Post exprés: Resumen anual de lecturas

¡Ya casi es 2015!

 
 Me imagino que estaréis todos ansiosos por despedir este año que ya se nos va quedando viejo, así que yo he decidido hacer un recuento de todo lo que he leído este año.  Hay muchas lecturas que he reseñado, pero otras tantas se me han quedado en el tintero y voy a ir rescatándolas este próximo añito. 
No he llevado muy bien la cuenta de mis libros leídos este año, pero, teniendo en cuenta los que recuerdo y los que tengo apuntados (más o menos desde después de verano), mi suma total de lecturas ronda las 55 volúmenes. Ha sido un año no demasiado productivo, en el que me he dedicado a vaguear mucho (con mucho gusto), y en el que he leído con ganas a penas durante cuatro meses. Por culpa de eso, mi lista de pendientes es más alta que el Everest, pero el próximo año me pondré con más emotion.
He probado por primera vez muchas novelas cómicas, como es el caso de ¡Viva la madre que me parió!, ¿Para qué sirve un cuñao?, Padrenuestro que estás en el sofá,  Dios hizo el mundo en siete días… Y se nota o Este siglo se me está haciendo largo. No me han decepcionado, pero creo que me esperaba un poquito más, sobre todo de la segunda. Aunque he ido dejando de lado la fantasía, a principios de año me dediqué a penar con Leal y Prometida, y traté de leer Cazadores de Sombras, pero el primer libro me gustó tan poco que me negué en rotundo. También empecé la trilogía de El señor de los anillos (que no he acabado), y por verano le di una oportunidad a Juego de Tronos, Choque de Reyes y a Tormenta de Espadas, pero no he seguido con la saga por pereza, aunque me estaba encantando y la voy a retomar en breves. A pesar de haber dicho NO a la novela erótica, por verano disfruté bastante con la pluma de Lena Valentí en Amos y Mazmorras  #1 y #2. Los demás de la saga,  como cambiaban los personajes, no los leí, pero me gustó bastante. Hubo tiempo para Cautiva y Seducida, de Lis Haley, una novela bastante normalilla pero con la que (sé que no era una comedia, pero) me reí de lo lindo.   Sucumbí a la pluma de John Green en Bajo la misma estrella, y me estrellé con él en Buscando a Alaska y Ciudades de Papel, que no me enamoraron, ni mucho menos. Probé Eleanor y Park, de Rainbow Rowell, de la que tengo pendiente FanGirl, leí el primero de Hopeless, de Colleen Hoover, y también los dos primeros de su saga Slammed (no sé si se ha traducido). Me leí, aunque estos ya no soy capaz de ubicarlos en un mes específico, Oblivion 2; F2F, un asesino en la red; ObsidianEve and Adam, de Michael Grant, Pomelo y Limón ; y Quédate a mi lado de Noelia Amarillo. Este último trimestre del año me ha dado por la novela oscura y misteriosa, he disfrutado con La verdad sobre el caso Harry Quebert, con la polémica y maravillosa Lolita de Nabokov, con Noah de Sebastian Fitztek, El juego de Ripper o La larga marcha y Rose Madder de mi idolatrado Stephen King. He leído la primera policiaca de J.K. Rowling, El canto del cuco, que recuerdo con un muy buen sabor de boca, y la increíble novela de Elisa Cotarelo, El peligro de llamarse Nerea. También ha sido un año de lecturas amenas, como Malena, un bombón XXL; o No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas.
Un autor español que he leído bastante ha sido Jordi Sierra I Fabrá, del que he tenido el placer de releer Solo Tú, y leer por vez primera Radiografía de una chica con tatuaje, El asesinato del profesor de matemáticas y Quizás mañana, la palabra amor. Siempre me ha encantado la escritura de este hombre, pero con el último libro que he mencionado me enamoró. 
Probablemente me esté olvidando de un buen puñado de ellos, pero para terminar, añadiré El Lazarillo de Tormes, ¿Qué me quieres, amor?, Bajarse al moroLa aldea perdida, La lluvia es una canción sin letra y, una de mis favoritas de todo el año, La lluvia en tu habitación, de Paola Predicatori. Una historia que encontré tras haber devorado Bajo la misma estrella, y que me hizo replantearme muchas cosas sobre la triste historia de la novela de Green.
Las mejores lecturas del 2014 han sido, después de mucho pensarlo, las cinco cuyas portadas veis en imágenes.

