Reseña: Mientras escribo, de Stephen King

Mientras me repongo de una hecatombe estudiantil os dejo con esta especial reseña de otro libro de Stephen King.

Una obra insólita y peculiar en la producción del maestro del terror contemporáneo. Por esta vez, Stephen King abandona su escalofriante universo literario para centrarse en su propia persona. Autobiografía selectiva de su infancia y juventud, al tiempo que lúcido ensayo sobre el arte de narrar buenas historias, Mientras escribo satisfará la curiosidad de todos sus lectores por conocer las facetas privadas del autor y sus opiniones y puntos de vista acerca de la literatura, centrándose muy especialmente en todos los trucos, claves y secretos que debe dominar un novelista para atrapar el interés del lector.

 
He considerado, desde siempre, que Stephen King es un gran contador de historias. A pesar de que me he propuesto leer toda su obra (o gran parte de ella), el reto se me antoja harto difícil, porque ha habido, en esta última mitad del siglo XX y en la primera década del XXI, pocos autores tan prolíficos y exitosos como él. No quiere decir este apunte que la cantidad sea sinónimo de calidad, ni mucho menos, pero tampoco es un antónimo en este caso. Excusadme si este año reseño demasiado a King, pero… ¡Es lo que tienen los amores platónicos literarios! Me he vuelto una adicta a sus historias y no me canso de descubrir los mundos diabólicos que idea.
 

Probablemente esa haya sido la razón por la que decidí leerme Mientras escribo. No es, por primera vez, una de sus novelas, sino algo mucho más personal y de un carácter casi educativo. El libro en cuestión es una mezcla biográfica e intelectual, que incluye pasajes de la vida del hombre antes de ser un superventas, y una guía, con ejemplos de cosecha propia, sencillos y divertidos, sobre escritura. No penséis, sin embargo, que me refiero a un manual de escritura, porque no lo es. No hay lecciones y ejercicios para practicar, ni repeticiones y repeticiones hasta la saciedad. Tampoco fórmulas mágicas o secretos de triunfo. Nada de eso. Son, más bien, consejos basados en la experiencia, recomendaciones prácticas, unas políticamente incorrectas, otras más elegantes, sobre el arte de escribir.

Decir que un libro es carismático es una burda manera de describirlo, pero es la sensación que he experimentado al leerlo. Es Stephen King en estado puro: Stephen, el hombre felizmente casado, y Stephen, el escritor. Destila sinceridad, en algunas partes hay muestras de egocentrismo (todo hay que decirlo) y otras son el colmo de la falsa modestia, pero no se hace incómodo a la hora de la lectura. Está escrito en un tono cercano, hablando de tú a tú con el lector, tendiéndole la mano para cruzar el río; eso sí, el estilo no difiere demasiado de cualquiera de sus novelas, comedido pero natural y con arranques de divina vulgaridad. Hay buenas frases, fragmentos más mecánicos, más instructivos, y otros elegantes en cuanto a la forma, pero no complejos en contenido.

 
Las 300 páginas de la obra se estructuran en dos partes, como ya he dicho previamente: una de carácter autobiográfico y otra que se dedica a remover la escritura a fuego lento. La primera es un recorrido por la vida del autor desde sus primeros recuerdos de la infancia, hasta la época en que comenzó a vivir de su trabajo. Situaciones graciosas, otras impactantes. Si te lo tomas en serio, podría pasar por parte de una novela más, con sus personajes y su trama bien elaborada. Me ha entretenido bastante, porque he visto la influencia de su juventud y primera edad adulta en su obra, y me ha parecido de lo más provechoso.
“Cuatro cuentos. A veinticinco centavos cada uno. Fue el primer dólar que gané en la profesión.” 
Mientras escribo, Stephen King. pág 35/381 (digital)

 

La segunda parte aborda el tema de la escritura, con consejos y recomendaciones para escritores noveles, y posibilidades de mejora para algunos seniors. Me parece muy acertada la manera en que lo aborda, sin andarse por las ramas. Va al grano. Nos habla de los recursos del escritor, a quien compara con un carpintero. Sus útiles, son las herramientas y las guarda en una caja. En la parte superior, están las más usadas, vocabulario y gramática. A medida que descendemos en profundidad, las herramientas se hacen más esporádicas, aunque no innecesarias, y hay que mantenerlas en perfecto estado para cuando llegue la ocasión de usarlas.  Hay alusiones a la fase inventiva, al comienzo de la creación, a la temida página en blanco, lagunas en la acción, elaboración de personajes… Y también, ya al final, referencias a la revisión de obras, edición y búsqueda de agentes. Una fórmula muy interesante respecto a las revisiones es la siguiente: 2da versión = 1ra versión -10%. ¿Quién, al escribir y corregir sus escritos, no ha empezado a añadir cosas como loco para completar o atajar problemas? Stephen King recomienda esta técnica para eliminar paja y pulir lo bueno. Según dice, se la envió el director de una revista en un papel en el que denegaban un relato suyo, al comienzo de su carrera. A mí personalmente, me parece buena, y no solo para literatura pura y dura, sino para todos los textos que hacemos (incluidos esta reseña), donde nos pasamos de tuercas al escribir y hablamos de más.

