Reseña: La hora del Dios Rojo, de Richard Crompton

Nairobi, Kenia, 2007. En una de las megalópolis de mayor crecimiento de toda África, una pequeña élite goza del poder frente a una mayoría empobrecida e inquieta. Con las elecciones presidenciales en el horizonte, las tensiones en la ciudad han alcanzado su punto álgido. Una joven prostituta aparece muerta en un parque con el cuerpo mutilado. […] Rastreando pistas a medida que se aventuran por barriadas pobres y rascacielos, barrios residenciales y cloacas en busca del asesino, el policía masái Mollel y su compañero kikuyu, Kiunga, se ven obligados a enfrentarse con la terrible certeza de que algunas de las personas más influyentes de Nairobi pueden estar implicadas en el crimen.

 

La hora del Dios Rojo es la primera novela de las que protagonizará el detective Mollel. Con la promesa de sumergirnos en la Kenia más sórdida, tribal y corrupta de la mano de este policía masái, Richard Crompton crea una trama de estructura típica a cuya ambientación debe gran parte de su éxito. The Honey Guide en el original, atendiendo al nombre inglés de una pequeña ave que en español se conoce como “pájaro indicador”, esta obra fue finalista del premio de Los Angeles Times a la mejor novela policiaca y, según comentan las solapas de la cubierta, (y numerosas revistas literarias) ha recibido una excelente respuesta de la crítica especializada.
 
Desde Siruela nos presentan una edición muy cuidada, desde la  imagen de portada, que encaja a la perfección con la historia que se nos cuenta, hasta la elección del título. La traducción, atendiendo al nombre del pájaro a quien hace referencia, sería “pájaro indicador” y sería un nombre poco atractivo para el público. La hora del Dios Rojo no es tampoco un capricho, sino que hace referencia a las creencias masáis (Mollel era masái, así como la prostituta asesinada). En la religión, este pueblo cree en la existencia de un creador, conocido como Naiteru-kop, y de dos otras figuras: Enkai Narok, dios del amor, la familia y la bondad, al que también se conoce como Dios Negro; y Enkai Nanyonkie, un dios caprichoso, vengativo y celoso. El Dios Rojo. Así pues, la hora del Dios Rojo realmente hace referencia al caos que vive Kenia durante el desarrollo de la obra y, por supuesto, a diferentes aspectos de la trama que no voy a destripar. No obstante, el título inglés es interesante, ya que está relacionado con una fábula que, de nuevo, es muy importante hacia el final de la obra.
 
 
 En el interior de este libro nos encontramos con 320 páginas estructuradas en capítulos breves, cuya acción discurre entre el 22 y el 29 de diciembre de 2007. Richard Crompton se vale de la situación clave que vivió el país en esa época, cuando las elecciones presidenciales se avecinaban conflictivas y peligrosas. Unos comicios que se saldaron con más de mil muertos, miles de detenidos y más de 200000 desplazados. Y es que para entender la situación que vive el país y en la que se enmarca esta novela, hay que echarle un ojo a la Historia.
Kenia logró independizarse en 1963 (era una colonia británica) tras la fallida Rebelión del Mau Mau. Entre 1963 y 2002 tuvo a dos presidentes en el poder (Kenyatta y Moi), que hicieron del cargo su feudo y convirtieron al país en un estado prácticamente dictatorial. En 2002 se celebraron las que se consideran como “primeras elecciones democráticas”. En ellas salió elegido Mwai Kibaki, perteneciente a la etnia kikuyu, quien se enfrentaba a Raila Odinga por la reelección en 2007. La tensión tribal siempre presente se veía agravada por la sensación de olvido y marginación que sentían los integrantes de otros grupos del país: luo, mungiki, kalefin…
El 22 de diciembre, Mollel, antiguo héroe nacional reconvertido en policía en el olvido es sacado a relucir para mantener el orden antes de las elecciones. Es un masái flaco, taciturno y solitario; un protagonista que cumple con los rasgos clásicos del detective, pero al que conocemos en la distancia, redescubriendo su personalidad constantemente.
Está a cargo, junto con Kiunga (un  joven policía kikuyu), de un caso que parece simple en un principio, pero cuyo trasfondo alcanzará a miembros de la élite empresarial de Nairobi. Y es que Lucy, una poko  de K-Street, es hallada muerta en Uhuru Park con signos de haber sido mutilada genitalmente de manera brutal. Desde el departamento de policía no creen que sea necesario prestar mayor atención al caso, pero Mollel se implica. Lucy era masai, como él, y siente la obligación moral de investigar lo que en realidad hubiese podido llevarla a tal barbaridad. Con la colaboración de Kiunga y los variables testimonios de Honey, “compañera de oficio” de Lucy, intentará sacar a la luz toda la verdad.
« Mollel se encuentra mirando hacia abajo a un rostro joven, ovalado; la grisura lívida debió ser un brillante negro azulado en vida. Pómulos elevados, frente amplia. Noble. En ambas mejillas, una O pequeña, baja, grabada mucho tiempo atrás.
Es un rostro familiar. Mollel no reconoce a la persona, pero conoce al pueblo: el suyo propio

