Reseña: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

 
Después de haber publicado el tag ayer, toca entrar en materia con las reseñas de esta semana. El Principito es la primera de todas, un libro que me encanta y que, aún habiéndolo leído varias veces, no deja de sorprenderme. ¿Nos vamos al Asteroide B-612?

«El Principito habita un pequeñísimo asteroide, que comparte con una flor caprichosa y tres volcanes. Pero tiene “problemas” con la flor y empieza a experimentar la soledad. Hasta que decide abandonar el planeta en busca de un amigo. Buscando esa amistad recorre varios planetas, habitados sucesivamente por un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero, un geógrafo… El concepto de “seriedad” que tienen estas “personas mayores” le deja perplejo y confuso. Prosiguiendo su búsqueda llega al planeta Tierra, pero, en su enorme extensión y vaciedad, siente más que nunca la soledad…


No contiene spoilers mortales

El principito es ese libro que muchos padres hacen leer a sus hijos. Y así fue en mi caso: tenía siete años y mi padre se empeñó en comprármelo en la librería. Lo intenté leer unas veinticinco veces hasta que logré conectar con la historia. Y eso fue hace ¿dos años? Veía la portada y el título tan tremendamente infantiles que me hacían no quererme acercar a la lectura. Pero un día todo llega, y desde entonces ya me he releído este librito unas cuatro veces.

[Resumen] El principito de Saint-Exupéry nos cuenta la historia de El principito, un muchachito perdido en el desierto del Sahara que se topa con una aviador que ha sufrido una avería. Presentado como un personaje curioso pero melancólico y solitario, El principito es el único habitante del Asteroide B-612, donde se dedica a deshollinar sus volcanes y a arrancar los terribles baobabs del suelo; además, cuida de una flor orgullosa que no es más que una rosa común, pero eso el protagonista no lo sabe. Con tristeza le va desvelando su historia al aviador, que cada vez se va interesando más y más por ese hombrecillo ingenuo. Y es el aviador quien nos cuenta el viaje desde el Asteroide B-612, pasando por planetas peculiares, hasta llegar a la Tierra. [Fin del resumen]

Esta historia, la que a priori podría tacharse de infantil, dista mucho de ser la lectura idónea para los niños (en base a mi propia experiencia). Es un libro bastante filosófico y muy crítico con la sociedad en que vivimos, repleto de fragmentos entrañables y decorado con las acuarelas originales del autor. Es muy corto, apenas 95 páginas, y la lectura es veloz, porque la prosa es muy sencilla (quizás uno de los motivos por los que sigue creyéndose que es una lectura para niños), pero bonita.

Creo que el comienzo de esta historia es una de las más épicas y una de las más ingeniosas que pueden encontrarse en la literatura moderna. ¿No conocéis la boa abierta y la boa cerrada? Creo que es el ejemplo perfecto que muestra la hipocresía de la adultez y, aún más, la ingenuidad y plasticidad de los más pequeños.  Os pongo en situación: en la primera página, el narrador véase el aviador, nos dice que a los 6 años los mayores lo desalentaron tanto respecto a su técnica de dibujo, que lo abandonó para los restos. 

 

« Boa cerrada y boa abierta. Un sombrero o un sombrero con elefante. La edad adulta nos priva de la imaginación, solo tenemos ojos para el dinero y lo material; la creatividad, los sueños se dejan de lado para vivir de un modo acorde a lo que ordena el imperio capitalista. » Sabias palabras de esta bloguera.^ ^
Esta necesidad de remarcar la incapacidad de los mayores para ver lo que de verdad merece la pena en la vida es uno de los puntos verdaderamente importantes de la historia. Se nos hace una radiografía de los adultos en la que los vemos totalmente descubiertos: hipócritas, prejuiciosos, controladores… Probablemente, uno de los episodios que más me marcó de este libro fue uno que encontramos en la página 19. Alude al descubrimiento del Asteroide B-612, el planeta del Principito. Un astrónomo turco fue el descubridor e hizo una exposición de su logro en un Congreso Internacional de Astronomía, sin embargo, nadie le otorgó la menor credibilidad ya que iba vestido con el traje tradicional turco. Un tiempo después, cuando la moda occidental  fue implantada forzosamente en Turquía, el mismo astrónomo repitió su exposición, vestido, por tanto, con un traje elegante y muy occidental. Y su descubrimiento tuvo validez entonces. ¿No es indignante y fascinante a la vez ver reflejada la realidad de esta manera?

