Reseña: La santa, de Mado Martínez

¡Bueenas! ¿Cómo andáis? Espero que bien.
Yo he estado tostándome en la playa bien a gusto (ya tengo el color de un zapato, grosso modo), pero no me he olvidado del blog y aquí os traigo la reseña de La Santa, esta obra de Mado Martínez que tanto éxito está cosechando últimamente. Espero que os guste.

Nadie está a salvo cuando la procesión de los muertos inicia su andadura. El colegio para señoritas Rosas del Cares —al que todo el mundo llama Manderley— siempre ha guardado un secreto atroz, especialmente desde la muerte de su fundadora, Rebeca de las Nieves. Ella había conseguido convertir aquel internado, situado en un remoto paraje de Asturias, junto a los Picos de Europa, en una de las instituciones educativas más prestigiosas del continente. Pero cuando algunas niñas empiezan a desaparecer, el oscuro secreto de Manderley se convierte en una inequívoca amenaza. ¿Qué hay detrás de las desapariciones de las internas? ¿Simples accidentes en medio de la nevada que asola la región? ¿Alguna clase de venganza urdida por la difunta Rebeca, o acaso algo más terrible? En el pueblo ya hablan del regreso de la temible Güestía, la Santa Compaña.


Spoilers señalados
 Nos presentan este libro aludiendo al terror victoriano. Una atmósfera tétrica, con un internado perdido en las montañas asturianas en plenos años 50. Se recurre a la mitología para modelar una novela que ha gustado mucho y que ha logrado alzarse con el premio del Ateneo Joven de Sevilla. Sin embargo, aunque la ambientación es buena y tremendamente, si se quiere decir, victoriana, no me lo parecen tanto la figura aterradora en cuestión ni la ubicación de la trama en Asturias. 
 La Santa es una obra de goza de cierta popularidad actualmente y de la que he oído y leído muy buenas críticas. Me planteé leerla a finales del año pasado, pero tampoco sentía tanta urgencia, así que lo dejé. Ahora, aprovechando que participo en el reto de lectura de Popsugar (y en vistas a que iba a ser imposible encontrar un libro ambientado en mi ciudad) lo escogí para completar una lectura que suceda en mi región.  
Mado Martínez nos introduce en una historia de terror tradicional, con elementos paranormales sacados de la mitología de toda la vida. La Santa Compaña. Para encontrar las víctimas, nada mejor que un internado de señoritas perdido en la zona de Alles, no muy lejos de Cantabria. Niñas por doquier, profesores peculiares, un director inteligente pero perseguido por los fantasmas del pasado, un ama de llaves que comparte penurias con el director, campesinos random y pseudoasturianos por todas partes.
Básicamente, eso es lo que encontramos tras las cubiertas de La Santa.
 
Como amante del terror que soy (tan solo literario), me encanta que los autores me sorprendan con historias retorcidas, con fundidos en negro que son alterados por gritos mudos, con personajes profundos y personalidades cambiantes. En este libro no he sentido ese terror. Me he sumergido en un ambiente oscuro, frío, muy, pero que muy bien construido que, sin embargo, se le queda demasiado grande a los personajes y a la trama.
Con una pluma agradable, Mado Martínez nos narra la historia a buen ritmo, primero con más lentitud para alcanzar el clímax en las últimas 50 páginas. Buena prosa, léxico adecuado con lo tratado, descripciones muy visuales… Todo ello distribuido en capítulos muy breves con títulos muy bien buscados, que facilitan la lectura. Cada capítulo, si no me equivoco, culmina con un pequeño párrafo en negrita que es, probablemente, lo mejor del libro: pensamientos, ideas o planes de ese ente sobrenatural que asola al Manderley.
“¿Cómo explicar que no había nada más delicioso que sentir cómo el ansia de vivir se ponía de rodillas ante ella y cedía, rendida, a los encantos de la muerte?”
Eso me ha gustado, me ha gustado mucho, la verdad. No obstante, al pasar a la acción me he ido desenamorando. En todas las comunidades, en todas las regiones españolas (por centrarme solo en el panorama nacional), hay una mitología arraigada, unas creencias religiosas o místicas que hay que respetar. En Asturias la figura de La Santa Compaña está extendida, sí, pero a mí me sorprende mucho este nombre, pues siempre he oído hablar de la Güestia (y no de la Güestía, como se nos repite varias veces en el libro). Cambia dependiendo de las zonas, y la obra se desarrolla en el oriente, mientras que yo vivo en el otro extremo, pero cuando se habla en general de este personaje, suele hacerse empleando el nombre de Güestia.
Siguiendo con el tema de Asturias… Cuando emplazas una historia en un lugar que no te es propio (creo que la autora es natural de la zona de Alicante) debes realizar una gran labor de documentación, no es solo cuestión de coger papel y boli y escribir. Si a mí me mandas situar una trama de este estilo en, qué sé yo, Córdoba, sin dejarme tiempo para investigar, te voy a hacer un churro. No tendré idea de las costumbres (quizás sí de los tópicos), ni de las creencias populares, de lugares marcados, de fechas o hechos remarcados. Tampoco podré reproducir dichos comunes, formas de hablar, muletillas…
La autora sabe de lo que habla, pero creo que se queda corta. Actualmente no estamos en la etapa realista, donde el afán de los escritores es reproducir fielmente los registros idiomáticos de los personajes, ni dejar claro cual es la posición de cada uno tan solo con leer un par de frases, pero si se dan unas pinceladas, que al menos sean de calidad.
Los asturianos tipo suelen ser pintados como brutos (imagen del minero con la cara negra y el mono sucio) o como campesinos de educación limitada y hablares muy marcados, especialmente si situamos una trama en mitad del siglo pasado y en un pueblo de alta montaña. Sabe a poco que la autora nos deje diálogos bastante profundos y bien enlazados, entre personajes que apenas sabrán leer y escribir y que se expresarán como bien puedan, cuando debería haber exabruptos varios, medias frases, más exabruptos, etc. Lo mismo digo respecto a la utilización de palabros asturianos esporádicos: conceyu, escuchumizáu (primera noticia de la palabra, por cierto, porque siempre he oído escuchimizao), prau… Hasta llegar a uno que se reitera una y mil veces y que me ha hecho sangre: guahe, guaha. Frena el carro. ¿Qué diantres es eso? ¿Desde cuando se aspiran las j en el norte de España? Si pones guaje y guaja te quedas tan ancho y usas algo común y fácil, pero esa cosa no pega ni con cola.
Pero bueno, dejémoslo estar.

