Reseña: La sustancia invisible de los cielos


¿Y si el sueño de la inmortalidad no fuese un sueño¿Y si un virtuoso pianista de los años cuarenta desapareciera de su época y retrocediera hasta el siglo XIX para conocer a Liszt y encontrar al amor de su vida?¿Y si existiera una sociedad milenaria que se encargara de custodiar a los grandes creadores de la historia para que su genio perviva a lo largo de los siglos?¿Arriesgarías tu vida por descubrir la verdad? Ignacio Pascal, un musicólogo residente en París, ignora que está arriesgando su vida en el momento en que decide investigar sobre un pianista, Jean Vanier, cuyo rastro se ha perdido en el tiempo. Cuando lo encuentra recluido en un monasterio de Galicia, comenzará una aventura insospechada no exenta de peligros. Y en la oscuridad de una celda abacial, el secreto será desvelado.


 He intentado no poner spoilers –si alguno se ha colado, no os preocupéis, no es mortal

Este libro lo vi mientras cotilleaba entre las novedades literarias de enero, y me enamoré de la portada y de la sinopsis. La editorial accedió a enviármelo, y aquí estamos, 325 páginas después de una historia fantástica. Antes de hablaros del argumento, os pongo en situación respecto al autor y la novela, en líneas generales. Ulises Bértolo, abogado de profesión y residente en Galicia, ha comenzado en la literatura con esta novela, que mezcla música, historia y misterio. Una parte de la obra está ambientada en el monasterio de Oseira, en Ourense, una construcción realmente magnífica, que es descrita con muy buen gusto en el libro. Pero el grueso de la narración, lo que vendría a ser la historia dentro de la historia, se desarrolla en París, en el París de finales del XIX, lo que os situará en una época totalmente diferente, que contrasta mucho con la realidad, y cuyos personajes van a cargar con la mayor parte del peso de la trama.

La sustancia invisible de los cielos es a la par la vida de Ignacio Pascal y la  de Jean Vanier. Dos hombre separados casi por medio siglo, cuyos destinos se verán entrelazados por culpa del desánimo que ha rodeado a Ignacio desde la pérdida de su mujer. Desde la Sorbona, el musicólogo Pascal viajará al monasterio de Oseira para tratar de descubrir al niño prodigio del piano cuyo rastro se perdió en 1946. Afrontándolo como un modo para superar el mal momento por el que pasa, Ignacio se volcará en la investigación, una investigación que sus compañeros de departamento creen inútil, y en la que se verá ayudado por Davinia, una joven alumna de la facultad. Sin embargo, Ignacio no alcanzará a imaginar qué es lo que va a encontrarse y mucho menos que hay una extraña sociedad secreta detrás del ocultamiento de Vanier. Entre el trabajo de campo y las entrevistas con el viejo pianista, cabalgaremos entre el monasterio de Oseira, el París de 2013 y el París antiguo, sin su ya icónica Tour Eiffel. Con personajes ficticios y las recreaciones de los famosos de la época, nos veremos engullidos por una historia completa y entretenida, donde la música es el timón que controla el barco.

La historia comienza fuerte, con un episodio violento que se clava en las retinas y que deja con ganas de más. Dos matones se deshacen de un hombre introduciendo el primer misterio en apenas tres páginas. ¿Por qué querrían asesinar a alguien por haber destruido unas partituras?  La pregunta se queda en espera mientras el autor nos introduce en el primer capítulo. Aquí conocemos a Ignacio, un musicólogo de 40 años que ha enviudado recientemente y que se está refugiando en el trabajo para no caer en una inmensa tristeza. Descubre el nombre de Jean Vanier en los archivos, donde dicen que era un niño prodigio, pero no encuentra más información sobre él y decide investigar. A regañadientes, el jefe su departamento accede a proporcionarle medios para continuar con el trabajo. Las primeras búsquedas son infructuosas, remueven mucho polvo y apenas sacan nada en limpio. Parece que Vanier hubiese sido un fantasma. Sin embargo, consiguen encontrar un cabo del que tirar e Ignacio llega al monasterio de Oseira, en Ourense, donde ha concertado un cita para hablar con Vanier, refugiado allí desde finales de los 40. Y de nuevo surge una pregunta, ¿Por qué habría de encerrarse en un monasterio español un prodigio del piano?

