Reseña: Las huellas del silencio, de Vero Rosinach

¡Hola! ¿Qué tal estáis? Yo tengo la maleta a medias y me está entrando un ataque, porque tengo que meter demasiadas cosas y ahí NO cabe nada más… En fin. Mientras me peleo con ella os dejo con la reseña de Las huella del silencio. A ver qué os parece.


Inspirada en la inocencia de la época de la posguerra y en un ambiente aterciopelado lleno de blues y soul, nos llega “Las Huellas del Silencio” una obra que nos desvela los secretos que se ocultan tras las máscaras de un sueño. Annie y Janne son dos almas gemelas que correrán detrás de sus sueños para descubrir los secretos que éstos esconden. Una carrera que les quebrará el aliento haciéndolas volver más allá de la muerte. Descubre los misterios que se ocultan tras los sueños, porque una vez cumplidos, puede que no todo salga como uno esperaba…


 No contiene spoilers
De entre las novedades de Círculo Rojo esta libro me llamó mucho la atención. No soy muy fan de las portadas con personas retratadas, pero ese fondo blanco y el peinado extravagante me embaucaron. A esto debo sumar la combinación en la sinopsis de las palabras soul, blues, secretos y sueños, que me conquistó.
Las huellas del silencio es la historia  de Janne, una treintañera que ha tenido una vida bastante complicada y que tiene a su cargo a Azul, el hijo que tuvo con Harry antes de dejarlo. Janne es, en principio, una mujer bondadosa pero complicada, siempre hundida en sus problemas y sus preocupaciones. Y tan solo tiene alguien en quien apoyarse, Annie, su amiga de toda la vida. Descrita por Janne como un ángel, Annie la ayudará a sobreponerse a sus penas amorosas y a superar los obstáculos que la vida les va imponiendo. Juntas deberán luchar contra los fantasmas del pasado y contra los espíritus que amenazan el futuro.
Ese vendría a ser el resumen de la historia, donde la autora nos introduce en un mundo tierno y muy emotivo, repleto de sentimiento y evocaciones… No obstante, creo que no ha terminado de dar con la tecla para lograr conectar al 100% con el lector, y este “resumen” puede transmitir una sensación equívoca respecto al contenido, pero de eso ya hablaré más adelante.
Comenzaré hablándoos de la prosa. Yo suelo preferir una narración sencilla y rápida (tantas veces lo he repetido, que me imagino que ya os lo sabréis de memoria), pero esto no deja de ser un gusto muy personal y no lo tengo en cuenta a la hora de valorar un libro, porque hay libros con un estilo más elegante, muy adjetivado que me han captado y me he entregado a la lectura sin pensar en nada más. Sin embargo, creo que la autora, pese a haber dejado bien enfocado su estilo, no lo tiene demasiado pulido. A los hechos me remito.
He tenido la sensación de irme por las ramas en muchos momentos, hay adjetivos aquí y allá, algunos colocados con acierto, pero muchos de ellos solo recargan la lectura; y las descripciones se me han hecho pesadas, ya que todas están cortadas por el mismo patrón y emplean un léxico reducido para hablar de los personajes (lo que no quiere decir que el resto de la prosa tenga un vocabulario limitado, hablo solo de las descripciones).
Lo siguiente que ha marcado mucho mi lectura ha sido el libro en sí. No me refiero a la historia ni al contenido, sino a la forma, a la ortografía. Hago un inciso para recordaros que Las huellas del silencio está publicado bajo el sello Círculo Rojo, plataforma pionera en España en autopublicación. La corrección de los manuscritos se deja a los propios autores; en caso de querer que se corrija desde la editorial, se considera como un servicio extra que hay que pagar (por lo que he leído en la web). Cierro el inciso. Vale. La corrección del libro (porque quiero achacar a eso la cantidad ingente de faltas que me he encontrado) deja bastante que desear. No me voy a quejar porque haya una tilde de más o de menos, o porque se hayan comido una –s  o cosas así, ya que es comprensible que algún fallo de este tipo se cuele en la edición (y pasa con cualquier obra, desde bestsellers, pasando por clásicos o novedades con reputación); ni siquiera voy a quejarme, pero si quiero dejar plasmada la frustración que he sentido al leer.
En el blog intento cuidar la presentación, aunque sé que se me cuelan tildes y me como letras y palabras. Trato de repasar los posts, y algo acaba quedándose por el camino, pero es que en el libro hay errores en página sí, página no. Y, pese a que solo tiene 142 páginas, he tardado la intemerata, porque he ido modificando acentos y comas mientras leía. (Entre los que he marcado: suplicas (en vez del sustantivo “súplicas”), tenia (verbo tener), tu (pronombre “tú” ), el (pronombre “él”), explico y quejo (en pasado), se (verbo saber), despertaras (en futuro), de (verbo dar), de verás (de veras), nauseas (del sustantivo “náuseas”), ordenes (sustantivo), que (interrogativo y exclamativo), porque (en lugar de “por qué), desecho (en lugar de “deshecho”), improvisaras (en futuro), hacia (en lugar de “hacía”), mi si (en vez del pronombre “mí” y “sí”), continuo (en vez de “continúo”)   etc.) 
Por otro lado está el tema de las comas y los párrafos enormes que te ahogan.{Lo sé, estoy siendo un poco quisquillosa, pero...}.Yo siempre he tenido un problema a la hora de puntuar los textos: pongo demasiadas comas. Desde pequeña he pensado que quedaban bien y prefería pasarme a quedarme corta. Sin embargo, una profesora  me dijo una vez que aquello era mortal. Y me tachó un trabajo por eso. Y ahora trato de utilizar bien las comas, los puntos y lo que se ponga por delante. Esta es la razón por la que me he ido a fijar en las dichosas comas.
Nada más empezar el libro nos encontramos con este párrafo:
Pero mientras fingía disfrutar del paisaje su mente daba vueltas en vano intentando saber si sería él quien ocuparía por fin su débil corazón hundido entre el silencio y la traición que un día mellaron en su vida como dos motas de polvo incrustadas incapaces de ser desprendidas ni por el más frío invierno que las convirtiera en meros esbozos de un recuerdo convertido en la estampa de una vida.
 
