Reseña: Nubes de kétchup, de Annabel Pitcher

¡Hola! ¿Qué tal estáis? Estoy preparándoos muchas cositas para este año nuevo, a ver qué tal se me da 🙂 Mientras tanto, os dejo esta reseña, que seguro que os gusta.

Esta novela de narrativa extranjera nos cuenta la historia de Zoe, una chica inglesa de quince años que oculta un terrible secreto. Llena de angustia pero también con una buena dosis de humor, Zoe comenzará a escribir cartas a un criminal llamado Stuart Harris, encerrado en el corredor de la muerte de una prisión de Texas. Piensa que solo alguien así, marcado al igual que ella por el secreto, la mentira y el asesinato, va a poder comprenderla…Bolígrafo en mano, Zoe respira profundamente, come un sándwich de mermelada de fresa y comienza su relato de amor y traición…
«La inocencia de la adolescencia, la violencia del asesinato y una pizca de humor negro conviven a la perfección en este vívido y convincente retrato de engaño y pasión.»
Daily Mail


Puede contener spoilers
El título de esta novela es chocante. O eso me pareció cuando lo vi seleccionado entre las mejores lecturas del blog de Alicia Tinte, hace muy poquito tiempo. Y la portada, blanca, con el título semejante a un manchurrón de kétchup y ese cielo rojo, me parece bastante impactante. La sinopsis, cómo no, te dice mucho y poco a la vez y a mí me consiguió atraer , hizo que lo quisiera leer prontito y las 280 páginas, amenas y entretenidas lograron el resto. La estructura de la historia, en forma de cartas, con alusiones al pasado y los sucesos acaecidos un año después, me ha gustado, aunque reconozco que no me ha parecido demasiado novedosa ni exageradamente buena. Me imagino que en eso tiene mucho que ver la reciente lectura de Y por eso rompimos, que se da un aire al menos en la manera en que se organiza la trama y también con los dibujillos que ocupan algunas de las páginas.
Aquí conocemos a Zoe J, que vive en la calle Ficticia de Bath. Un enorme sentimiento de culpabilidad la reconcome, así que decide escribir una carta. Una carta dirigida a un preso del Corredor de la Muerte que recibirá su sentencia el día 1 de mayo. Zoe J, en realidad no se llama Zoe, ni vive en ninguna calle Ficticia, pero no quiere dar más información sobre sí misma, tan solo necesita desahogarse y contar todo lo sucedido a alguien que haya vivido en sus carnes un asesinato, a alguien que sea tan asesino como ella.
  Con este planteamiento nos hundimos en una historia de amor, de adolescencia, de culpa, de alegría y de tristeza. Zoe tiene 15 años, dos hermanas menores y unos padres que no dejan de discutir. Su madre, extremadamente protectora, no le permite ir a ninguna fiesta y apenas le deja salir, ni siquiera con su amiga Lauren. Sin embargo, aprovechando una situación familiar compleja en que sus padres están enzarzados en una discusión por culpa de la enfermedad de su abuelo, Zoe consigue liarlos para que la dejen ir a la fiesta de Max. No lo conoce demasiado, pero es un tipo popular en el instituto, el mejor del equipo de fútbol del instituto; además, va a estar con Lauren y quiere pasárselo bien. Sin embargo, en la entrada ve a un chico, alto, de ojos castaños, despeinado, con aire desenfadado y un par de años mayor que ella. Hablan un poco, sin siquiera presentarse, hasta que Lauren corre a por ella y se la lleva. Más tarde, Zoe tenía bastante alcohol en el cuerpo y Max aparece. Terminan medio desnudos en un cuarto, besándose como locos. Pero, ¿qué le sucede a la, a priori, bastante cómoda y normal vida de Zoe para que tenga que contarle sus más internos temores a un condenado a muerte?  El chico de los ojos marrones y Max, son hermanos. Sí, son hermanos. Aaron y Max, Max y Aaron. Y no es que sea el fin del mundo, pero Zoe siente atracción por ambos, especialmente por el mayor y ahí todo se va al garete. Diferentes situaciones que la conducen al despecho, siempre por momentos o interpretaciones equívocas, problemas en casa, pensamientos poco lúcidos y una pasión algo complicada de entender pero muy adolescente. El episodio definitivo, el 1 de mayo del año anterior, trágico, tiene lugar en la feria, y es el que perseguirá a Zoe todo el tiempo, mientras escribe esa carta y la mancha con la mermelada de fresa que se escapa de su sándwich. 