Después de esa introducción misteriosa, Bértolo le da a la narración un ritmo rápido, sin perder la elegancia de la prosa. Viajamos a Galicia y retornamos a Paris en pocas páginas, para después saltar en el tiempo con los recuerdos de Jean Vanier. Mientras empezaba a leer, me temí que esas combinaciones espaciales y temporales fueran a ralentizar la lectura, a hacerla pesada y poco creíble, pero me ha sorprendido muy gratamente. Además, el hecho de mencionar la música y hacer continuas referencias a la música y a intérpretes, me ha encantado, sin excepciones, y le rodea a la historia de un aura de recogimiento y cercanía lectora muy agradable.
 
Os he dicho que hay una parte de la historia que tiene lugar en el París del XIX. Es, indudablemente, mi parte preferida del libro. Conjuga historia, música, amor y misterio y lo hace muy bien. Introduce personajes reales, personas con nombre y apellidos que vivieron en la época: el genial pianista Franz Liszt, Marie Jaëll o Herni Herz, compositor y fabricante de pianos. La ambientación es bastante realista y, yo, que soy una enamorada de las épocas pasadas, he ido acompañando a los protagonistas en sus andanzas y penurias. 
 
Este viaje en el tiempo está directamente relacionado con Vanier, y es mucho más que música. Sí, porque en toda investigación debe haber obstáculos y, ya puestos, un buen villano. En nuestro caso será la sociedad pitagórica. Cuando interviene (aunque su presencia es latente a lo largo de toda la obra) nos acercamos ya al final, y se suceden una serie de momentos de tensión, de nerviosismo ante el descubrimiento inminente de la verdad. Son planes oscuros en los que una parte nada despreciable de los personajes se hallan involucrados: aspiraciones llamémoslas  más allá de lo terrenal. Se descubrirán muchas cosas en pocas páginas y lo que parecerá la solución no será más que un rodeo de la verdad.
 
He leído en varios medios que comparan este libro con El código Da Vinci. No seré yo quien lo desmienta (básicamente porque no me he leído este último), pero creo La sustancia invisible de los cielos no tiene necesidad de ser comparada. Contiene una historia que engancha, una buena historia con una buena técnica y una ejecución encomiable. A mí ha sorprendido, ofreciéndome mucho más de lo que esperaba, logrando que los personajes se me hicieran muy creíbles y encontrándole pegas bastante nimias (quizás se debiera haber explicado con un poco más de calma uno de los hallazgos más importantes, el que relaciona a Jean y Marie, o extendido un poco más la acción final de Ignacio).
 
Y, claro, algo que tengo que destacar sí o sí es la cantidad ingente de frases y fragmentos geniales que he ido encontrando a lo largo de la lectura. Porque hay momentos, escenas que logran marcar un poco la diferencia, distender el ambiente…
El título parecía escapársele de la lengua, pero se contuvo, como también tuvo que contener la risa al ver a Madame Tourbelle dando palmaditas y alabando a su inconfundible Bach mientras en realidad sonaba Stravinsky. Nunca sabía que se deleitaba con la composición de un autor interpretado con un ritmo y un contrapunto parecido al de Bach, pero que en aquel entonces ni siquiera había nacido. Fue la sutil venganza de Jean en nombre de los pianos torturados.
La sustancia invisible de los cielos, pág. 101
-¿Sabes que no hace mucho tiempo la mujer adúltera podía ser castigada con la muerte?- dijo Marie intentando mantener un tono lo suficientemente solemne.- Pues yo moriría contigo, querida
La sustancia invisible de los cielos, pág. 161
Suspiró con los oídos llenos de palabras vacías.
 La sustancia invisible de los cielos, pág. 164
«Soy el caballero de la muerte, un hombre sin tiempo ni edad», repetía Jean sin cesar.
La sustancia invisible de los cielos, pág. 178
El hombre de la piel de serpiente que intentaba cambiar el curso de la Historia. La Serpiente que trata de acabar con ellos. En el origen de los tiempos.
La sustancia invisible de los cielos, pág. 324
 ¿Os lo recomendaría?
 Sin duda, por supuesto que sí. Ha sido uno de los libros que más me han gustado últimamente, tiene de todo y lo aúna formando una mezcla fantástica. El ritmo es bueno, los personajes se hacen contigo y la prosa merece mucho la pena. Si os gusta el misterio, disfrutaréis; si os gusta la música, más de los mismo. Además, sentiréis la necesidad de poneros a buscar en Internet las piezas musicales mencionadas y quizás hagáis como yo, leer escuchándolas. Una experiencia genial.
¿Conocíais este libro? ¿Os llama la atención? ¡SOY TODA OÍDOS!