Reseña: El señor de las moscas, de William Golding

¡Buenas! ¿Qué tal estáis?
 

Yo llevo un finde ajetreadillo, porque entre preparar la maleta y estresarme por la cantidad de cosas que aun no he hecho, apenas me queda tiempo para nada más… Pero aquí os traigo esta reseña de un clásico de la literatura inglesa: El señor de las moscas. ¡Espero que os guste!

 


Fábula moral acerca de la condición humana, El Señor de las Moscas es además un prodigioso relato literario susceptible de lecturas diversas y aun opuestas. Si para unos la parábola que William Golding estructura en torno a la situación límite de una treintena de muchachos solos en una isla desierta representa una ilustración de las tesis que sitúan la agresividad criminal entre los instintos básicos del hombre, para otros constituye una requisitoria moral contra una educación represiva que no hace sino preparar futuras explosiones de barbarie cuando los controles se relajan.


Puede contener spoilers
HAY LIBROS QUE HUELEN A LECTURA OBLIGADA. Y ESTE OLÍA MUCHO. MUCHÍSIMO
Este año me he propuesto leer obras que probablemente no hubiera leído de no estar por la blogosfera y ver reseñas apetitosas: me leí Recuerda que me quieres u Obsidian, y este, aunque lo conocía, no me llamaba especialmente la atención. Pero ha caído también.
El señor de las moscas nos ubica en una pequeña isla en medio del Pacífico. Un avión, trasladando a personas que huían de la guerra, se ha estrellado y los únicos supervivientes son niños. Muchos niños que no sobrepasan los 12 años y que van a tener que afrontar su aventura como mejor puedan. Habrá quienes lo vean como una aventura inmejorable y quienes pongan en funcionamiento la mentalidad adulta para tratar de ser rescatados. Se van a forjar amistades y destrozar otras. El tiempo en la isla pasa demasiado despacio y comienzan a añorar el hogar, temiendo que su estancia se prologue demasiado, temiendo que no haya nunca un rescate. Para mantener la unidad del grupo eligen a un cabecilla y se organizan en asambleas para decidir lo que van a hacer. Todo idílico hasta que la racionalidad empieza a brillar por su ausencia. No saben donde están, Ralph está obsesionado con el rescate; Jack, otro de los cabecillas, está obsesionado con cazar jabalís; Piggy desearía estar rodeado de adultos, que seguramente sabrían lo que hacer; y los peques, solo juegan y tiemblan por las noches temiendo a la fiera. Las cosas se complican y el grupo comienza a resquebrajarse. ¿Rescate o vida salvaje?
Desde que me he terminado este libro he estado dudando acerca de mis lecturas. ¿Acaso debería haber encontrado un doble mensaje en todas ellas o es esta la excepción? El señor de las moscas es un libro muy conocido y muy leído. Detrás de una ambientación que podría parecer infantil se oculta mucho más, una certera representación de la sociedad humana, de sus extremos y de sus reacciones. La actitud infantil no es más que un punto de partida, un punto de partida  a priori puro, sin contaminar, sin estar corrupción. El resto viene rodado.
 En los libros podemos fijarnos en su estética y en su mensaje, pero sería hipócrita que me centrase en la forma cuando lo verdaderamente importante en este caso es el contenido. Eso sí, por echar un ojo a la prosa no pasa nada… La narrativa no es compleja, pero tiene mucha descripción y se hace pesada al principio, porque da la sensación de que no avanzas. Lees y lees, pero las páginas van muy lentas. A medida que te sumerges en la historia las cosas cambian y se agradece el detalle con que Golding ambienta la trama. Así que hay tomárselo con calma para disfrutarlo.
Vayamos ahora a la historia en sí.
Ralph es el líder del grupo de niños que han sobrevivido al accidente del avión. Elegido por la mayoría, pronto se convierte en el cabecilla, siempre atento a la caracola en las asambleas y aún más atento a la hoguera. Ralph es un joven bastante centrado que desea con todas sus fuerzas poder volver con los suyos. Por eso está tan centrado en hacer una hoguera cuyo humo podría alertar a cualquier barco que pasase cerca y hacer que los rescatados. Pero la teoría es mucho más sencilla que la práctica, y todo lo que acuerdan en las asambleas se va diluyendo a lo largo del día: prima la diversión, los juegos en la playa, los escarceos en los bosques, a la laboriosa tarea de mantener el fuego vivo. Además, Ralph, pese a ser respetado por todos, debe enfrentarse a Jack. Jack  también tiene cierta relevancia, es de los mayores y tiene un puesto importante en la comunidad: lidera a los cazadores. Así pues, Ralph representa el deseo de escapar de la isla y regresar a la civilización, y Jack, el ansia de esa libertad sin adultos, de lo salvaje. En un principio se llevan bien, pero los roces se hacen más y más fuertes entre ellos. Y claro, dos posturas relevantes van a arrastrar a muchos seguidores, tanto por una parte como por la otra.
Tenemos muchas escenas para reflexionar. El libro es perfecto, en su conjunto, para meditar sobre los humanos.
