Reseña: Los años de peregrinación del chico sin color, de Haruki Murakami.

¡Hola! ¿Qué tal estáis? No penséis que me he arrepentido de volver al blog, pero es que estoy teniendo menos tiempo del que pensaba, y las reseñas se me acumulan, cosa que me estresa notablemente. Pero no he podido resistirme a haceros una visita (tardía) para conmemorar este fantástico DÍA DEL LIBRO.¿Qué mejor que hacerlo con una reseña? Hoy me estreno con Murakami. A ver qué os parece mi experiencia.
 

Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente.


Puede contener spoilers

Me sentía mal por no haber leído todavía ninguna obra de un autor oriental. Y me sentía especialmente mal por no haber probado aún a Murakami. Un asunto que tuvo fácil remedio, todo hay que decirlo. ¿Por qué libro del autor debería haber comenzado? Probablemente esta no hubiera sido la primera recomendación de los más entendidos, pero alguna había que escoger.  
Los años de peregrinación del chico sin color, además de contener una sugerente historia en su interior, tiene una de las portadas que más me han embelesado jamás. Puede parecer una tontería (y quizás la sea), pero hay algo en esa perfecta alineación de lapiceros de colores, rota por ese blanco desacorde, que conecta directamente conmigo. Si lo sumamos a ese magnífico título, que no hace sino resumir a la perfección lo narrado en el libro, el resultado es una fachada literaria que, por mi parte, se lleva un 10. Lo que haya dentro es otra cosa.
Tsukuru Tazaki es un hombre bien entrado en la treintena al que todavía persiguen los fantasmas de la adolescencia. Una complicada ruptura con su grupo de amigos cuando aún estaba en la facultad le provocó un gran vacío emocional, del que aún no ha logrado desprenderse. Animado por Sara, se decide a cerrar de una vez por todas ese episodio de su pasado, para lo que tendrá que re-conocerse a sí mismo y estructurar sus planes de futuro.

Los años de peregrinación del chico sin color, me ha parecido especial. O, al menos, algo diferente a lo que acostumbro a encontrarme tras la cubierta de un libro. No deja de ser una revisión del pasado que desemboca en una costura firme de las heridas a medio cicatrizar, pero una revisión envuelta en tal lirismo, en una prosa que baila entre lo emotivo, lo espiritual y lo verídico, y semejante ambigüedad, que tiene algo. Es complicado reflexionar sobre este libro, básicamente porque los hechos que se nos presentan son escasos y, al igual que los personajes, complejos, enrevesados e incluso surrealistas. No obstante, me hago una idea bastante clara de qué es lo que ha querido trasmitirnos Murakami. Y de cuál ha sido su impacto en mí. 