Las últimas páginas del libro son un ejemplo de revisión propia. El autor nos propone un relato original, con título provisional, el cual contrasta con los tachones realizados en la 2da versión, con cambios completos de nombres, información que llega y otra que se va. Muy visual y muy interesante.

 

“Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselos. No he visto ningún atajo.” 
Mientras escribo, Stephen King. pág 191/381 (digital)
“Poner el vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por vergüenza usar las normales, es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como ponerle un vestido de noche a un animal doméstico. El animal pasa vergüenza, pero el culpable de la presunta monería debería pasar todavía más. Propongo desde ya una promesa solemne: no usar “retribución” en vez de “sueldo”, ni “John se tomó el tiempo de ejecutar un acto de excreción” queriendo decir “John se tomó el tiempo de cagar”. 
Mientras escribo, Stephen King. pág 159/381 (digital)
En relación a los tips (no sabéis lo poco que me gusta inglesear en las reseñas, pero he repetido consejos un millón de veces ya ) sobre la forma de escribir o como pulir el estilo, he llenado iBooks de notitas y subrayados. Para empezar, me parece de lo más cabal decir de que para escribir bien, hay que leer todo lo que tenga letras. Yo, cada vez que me termino una obra, aprendo algo sobre la técnica, reconozco diálogos con ritmo y diálogos de besugos (nunca mejor dicho), valoro la prosa en base a mi experiencia (para nada profesional, pero lo suficiente para ir eligiendo lecturas y disfrutándolas)… Por eso creo que para plantearse crear algo, hay que tener la espalda apoyada en una buena montaña de libros. Todos sabemos hablar y podemos hacer una redacción mediocre. La diferencia está en los mundos en que nos sumergimos con las novelas y en la calidad de las mismas. Y aquí vuelvo a parafrasear (o medioparafrasear) a King, cuando afirma que se han de leer libros buenos y libros malos. De los buenos se extraen buenas cosas, pero de los malos se extraen muchas más que NO se deben hacer. Muy sencillo y muy lógico. Luego hay otra cosa que no había tenido muy en cuenta hasta ahora, pero que aprovecho para reinvindicar, porque es cierto que es muy molesto. Los adverbios. Esos eternos adverbios terminados en -mente. ¿Cuántos diálogos los añaden solo para reforzar un verbo no muy convincente? Quizás no les tengo tanta aversión como el Sr. Stephen, pero me cargan cuando veo unos cuantos en el mismo párrafo. Y, por último, he de hacer un poquito de caso al estilo. A menudo me dejo caer por páginas con relatos y semejante por el mero placer de leer. A veces publico cosas mías (de una calidad muy mejorable, pero que me gusta sacar a la luz), y otras me dedico a ver lo que han colgado personas que sigo habitualmente. Algo que me molesta es el estilo, esas narraciones forzadas, a base de palabrejas que ni el autor comprende para contar, por ejemplo, un mero despertar o un bostezo. Me supera, no entiendo porque no se puede ir al tema sin pasar primero por la luna.

 

Pues todo esto y mucho más lo desarrolla Stephen King en su obra. Con mucha más maestría, claro está, y también con mucha más credibilidad, pero tocando los temas claves. Perfecto.

 

¿Hay alguna razón para hacer casa enteras con palabras? […} Hemos leído mil páginas y aún no tenemos ganas de abandonar el mundo que nos ha regalado el escritor, o la gente imaginaria que lo habita. Si hubiera dos mil páginas, las acabaríamos con la misma sensación. Un ejemplo perfecto es la trilogía de Tolkien sobre El Señor de los Anillos. Desde la Segunda Guerra Mundial, sus mil páginas de hobbits no han saciado a tres generaciones sucesivas de aficionados al género fantástico. Nadie ha tenido suficiente, ni siquiera añadiendo aquel epílogo que es El Silmarillion. 
Mientras escribo, Stephen King. pág 185/381 (digital)

 

EN RESUMEN Mientras escribo  es una buena guía para los principiantes del papel. Es cierto que Stephen King no es el mejor novelista del mundo, nunca le darían un premio Nobel (lo más seguro) aludiendo a cuestiones estilísticas y de forma, pero se ha convertido en uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos tiempos y eso no puede ni debe obviarse. Independientemente de que su prosa sea bella o sencilla, de que narre con oraciones largas o con una fragmentación casi exasperante; es visible a ojos de todos que es un escritor con una creatividad desbordante y una pluma con una velocidad punta que ya quisiera el ex-Ferrari de Alonso (aunque se haya puesto en tela de juicio el recurrir a negros, escritores fantasma).Tiene técnica y ha sabido subir a la cumbre de la ficción y el terror y hacerse con el trono. No es un Shakespeare ni un Cervantes, pero millones de personas son fieles a sus publicaciones anuales y leen sus libros una y otra vez. Por esos y otros motivos, creo que este libro se merece una oportunidad. Algo podrá enseñarnos este hombre, ¿no?

