Reseña: El retrato de Rose Madder

¡Buenas! Segundo miércoles del año y segunda reseña. Este libro me lo terminé el lunes y no me he dado ni un respiro para publicar la reseña, porque me ha gustado mucho. Una de Stephen King, por favor

Era como si el cuadro la hubiera llamado, obligándola a detenerse. Y al leer la inscripción del dorso, “Rose Madder”, supo que tenía que ser suyo, el adorno perfecto para su recién estrenado piso de mujer libre. Porque tras años de maltratos, por fin Rosie Daniels había abandonado a su marido y emprendido una nueva vida en otra ciudad. Pero es imposible no dejar pistas y Norman, el brutal policía con quien se había casado, inicia la caza sistemática e implacable de su mujer. Cada vez está más y más cerca, y Rosie advierte, no sin temor, que su única aliada es esa figura pintada en el cuadro, que la invita a pasar a su lado de la realidad.


Rose Daniels, Rose McClendon. ¿O Rosie Real? ¿Y Rose Madder?
 
Desde que me apunté al reto King, he estado buscando los títulos más atractivos del escritor, así que me he apuntado, entre otros, el hoy reseñado, Un saco de huesos, Mr.Mercedes (que lo estoy leyendo) o Carrie. En un blog vi una buena opinión de este libro y decidí buscarlo para hacerme con él. Una buena elección, sinceramente, porque de momento Stephen King no me ha decepcionado.
 El retrato de Rose Madder es un libro que marca, aunque no es terrorífico, pero toca temas complicados y espinosos. Lo hace, eso sí, con esa prosa tan propia del autor, que yo no sé si me gusta o simplemente es muy vulgar. No tiene una gran narrativa, no es bonita, pero lo cuenta todo de un modo que no se deja ni un ápice de información en el tintero. Además, siempre tiene la palabra justa, la reflexión adecuada, para que la tensión se mantenga en el punto álgido. Tenemos la historia narrada en 3ª persona, en la mayoría de los capítulos acompañamos a Rose en sus andanzas, y, en otros secundarios pero mucho más brutales, seguimos los pasos de Norman y Vva ‘l doro. Partimos de un capítulo inicial espectacular, terrorífico, abrumador… Cualquier adjetivo espectacular que se os pase por la cabeza lo puede describir. Es el gancho perfecto para que nos quedemos pegados delante de las páginas.
Estamos en 1985, con Rose Daniels acurrucada en el rincón, dolorida y tratando de no aceptar que su pequeña Caroline no nacerá. Norman, su marido, la ha encontrado leyendo una novela rosa, y la ha golpeado. Como siempre. Y ella está perdiendo a su pequeña, a su bebé. Aquí ya queda retratado quien es el malo malísimo, el villano de la obra. Norman. Saltamos en el tiempo, si no me equivoco, 9 años. Rose está harta de las palizas, del sufrimiento y se escapa de casa mientras Norman está en el trabajo. Se lleva la tarjeta de crédito y coge el primer autobús que sale, a una ciudad desconocida situada a 1200 kilómetros de distancia. Allí, ayudada por Peter Slowick, el hombre de Atención al cliente de la estación, va a dar a la asociación Hijas y Hermanas (H y H), dirigada por Anna Stevenson, que ayuda a mujeres maltratadas a superar su situación y rehacer su vida. Claro está, Norman, policía de profesión, no va a dejar las cosas como están, y se lanzará a la caza de Rose.
 