El peligro de llamarse Nerea, me pareció una obra muy buena, a pesar de ser un poco lenta. Los personajes eran increíbles y  toda la investigación policial me encantó.

La verdad sobre el caso Harry Quebert ha sido muy halagada por mí, porque me enganchó de una manera increíble. Joel Dicker crea una muy buena historia de la nada, sin gran narrativa pero sí muy buen control de la trama.

 

La tremenda Lolita de Nabokov. Muchos me la recomendaron después de la novela de Dicker, y me enamoró. No creo que haya una gran relación entre ambas obras, porque Lolita es, probablemente, una de las obras más bellas, narrativamente hablando, que he leído.

La lluvia en tu habitación, de Paola Predicatori, es la perfecta muestra de una prosa cuidada, repleta de sentimientos muy íntimos y una gran conexión con el autor a través de personajes muy complicados pero bien desarrollados. Además, el tema tratado (cáncer y adolescencia), que ahora está tan cotizado, te atrapa y deja atrás (muy atrás) a Bajo la misma estrella.

La larga marcha de King, que no está considerada como una de sus mejores novelas, me mantuvo en vilo para darme un buen revés al final, algo muy propio del autor. Creo que consiguió ponerme de los nervios con su narración, así que se merece ser una de las mejores de este año.

 Y este es mi resumen lector del año. ¿Habéis leído alguna de las obras? ¿Qué propósitos literarios  tenéis para el 2015?
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Reseña: A mí este siglo se me está haciendo largo, de Luis Piedrahita


¿Por qué el palo de la escoba es más largo que el palo del recogedor? La respuesta a esta y otras preguntas delirantes en el esperado nuevo libro de monólogos de Luis Piedrahita. «Hola, jovenzuelos: Soy Luis Piedrahita y quiero presentaros el libro más divertido del siglo XXI, A mí este siglo se me está haciendo largo. En él escribiré sobre el queso. ¿Que qué es eso? Eso es queso. Escribiré sobre las tapas de los retretes. ¿De qué va este capítulo? Va de retretes, Satanás. Escribiré sobre las bayetas y los trapos, y explicaré cómo todo trapo atrapa todo. Escribiré sobre el marisco, pues del mar más arisco sale el mejor marisco, y escribiré también sobre el estornudo y el hipo, tan diferentes y a la vez tan distintos. En definitiva, escribiré sobre todas aquellas cosas que demuestran que este siglo ha empezado equivocándose, trastabillando, y que se nos va hacer muuuuy largo…


