Segundas partes siempre dieron de qué hablar True Detective – Season 2

 

Allá por el mes de ¿julio? compartía con vosotros un post enorme sobre la primera temporada de True Detective, con la que tanto yo como el 95% de los espectadores fangirleamos. Ahora vuelvo a esta serie, aunque reconozco que la experiencia no ha sido igual de grata. Mi verano, julio y agosto completos, se ha estructurado en torno a esta serie y a la aparición de un nuevo capítulo cada lunes de madrugada.
Muchos nos habíamos quedado prendados de Rust Cohle y de su nihilismo frívolo pero eficaz, así como de las complicaciones de Marty y, por supuesto, de ese ambiente oscuro, místico, que lo envolvía todo; por lo que aguardábamos la segunda temporada con ansia pese a que ese dicho de segundas partes nunca fueron buenas amenazaba con hacerse realidad inevitablemente.
Mientras que en la primera temporada la acción se desarrolla a 2 tiempos y solo tenemos un par de protagonistas y una investigación más o menas clara para el espectador, en esta 2ª inmersión en True Detective cambiamos por completo de estructura narrativa, además de partir de un planteamiento y una temática completamente diferentes. Así que, para ser lo más justa posible, voy a intentar no hacer comparaciones odiosas (al menos hasta la conclusión, que una tiene una fuerza de voluntad reducida) y atacar esta temporada con una subjetividad lo más objetiva posible.
 
Reparto estrellado, trama eterna
Con Colin Farrell como cabeza de cartel de este reparto estrellado, True Detective se suma el punto del nivel  en la actuación, al menos en teoría. Farrell interpreta a Ray Velcoro, uno de los 4 ejes en torno a los cuales se organiza la trama. Velcoro es un policía corrupto de la ciudad ficticia de Vinci, que estaría situada en las cercanías de Los Ángeles, que colabora con uno de los mafiosos de turno, Frank Semyon, a quien da vida Vince Vaughn. En un lío de negocios, trapicheos y acuerdos siempre al margen de la legalidad se forja la acción de esta temporada. Ben Caspere es quien los une a todos, un socio de Frank que desaparece con una importante cantidad de dinero y que es hallado muerto por Paul Woodrugh, tercer protagonista, interpretado por Taylor Kitsch. La investigación del caso pasa a las manos de Ani Bezzerides, una mujer para nada transparente, con un pasado  complicado, a quien Rachel McAdams da vida en la pequeña pantalla 
Sin embargo, a medida que van apareciendo las piezas del puzzle (aunque no encajando), el tablero se agranda más y más. A cada episodio que pasa son más los sospechosos que se añaden a la lista, dando la impresión de que nunca veremos todos los cabos entrelazados. Corruptelas, prostitución, droga… Ambientes turbios, donde las pandillas de hispanos y las bandas organizadas de Europa del Este incrementan las dificultades que presenta la investigación, cobrándose su deudas cuando, como y con quien quieren.
 
 

El primer episodio de esta temporada apareció el 21 de junio en Estados Unidos, después de poner los dientes largos a todos los seriéfilos con los teasers, carteles y esa especie de eslogan que los acompañaba We Get The World We Deserve, algo así como Tenemos el mundo que merecemos. Ocho episodios de algo más de 50 minutos y un cierre de casi hora y media para desentrañar una historia liosa, con muchos personajes y subtramas.
El síndrome de las segundas partes
Se ha comentado mucho sobre esta temporada, porque era casi un deber verla después del éxito de la primera. Era evidente que iba a ser complicado igualar el nivel y, sobre todo, igualar el efecto de los personajes sobre el público. Una gran parte de la audiencia comenzó esta temporada con prejuicios, con dudas sobre los actores… Y esas dudas fueron acrecentándose a medida que los episodios eran ya una realidad.  Para colmo, el dúo que tan buenos resultados había dado en la historia de Cohle ya no continua mano a mano en esta ocasión. Dicen que hubo mal rollo entre Nic Pizzolato y Cary Fukunaga, guionista y director de los 8 episodios, así que en este segundo asalto Fukunaga ya no participa en el rodaje, aunque se ha mantenido como productor ejecutivo.
Y muchos han atribuido a esta ruptura el bajón de nivel de la serie, renegando del rodaje, de los planos, del guion y de todo en general.
Personalmente, creo que las opiniones están siendo de todo menos objetivas. Porque no podemos esperar 2 veces lo mismo. Me explico: hemos tenido una primera temporada que ha gustado (tiene sus más y sus menos, por supuesto) y aguardamos una especie de continuación con diferente trama, diferentes protagonistas y localización distinta. Se quería algo místico, algo negro, algo hipster, algo que pudiese dar de qué hablar – hay tropecientos artículos en internet sobre los símbolos ocultos de la primera temporada, sobre la inspiración de Pizzolato… -, pero no ha sido el caso.
En esta ocasión, True Detective es eso, una historia de detectives. Sin diálogos trascendentales, ni conversaciones filosóficas en el coche. Pero sigue siendo una buena serie. La trama es muy ambiciosa y el guion lo es también, porque se trata de extender la acción, de tener muchos implicados y echar mano del elemento sorpresa. Aunque, a la par que esta ambición es positiva, también ha sido la que les ha mordido las manos. Hay personajes nuevos cada minuto, una trama que se bambolea atrás y adelante en el tiempo, y, lo que es menos bueno, un ritmo extraño.
Yo soy del parecer de que si la serie se hubiese limitado a los 2 últimos episodios, el éxito habría sido rotundo. Hay tensión, acción, disparos, huidas, reflexión, alegría, tristeza… Lo anterior puede parecer prescindible, ya que lo único que ha hecho es marear la perdiz. Y vuelvo a lo de “tenía buenas intenciones”, pero se han quedado en eso, en intenciones. Caso, por ejemplo, de Frank Semyon. Un mafioso da juego, mucho juego, sin embargo, este mafioso no. Es más, se ha ganado uno de los puestos a los más odiados de la temporada. Atribuyámoselo al actor (se le ha tachado de poco creíble), a su papel o lo que más nos plazca, pero es un personaje que ha parecido de comodín. El malo que ayuda, que está ahí casi siempre, que amenaza pero otorga algo a cambio. No me ha convencido nada de nada.
Melancolía y calidad en la BSO
No obstante, abandonando temporalmente el tema del desarrollo y los actores, quiero hacer un inciso para hablar de mi gran favorita, de la que me ha, ella sí, enamorado episodio tras episodio. La banda sonora. Si antes habían sido The Handsome Family y su Far From Any Road los encargados de poner música a la intro de la serie, en esta ocasión el honor ha recaído en el maestro Leonard Cohen y su Nevermind. Y, de nuevo, ha sido imposible concebir cada capítulo saltándose la introducción.
Pero la cosa no termina ahí, sino que eso es solo el principio, porque hay una figura que destaca por encima de todas:
Lera Lynn
Esta chica de Texas, desde hace un tiempo afincada en Nashville, es la voz lúgubre, triste, amarga, que ameniza las noches en el bar en que Velcoro y Semyon se reúnen, trago tras trago, para solucionar sus mundos. Melodías para olvidar, que invitan a cerrar los ojos y soñar, acunado entre los acordes de la dramática guitarra. Su The Only Thing Worth Fighting For enamoró en el tráiler, y otras cuatro canciones fueron incluidas en la BSO. Mis favoritas son My Least Last Favourite Life  y Lately, tema que cierra la última escena de la serie.
Merece la pena escucharlas. Merece MUCHO la pena.