Hay unos cuantos más a lo largo de la historia, pero creo que  ya sabéis a qué me refiero.
Y, por último, y haciendo referencia al vocabulario, me parece innecesaria la utilización de las palabras harmonía, substancia  u obscuro, cuando es mucho más frecuente encontrarlas en la forma armonía, sustancia u oscuro.  Aunque esto vuelve a ser una opinión, quizás, demasiado personal.
Pasando al apartado de la historia en sí…
Debo reconocer que me ha dejado un poco fría. La sinopsis dice mucho, pero después yo me he sentido perdida dentro de la historia. Al comenzar pensé que me encontraría con secretos tras los sueños, pero llamadme idiota, porque no he visto nada de eso. El libro, en líneas generales, es una descripción continua de momentos de la vida de Janne y Annie. Una descripción pura y dura. Son extrañas las escenas donde hay un diálogo, o aquellas donde realmente sucede algo. Y a lo mejor es que soy una insensible asquerosa, pero he aborrecido mucho las sensaciones de las protagonistas, que es en lo que se basa la obra. Sensaciones, sentimientos, recuerdos, emociones… Pero no he conseguido empatizar con las protagonistas (que nos son descritas, un mínimo de 1259 veces, como ángeles, bellísimas personas…). Además, sus vidas son bastante poco creíbles (especialmente la de Annie: cantante del grupo Petra Blues que cosecha éxito internacional y que, a pesar de ser un ángel, actúa como una verdadera torpe en la vida real). Janne, desde cuya perspectiva nos es contada la historia (desde la posición de Janne, que no en 1º persona), es bastante inestable y parece que Annie es el centro de su vida y se apoya en ella siempre que lo necesita (es decir, siempre).
Luego tenemos un elemento ¿paranormal?, un espíritu salvador en mitad del libro que me ha dado un poco de yuyu, más que nada porque no he llegado a comprender del todo qué nos quiere transmitir con eso (de nuevo mi faceta insensible)… Y, ya por último: ¿Por qué todo el mundo es tan desgraciado en esta historia? Es una narración de una tristeza increíble, donde todo el mundo pasa su particular calvario, todos sufren y el único alivio que reciben es tras la muerte… No sé, no me acaba de convencer.
Y, aunque parezca que me he ensañado con el libro, ha habido partes que me han gustado, fragmentos alternos redactados con muy buen gusto… Y el final. El último capítulo es lo mejor del libro y es un cierre muy por encima del nivel del resto del libro y que enmarca a la perfección la imagen de la vejez y de la muerte. 

 

Pero todo eso ya formaba parte de un dulce pasado al que parecía haber barrido el tiempo para dejarlo arrinconado dando paso al agridulce gusto del presente, un presente que dolía, que sellaba el alma y la entorpecía y, allí estaban ahora, sentados los dos frente al lago de aquel bonito pueblo que seguía consiguiendo que la gente robara tiempo al tiempo para desgranar su tranquilidad derramándola en aquella cúpula de enorme quietud.
 ¿OS LO RECOMENDARÍA?
No os diré un no rotundo, eso lo tengo muy claro, porque está en manos de cada lector descubrir la historia oculta bajo la cubierta, pero sí que os voy a decir que no vayáis con una idea preconcebida (como yo hice). Olvidad por completo la sinopsis y poneos sentimentales. Hay buenas escenas escondidas entre tanta adjetivación y emotividad, así que solo tenéis que echarle paciencia y leer estas 142 páginas para ver qué os parece y si concordáis con lo expuesto en la reseña. Más allá de eso, la autora tiene una prosa bonita de la que se podría extraer mucho más jugo (es su primera novela, si no me confundo) y mucha facilidad para hablar de sentimientos.