 
No hace mucho os traje la reseña de otro libro de Luis Piedrahita, Dios hizo el mundo en siete días… Y se nota, y, como este me había gustado, decidí leerme el último que ha publicado, sobre el que había visto mejores críticas. De nuevo nos encontramos con un libro-recopilatorio de monólogos del humorista, aunque que tocan muchos más temas que en el otro libro (lo que se agradece). Como ya he dicho, me encanta este hombre y creo, sinceramente, que se ha superado. Todos y cada uno de los monólogos me han gustado y con la gran mayoría me he reído. Tengo el iBooks lleno de notas con fragmentos resaltados y con comentarios que me asaltaron en el momento de la lectura.
Tenemos estructurado el libro en varias partes, con textos relacionados entre ellos: En la calle, en la oficina, en casa… No podría elegir uno, pero sí que tengo frases en abundancia para que os deleitéis (disculpadme si esta reseña pierde un poco de coherencia, pero estoy escribiéndola y dividiendo mi atención entre la televisión y el blog… Y no es una idea brillante).
La vida no es otra cosa que una sala de espera. Esperas para hacer la digestión y poder bañarte en la piscina, esperas que ese día baje a la piscina la chica que te gusta, esperas a que te conteste un whatsapp, esperas para sacarte el carné de conducir y, cuando lo tienes, la esperas en el portal, esperas que llegue la noche perfecta, ella se queda en estado de buena esperanza, os desesperáis un poco pero al final la esperas en el altar, esperas a que esté libre el cuarto de baño, esperas para ir al médico y, un día, sin que nadie se lo espere, te mueres.
Este primer fragmento pertenece al primer monólogo, Las salas de espera, que se engloba dentro de una categoría denominada Por la ciudad. Nos lleva en un recorrido literal y metafórico a través de las salas de espera de la vida, de los aeropuertos, de los médicos, de Hacienda… Sobre dónde sentarse, hablar o no hablar, qué leer, y asuntos similares. El texto que os he puesto es el cierre del monólogo y es uno de los mejores de todo el libro. 
Al principio una madre sabe de tecnología más que un hijo, pero eso cambia. Acércate a tu madre y dile: “Mamá, cierra la ventana, que se me va el wi-fi”. La cierra con la misma ilusión que un niño que arregla un melón con una llave inglesa. Luego dile que era una broma y dale besos.
Este segundo extracto lo encontramos en el monólogo Las cajas de herramientas, dentro del apartado En la casa. Aunque no lo parezca, lo que hace es mostrar su frustración por ese hobby de los niños pequeños de arreglar cosas, a los que los padres solían darles cualquier cosa para que la reparasen, por ejemplo, con un palillo. Me ha hecho especial ilusión, porque yo de pequeña estaba obsesionada con las herramientas, y mi padre me regaló un cortasetos de juguete y una lijadora a la que le había cortado el cable. Y yo iba con mi cortasetos, y claro, eso no cortaba nada 😦
La gente hace cosas bajo los efectos del alcohol de las que luego se arrepiente. Gente que primero bebe mucho y después… Mea culpa
Este otro es también el comienzo de un monólogo, El mueble bar, que podéis localizar en Temas de comida, me ha hecho gracia. Creo que es un buen juego de palabras, aunque el monólogo es de los que menos me ha conseguido enganchar.
Beber de un vaso tiene el mismo glamur que beber de un porrón, de una boca de riego o de un bidé. Es decir: ninguno. Por eso las clases refinadas han tenido que inventar la pajita, porque chupar es mucho más elegante. No hay más que fijarse en reyes y aristócratas para darse cuenta que casi no hacen otra cosa.
Para terminar, el cuarto fragmento, perteneciente a Las pajitas, también en Temas de comida, que le hace un guiño a la actualidad “corrupta” que nos rodea. No hay gran cosa más que añadir, pero el monólogo no tiene desperdicio.
En general, todo el tema sigue el guión de arriba, con frases buenas, que hacen pensar o reír inmediatamente, un desarrollo mejor en unos casos que en otros, y un ¿Sabías qué…?, que se encarga de cerrar cada monólogo. Algunos tienen información verídica y entretenida y, otros, son como una extensión humorística del tema tratado. Ejemplo.
¿Sabías qué…?

Circular, etimológicamente, viene de círculo que a su vez viene de circo y de culo. ¿Lo sabías? Pues es mentira.

En resumidas cuentas, igual que dije con la anterior obra de este hombre, este libro me ha gustado, los monólogos me parecen geniales y los temas tratados, muy divertidos, que te hacen pasar un buen rato y que se leen en un pisplás. Lo empiezas y ¡hala! ya te lo has terminado. Os lo recomiendo encarecidamente, para leer cuando os plazca, como lectura principal, complementaria o, como bien decía Mangrii, del blog Boy with Letters, en la reseña de su otro libro, para  leer un monólogo o dos cada noche, antes de dormir.

¿Habéis leído el libro? ¿Qué os parecen sus monólogos? ¡Soy toda oídos!