Sumergiéndonos en la trama es inevitable hablar del Manderley y de sus ocupantes, de esos misterios que ocultan los muros del enorme internado.

“Anoche soñé que volvía a Manderley…”
Así comienza La Santa, con esta frase que casi transmite un sabor añejo. El Manderley es el colegio para señoritas Rosas del Carmen, bautizado así por su directora, Rebeca de las Nieves. Lugar con nombre de ensueño, destinado a tener docenas de jovencitas corriendo por los pasillos, risas felices, juegos, cuentos… Sin embargo, tras la extraña muerte de Rebeca, el internado queda en las manos de su marido Antonio Lucero, que anhela poder irse a Extremadura y cuidar de un rancho sin complicaciones.  En el colegio, de naturaleza libertadora, las cosas cambian tras la muerte de la mujer y Lucero es mucho más severo. Sin embargo, pervive un buen ambiente. No demasiadas niñas, los trabajadores justos y un número de profesores y maestros reducido. Pronto se sabe quién es quién y de qué pie cojea cada uno.
Las tres hijas de Lucero y Rebeca viven en el colegio y es Isabel, la menor, uno de los personajes con más carga en la historia. Con la aparición de sucesos extraños, el ambiente en el colegio va a tornarse gélido y misterioso. Desaparecen alumnos y se ve como las personalidades de los personajes van a ir evolucionando a medida que deben reaccionar, actuar frente a la adversidad. Desaparecen alumnos…Y llega una nueva profesora, de nombre enigmático y figura peculiar. Todo en el Manderley parece dispuesto para sufrir un vuelco. Y, en efecto, eso es lo que sucede.
De la mano de La Santa, como llaman los lugareños a la Güestia, el terror se instalará en sus corazones y la vida en el colegio pasará de apacible a temerosa.
Ficción pura y dura, que toca temas escabrosos, con alguna escena repulsiva… Y que, en un determinado momento, empieza a delirar. Como ya he mencionado más arriba (y varias veces, además), la ambientación me encanta, pero el resto me va echando atrás. La trama me pareció sosa. No me enganchó, salvo el final. Me pareció repetitiva, sin demasiado que contar. Y los personajes no están tan labrados como cabría esperar. Isabel, la hija mediana de Lucero, me gustó, sí, pero los demás me dejaron fría. Ni Marta la Loca, ni Rosalía, ni Valvanuz del Prado y su misterio ¿incongruente?, ni el profesor pervertido de arte, ni tan siquiera la Nana. Se espera mucho más de ellos de lo que finalmente ofrecen. Es por eso que, finalmente, esta lectura se lleva un calificación baja, porque me ha sabido a poco. El mito de La Santa me ha parecido poco real (aunque una de las escenas que más que atrajo es la de El lago de los Tristes) a la hora de la verdad. Las intenciones de la obra tiran de buenas a muy buenas, pero yo me he perdido en el camino.
EN RESUMEN… Este libro se me ha hecho algo pesado al principio, aunque el ritmo avanza conforme vamos pasando las páginas. Personajes sin demasiado gancho, que se pierden en demasiadas bifurcaciones de buenas intenciones y que, al final siempre escogen la mala salida. El tema de La Santa me gustó y no me gustó, porque creo que no acaba de encajar la forma en que se trata con el resto de la historia. Además, el desenlace, aunque sobrenatural, me pareció demasiado surrealista hasta para un libro donde nada es lo que parece. La autora escribe bien y se ha sacado de la manga una historia bien, pero falta bastante por pulir, en mi opinión.
Y hasta aquí la reseña de LA SANTA, de Mado Martínez.
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8 comentarios en “Reseña: La santa, de Mado Martínez

  1. ¡Hola Clara! No soy muy de historias de terror… aunque no llegué a ver la serie de El internado, esto me ha recordado bastante a ella. Algún día tendré que dejar mi miedo atrás y empezar a leer este tipo de novelas pero por ahora… nada de nada.
    Con respecto a lo que dices de que hay que documentarse muy bien creo que tienes mucha razón, de la manera contraria, no seremos capaces de sumergirnos totalmente en la historia.
    ¡Besos!

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  2. Pese a no terminar de gustarte y a la poca profundidad de los personajes, a mi me atrae mucho. Soy muy fan de la literatura gótica de terror y es evidente que este libro bebe de ese tipo de literatura y encima esta ambientado en España, tierra rica en historias de terror y supersticiones que pueden dar mucho juego, cosa que sabía muy bien Jan Potocki cuando escribió El manuscrito encontrado en Zaragoza, así que me gustaría darle una oportunidad a este libro.

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  3. Reconozco que las historias de terror tradicionales no me enamoran, pero esperaba algo mejor en este caso. Me apunto el libro que mencionas, porque no lo conocía. Investigaré un poquito.

    Un abrazo ^^

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