 
Termino con un fragmento que me parece perfecto para despedir esta reseña

 

Escribir es mágico; es, en la misma medida que cualquier otro arte de cración, el arte de tu vida. El agua es gratis. Conque bebe. Bebe y sacia tu sed. 
Mientras escribo, Stephen King. pág 353/381 (digital)
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Reseña: La ladrona de libros, de Markus Zusak

¡Hola! Por fin me he puesto las pilas y he preparado la reseña de La ladrona de libros, porque me ha costado dios y ayuda leérmelo y otro tanto reseñarlo. A ver si os gusta.


Una novela preciosa, tremendamente humana y emocionante, que describe las peripecias de una niña alemana de nueve años desde que es dada en adopción por su madre hasta el final de la II Guerra Mundial. Su nueva familia, gente sencilla y nada afecta al nazismo, le enseña a leer y, a través de los libros, Rudy logra distraerse durante los bombardeos y combatir la tristeza. Pero es el libro que ella misma está escribiendo el que finalmente le salvará la vida.«La esperanza de Liesel es inexpugnable… Los lectores jóvenes necesitan este tipo de alternativas a la rigidez ideológica, así como exploraciones sobre la importancia de las historias. Y, pensándolo bien, también los adultos.»The New York Times


Contiene spoilers
Me encanta leer y leo de todo, literatura romántica, negra, misterio, suspense, humor, fantástica… Cuando a alguien le gusta sumergirse en historias ajenas hasta sentirlas propias, tanto da el tipo de libro al que nos enfrentemos. Al menos, eso es lo que me sucede a mí. Por eso hay una cosa que me, por decirlo claramente, repatea: los spoilers. Ha habido muchos finales que me han estropeado por culpa de los spoilers y no me gustan en absoluto. En las reseñas aviso de ellos, pero… ¿Cómo evitar los spoilers cuando ves una película basada en un libro?
Ahí me he quedado yo, molesta por haberme autospoileado este libro con la película. Me leí Los Juegos del Hambre cuando me enteré de que iban a sacar la peli, me leí Harry Potter para poder verlas y tantas otras… Sin embargo, no planeaba leerme este libro, así que nunca pensé en que pudiera afectarme a posteriori. Pero así ha sido. Vamos con un breve resumen de la trama antes de pasar a desmenuzarlo todo.

Liesel es una niña huérfana que aterriza en casa de los Hubermann. Rosa es una mujer fiera, malhablada y orgullosa; Hans es un padre comprensivo, cariñoso, bueno. La vida en Himmelstrasse, una zona pobre de Molching, más allá de las afueras de Múnich, es dura en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, pero Liesel tiene otras preocupaciones mucho mayores. Tendrá que adaptarse a su nueva familia, hacerse a la idea de que no volverá a ver a su madre y luchar contra el fantasma de su hermano muerto. Sin embargo, Rudy Steiner estará ahí para apoyarla en sus pillerías y para sacarla de otros líos.  No obstante, la vida más o menos placentera que se extendía a los ojos de Liesel, se volverá más peligrosa con la llegada de la guerra, los bombardeos, la persecución de los judíos y la llegada de Max.

 