Por supuesto, las cosas no se quedan así. En la página siguiente podemos ver el ejemplo más genial de hipocresía que pueda ponerse. Mirad:
« Si decís a las personas grandes: “He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo…”, no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: “he visto una casa de cien mil francos”. Entonces exclaman: “¡Qué hermosa es!”. »

Es obvio que tenemos una visión ligeramente, pero, lamentablemente, la verdad no es tan diferente.

Pero vayamos al grueso de la obra alias mi parte preferida: el viaje interplanetario. [Voy a saltarme la descripción de la vida del Principito en su planeta y su relación con la rosa. Es una parte bastante emotiva y reflexiva, sobre todo la partida, y la flor es un personaje que merece la pena que disfrutéis (si aún no lo habéis hecho), sin saber demasiado.] En un momento dado, el principito se va de su planeta y, antes de aterrizar en la Tierra, pasa por seis planetas distintos (Asteroides 325, 326, 327, 328, 329 y 330), habitados por tan solo una persona.

En el primero de ellos, diminuto, vivía un rey que ocupaba toda la superficie con su manto de armiño. Nunca ha tenido ningún súbdito, así que se ve obligado a  “ordenar” todo lo que el principito hace o deja de hacer, para sentirse por primera vez útil. En el segundo planeta habita un vanidoso, que desea que todo el mundo lo admire y se autodeclara el hombre más hermoso, rico e inteligente de todo el planeta. El principito se va, extrañado ante semejante actitud. El tercero era el hogar de un bebedor, al que hizo una visita breve pero melancólica. El bebedor bebía, para olvidar que tenía vergüenza de beber. El cuarto era el asteroide del hombre de negocios. Este hombre, concentrado en sus cálculos, ni siquiera prestó atención al hombrecillo, solo seguía contando los millones de estrellas que poseía. Y diciendo que era un hombre serio. El farolero vivía en el quinto. Un planeta enano, que daba una vuelta alrededor del sol cada minuto. No tenía tiempo de descansar y, aún así, siendo un personaje tan extraño, el principito lo añoró nada más irse, porque le parecía que era el único de sus últimos conocidos que hacía algo más allá de preocuparse por sí mismo. El último planeta estaba ocupado por un geógrafo que no contaba ni ciudades, ni ríos, ni montañas (para él esa labor era de exploradores), pero recomendó al principito viajar a la Tierra para ver esas cosas que anhelaba.

 

 

 La Tierra no es un planeta cualquiera. Se cuentan allí ciento once reyes (sin olvidar, sin duda, los reyes negros), siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de ebrios, trescientos once millones de vanidosos, es decir, alrededor de dos mil millones de personas grandes. […] antes de la invención de la electricidad se debía mantener en el conjunto de seis continentes un verdadero ejército  de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos faroleros.

Y la etapa en la Tierra, aunque es, posiblemente, la más trascendental del libro, no es mi preferida. En ella observamos el desengaño del principito para con su adorada flor y la revelación que le hace el zorro. En las páginas en que el protagonista se relaciona con el zorro descubre muchas cosas, pero hay una que ha marcado mucho y que seguro que conocéis aunque no os hayáis leído el libro.
« No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. »

El final…Bueno, esta obra es una de las más bonitas y más metafóricas que he leído, y el cierre no es ninguna excepción. Dijo Saint-Exupéry que él quería representar  la libertad, que quería que todos volásemos con el principito (incluso más allá de esa crítica al mundo adulto), razón por la que el libro fuera prohibido en distintos países. Pues el final es el culmen de la libertad, a mi modo de ver.

¿Os lo recomiendo?

Sí, sin concesiones. Es un libro que ha de leerse al menos una vez en la vida. Ponerse en el lugar de un niño y reflexionar como tal, sin prejuicios. Además, el propio principito despide una ternura inconmensurable, y su viaje a lo largo y ancho del firmamento es instructivo y entrañable a partes iguales.

 
 
  

Recuerdo que tuve una maestra en el colegio (años ha), que nos dijo una vez que El Principito era uno de esos libros que ganan con los años, y no puedo estar más de acuerdo. Además, ella nos dijo que, si teníamos la oportunidad, leyésemos Le Petit Prince en versión original, en francés. Yo lo hice el año pasado y creo que eso ha contribuido a que mi amor por este libro vaya en aumento. Y, de hecho, estoy escribiendo esta reseña con los dos libros en la mano.

« On ne voit bien qu’avec le coeur. L’essentiel est invisible pour les yeux. »