Esa deprimente Navidad

¡Buenas a todos! ¿Cómo lleváis esto durísimos días de fiestas, de barriga llena, turrón y polvorones? Me imagino que muy estresados, ¿verdad? Siento no estar muy activa en vuestros blogs, pero he estado en casa de mis abuelos y el 3G allí llega cuando le viene en gana quiere y cómo quiere, así que me cuesta Dios y ayuda conectarme a Internet. Aprovechando las fechas en que nos encontramos, os traigo una reflexión que nada tiene que ver con el blog, pero que necesitaba compartir.
 
ESA DEPRIMENTE NAVIDAD
Como lo oís (o leéis, en este caso). Debo ser uno de esos raros especímenes que odian la Navidad, esas fiestas de reunión familiar, risas, villancicos y alegría. Y toneladas de comida. Cuando era pequeña, como a la gran mayoría de la gente, me encantaba. Había regalos por todas partes, los contaba para ver si me habían traído más o menos que el año anterior, les arrancaba el papel y todo era diversión. ¿Cuándo empecé a sentir aversión por estas fiestas? No hace mucho, la verdad. Detesto las reuniones familiares donde siempre falta alguien, no me gusta tener que ponerme loca para encontrar el regalo perfecto y mil cosas más. El tiempo que hace tampoco me gusta. En invierno tiene que hacer frío, llover, nevar o lo que sea. ¡Pero no! Aquí, en Asturias, los últimos años en Navidad hace frío, sí, pero hay un sol de justicia, y me entra morriña de algo que ni siquiera sé lo que es. Así que me he convertido en la antagonista navideña… ^ ^  De todas formas, no me queda otra que pasarlas en familia, beber sidra El Gaitero, y comer algo de turrón. Eso sí, hace muchos años que me negué a poner el belén y este no me he dignado a poner el árbol. No veo mucho la tele porque todo el rato están echando películas ambientadas en la grandiosa Navidad, y muchos blogs hacen entradas loando la época blanca 😦  Sinceramente, hace bastante que me pregunto que función tiene la Navidad en la sociedad. Nació como festividad religiosa, pero creo que desde hace demasiado no es más que un producto, como suele decirse, de la Coca-Cola, algo comercial, dónde la parte familiar va quedando cada vez más de lado. Pero seguro que muchos me tacharéis de fatalista o esas cosas que se le dicen a los bichos raros antixmas,  de modo que no reivindicaré mucho más, porque, en el fondo, no estoy en contra de esta festividad (muy en el fondo), aunque sí de las tristes costumbres que acarrea. Así que voy a pasar las vacaciones en casa, leyendo, o, como mucho, dando una vuelta lejos de las multitudes. Pero, como no soy tan cruel, espero que vosotros si paséis unas buenas fiestas, que os haya traído mucho Papá Noel, que desfaséis mucho en fin de año y que los Reyes se porten.
Nada más, por el momento. Un besín y ¡felices fiestas!
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29 comentarios en “Esa deprimente Navidad

  1. Exacto. Si celebrásemos la Navidad por una razón religiosa, sería distinto. Y lo entendería, porque allá cada quien con sus gustos y creencias, ¿no? Pero se ha comercializado de tal forma que solo quedan los restos de lo que algún día fue…
    Besos :3

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