La ladrona de libros se ha convertido en un best-seller, está muy bien calificado en páginas webs literarias y ha sido llevada al cine (que ha sido como yo la he conocido). Es una historia de la Alemania nazi que nos sitúa en el otro lado de la balanza, porque siempre solemos encontrarnos con la perspectiva de los judíos. Otra peculiaridad es la narradora, que no es otra que la muerte. Es bastante llamativo, porque nos cuenta los hechos un personaje que no los vive de primera mano, sino que los sobrevuela, ofreciendo detalles que se les escaparían a los propios protagonistas. Y spoileando, sí, la muerte nos avanza el final del libro cuando todavía quedan unas cuantas (muchas) páginas. Además, hace anotaciones al margen, con curiosidades o traducciones del alemán, que a veces me han resultado bastante instructivas, y otras, estresantes.  La prosa del libro es bonita, todo hay que decirlo, con fragmentos embellecidos a base de una selección cuidada de adjetivos, y con bastante ritmo en la narración. La historia en sí, sin embargo, se me hizo pesada. Comencé a leerme el libro a principios de diciembre y me lo terminé a mediados de enero, haciendo un gran esfuerzo por no abandonar. No logré conectar con los personajes, me parecieron bastante lejanos y no me gustó en absoluto ese humor sarcástico de la muerte a la hora de regocijarse y recrearse con todos los sucesos.
Las relaciones de familia en casa de los Hubermann, aunque realistas, no terminaron de parecerme muy cercanas. Reconozco, no obstante, que no hay un exceso de misterio por parte de Rosa y Hans, son unos padres bastante rectos, cariñosos si la ocasión lo requiere, y que esas conversaciones repletas de Saumenchs y Saukerls, le quitan un poco de tensión al asunto y no hacen que tengamos una visión trágica de lo que está pasando o va a pasar próximamente. Pero creo que la culpable de que no haya logrado empatizar con ellos como se merecen es Liesel. Ha sido para mí el personaje más extraño. Es una niña y actúa como tal, pero, a la vez, es como si dentro de ella tuviera un cerebro de 20 años, acechado por el estrés y dispuesto a sacrificarse por todo. 
Entiendo que se nos muestra como una muchacha traumatizada, saboreando la orfandad y la soledad, pero de ahí a que tenga una personalidad cambiante, difícil de seguir y algo extraña… Y digo esto basándome en el asunto de los libros. La ladrona de libros, claro está, roba libros. Y esta actitud la que me descolocó, porque lo hace, a medida que coge soltura, sin temer en demasía las posibles consecuencias de que la descubran, arriesgándose… Aunque es elogiable su absoluta devoción por las letras en una época convulsa, por supuesto. Así que podríamos decir que tengo una especie de relación amor-odio con ella.  También tengo un problema con Rudy, el amigo de Liesel, hijo de los Steiner. En general es un personaje divertido, tierno… Le he cogido cariño, la verdad, pero lo que me irritó muchísimo sobre él fue la descripción que hacía la narradora de su pelo. Rudy Steiner no tiene el pelo como un limón, por el amor de dios. Creo que hay más bien poca gente que tenga el pelo de color amarillo amarillo amarillo cuando nace. ¡Abajo el pelo limón! De verdad, es un aspecto que me trajo de cabeza durante la lectura, porque, además, nos lo está repitiendo cada dos por tres.
Sin embargo, lo mejor de la historia ha sido, en mi opinión, Max. Max ha sido un personaje duro, atormentado, lleno de complejos,  agradecido y avergonzado a partes iguales. La relación con Liesel, ya hacia el final, sí que me ha gustado, y me han enamorado sus batallitas con el Führer en el sótano, y el libro que le regala a la niña antes de partir.  Es muy humano y, aunque Zusak no ha podido escribir su historia de la parte no perseguida de la Alemania nazi sin añadir a un judío, creo que se nos ofrece un punto de vista diferente sobre ellos.
” Hubo un único asalto, y duró horas, y todo se mantuvo igual la mayor parte del combate. El Führer machacó el saco de arena judío.  Había sangre judía por todas partes. “
La ladrona de libros”. Pág 255.
Es muy interesante ver la división entre los propios vecinos de Himmelstrasse, algunos viejos amigos, otros conocidos, por culpa de la guerra, por el temor a decir o apoyar algo que les pueda traer consecuencias.
La parte que más he disfrutado ha sido el final, las últimas cien, ciento cincuenta páginas, porque la prosa adquiere más velocidad y los hechos se suceden con más intensidad. Aquí disfruté y mejoró mucho mi opinión sobre el libro. Me gustó bastante ver que la historia no es tan light como en la película, y que las desgracias llegan y no se puede hacer nada. Ciertas coincidencias y soluciones me sorprendieron mucho, y hubo un reencuentro que me conmovió, pero me esperaba algo más, más detalle, más información, más futuro. Aún así, es un buen cierre para la historia.
¿Os lo recomendaría?
Bueno, no ha sido mi mejor lectura de la historia, me he enfrentado a ella con reticencia y mi opinión ha mejorado notablemente, aunque es cierto que por culpa de la película, no conseguí disfrutarla como se merece. Hay puntos, como la narración desde el punto de vista de la muerte (con los avances sobre lo que va a suceder, o anotaciones que ralentizan el ritmo de lectura), o mi incapacidad para conectar con los personajes la mayor parte del tiempo (solo Rudy y Max son la excepción), que me han gustado y disgustado a la vez. Lo que no voy a negar es que tiene una prosa muy elegante, cómoda de leer, sí, pero embellecida con muy buen gusto; hay buenas descripciones, y diálogos interesantes. Está, por supuesto, el aliciente del robo de libros, que para los amantes de la lectura puede suponer un punto muy interesante a la hora de decidirse. Lo que si estaría bien que hicieseis es meteros en el libro sin prejuicios y, en caso de haber visto la peli, evitar hacer comparaciones constantes entre escenas. Entonces, probablemente, os guste mucho.
 
