Reseña: Llamando a las puertas del cielo

¡Buenas tardes! ¿Qué tal estáis? Por aquí, la vuelta a la rutina ya es historia, porque parece que nunca haya habido vacaciones (es muy triste, lo sé). Pero, ¡qué se le va a hacer! Os dejo la reseña de Llamando a las puertas del cielo, de Jordi Sierra i Fabra. Espero que la disfrutéis.

Silvia, estudiante de Medicina, marcha a la India para trabajar como cooperante durante el verano en un hospital ubicado en un recóndito lugar lejos del mundo. Al hacerlo, se opone a sus padres, a su novio, y toma así, siguiendo su instinto y su corazón, una decisión que cambiará su vida y su forma de penar. En la India conocerá el dolor y el sufrimiento de los que no tienen nada, pero también la alegría y la paz de su conciencia, y vivirá a caballo de dos, sino de tres mundos: por un lado Arturo, que la espera en España; por el otro Leo, el joven médico, cooperante como ella, capaz de renunciar a todo por estar allá; y finalmente Mahendra, el príncipe hindú que guarda el más doloroso de los secretos y que la sumergirá en un nuevo horizonte sin fronteras.


No contiene spoilers
 No sé ni como empezar. Estoy, literalmente, removida por dentro. Me he quedado a la par en blanco, y tan a rebosar de ideas que no sé por donde seguir. Jordi Sierra i Fabra no era un autor desconocido para mí, porque he leído obras suyas, infantiles y más juveniles, pero con ninguna había alcanzado un nivel de complicidad, de simbiosis tan remarcable. Quizás sea el tema de la obra, tan complejo, común y tabú como para verlo reflejado habitualmente en novelas; o los personajes, cercanos, entrañables, reales. Desde ahora soy, oficialmente, un poco Silvia, un poco Leo, un poco Mahendra, un poco Elisabet, un poco Sahira. Los soy todos ellos. Sin excepción. Y no malentendáis mis palabras, no estoy loando esta obra por un mero arrebato nocturno, por obligación o costumbre. Últimamente me estoy volviendo más exigente con lo que leo. Puede que penséis que lo que yo considero ser exigente, es una severa tontería, pero yo veo las cosas, mi manera de entender los libros diferente. Hace un año, año y medio, no habría leído una historia de no estar segura que habría un trasfondo amoroso rondando. O una batalla por la salvación en una era distópica. Ahora eso no lo busco, cae o tropiezo con ello, pero no está en mi senda. Estoy en una etapa de novela de terror, misterio, policiaca, quizás realismo, sí, pero en menor medida. Tal es el popurrí de mis gustos actuales que no sabría como catalogar esta. ¿Es amor? ¿Es superación? ¿Es empatía, ayuda? No lo sé, pero si sé que toca todos los valores humanos, los escritos, los que se están formulando y los que , algún día aparecerán. ¿Qué es Llamando a las puertas del cielo? Ante todo, un canto a la vida. Silvia, una joven de diecinueve años, hija de dos reputados médicos catalanes y estudiante de medicina por vocación, se marcha como cooperante a la India durante el verano.
Esto provoca tensiones en su familia, disputas con sus padres y una sensación de huida que la acompaña durante el comienzo del viaje. Ayudar en un campamento humanitario, en situación precaria, con pocos recursos y mucha afluencia de necesitados, le parece necesario para probarse, para recuperarse a sí misma, y para poner en orden su vida. Siempre ha sido una cara bonita, con el futuro planificado, aparentemente, y sin obstáculos en el camino. Por eso, su llegada al RHT, no sienta bien a todos. Como, por ejemplo, a Leo, médico en cuarto curso de carrera que ve peligrar su continuidad en los estudios por culpa de una beca que no le concederán. Con una enemistad lograda ya el primer día, Silvia se temerá lo peor. Pero no todos es tan terrible, porque Elisabet Roca, la directora a grandes rasgos de todo el tinglado, la apoyará y la ayudará a encontrarse a si misma. En ello participarán tanto Leo, como ella, Vijjy y su hermana, los pacientes con los que tendrá que tratar, y Mahendra, un joven rico venido a menos con un terrible dolor acumulado en su interior por culpa de varias pérdidas dolorosas. Y, entre medias de esta historia, ocultas tras un velo que termina desapareciendo, tenemos el descubrimiento de la India, la sorpresa y aceptación ante una cultura tan arraigada y complicada de asimilar para una mentalidad occidental, el increíble trabajo realizado por el voluntariado, los cooperantes, y el amor, aunque este último es tratado de un modo incluso metafórico, como una causa y consecuencia que no ocupan un papel protagonista. Estamos, pues, frente a un viaje casi espiritual de reencuentro con uno mismo. 