Reseña: Hate List, de Jennifer Brown

¡Hoola! Después de mi descanso de ayer (creo, sinceramente, que los viernes me los voy a tomar sabáticos, para preparar cosas, descansar y no publicar), vuelvo hoy al lío con la reseña de Hate List, una interesante historia sobre una masacre en un instituto.
Espero que os guste


Nunca quise que alguien muriese. Hace cinco meses, el novio de Valerie Leftman, Nick, abrió fuego en la cafetería del instituto. Al lanzarse para tratar de detenerlo, Valerie, inadvertidamente, salvó la vida de una compañera de clase, pero se vio implicada en el tiroteo por la lista que ella ayudó a crear. Una lista de las personas que ella y Nick odiaban. La lista que él uso para elegir a sus objetivos. Ahora, después de un verano de aislamiento, Val se ve obligada a enfrentarse a su culpabilidad cuando regresa al instituto para completar su último curso. Atormentada por el recuerdo de su novio, a quien aún ama, y navegando a través de la rocosa relación con su familia, sus antiguos amigos y la chica a quien salvó la vida, Val debe lidiar con la tragedia que tuvo lugar y con su papel en ella, con el fin de reparar el daño y seguir adelante con su vida.


Puede contener algún spoiler (nada mortal)
 
Las recomendaciones de Goodreads me ofrecieron esta novela la víspera de Nochebuena y, en vistas a la insulsa noche que se avecinaba, hice todo lo posible por conseguirlo. No conocía a la autora y era la primera vez que escuchaba hablar del libro, así que no tenía referencias para hacerme una idea antes de leerlo. Hate List, que vendría siendo en castellano La lista del odio, o similar, nos sitúa en un instituto estadounidense donde aún están reponiéndose de la masacre acaecida el 2 de mayo de ese mismo año, 2008. Esta tragedia fue propiciada por Nick Levil, alumno de penúltimo año. El libro está narrado en primera persona por Valerie Leftman, novia de Nick en el momento del desastre y que todavía está tratando de asimilar los sucedido y su implicación en ello. El planteamiento recuerda totalmente a cualquiera de los tan sonados tiroteos que han tenido lugar en centros escolares a manos de estudiantes o exestudiantes problemáticos o marginados, sobre todo en institutos de EEUU, como el conocidísimo caso Columbine, aunque se le quita algo de peso al verlo desde el velo atormentado de un amor perdido. Asimismo, nos encontramos con una narración estancada, una parte, en el 2 de mayo; otra,en las desacertadas descripciones de la reportera Angela Dash, y una última, en las vivencias actuales de Valerie al retomar las clases.

Pasemos a un breve resumen de la historia. Valerie Leftman es una chica normal y corriente con problemas en casa, donde sus padres siempre están enfadados y la convivencia es complicada. Entonces aparece Nick, un geek, nerd, o, en otras palabras, un rarito; que la encandila y la ayuda a evadirse y huir de los problemas parentales. Terminan por salir juntos, siempre apoyándose uno en el otro, desahogándose mutuamente. Son felices, ya que parecen estar hechos el uno para el otro. Como decía, son un dúo bien avenido, feliz y que siempre está rodeado de un buen puñado de amigos. Y, aunque se meten con ellos por separados, tachándolos de frikis y rarillos, cuando están juntos se mantienen fuertes. Es así como nace la Lista del odio, el desencadenante de la tragedia, un cuaderno de Val que acaban adoptando ambos y en el que escriben los nombres de todas las personas y cosas que odian.

Nick, sin embargo, está obsesionado con la muerte y se toma muy a pecho esta lista, pero Valerie no se da cuenta, cegada por el amor; o tal vez sí, pero le quita importancia, ya que no cree que sea más que una fachada. Ese cuaderno contendrá los nombres de las víctimas de Nick en el tiroteo, esa gente que les había hecho daño de una manera u otra. Todo lo sucedido ese 2 de mayo perseguirá a la chica, que se siente culpable y hacia la que todo el mundo siente tanto agradecimiento, por haber frenado el tiroteo con sus propias carnes, como repulsión, porque había participado en la redacción de la desafortunada lista. La chica sufrirá una serie de desavenencias al decidir regresar al instituto y reencontrarse con sus antiguos amigos, donde se sentirá una verdadera extraña.