PD) No sé si habréis visto la película, pero os aseguro que se parece bastante poco al libro. Obviamente, mantiene las líneas generales de la historia y todo eso, pero es mucho más blanda, más infantil. Se han suprimido todas las escenas violentas que aparecen en la obra de Zusak (y, aunque tiene una calificación por edades de +13, la podrían ver niños pequeños sin escandalizarse), y los personajes son todos unos santos, eliminando partes del libro que nos muestran otras facetas de los protagonistas. Además, vemos una peli que se llama La ladrona de libros, y Liesel apenas roba tres o cuatro libros en el filme, mientras que en el libro el número es bastante mayor y los escarceos, más notorios.
¿Habéis leído el libro? ¿Conocéis la peli? ¡Soy toda oídos!

Ultraje

¡Buenas! Hacía mucho tiempo que no “actualizaba” esta sección, y se me ha apetecido traeros un pequeño relato, que espero que no os disguste mucho. Yo hago lo que puedo ^ ^
ULTRAJE
El agua de la ducha se deslizaba por su cuerpo mezclada con el sabor salado del torrente de lágrimas que no era capaz de reprimir. Tenía la cabeza apoyada contra la pared mientras la regadera proyectaba un chorro helado sobre su cuero cabelludo.  No dejaba de tiritar. Abrazada a sí misma, como si tratase de impedir que se le escapase el alma de dentro. Los pelos como escarpias. Llorando por un miedo irracional que la visitaba cada noche alrededor de las once. La culpa en la garganta por no osar a rebelarse. Con los ánimos por el suelo y la vergüenza grabada con carmín en cada poro de su piel. Un arcoíris funesto deslizándose por su costado. Las marcas de un amor de guerra y una cobardía vencedora.
Se estaba muriendo. Por dentro quebrada, por fuera tatuada a fuego. Se había vuelto sumisa, débil. Fácil. Le dolía. Pero cada cardenal se incrustaba más dentro de ella.
El grifo se cerró. La puerta chirrió, crujientes pasos sobre el parqué viejo. Una voz pegajosa y vulgar que apremiaba a la huida.
-Ya estoy en casa, cariño.
Y se estremeció, como cada noche desde hacía cinco meses, cobijada en la esquina de la ducha. Sola, desnuda. Con el campo de batalla descubierto para recibir los misiles. El olor a alcohol de supermercado le revolvió las tripas. Y con las tripas revueltas se sintió ultrajar, entre susurros de amor repugnante y caricias ebrias.
La madrugada la encontró, desplomada en el suelo, con el cuerpo en carne viva y una palidez mortal.
¿Qué os parece? ^  ^

Reseña: El resplandor, Stephen King


REDRUM. Esa es la palabra que Danny había visto en el espejo. Y aunque no sabía leer, entendió que era un mensaje de horror. Danny tenía cinco años. Y a esa edad pocos niños saben que los espejos invierten las imágenes y menos aún saben diferenciar entre realidad y fantasía. Pero Danny tenía pruebas de que sus fantasías relacionadas con el resplandor del espejo acabarían cumpliéndose: REDRUM… MURDER, asesinato. Pero su padre necesitaba aquel trabajo en el hotel. Danny sabía que su madre pensaba en el divorcio y que su padre se obsesionaba con algo muy malo, tan malo como la muerte y el suicidio. Sí, su padre necesitaba aceptar la propuesta de cuidar de aquel hotel de lujo de más de cien habitaciones, aislado por la nieve durante seis meses. Hasta el deshielo iban a estar solos. ¿Solos?…


Puede contener spoilers

Habiéndome apuntado al Reto Stephen King (¡Oh, Dios mío! Hay docenas de libros que leer xD), he aprovechado la tarde para preparar la reseña de El resplandor, una de las novelas más conocidas del autor, que me he leído hace un par de años y que he releído para traer la información fresquita. ¿Cuántas veces he mencionado mi fascinación por el autor? La reitero, por supuesto. Sinceramente, la ambientación de la historia es muy buena, muy tétrica, muy King. Esos personajes son la marca estrella del autor, llenos de taras, de complejos, con vidas difíciles y destinos que pretenden dar una solución a la tremenda.

La trama nos transporta al Overlook, acompañando a Jack Torrance, su mujer Wendy y su hijo Danny. Allí veremos surgir los temores más primitivos, el lado complicado, temeroso, irascible, impredecible, de los personajes al verlos expuestos a la adversidad. Os resumo brevemente la trama.  Jack y Wendy Torrance se mudan con su hijo Danny a un hotel de lujo entre las montañas de Colorado.  Son una pareja mediocre con pasado oscuro, sin grandes aspiraciones  y pocos recursos económicos, pero que tampoco vive en la pobreza. 

Así que ellos no van a ser huéspedes en el Overlook, no. Jack ha sido contratado, por medio del tío Al y gracias a la gentileza del señor Ullman, para ejercer como vigilante durante la temporada en que el hotel cierra sus puertas, es decir, durante el terrible invierno. Corren riesgo de quedarse aislados por culpa de la nieve, el pueblo más cercano está lejos y las carreteras, cubiertas de hielo, se vuelve impracticables. Pero el dinero no les sobra y Jack no puede rechazar la oferta, y menos después de haber sido despedido por culpa de su explosivo carácter.