El silencio era mucho más impresionante que ningún otro escuchado jamás por ella. Porque el silencio se oía. En el corazón
Tachadme de sentimental, o de idiota si lo preferís, pero yo he querido ser Silvia a lo largo de la historia. No la Silvia del rostro bonito y el destino dorado, sino la Silvia que se empapa de las nuevas experiencias, que no quiere que la tachen de Miss ONG por el mero hecho de querer ayudar, ya no a salvar el mundo, pero si de hacerlo un poquito menos malo; de la Silvia que se enamora de la India, que acepta, a regañadientes, las costumbres del lugar, que sufre, ayuda, y trata de dar una oportunidad a toda la gente que no encontrará otros ángeles de la guarda que no sean ellos, esos voluntarios que encuentran satisfacción y realización en ensuciarse las manos y hacer valer sus estudios para algo más que un trámite occidental. Y pensaréis que es todo muy tuttifrutti, muy rosa, pero no creo que sea así. Obviamente, la vida de un cooperante no es tan exótica, ni tan tranquila como la de la protagonista. No, y, desgraciadamente, muchos de ellos corren peligro en su día a día, y, probablemente, demasiados caigan, víctimas de una mentalidad cerrada, de un enfrentamiento que ni les va ni les viene; pero es un homenaje, muy bonito, por cierto.
El destino. Sintió aquella peculiar impotencia cuando se metió en la cama. La frustración de quien ve que todo se escapa entre las manos sin poder evitarlo. No era más que una soñadora de diecinueve años. ¿Qué podía hacer ella? ¿Qué?
Me ha gustado mucho, aunque esto ya es costumbre, la prosa del autor. Es limpia, cuidada, con apelaciones directas, sencillas y muy elegantes, a la vez. Probablemente, y esto ya es una cosa que he pensado después de leerme varias cosas suyas, sea uno de los autores españoles que más me gusta. Escribe para jóvenes, historias que llaman a los jóvenes, pero esta obra, al menos en mi opinión, no debería tener edad. Estamos hablando de navegar por los entresijos de la vida, de las desgracias y las superaciones. Sí, parece que el trasfondo tiene un tinte más juvenil, un amor del que se duda y del que se huye; puede que la protagonista, demasiado perfecta, demasiado idílica, sea un arquetipo difícil de encontrar en la sociedad; pero es algo a lo que uno se acostumbra a lo largo de la lectura.
Lo que, sin duda, menos me ha gustado, ha sido este carácter de Silvia, la protagonista, con unos ataques de ira un poco repentinos; y el final. No es que me haya disgustado, pero me ha parecido demasiado idílico, con demasiados cabos cerrados.
¿De qué color es nuestro cielo? Del que tú quieras, del que trencemos desde ahora, de arco iris y luz pura. Tu última pregunta es muy simple y la respuesta también: sí, vamos a llamar a las puertas del cielo, como dijo Dylan.
En resumidas cuentas, no había visto unas críticas espectaculares de este libro, pero me alegro muchísimo de haberlo podido leer, porque he pensado mucho sobre todo en general, ya no sobre literatura, ni narración ni nada eso, sino sobre la vida en general. Seguramente no sea el mejor libro del mundo, pero me ha sucedido con él lo mismo que con El síndrome de Mozart; me ha encandilado, sin una razón especial, pero ya se ha encallado en mi corazón y no creo que vaya a zarpar pronto. Os lo recomiendo, porque es un viaje muy emotivo y repleto de sentimientos, y más ahora, después de todo este asunto del ébola en que se ha puesto en tela de juicio toda la labor de los cooperantes.
¿Lo habéis leído? ¿Conocéis al autor? ¡Soy toda oídos!
Anuncios