Nada más comenzar la historia, cuando los niños se ponen a encender la hoguera, sucede algo que va a marcarlo todo. El fuego se descontrola. Antes no habían llevado un recuento de los niños que habían sobrevivido al accidente del avión, pero creen que ha desaparecido, al menos, uno de los más pequeños. Creen, pero no están seguros. Eso los hace vulnerables y les da miedo, el saber que han tenido que ver en una posible muerte hace que tengan miedo de sí mismos y de la convivencia en la isla.
La hoguera también provoca la separación de Jack y Ralph. Mientras el cazador trata de vencer al jabalí que llevaba, digamos, dándole esquinazo muchísimos días, la hoguera, de la que tenía que ocuparse, está apagada. Ralph y Piggy ven un barco. Un barco que navega bastante cerca de su posición. Es entonces cuando se percatan de que la hoguera no está prendida y ya es demasiado tarde para encenderla. Un choque de intereses sucede a este momento. Indignación y enfado de Ralph por desaprovechar la oportunidad, y felicidad de Jack por haber podido cazar al animal.
Las cosas van a peor y con el paso del tiempo los niños terminan por hacerse a la idea de que van a quedarse en la isla más de lo previsto. Es entonces cuando comienzan a saltar los resortes de los instintos más animales. Peleas, discusiones. Jack abandona el grupo ante el desprecio que cree sentir y se lleva a los cazadores en busca de una vida repleta de emociones. Adiós a la hoguera y a la estabilidad que representaba Ralph. La situación se va de las manos.
Lo que sigue es una serie de hecatombes sociales. Todo se desborda. Prefieren la diversión y la animalidad a la cordura. Las danzas tribales para ahuyentar a La Fiera ocupan las noches. Pero… En una de esas danzas, aparece la fiera. Y destruyen a la fiera.
Gato y ratón. Escondites, persecución, locura. La tranquilidad es cosa del pasado y la autoridad del líder de la tribu no permite duda. La caracola, símbolo de unidad y respeto, desaparece y Piggy, símbolo, a menudo despreciado, de la racionalidad, también.
Son niños, sí, pero traspasan los límites de los juegos. Su mitad salvaje los domina y deben temerse a sí mismos. Ralph…
No es difícil distinguir dos posturas en los protagonistas: Ralph representa la cordura, la unidad, el grupo; Jack aboga por los deseos propios, por sus instintos y no acepta crítica. He leído en algunas críticas que podrían considerarse Democracia y Totalitarismo y me parece una descripción magnífica.
Ralph trata de llegar a acuerdos y ser aceptado por la mayoría, sin embargo, las herramientas de las que dispone se quedan pequeñas y no puede enfrentar los problemas con total solvencia. Jack, por el contrario, impone. Él quiere que las cosas se hagan a su manera, no está dispuesto a oír opiniones negativas sobre sus posturas. Cuando se hace con el poder en la tribu abandona la tradición de las asambleas y la caracola (llevo mentando la caracola un buen rato sin explicar nada… La caracola la recoge Ralph al principio del libro, justo después del desastre del avión, y se instaura como símbolo de la comunidad: quien tiene la caracola tiene derecho a hablar y a ser escuchado). Él es el líder, él se encarga de los problemas, él se encarga de impartir justicia y nadie debe disentir en la opinión. 
Enmarcada en la II Guerra Mundial, es una obra aleccionadora, que nos muestra los peligros que representarían los regímenes totalitarios frente al poder del pueblo. Solo se debe leer entre líneas para extraer significaciones no tan ocultas.
De los personajes he hablado, aunque centrándome sobre todo en Jack y Ralph. Están muy bien construidos y son muy redondos. Todos tienen sus ángeles y sus demonios a su manera, pues es bastante sencillo adivinar qué representan en esa comunidad improvisada que han tenido que organizar. Tenemos líderes y tenemos ejecutores; cabezas pensantes y simples mandados… Personalmente, yo me quedo con Jack. Me fascina la manera en que Golding lo ha ido moldeando hasta hacer que sus acciones no parezcan descabelladas (a fin de cuentas, es lo que sucedió con Hitler, ¿no? Fue elegido por el pueblo y trabajó duro para el pueblo en sus comienzos… Para ganárselos y crearse una reputación que después sería difícil de rebatir y de tumbar), sino un estallido de libertad frente a la opresión del hermetismo democrático… No sé si me entendéis.
El final es necesario, pero es bastante triste. No quiero desvelaros nada más (puede que os haya spoileado demasiado, lo siento, pero no he podido remediarlo), porque merece la pena llegar a ese cierre sin más información.
¿OS LO RECOMENDARÍA?
 
Sí, sin duda. Merece la pena darse una vuelta por las disparidades de la naturaleza humana y pensar un poco en ello. Los personajes se harán con vosotros y, si le dais una oportunidad, la prosa no representará ningún impedimento. El señor de las moscas es una obra que se ha ganado a pulso su reconocimiento y por ello ha hecho a su autor merecedor de un Nobel de Literatura.
 
 
PD) Ha habido dos adaptaciones cinematográficas de esta novela: una realizada en 1963 por Peter Brooks, y otra de 1990, dirigida por Harry Hook. No me atrevo a recomendaros ninguna de las dos, básicamente, porque no las he visto, pero os traslado la information.
 
¿Os ha gustado la reseña? ¿Conocíais el libro? ¿Y las pelis? ¡SOY TODA OÍDOS!