 Cuando se instalan allí, el trabajo no parece complejo y el lugar es agradable. Un sitio perfecto para mejorar las relaciones de familia y para que Jack medite sobre todo lo sucedido últimamente y plantear quizás, un cambio de actitud. Obviamente, eso es al principio. Trabajan sin demasiado apuro, manteniendo los pasillos impolutos, sellando ventanas, controlando la caldera, el jardín y realizando pequeños arreglos, para que en la reapertura el hotel dé la talla. Jack por su lado, Wendy por el suyo, más ocupada de la cocina con los consejos que le había dado Halloran; y Danny por el suyo, tratando de hallar algún divertimento en medio de la soledad que otorga el ser hijo único en un lugar sin niños en varios kilómetros a la redonda. No obstante, Danny no está solo, porque tiene a Tony. Tony siempre le da buenos consejos y le cuenta cosas. Y le advierte. Y le enseña cosas, como las palabras del espejo. Claro, estamos en una novela de King. Y basta con hacer esta aclaración para saber que las cosas no se quedan así. Tenemos a tres personas “encerradas”, sin nadie a quien ver o con quien hablar, que tendrán que soportar un invierno juntas. Trabajando, comiendo, durmiendo juntas. Es inevitable que haya tensiones. Además, el Overlook no es un hotel cualquiera, y habrá sucesos paranormales que trastocaran la estancia allí. Y Jack tiene problemas para controlar su ira, y Wendy tiene miedo, y Danny y Tony cada vez son más misteriosos.

“All work and no play makes Jack a dull boy”
 
“No por mucho madrugar amanece más temprano.” 
 
Así se tradujo en español. La verdad es que le quitan bastante encanto a la frase. Una traducción más fiel sería: Trabajar y no jugar hace que Jack se aburra.
Pero la frase es mucho mejor si la vemos en la conocidísima parodia de Los Simpsons. Sin tele y sin cerveza, Homer pierde la cabeza.
 
 
Siento la mala calidad del video, pero los demás eran en latino, y no estoy acostumbrada  a escucharlos, así que me suenan bastante mal. HOMERO
Independientemente de que estemos ante una historia de miedo, de terror psicológico, paranormal, etc., lo que Stephen King pone a prueba es la convivencia. Hace que chirríen los engranajes de la familia y cuestiona las uniones que suelen mantener a prueba las relaciones de confianza. Todo ello envuelto, por supuesto, en un halo de misterio que hace que sepas que va a haber mucho más. Además, como bien dijo el autor, tenemos muy presente el alcoholismo, que hace de Jack el antagonista perfecto. Vemos como es capaz de trastornar a un hombre culto en una mera bestia, en un animal. Jack, como acabo de decir, es el villano, el malo de la historia, el que antes cae, el que le da la vuelta a la tortilla. Hay una gran evolución en el personaje. Una evolución tremenda y muy acertada, porque sabemos en todo momento de qué pie cojea, cuales son sus debilidades, sus puntos fuertes. Wendy es un personaje que nifunifá. Tiene su desarrollo, pero no se queda conmigo, no me ha marcado especialmente y no pasará a la historia de los personajes interesantes. Eso sí, he de reconocer que en el final, gana puntos, por la manera en que resiste los embistes de… Llamémoslo destino. Danny sí que es un gran protagonista, uno de esos que queda en el recuerdo (más aún habiendo salido en la película). Es un niño pequeño, pero algo trastornado y con serios problemas desde que la redrum apareció en su espejo. Hay momentos muy épicos, como la escena del pasillo, con las gemelas y el dedo, que no se olvidan tan fácilmente; o el descubrimiento de la habitación “encantada”, que siempre me ha dado mucho repelús. Por otro lado, está el tema de esplender. ¿Esplender? ¿En serio? Al principio no me chocó mucho este asunto, pero creo que consigue que todo encaje al final. ¡El final! Aun no he dicho nada del final. Ese desenlace, ese cierre apabullante, rápido, con tensión y miedo en cada renglón. Se entremezclan sentimientos y personajes, sale lo más primitivo, lo más prehistórico que todos guardamos dentro y el destino obra a su parecer. ¿Quién no conoce ese O la escena del mazo y la puerta y ese Jack Torrance explotando convertido en el Overlook.

En resumidas cuentas, El resplandor es una novela que no se olvida, que marca y que, al haber sido llevada a película, muchos tenemos grabada en la retina doblemente. Me parece una reflexión sublime acerca de la estupidez humana, de la poca resistencia y de la vulgaridad del hombre en situaciones extremas, y esa palabra del espejo, es, simplemente, genial.