 

Todos tenemos que ser ganadores a veces. Pero lo que él no entendía era que todos también tenemos que ser perdedores. Porque no puedes tener lo uno sin lo otro.
Personalmente, el tema me parece muy interesante, porque escribir sobre una tragedia siempre suele ser dramático y complicado. No es fácil modelar unos personajes que realmente encajen con la situación sin pecar de superficiales o de tremendistas. ¿Cómo se comporta la víctima de un tiroteo, ex-pareja del asesino y, de alguna forma, culpable de haber ayudado a elegir a los objetivos? Con Valerie me costó conectar, pero después todo fue rodado. No tenemos una buena descripción física o psíquica de la protagonista, sino que la vamos conociendo muy a fondo a medida que regresamos al pasado y vemos el contraste con su actitud actual. En lo que se hace especial hincapié es en el trauma, en el cambio, la aflicción y en la culpa. Cuando lo cogí me imaginé que la protagonista se refugiaría, como suele suceder en la mayoría de las YA, en el amor, en los chicos sersis que lo solucionan todo de golpe y porrazo; pero no, y me alegro millones. La sabemos repudiada, apartada por muchos, culpada por su padre, carente de la confianza de su madre… El único que la apoya es su psicólogo, el Dr. Hieler (un personaje muy entrañable), que la ayuda a superarlo todo.
Había pasado alrededor de una hora, con la habitación oscureciéndose entorno a mí, preguntándome que diantres había sucedido para hacerme tan insegura sobre quien era. Porque, ¿quién eres? se supone que es la pregunta más sencilla del mundo, ¿no? Para mí no había sido nada sencillo durante mucho tiempo.
Uno de los fallos más notables, en mi opinión, se produce respecto a Nick, el novio de Val. Aunque teóricamente deberíamos verlo como un demonio, yo he terminado por ponerme en la situación de Valerie y considerarlo como otra víctima más, viendo su lado bueno, romántico, cariñoso. No se comprende muy bien el porqué de la tragedia. Sí, esa lista, pero Val también escribía en ella y no asesinó a nadie.  La idea de la autora es muy buena, pero me da la sensación de que no está acabada, de que le faltan las pinceladas finales. Estaría genial saber algo sobre los últimos días de Nick, sobre su relación con Jeremy, a quien se considera como el malo de la película, el que llevó al chico por el mal camino, pero de quien no tenemos ni una pizca de información. Esto lo he echado bastante en falta, pero mis sensaciones generales respecto a la obra son buenas, mucho mejores de lo que pensé al empezar a leer. Eso sí, el final, mi gran enemigo en toda obra, me ha gustado y disgustado a partes iguales. Me parece bien que Valerie siga en su aislamiento, en la dificultad para relacionarse y congeniar con la gente; por eso no me ha llegado la marcha precipitada que se produce en las dos últimas páginas.
En resumen, la opinión es positiva, el libro es entretenido y frustrante a la vez, se lee bastante rápido, y yo os lo recomiendo, porque es una buena opción para probar algo nuevo. Es una pena que no esté publicado en español, y no tengo ni idea de si saldrá al mercado próximamente o no.
¿Lo conocíais? ¿Os ha gustado la reseña? ¡Soy toda oídos! 

Esa deprimente Navidad

¡Buenas a todos! ¿Cómo lleváis esto durísimos días de fiestas, de barriga llena, turrón y polvorones? Me imagino que muy estresados, ¿verdad? Siento no estar muy activa en vuestros blogs, pero he estado en casa de mis abuelos y el 3G allí llega cuando le viene en gana quiere y cómo quiere, así que me cuesta Dios y ayuda conectarme a Internet. Aprovechando las fechas en que nos encontramos, os traigo una reflexión que nada tiene que ver con el blog, pero que necesitaba compartir.
 
