Reseña: La gramática del amor, de Rocío Carmona

¡Hoola! Siguiendo con la tónica de reseñas de estos días de atrás, os he preparado la ficha de una de mis últimas lecturas, que me ha gustado bastante ^ ^ ¿No se os apetece una clase de Gramática del amor?


Tras el divorcio de sus padres, Irene es enviada a un internado del sur de Inglaterra al borde de un acantilado. Allí vivirá con gran dolor su primer desengaño amoroso, a la vez que ganará un inesperado mentor: Peter Hugues, el profesor más estricto de la escuela, se ofrece a enseñarle la «gramática del amor» a través de siete grandes novelas del género, desde Goethe y Jane Austen hasta García Márquez y Murakami. Irene se irá enamorando poco a poco de su profesor, mientras otro pretendiente misterioso aspira secretamente a su corazón


La gramática del amor es una novela que, más allá del romanticismo que destila, enamora. Es literatura y habla de literatura, así que realmente merece la pena leerla. ¿Qué nos cuenta Carmona en estas casi 300 páginas? Antes de empezar, he de decir que el libro se lee como nada, sin percatarse de que cada vez falta menos para terminarlo, de que ya nos hemos devorado la historia. Eso me sucedió a mí hace un par de días, porque lo comencé por la mañana y después de comer ya no me quedaban ni las migajas.  

La autora nos sitúa al lado de Irene, una barcelonesa a la que sus padres recién divorciados han enviado a un internado inglés mientras se recuperan de la ruptura. Allí es considerada una extraña, la forastera, y le cuesta integrarse: no tiene a penas amigos, solo a Martha, su complicada compañera de habitación. La narración comienza con el momento en que Irene se lleva la gran desilusión de saberse “menospreciada” por el chico que quería y con el que iba a salir, y la gran vergüenza de ver como hacía pública su declaración de amor. A partir de entonces, cada miércoles (en una situación un tanto surrealista, porque ¿qué narices es eso de involucrarse tanto en las relaciones amorosas de los alumnos?), Irene se reúne con el profesor Hugues, para recibir clases de gramática del amor.

 

 La “asignatura” consistirá en la lectura y análisis de siete clásicos románticos por parte de la chica, Jane Eyre, Ana Karenina, Orgullo y Prejuicio, El amor en los tiempos del cólera… Lo que la llevará a experimentar una enorme cantidad de sentimientos que la confundirán. Además, el profesor la obliga a prepararse físicamente para participar en la January Race, una competición de atletismo que tenía lugar en Truro, capital de Cornualles, después de las vacaciones de Navidad.
Con su nueva vida mucho más ajetreada que de costumbre, Irene tendrá que sacar adelante su curso, entrenarse a fondo para la carrera, en lo que descubrirá un gran placer a medida que avanzan las semanas, lidiar con su compañero de carreras, el australiano Marcelo, tratar de impresionar a Peter, del que se ha quedado prendada, y no hacer mucho el ridículo en las relaciones sociales. Todo esto, que a priori puede sonar muy sentimentalista y empalagoso, está bañado con la prosa sutil y ligera de la autora, que se va sobreponiendo a algunas incongruencias iniciales y que aumenta la calidad de la lectura según pasamos las páginas. El tema que yo pensaba que se iba a tratar (relación profesor-alumna) me daba miedo al principio, porque desde que leí La verdad sobre el caso Harry Quebert (y en vistas a la Lolita de Nabokov), no sabía si quería saber más del asunto, pero me ha gustado la naturalidad con la que Carmona se deshace del posible embrollo, delicadamente, sin enredos peliculeros y dotando de un buen realismo a la trama. Por otra parte, lo que le da mucha personalidad a la obra en la inclusión de eso clasicazos, que vemos descritos con sencillez y con tanta pasión que le dan ganas a una de irse a por todos lo que aun no he leído. Lo más importante e interesante es ver las reacciones de la chica a las lecturas, cómo se siente identificada y qué opina de ellos. 

  

Somos lo que queda de nosotros cuando nos rompen el corazón por primera vez.
Irene
Respecto a los personajes, me ha costado un poco conectar con ellos, porque al principio no me parecía muy naturales. Es más, Irena daba la impresión de ser una cría torpe y atontada, muy ingenua y que creía ferviente en el amor con apenas 16 años. Mi impresión sobre ella fue cambiando, porque su evolución, muy light pero bien elegida, ha sido una gran parte de la novela. Del profesor, de Byron, destacaría los diálogos que mantiene con Irene, porque, aunque me gusta, me resultó demasiado atormentado y pesimista. Probablemente, el personaje que más me agradó fue Marcelo, al que nos presentan como un pesado, con poca conversación si lo alejamos del atletismo y algo extraño. No obstante, creo que es una figura muy tierna, muy cariñosa y que desvela un lado muy humano y muy adolescente, sobre todo en la parte final de la novela.
“Aprendí que cuando te mueres por los huesos de alguien y no vas a ser correspondido, el mejor favor que te pueden hacer es darte con la puerta en las narices. Nada duele más en estos casos que un poco de compasión, porque con la esperanza se abre una herida que no deja de supurar.”
Marcelo
  A fin de cuentas, nos encontramos con una buena novela, muy sencilla pero con buenas reflexiones en el interior. Trata un tema bastante trallado, pero no se deja impresionar y la autora ha logrado convertir la historia en una trama interesante y agradable de leer. Lo que menos me ha convencido ha sido, como ya he dicho antes, el comienzo un poco surrealista (tanto en ambiente como en personajes, porque se representa a  los jóvenes mu’ salidillos ), pero eso va subsanándose poco a poco. Es una lectura entretenida, que seguro que os terminaréis en un visto y no visto porque tiene capítulos cortitos y eso está genial.
No soy mucho de novela romántica, pero esta, digámoslo así, aunque sí que se encuadra perfectamente dentro del género, tiene un aliciente más, que es ese recorrido por grandes obras románticas, y a los literatos que leéis este blog seguro que os gusta más conocer acerca de esas novelas que la historia en sí…. Así que, espero que la probéis, porque realmente es una buena idea. 
 
 ¿Conocíais la obra? ¿La habíais leído?
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