****
No puedo despedir la entrada sin hacer una mención a la película de Kubrick, que, aunque criticada por King, a mí me gustó mucho y ensalza aún más el lado oscuro de los personajes, y le da un aura más terrorífica si cabe. Y, tampoco puedo obviar la parodia de Los Simpsons. Como se suele decir, si un personaje o película sale en esta serie, ya han alcanzado la gloria. Me parece un episodio genial y que os recomiendo de corazón.
Por cierto, quiero darle las gracias a Laura Tejada porque su comentario me ha llevado a revisar mis notas y comprobar que he mezclado (al final) escenas del libro y de la peli. El Here’s Johnny, solo aparece en la adaptación de Kubrick, y el Jack que ataca con el hacha la puerta del baño en la peli, en el libro utiliza un mazo de roqué. ^ ^
 
¿Habíais leído el libro? ¿Os gusta la película? ¡Soy toda oídos!
 
PD) Hace unos días Todopoderosos (un programa sobre libros, pelis, cómics, etc., que se publica en podcast) subió un episodio sobre Stephen King. Por supuesto, lo escuché :3 Y me gustó mucho. Os animo a que le echéis una oreja sobre todo si os gusta el escritor, porque no tiene desperdicio.
Además, en el programa están Rodrigo Cortés (director de cine, seguramente os sonará por haber dirigido Buried), Juan Gómez Jurado (periodista y escritor, ¿conocéis El paciente? Parece que Hollywood va a llevarla al cine), el Monaguillo (cómico y copresentador del programa de radio, La Parroquia) y Arturo González Campos (copresentador de la Parroquia, cómico, etc.).
:3

Reseña: Llamando a las puertas del cielo

¡Buenas tardes! ¿Qué tal estáis? Por aquí, la vuelta a la rutina ya es historia, porque parece que nunca haya habido vacaciones (es muy triste, lo sé). Pero, ¡qué se le va a hacer! Os dejo la reseña de Llamando a las puertas del cielo, de Jordi Sierra i Fabra. Espero que la disfrutéis.

Silvia, estudiante de Medicina, marcha a la India para trabajar como cooperante durante el verano en un hospital ubicado en un recóndito lugar lejos del mundo. Al hacerlo, se opone a sus padres, a su novio, y toma así, siguiendo su instinto y su corazón, una decisión que cambiará su vida y su forma de penar. En la India conocerá el dolor y el sufrimiento de los que no tienen nada, pero también la alegría y la paz de su conciencia, y vivirá a caballo de dos, sino de tres mundos: por un lado Arturo, que la espera en España; por el otro Leo, el joven médico, cooperante como ella, capaz de renunciar a todo por estar allá; y finalmente Mahendra, el príncipe hindú que guarda el más doloroso de los secretos y que la sumergirá en un nuevo horizonte sin fronteras.