Con usted me siento mucho más a salvo. Y para serle sincera me recuerda en cierto modo a Harry Potter. No me acuerdo de cuándo salió el primer libro, sin fue antes o después de su juicio por asesinato, pero en todo caso, por si está un poco perdido, le diré que Harry Potter tiene una cicatriz y gafas y usted tiene una cicatriz y gafas, y a él tampoco le escribía nunca nadie. Pero entonces de pronto recibió una carta misteriosa en la que le decían que era mago y su vida se transformó milagrosamente.
Reflexión de Zoe hacia Stuart, el destinatario de su carta
De los personajes hay bastante que decir, aunque son los grandes desaprovechados de la historia, porque han calado mucho en mi. Zoe J es una adolescente más, una adolescente soñadora, a la que le gusta escribir (tiene su propia historia, Pelasio el Simpasio), demasiado protegida por su madre, tímida… No tiene nada de espectacular, la verdad. Pero me gustan sus reacciones antes la adversidad, a pesar de que sea una llorona, la decisión de escribir esa carta, y la forma en que se ha tragado la culpa. Max tampoco tiene demasiado que comentar, es un chico, un adolescente no muy maduro, que tiene una gran relación con su hermano y que esta se va al traste. No es un personaje al que le haya cogido cariño, pero sí lo he visto más como una marioneta a la que recurrían cuando no quedaba nadie más por involucrar. Aaron, es, además de un tipo simpático, más crecido y más inteligente, un amor de chico. ^ ^ Es bueno, un poco extraño, pero amable y entrañable, aunque quizás peca de demasiado romántico al final del libro, con esa carta nunca enviada, al igual que las de Zoe, con la que pretendía desahogarse con ella.
Yo hace un par de meses me imprimí una lista de todos los responsables de genocidio y, por las noches, cuando no puedo dormir, en lugar de contar ovejas, cuento dictadores. Los hago saltar por encima de una valla, Hitlery Stalin y Sadam Husein pegando brincos con sus uniformes y sus bigotes oscuros ondeando al viento. Igual debería usted probarlo.
En general, el libro me ha gustado. Igual que dije al principio, es entretenido, se lee volando, ameno, y quieres saber más, porque aunque ya tienes una idea de lo que sucederá, la autora consigue que nos hagamos amigos, de los protagonistas y queramos acompañarlos en sus andanzas. Si le pongo una pega es sobre el amor. Hay amor por todas partes, amor arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda y en la espalda. El amor lo obnubila todo, como si fuera la solución de todos los problemas, como si fuese capaz de cerrar cualquier herida por infectada que esté. Puede que sea un poco antifinalesperfectamentefelices, pero me da la impresión de que Annabel Pitcher menosprecia la tragedia y la enmascara con una relación amorosa que ni siquiera es tan fuerte ni tan emotiva ni ha tenido que superar grandes obstáculos para ganarse ese posición sobre todo. Y lo que más me ha decepcionado es el cierre. El desenlace con la carta de Aarón, no-enviada desde Sudamérica. Es como si nunca hubiera pasado nada, como si lo hubiese superado apoyándose en la sonrisa apenas probada una vez con un beso.
Y ahora viene la parte en la que tú me das tú número de teléfono susurró Aaron-. Sin que yo te lo pida. El corazón me pegó un salto, pero dudé, acordándome de la chica de la melena roja-. ¿O quieres que te dé yo el mío? Ya sabes. Solo para ponernos de acuerdo en lo del asalto al banco.
En resumidas cuentas, está bien. Os gustará probablemente si le dais una oportunidad y no sois tan cascarrabias como yo en estos temas amorosos. Es una novela juvenil, muy juvenil, pero creo que la autora ha conseguido plasmar de manera apta para cualquier público, ese sentimiento de culpa y la evolución de Zoe (que al final nos descubre su verdadera identidad y su dirección real), y, sobre todo, esas complejas relaciones familiares que tienen un peso importante en la narración.

¿Qué os parece? ¿Conocíais el libro? ¡Soy toda oídos!