruja negra de Salem, de Maryse Condé


Los tristemente célebres procesos de Salem comenzaron en marzo de 1692 con la detención de tres ”brujas”. Una de ellas eta Tituba, la protagonista y narradora de esta novela apasionante y terrible. Tituba fue el fruto de una violación perpetrada contra su madre (una esclava africana) por un marino inglés. La madre de Tituba fue ahorcada por matar al amo blanco que intentaba violarla. El padre adoptivo de Tituba, el esclavo Yao, se suicidó tragándose la lengua. Tituba creció sola en un mundo represivo y brutal, al que odiaba con todas sus fuerzas. El mismo mundo que más adelante la condenaría por bruja malvada y satánica. Tituba murió sin comprender…


 

 En Barbuda, los negros esclavos llevaban unas vidas deplorables. La comida no era muy buena y escaseaba; poder dormir bajo un techo decente no era fácil y si tenían la oportunidad de hacerlo, sus amos intentaban complicarles aun más la existencia. Tituba era la hija de Abena, una esclava negra que fue violada por un marino y fruto de esa relación, nació Tituba. Su madre tuvo suerte, pues conoció a Yao, otro esclavo que cuidó de ella y de su hija como si fueran sangre de su sangre. Los tres vivían sirviendo a un amo bastante paciente. Sin embargo, las apariencias engañaban y él dueño de la explotación quiso propasarse con Abena. Ella lo mató y fue ahorcada. También Yao se suicidó fruto de la desesperación. Tituba se crió junto a Man Aya, que fue quién la introdujo en el mundo de la brujería, la comunicación con los seres queridos muertos y el más allá. Solo John Indien, un negro con un desparpajo y garbo desconocidos en aquellos tiempos, logró sacarla de la cabaña en la que vivía para formar un familia y servir a la ama de la que él era siervo.
 
De casa en casa fue sirviendo, hasta llegar a Salem donde, por razones extrañas, fue tachada de bruja y enviada a una prisión. En la cárcel se hizo más fuerte. Al salir de allí volvió a casa de los Parris, y luego cayó en manos de un buen judío que la quiso y la devolvió a la realidad. Solo una revuelta planeada para acabar con el poder de los blancos sobre los negros terminó con ella. Otra vez dos vidas habían caído por un futuro próspero para la comunidad africana de Barbuda.

Gracias al libro me enteré de la historia de los juicios de Salem (y me llamaréis idiota, pero nunca es tarde si se aprende algo) y me parece de lo más interesante. Es increíble la creencia en Satanás y en las brujas y aun más, los extremos hasta donde se llevaban las cosas, sin dudar en vejar a las personas (especialmente  de etnias consideradas “inferiores” en aquel entonces). La novela me parece fantástica a la hora de narrar con detenimiento los problemas de la comunidad africana y el profundo desprecio que los ”blancos” manifestaban contra ella. La autora sabe perfectamente de lo que está hablando y eso se palpa en cada renglón de la historia, porque son hechos que no se pueden tratar a la ligera, pero a los que un dramatismo exagerado quitaría realismo.

 

La personalidad de Tituba, el empeño y su pasión por seguir adelante a pesar de todos los obstáculos que van apareciendo en su camino un día sí y otro también, me enamoró. Es una mujer con garra que sabe sobreponerse y mirar hacia delante. El final me conmocionó, porque no sé si lo sabéis, pero los desenlaces tristes me matan y el de este libro me tocó de llenó el corazón.
A pesar de esto, me parece un libro perfecto para aprender de historia, reflexionar sobre la estupidez humana y disfrutar con las letras.
 
¿Conocíais esta historia? ¿Os ha gustado la reseña?
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