 ¿Dónde interviene el cuadro, ese elemento fantástico? Rose quiere empeñar su anillo de pedida, pero descubre que apenas vale nada, ya que el pedrusco, es una burda imitación de un diamante, y lo cambia por un cuadro que ve cuando está a punto de marcharse. No está firmado, no es espectacular y, por la cara interna, tiene escrito con carboncillo Rose Madder, que en inglés podría ser tanto el nombre de una mujer como el nombre de un color (en español creo que sería carmesí de alizarina, aunque nunca en mi vida lo había oído). Es el retrato de una mujer, de espaldas, con una larga trenza rubia y un vestido corto de ese color; frente a ella, un paisaje verde y un templo mal proporcionado con el resto del cuadro. Estamos en una novela de King, así que nada sucede por casualidad. Y menos la aparición de un cuadro. ¡Con la cantidad de sucesos paranormales que podría entrañar! El cuadro, Rose, Bill Steiner y algunas amigas de H y H se verán implicados en la persecución de Norman, que ha terminado por enloquecer. Como ya mencioné antes, el tema tratado es bastante incómodo, se mire por donde se mire. Creo que tenemos unas personalidades muy marcadas en los protagonistas y, además, muy lógicas y comprensibles. Rose, se casó con 18 años con un tipo algo mayor que ella, el típico de las cazadoras de cuero y los problemas. Perdió a sus padres y su hermano tres años después de la boda, en un accidente de tráfico, así que se quedó sola ante el peligro.  Me parece que está muy bien explicado el motivo por el que soporta estoicamente todas las vejaciones y los maltratos que Norman le dedica. Ese afán por olvidar el pasado, por no querer aceptar que se es débil, que se puede sobrevivir, hacer frente e incluso vencer. Aun así, un día ya no puede más. Lo más lógico del mundo. Y descubrimos a una Rose que no es tan frágil, que se quiere y tiene amor propio. King nos cuenta algunas de las barbaridades que Norman le hace y revuelven las tripas, literalmente. Es un caso extremo de violencia, sí, pero ¿hasta que punto podría ser real? Lo triste es que es bastante probable que haya víctimas de violencia que hayan sufrido del modo que vemos reflejado en Rose.  Después vemos a Norman, que es, para mí, el mejor personaje del libro. Tenemos un pasado traumático en su infancia y adolescencia. Un padre violento que maltrataba a su mujer y hacia oprobios con su hijo. En algunos momento, quizás al principio del libro, parece que hay algunos resquicios en su carácter temible, parece que es posible que en el fondo, muy en el fondo, se arrepienta de lo que hace. Pero no. Queda más que demostrado que está loco. Es un maníaco, obseso. Quiere tener el control de todo, desprecia a todas las personas que no son como él o que piensan distinto. Desprecia a las mujeres, a los negros, a los judíos… Es el antagonista perfecto. Por otra parte, hacia el final, las últimas horas (internas) de tensión de la historia, se trastorna aun más. Tras robar una máscara de un toro a un niño para escapar del picnic de H y H, da la sensación de que su personalidad se desdobla. Tenemos a Norman Daniels, el policía loco, y a Vva ‘l doro (quiero interpretarlo como Viva el toro, aunque es una opinión personal), que es como llama a la máscara (Ze bool, en el original). La máscara actúa por si sola (o eso cree él), aunque vendría siendo la representación de la parte más oscura del alma de Norman. Eso sí, algo que todavía no he dicho de Norman, es que es un mordedor. Eso es algo que me ha medio traumatizado, porque no llego a comprender como puede ser capaz de hacer lo que el nombre bien dice.
Ve la sombra de su marido, retorcida y alargada como la imagen de un campo de maíz y la sombra de un ahorcado, danzando y bamboleándose en la pared del arco que conduce del salón a la cocina. Ve la sombra del teléfono apretada contra la sombra de la oreja, ve la larga sombra en espiral de cable. Incluso ve las sombras entre sus dedos alisando los rizos del cable, sosteniéndolos y luego soltándolos para recobren su forma original, como si se tratase de una mala costumbre de la que uno no puede liberarse.
La otra implicada de gran calibre, es Rose Madder, o sea, la mujer del cuadro. No conocemos su verdadero nombre, pero Rose la bautiza así por el dorso del lienzo. Es un historia algo complicada, porque creo que el tema paranormal está introducido con calzador en la historia. No queda demasiado bien, al menos al principio, aunque al final me parece un elemento crucial y muy interesante. Promete ayudar a Rose tras haber salvado esta a la hija de Madder, pero no acaba de quedar del todo claro. Lo que sí sabemos es que está loca (todo el mundo está loco o.O), aunque se desquita al final de lo lindo. Suelen decir que los finales de Stephen King desmerecen al resto de su obra. El de El retrato de Rose Madder es bastante criticado y, en algunas reseñas, lo tachan de poco intenso y precipitado. A mí, sin embargo, me ha gustado. Es cierto que damos un salto de 15 años y avanzamos muy rápido, pero creo que es lo más adecuado, ya que no tiene mucho sentido estirar y estirar hasta el infinito los hechos cuando lo importante ya ha sucedido. Pero lo que más me ha gustado ha sido el árbol del final, esa metáfora que le da sentido a la segunda mitad del libro y que cierra con bastante elegancia.
En resumidas cuentas, el libro me ha gustado mucho. Tiene mucha tensión, especialmente en el capítulo introductorio y en la segunda mitad, porque al principio es algo lento y pierde en fuerza. Los personajes son creíbles y convencen, con sus ángeles y sus demonios. El elemento sobrenatural es, quizás, lo peor de todo el libro, porque le falta agarre y algo más de base para asentarse en el transcurso de la historia, pero en el desenlace cumple una buena función. Es un libro con firma King, aunque no es tan reconocible como lo podrían ser otros de su puño  y letra. Os lo recomiendo, pero si queréis leer algo del autor antes, probad con It o con El resplandor.
¿Lo conocíais? ¿Os ha gustado la reseña? ¡Soy toda oídos!
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