ESA DEPRIMENTE NAVIDAD
Como lo oís (o leéis, en este caso). Debo ser uno de esos raros especímenes que odian la Navidad, esas fiestas de reunión familiar, risas, villancicos y alegría. Y toneladas de comida. Cuando era pequeña, como a la gran mayoría de la gente, me encantaba. Había regalos por todas partes, los contaba para ver si me habían traído más o menos que el año anterior, les arrancaba el papel y todo era diversión. ¿Cuándo empecé a sentir aversión por estas fiestas? No hace mucho, la verdad. Detesto las reuniones familiares donde siempre falta alguien, no me gusta tener que ponerme loca para encontrar el regalo perfecto y mil cosas más. El tiempo que hace tampoco me gusta. En invierno tiene que hacer frío, llover, nevar o lo que sea. ¡Pero no! Aquí, en Asturias, los últimos años en Navidad hace frío, sí, pero hay un sol de justicia, y me entra morriña de algo que ni siquiera sé lo que es. Así que me he convertido en la antagonista navideña… ^ ^  De todas formas, no me queda otra que pasarlas en familia, beber sidra El Gaitero, y comer algo de turrón. Eso sí, hace muchos años que me negué a poner el belén y este no me he dignado a poner el árbol. No veo mucho la tele porque todo el rato están echando películas ambientadas en la grandiosa Navidad, y muchos blogs hacen entradas loando la época blanca 😦  Sinceramente, hace bastante que me pregunto que función tiene la Navidad en la sociedad. Nació como festividad religiosa, pero creo que desde hace demasiado no es más que un producto, como suele decirse, de la Coca-Cola, algo comercial, dónde la parte familiar va quedando cada vez más de lado. Pero seguro que muchos me tacharéis de fatalista o esas cosas que se le dicen a los bichos raros antixmas,  de modo que no reivindicaré mucho más, porque, en el fondo, no estoy en contra de esta festividad (muy en el fondo), aunque sí de las tristes costumbres que acarrea. Así que voy a pasar las vacaciones en casa, leyendo, o, como mucho, dando una vuelta lejos de las multitudes. Pero, como no soy tan cruel, espero que vosotros si paséis unas buenas fiestas, que os haya traído mucho Papá Noel, que desfaséis mucho en fin de año y que los Reyes se porten.
Nada más, por el momento. Un besín y ¡felices fiestas!

Reseña: La lluvia es una canción sin nombre, de Ángel Gil Cheza

¡Buenas! ¿Cómo estáis? Me imagino que andaréis con los últimos preparativos navideños… Si tenéis un momentito, seguro que disfrutáis con la reseña de esta magnífica novela de Ángel Gil Cheza…

Una joven irlandesa y un muchacho nórdico protagonizan una historia inolvidable inmersos en la primera gran lucha del segundo milenio en la bahía de Dublín, la Batalla de Clontarf, entre vikingos e irlandeses. Mil años después, un joven librero valenciano que llega a Irlanda para esconderse de la justicia se infiltra en un mundo fascinante formado por arqueólogos venidos de todas partes y excava un hallazgo que le cambiará como persona, y le hará descubrir en una isla verde, gris y húmeda que somos de donde se nos quiere y no de donde venimos.Una novela negra en el sentido más social del término, cargada de analepsis históricas. Un vuelo a Irlanda. Un paseo por el Dublín de 1014 y el de 2003. Lluvia, amistad, arqueología, besos, batallas, amor, sangre, sexo, barro, cerveza… cada página es una estupenda excusa para sentir emociones y continuar.


 