El chico sin color. Más allá de la significación literal de esta expresión que da título al libro, el chico sin color es el centro de todo, una bonita ¿metáfora? que representa a la perfección la vacuidad en que se ha convertido la vida de Tsukuru. Este vacío, ese abismo por el que el protagonista se paseó tras la angustia del abandono, es el génesis de toda la historia. Un joven que siempre había estado rodeado de cuatro amigos, cuya relación se prometía irrompible y que, de la noche a la mañana y sin una explicación aparente, se ve solo, es algo difícil de asumir. No obstante, se trata bien esa separación, esa fragmentación, hasta el punto de llegar a entenderla. Y, ¿por qué el chico sin color, aparte de por esa desazón, esa angustia continua, esa caída libre interminable? La razón es simple:
los cuatro amigos con los que formaba ese grupo tan estrecho tenían un color en su apellido. Salvo él.
Aka, Ao, Shiro y Kuro
Tsukuru (del verbo tsukuro, crear)
Partiendo de esa premisa, que lo hacía sentir, a menudo, como un intruso en medio de aquellos cuatros complementos del mecano, la separación lo destroza y debe superar una época de tinieblas, en que ronda el suicidio. Sin embargo, logra salir adelante, dejando de lado el dolor para centrarse en su nueva vida en la enorme Tokio, muy lejos de su natal Nagoya donde sus ex-amigos permanecían. Hay diferentes personajes que aterrizan en su vida, como Haida, pero lo importante, lo verdaderamente importante, es volar al momento en que Tsukuru comienza a descubrir qué fue lo que realmente sucedió.
Y, ¿qué sucedió? ¿Por qué sucedió? ¿Quién lo orquestó? Aquí es donde yo veo la parte surrealista de la historia (junto con otro elemento previo que no os he mencionado, pero que tiene que ver con Haida). A mí me costó entender el porqué de ese corte tan precipitado entre Tsukuru y sus amigos, pero la respuesta que se nos da no me ayudó mucho, la verdad. Sin embargo, Murakami consigue darle las vueltas suficientes a la historia ya hacia el final, que todo acaba encajando. Todo tiene que encajar y ni siquiera rechina al empujar las piezas.
Más vale que te quede grabado: la Historia no puede borrarse ni alterarse. Porque significaría matarte a ti mismo.
Quizás no entendáis lo que trato de decir, pero es que mantengo un gran conflicto conmigo misma en este asunto. Me he leído un libro cuya principal intriga no me la tragaba, pero que acabé por aceptar e incluso entender en el momento del final. Porque sí, porque tenía que ser así y porque el autor la hace creíble a basa de argumentos que, por separado, tienen poco que peso, pero que ganan en coherencia al sucederse unos a otros. Y, principalmente, lo que contribuyó a que entendiese ese abandono, fue el reencuentro de Tsukuru con una de sus antiguas amigas, una escena repleta de tensión que torna en emotividad al recordar el pasado.
¿Qué final merecen las desventuras de Tsukuru? Probablemente el cierre que se nos presente sea el más indicado, pero no es, ni de lejos, el más esperado ni el más adecuado para el frágil corazón de un hipotético lector. Hubiera sido complicado cerrar esta obra sin echar a pique todo ese espiritualismo, esa constante exploración interior del protagonista, pero dejar una incógnita como fin a una especie de cadena de incógnitas es algo cruel. Aunque, repito, posiblemente necesario.
Así pues, mi primera toma de contacto con Haruki Murakami se salda con buenas sensaciones. Muy buenas, me aventuraría a decir. Me ha parecido diferente el ambiente que rezuma su historia y me ha gustado la manera en que maneja estas situaciones tan sencillas a priori (y terrenales) y consigue darles la vuelta para buscarle el doble sentido a cualquier detalle. La mayor pega que se me ocurre viene, además, de este último apunte: las situaciones sencillas. Creo que, por momentos, la trama peca de ser excesivamente plana, sin una salida clara y lógica al final del túnel. Eso sí que me ha hecho desidealizar un poco al autor, del que, siendo sincera, me esperaba algo más espectacular. No obstante, mi aventura murakamiana no ha hecho más que empezar, y mis próximos puertos van a ser Tokio Blues  y 1Q84. Entonces, con una opinión más extensa y más experimentada, podré evaluar a este autor tan especial.
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16 comentarios en “Reseña: Los años de peregrinación del chico sin color, de Haruki Murakami.

  1. ¡Hola, Chincla!
    Primeramente, felicidades por la reseña, que ya sabes que me encantan siempre.
    Segundo, te he medio-nominado al “Emoji Book Tag”, que quizás te interese pasarte y hacerlo :3
    Un besazo,
    Chin~

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  2. Hola, tengo este libro esperando en mi estantería, por lo que no he leído la reseña (por eso de que has puestos de que quizás hubiera spoilers), sólo tu conclusión final. La verdad es que voy con altas expectativas y no sé si me pasará como a ti, pero no sería la primera vez que desidealizo (esta palabra existe?? jaja.. no sé cómo decirlo de otra forma) a un autor.

    A mi también me gustaría probar con más libros de él, y eso que todavía no he empezado con este. jeje

    un besoo

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  3. Pues parece lo que es Murakami, reflexiones sobre personas con grandes heridas internas, y el toque surrealista. Yo he leído varios de Murakami, pero para mí, su estilo, pleno y total, está en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, ese libro me fascinó. También me encanta la portada de éste, y le tengo ganas, al final es un estilo que siempre apetece.

    Besooss!!

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  4. Murakami es un poco especialito con sus historias, como casi todos los autores japoneses, así que no te sientas extraña por tu reacción, que suele ser la que tenemos siempre los occidentales la primera vez que leemos algo suyo. Aún así tiene algo especial… seguramente acabaré leyendo este libro yo también. Gracias por la reseña, un saludo.

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  5. No he escuchado muchas buenas críticas de este libro… Quizás la mejor época de Murakami ya ha pasado. Quizás el hecho de que ahora goce de tanta fama no le haga un gran favor ya que es mirado con lupa… A mí me ha marcado con Tokio Blues, el primer libro que leí de este hombre sin apenas saber nada sobre él y lo especial que es su narrativa. Me enamoré de su literatura, y por eso ahora, he elegido Baila, baila, baila para continuar con su bibliografia (en mis ratos + libres, fuera de libros de colaboradores). Y de momento, me está encantando (es cierto que llevo 1/3 solamente…).

    Me alegro de que, al menos, te hayas animado a apuntar algún libro más de este hombre, creo que merece la pena.
    En cuanto a Tokio Blues, creo que es imposible que te deje a medias. O te encantará o te defraudará mucho.

    Un beso! 🙂

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  6. Hola 🙂 Es mi libro favorito del autor, aunque tampoco se decir un porque, creo que igual porque fue el primero que leí del autor. Me alegro que lo hayas disfrutado tanto como yo, un besin^^

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