No contiene spoilers
 No sé ni como empezar. Estoy, literalmente, removida por dentro. Me he quedado a la par en blanco, y tan a rebosar de ideas que no sé por donde seguir. Jordi Sierra i Fabra no era un autor desconocido para mí, porque he leído obras suyas, infantiles y más juveniles, pero con ninguna había alcanzado un nivel de complicidad, de simbiosis tan remarcable. Quizás sea el tema de la obra, tan complejo, común y tabú como para verlo reflejado habitualmente en novelas; o los personajes, cercanos, entrañables, reales. Desde ahora soy, oficialmente, un poco Silvia, un poco Leo, un poco Mahendra, un poco Elisabet, un poco Sahira. Los soy todos ellos. Sin excepción. Y no malentendáis mis palabras, no estoy loando esta obra por un mero arrebato nocturno, por obligación o costumbre. Últimamente me estoy volviendo más exigente con lo que leo. Puede que penséis que lo que yo considero ser exigente, es una severa tontería, pero yo veo las cosas, mi manera de entender los libros diferente. Hace un año, año y medio, no habría leído una historia de no estar segura que habría un trasfondo amoroso rondando. O una batalla por la salvación en una era distópica. Ahora eso no lo busco, cae o tropiezo con ello, pero no está en mi senda. Estoy en una etapa de novela de terror, misterio, policiaca, quizás realismo, sí, pero en menor medida. Tal es el popurrí de mis gustos actuales que no sabría como catalogar esta. ¿Es amor? ¿Es superación? ¿Es empatía, ayuda? No lo sé, pero si sé que toca todos los valores humanos, los escritos, los que se están formulando y los que , algún día aparecerán. ¿Qué es Llamando a las puertas del cielo? Ante todo, un canto a la vida. Silvia, una joven de diecinueve años, hija de dos reputados médicos catalanes y estudiante de medicina por vocación, se marcha como cooperante a la India durante el verano.
Esto provoca tensiones en su familia, disputas con sus padres y una sensación de huida que la acompaña durante el comienzo del viaje. Ayudar en un campamento humanitario, en situación precaria, con pocos recursos y mucha afluencia de necesitados, le parece necesario para probarse, para recuperarse a sí misma, y para poner en orden su vida. Siempre ha sido una cara bonita, con el futuro planificado, aparentemente, y sin obstáculos en el camino. Por eso, su llegada al RHT, no sienta bien a todos. Como, por ejemplo, a Leo, médico en cuarto curso de carrera que ve peligrar su continuidad en los estudios por culpa de una beca que no le concederán. Con una enemistad lograda ya el primer día, Silvia se temerá lo peor. Pero no todos es tan terrible, porque Elisabet Roca, la directora a grandes rasgos de todo el tinglado, la apoyará y la ayudará a encontrarse a si misma. En ello participarán tanto Leo, como ella, Vijjy y su hermana, los pacientes con los que tendrá que tratar, y Mahendra, un joven rico venido a menos con un terrible dolor acumulado en su interior por culpa de varias pérdidas dolorosas. Y, entre medias de esta historia, ocultas tras un velo que termina desapareciendo, tenemos el descubrimiento de la India, la sorpresa y aceptación ante una cultura tan arraigada y complicada de asimilar para una mentalidad occidental, el increíble trabajo realizado por el voluntariado, los cooperantes, y el amor, aunque este último es tratado de un modo incluso metafórico, como una causa y consecuencia que no ocupan un papel protagonista. Estamos, pues, frente a un viaje casi espiritual de reencuentro con uno mismo. 
El silencio era mucho más impresionante que ningún otro escuchado jamás por ella. Porque el silencio se oía. En el corazón
Tachadme de sentimental, o de idiota si lo preferís, pero yo he querido ser Silvia a lo largo de la historia. No la Silvia del rostro bonito y el destino dorado, sino la Silvia que se empapa de las nuevas experiencias, que no quiere que la tachen de Miss ONG por el mero hecho de querer ayudar, ya no a salvar el mundo, pero si de hacerlo un poquito menos malo; de la Silvia que se enamora de la India, que acepta, a regañadientes, las costumbres del lugar, que sufre, ayuda, y trata de dar una oportunidad a toda la gente que no encontrará otros ángeles de la guarda que no sean ellos, esos voluntarios que encuentran satisfacción y realización en ensuciarse las manos y hacer valer sus estudios para algo más que un trámite occidental. Y pensaréis que es todo muy tuttifrutti, muy rosa, pero no creo que sea así. Obviamente, la vida de un cooperante no es tan exótica, ni tan tranquila como la de la protagonista. No, y, desgraciadamente, muchos de ellos corren peligro en su día a día, y, probablemente, demasiados caigan, víctimas de una mentalidad cerrada, de un enfrentamiento que ni les va ni les viene; pero es un homenaje, muy bonito, por cierto.
El destino. Sintió aquella peculiar impotencia cuando se metió en la cama. La frustración de quien ve que todo se escapa entre las manos sin poder evitarlo. No era más que una soñadora de diecinueve años. ¿Qué podía hacer ella? ¿Qué?
Me ha gustado mucho, aunque esto ya es costumbre, la prosa del autor. Es limpia, cuidada, con apelaciones directas, sencillas y muy elegantes, a la vez. Probablemente, y esto ya es una cosa que he pensado después de leerme varias cosas suyas, sea uno de los autores españoles que más me gusta. Escribe para jóvenes, historias que llaman a los jóvenes, pero esta obra, al menos en mi opinión, no debería tener edad. Estamos hablando de navegar por los entresijos de la vida, de las desgracias y las superaciones. Sí, parece que el trasfondo tiene un tinte más juvenil, un amor del que se duda y del que se huye; puede que la protagonista, demasiado perfecta, demasiado idílica, sea un arquetipo difícil de encontrar en la sociedad; pero es algo a lo que uno se acostumbra a lo largo de la lectura.
Lo que, sin duda, menos me ha gustado, ha sido este carácter de Silvia, la protagonista, con unos ataques de ira un poco repentinos; y el final. No es que me haya disgustado, pero me ha parecido demasiado idílico, con demasiados cabos cerrados.
¿De qué color es nuestro cielo? Del que tú quieras, del que trencemos desde ahora, de arco iris y luz pura. Tu última pregunta es muy simple y la respuesta también: sí, vamos a llamar a las puertas del cielo, como dijo Dylan.
En resumidas cuentas, no había visto unas críticas espectaculares de este libro, pero me alegro muchísimo de haberlo podido leer, porque he pensado mucho sobre todo en general, ya no sobre literatura, ni narración ni nada eso, sino sobre la vida en general. Seguramente no sea el mejor libro del mundo, pero me ha sucedido con él lo mismo que con El síndrome de Mozart; me ha encandilado, sin una razón especial, pero ya se ha encallado en mi corazón y no creo que vaya a zarpar pronto. Os lo recomiendo, porque es un viaje muy emotivo y repleto de sentimientos, y más ahora, después de todo este asunto del ébola en que se ha puesto en tela de juicio toda la labor de los cooperantes.
¿Lo habéis leído? ¿Conocéis al autor? ¡Soy toda oídos!