No contiene spoilers

¿Cuántas novelas decidimos leer tan solo por haber visto una bonita portada? En mi caso, demasiadas. Esta ha sido una de ellas. Hace un par de días vi dos reseñas en diferentes blogs literarios y, en base a la cubierta y a la sinopsis (aunque sin tanta fijación por el tema del pasado), decidí embarcarme en esta historia.  La novela histórica, lo que sería histórica pura y dura, la he leído poco, me he centrado más en historias más bien edulcoradas, de amor o guerra, con matices históricos. Por eso me ha sorprendido la escrupulosidad de Gil Cheza con todo los datos (ficticios y verídicos) de la obra. Además, en lo referente a la prosa y la trama en sí, creo que es un acierto la alternancia de épocas en los capítulos, habiendo una narración presente y otra pasada. No creo que haya sido desmerecida la historia por la narrativa algo tosca y no demasiado pulida, pero si es cierto que he visto conatos de literatura más elegante que se han quedado en eso, en meros conatos.
  En lo que de verdad nos ocupa, que es la historia, el desarrollo de la acción, tenemos una doble ambientación. Por una parte nos vamos a la Irlanda del siglo XI, entorno a 1014 d.C., de la mano de Eimear y Thorgest, bella muchacha pelirroja de alta cuna y guerrero respetado por su valentía y buen hacer en el campo de batalla. Tras una terrible batalla en que todos los hombres de Thorgest cayeron a manos de Ivar, El Viejo, quien los traicionó, él sobrevivió gracias a que Eimear lo sacó de entre las pilas de muertos para curarlo de sus heridas y, de algún modo, devolverlo a la vida. En un primer momento me pareció bastante inverosímil, quizá muy surrealista y bastante acelerado. Un bravo guerrero que es arrastrado por una poco más que adolescente muchacha, que lo cuida a pesar de no tener ningún lazo aparente con él.

 Dejando de lado esto, nos vamos a la otra parte de la historia. Es el año 2002 y Josep, historiador de melena pelirroja que regenta la librería de la familia, se ve obligado a marcharse del país tras creerse buscado por la policía. Va a caer a Irlanda, no lejos de Dublín, donde entrará a trabajar en unas excavaciones arqueológicas del Early Christinan en las que se volcará con un repentino interés por todo lo que pudo haberles sucedido a esos restos. En especial a unos restos que no les corresponde investigar ya que se encuentran fuera del terreno excavado pero de los que saben que pertenecieron a una mujer, de nombre Eimear. A partir de entonces, el autor nos deleita, por una parte, con las vivencias de Juanjo y, por otro lado, con la historia que pudieron haber llevado aquellos restos a sus espaldas. No suelo ser muy partidaria de las novelas con este tipo de narración, dual, que puede hacer que el lector se exaspere o aburra en una de las etapas contadas, pero creo que a esta obra le viene como anillo al dedo. He visto un perfecto equilibrio entre ambas partes, que se entrelazan y, aunque una nos desvela lo que sucederá en la otra, mantienen enganchado al lector (al menos a mí me ha conseguido tener leyendo toda la tarde como una descosida). Además de lo que vendría siendo la trama más o menos histórica, nos encontramos con una buena descripción de la vida cotidiana de Josep (al que, no sé porqué, estoy empeñada en llamar Juanjo… Lo llevo escribiendo todo el rato en el borrador), sus miedos, el día a día complicado fuera de casa, el ambiente en que se desenvuelve y una completa imagen de la ciudad de Dublín. Eso sí, creo que, algo que me ha quedado claro clarinete, es que todos beben como esponjas. Sí, sí, le dan al güisqui y a las pintas de cerveza sin pudor alguno.

 

Lo que más me ha gustado ha sido el trato que se le da a los vikingos, sobre los que me ha entrado ahora el gusanillo. A través de la historia del siglo XI y de las interesantes charlas de Josep con arqueólogos de las excavaciones y amigos suyos, nos desmientes muchos datos tan extendidos sobre estos guerreros, como la utilización de los cascos con cuernos o su carácter totalmente bárbaro, pues conocemos que eran instruidos tanto en el arte de la batalla como en cuestiones morales y mentales… Aunque sé que no hemos de meterlos en el mismo saco, los escoces, en sus temibles clanes de las Highlands y estos vikingos tan humanizados me apasionan y creo que seguiré leyendo sobre ellos más adelante.
En resumen,
La lluvia es una canción sin nombre es diferente de lo que me esperaba. Quizás pensaba encontrar una novela estructurada de otro modo, de prosa más elegante y narración llena de recursos literarios bonitos y agradables. No me he encontrado eso y, aunque al principio casi he desistido por la falta de garra de las páginas y capítulos iniciales, no me arrepiento de haber proseguido con la lectura, porque me ha sorprendido y agradado bastante. En general, me llevo una buena impresión de la obra y del autor, y me apunto la otra obra que tiene publicada para lecturas venideras.