 

 

Ni dirección, ni guion, ni diálogos… ¿O sí?
La dirección de esta temporada ha sido, cómo no, puesta en duda constantemente. La ausencia de Fukunaga, quien se había encargado de los ocho episodios de la primera, ha llevado a recurrir a distintas personas dependiendo de cada capítulo. Dicen los entendidos que la calidad de las tomas, el ingenio artístico de los planos que envolvían a Rust y compañía, no está presente aquí, que se ha optado por comercializar la serie, bajarla de su escalón intelectual y hacerla accesible a más públicos (era poco ególatra quien comentó todo eso, ¿no?). Pero las críticas no se han centrado en un aspecto en concreto, sino que se han detenido también en el guion, tachado de plano, aburrido y bastante ordinario y, especialmente, en los diálogos. Las interacciones entre personajes son esenciales en toda historia que se preste y, además, es una de las cosas más visuales que vamos a encontrar.  
Las conversaciones han sido planas, sin divagaciones ni belleza extra añadida. Se ha optado por ir al grano y, de hecho, cuando algún personaje ha soltado un pseudomonólogo, el resultado ha sido extraño. Sin embargo, hay algo en lo que discrepo con la opinión general: ¿los diálogos no son trascendentales? Es inevitable recordar el nihilismo rustliano, pero si nuestro concepto de algo trascendental se reduce a filosofar, ¿para qué vivimos? ¿No es trascendental en la vida de cada uno tal o cual cosa que puede parecer común? Eso es rizar el rizo y escarbar buscándole fallos hasta al fallo. 

Pero bueno, ya para terminar me gustaría comentar un último aspecto: el asesino. Porque sí, todo este lío de nombres, lugares, delitos y millones tiene como fin encontrar a un asesino, el mismo que dejó a Ben Caspere sin ojos y que parece relegado a la segunda fila. No sabría decir muy bien cómo ha salido la resolución de todo esto, porque se establecen conexiones un tanto endebles que son las que después resultan esclarecedoras… Me parece que la trama se les ha ido por las ramas, ya que el final, el esperado desenlace, ha recurrido a personajes que no habíamos visto antes (difícil deducir, entonces, qué es lo que podía suceder) y alegando unos motivos razonables, pero excesivamente ¿nimios? para todo el revuelo causado.
“De todos modos, con todos los peros y los Y si…,  la temporada me ha entretenido. Regresando a las comparaciones odiosas, está claro que no salimos de aquí con un personaje al que vayamos a mitificar como ocurrió con el papel interpretado por Mathew McConaughey, ni vamos a copar con buenas palabras e investigaciones singulares las portadas de revistas digitales y artículos varios, pero, como siempre, podría ser peor.”
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9 comentarios en “Segundas partes siempre dieron de qué hablar True Detective – Season 2

  1. A mi la primera temporada me produjo sentimientos encontrados y creo que finalmente me gustó más por su apartado técnico y artístico que por su guión y desarrollo de una historia que pretendía ser muy profunda y se quedaba en mero postureo. Aún me estoy pensando si veo esta nueva entrega.

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  2. Wow, pedazo review más completa! Me gustó la primera temporada bastante, aunque sin llegar a volverme loca, y tenía ganas de ver esta pero las opiniones me han bajado mucho el hype… Y sinceramente, con todo lo que tengo por ver, me parece que la dejo en reserva. 1beso!

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  3. Hola!!! cuando se estreno la segunda temporada tenia muchas ganas de verla, porque la primera me gusto bastante, pero despues empece a ver unas criticas malisimas y la deje aparcada. Tal vez le de una oportunidad ahora.
    Por cierto, acabo de descubrir tu blog, y ya te sigo y te invito a visitar mi blog
    Un abrazo

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