Personalmente, más allá de que mi opinión general de la obra sea mejor o peor, tengo muy claro cuales son los dos aspectos a destacar y que, en este caso, se corresponden con “lo mejor” y “lo peor”.
Sin duda, el elemento que confiere al libro su personalidad, y que me hace considerarlo lo mejor, es la ambientación.  La mentalidad occidental es ególatra y muy de creerse ombligo global. Además, no concebimos modos de vida diferentes al nuestro, tachándolos de anticuados, extremadamente religiosos, absurdos… y una infinidad de adjetivos para nada subjetivos, para nada. La visión que la mayoría de nosotros tenemos de Kenia, y de otros tantos países africanos, es la de un país de safaris, con tribus dispersas y puestas de sol de película, donde la pobreza está asumida, pero la bondad de los pueblos que viven con poco es innegable. Crompton intenta enseñarnos la otra Kenia. Deja fuera los paisajes de ensueño y nos sitúa en Nairobi, una ciudad de más de 3 millones y medio de habitantes donde todos los problemas se ven multiplicados por diez mil. Enfrentamientos étnicos y separación racial dentro de la ciudad, caos en las carreteras, religión, policía, gobierno…Una visión real, valga la redundancia, de la realidad.

« Kibera. Mollel ha oído decir que aquí vive un millón de personas, dos millones. Nadie lo sabe. Y menos que nadie el Gobierno. Ni siquiera reconocen oficialmente que el asentamiento existe.

Lo peor, sin embargo, me ha parecido la prosa, con narrador omnisciente en tercera persona que parece tener un conflicto de identidad. La historia nos es contada en presente, pero con un estilo entrecortado, seco. Y, de repente, sin que te percates, hay  un fragmento en pasado, porque ha habido un pensamiento o un recuerdo atrás en el tiempo que llega sin aviso, enlazado con la narración actual. Eso no me ha gustado y ha habido partes que he tenido que leer de nuevo, ya que me había perdido por completo. En una novela policiaca el estilo tiende a ser ágil y son frecuentes los enunciados breves, todo ello para darle ritmo a la novela, pero en este caso me parece seco. Muy seco el modo que tiene el autor de narrar y, para mí, ha perdido un poco en ese sentido.
El ritmo es bastante lento al principio, o al menos así lo sentí yo, aunque a partir de la mitad del libro las tornas cambian. Comienzan a atarse cabos y la acción es más intensa y más intrigante. Eso sí, a la hora del final, del cierre, creo que se deja bastante abierto. No me refiero a que la trama principal quede inconclusa, pero el Crompton no ha ido clausurando subtrama tras subtrama, sino que hay algunos puntos que se tratan, se recurre a ellos en un momento dado y cuando se cree que podría ser momento para zanjarlos, ese momento no llega. Es el caso, por ejemplo, de los Nalo o de David Kingori. Quizás se espera para ellos un final categórico, pero no, nos centramos en la investigación de Mollel, 100%.
De todas formas, creo que es una lectura muy interesante. Por una parte entretiene con la investigación policial, y por la otra enseña. Si me preguntas antes de la lectura cualquier cosa sobre Kenia y sus tribus o religión no te habría sabido contestar demasiado bien. Ahora tengo una idea de las distintas etnias, he conocido la historia política reciente, costumbres…

 

Así que os animo a leerla. Si os gusta la novela policiaca, esta puede ser una buena elección. La trama es tradicional pero muy apetitosa, y los personajes pueden llegar a resultar exóticos. No me ha convencido su prosa, demasiado atropellada y entrecortada, aunque la situación y la descripción de los ambientes de Kenia merece la pena, porque nos abre las puertas a un mundo diferente y desconocido para la mayoría.
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2 comentarios en “Reseña: La hora del Dios Rojo, de Richard Crompton

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