Reseña: El inquilino, de Javier Cercas

El mismo día que conoce a Daniel Berkowicz, su nuevo vecino e inesperado compañero de trabajo, Mario Rota se tuerce el tobillo. Estos dos imprevistos simultáneos señalan el principio de la intrusión de la contrariedad y el desconcierto en su monótona vida de profesor de fonología en una universidad del Medio Oeste americano , pero sobre todo desencadenan una pesadilla erizada de amenazas, presagios e inminencias en la que el lector no tiene más remedio que acompañar a Rota hasta el sorprendente final de su peripecia.

 

Javier Cercas es uno de los grandes autores que nos regala la literatura española hoy en día y, aunque no estaba en mis planes leerlo, este libro breve cayó, como tantos otros, sin que apenas me diese cuenta. El inquilino es una novela que roza las 150 páginas y está considerada como la primera del autor, ya que su obra El móvil no es sino una recopilación de cuentos, además de una novela corta. Con cierto cariz autobiográfico, como es propio en Cercas, esta historia supone un viaje a Texas, a la Universidad donde imparte clases Mario Rota, un italiano metódico que había dejado su patria por amor. 
Comienza la narración con una ruptura de la rutina de Rota, pues este, al regresar de hacer jogging, como cada mañana, se tuerce el tobillo. Este es el episodio detonador de todo lo que supone una vuelta de tuerca a la acomodada y tranquila vida del profesor; episodio que culmina con la inusitada e inoportuna aparición de Berkowickz, el nuevo fichaje estrella de la facultad para reflotar la institución. Berkowickz es un profesor estrella, a quien todos en el departamento parecen idolatrar y alabar por su magnífica obra. Todos salvo Rota, que está seguro de no haber oído jamas de Berkowickz, ni de sus artículos ni nada relacionado con su persona.

Decíamos episodio detonador, y es que lo que se avecina es poco menos que una bomba para Rota. Peligrará su empleo, su salud (física y mental), así como sus relaciones personales dentro y fuera de la Universidad. Porque lo que comienza como una sorprendente aparición es mucho, muchísimo más que eso.

¿Pero te has vuelto loco o qué? […] ¿Se puede saber quién demonios es Berkowickz?
No parece algo especialmente atrayente, lo reconozco, pero ha resultado ser una lectura de lo más satisfactoria e, incluso, muy burdamente hablando, algo paranoica. Prosa ágil y muy descriptiva que te mete de lleno en una trama curiosa. Curiosa por dos razones y es que la “temática” vira a lo largo de la narración (en breves aclaro a qué me refiero) y, además, me ha sorprendido que garabateando, sin una gran profundidad, a los personajes, el autor haya conseguido que el conjunto de la obra sea verdaderamente magnífico.
Acabo de decir que “la temática vira” a lo largo de la narración. Sí y no, es un poco difícil de aclarar. No me estoy refiriendo a que comience como una historia de fantasía y termine en final de thriller apoteósico. Ni mucho menos. Pero sí que hay un cierto cambio entre el principio y el final, porque pasamos de un realismo sangrante, con un personaje apático, monótono que vive su vida porque ha de hacerlo, sin grandes motivaciones, a un episodio que oscila entre lo esperado y lo espiritual. Cercas ahonda en la psicología del personaje principal, del profesor Mario Rota, indirectamente; es decir, a través de esa nueva pieza que se suma al puzzle y que no es otro que Berkowickz.
Y es que lo que sucede es que una existencia ordinaria deja de serlo cuando vuelve a ser así (incongruencia, ven a mí), o sea, lo que le sucede a Rota. Suceso que disturba su rutina y que, al marcharse, en vez de retornar la calma, se instaura en él un temor, una sorpresa por lo que pudo haber pasado… Pero que no sabrá nunca a ciencia cierta si fue o es solo algo casual.
Es esa la clave de la historia, que lo que marca no es el nudo, no es el desarrollo atípico, sino el desenlace que cuestiona todo lo vivido anteriormente.

 

Cuídese bien el tobillo, señor Rota. A veces las cosas más tonas nos complican la vida.

 

No obstante, además de los problemas personales de Rota, el autor hace crítica de la Universidad, de cómo funcionan las cosas en los departamentos de la Facultad, de cómo hay cierto pasotismo o de cómo ese pasotismo es la clave para mantenerse a flote en un ambiente bastante “pútrido”.
Hay varios detalles que quiero comentar con más profundidad (especialmente la relación Berkowickz-Rota, porque no estoy siendo, como de costumbre, muy concisa) y que, aviso a navegantes, podrían considerarse spoiler, así que ahí queda dicho. Vamos allá.
Más allá de la llegada de este “fabuloso” profesor, lo que encierra el personaje es algo mucho más sutil y más ingenioso que un duelo académico. Berkowickz encierra a Rota. Os he comentado que el profesor italiano aborrece todo su entorno, apenas siente motivación, está hundido en la continuidad, en la reiteración de sus días, por eso al notar lo que es Berkowickz se siente removido. El nuevo docente es todo, exactamente todo, lo que a él le gustaría ser y que no ha conseguido ser jamás. Por eso lo repele, se siente constantemente atacado, ofendido. Es una apatía comprensible, pero bastante dura, de cualquier forma.

 

Montón de mediocres: encuentran un mérito en leer lo que nadie ha querido leer, y al hablar se inflan como pavos, y se creen con derecho a opinar sobre todo porque saben distinguir un manuscrito del siglo trece de uno del siglo catorce.
Sin embargo, el tema no termina ahí y es donde entra en juego el “cambio de orientación” de la trama. Pasamos de una narración realista a un ¿es, verdaderamente, así? ¿Oculta información el protagonista o lo hace el autor? ¿Elementos paranormales? ¿Realismo mágico? ¿Tiene algún tipo de dolencia psíquica Mario Rota? Mil y una preguntas que surgen cuando todo apunta a que el tal Berkowickz no existe y nunca ha existido, que es una invención de la mente de Mario o una confabulación estelar para ponerle las pilas.
Y hay un detalle final, que deja al lector un poco sorprendido y que me ha recordado (aunque visualmente no se parezca ni un pelo) a esa peonza de Origen que no sabemos si cae o no. Pero eso ya no os lo destripo, que son pocas páginas y os he contado tres cuartos por lo menos.
Ya podéis desembarcar, navegantes spoileados.

Para ir cerrando la reseña, quiero remarcar otro detail que me ha encantado y que, por lo que he leído, el escritor ha vuelto a utilizar en otra de sus obras. ¿Qué es? Bueno, algo sencillo pero muy acertado: concluir la historia con el mismo capítulo con que comenzaba (obviamente con las modificaciones necesarias para no entrar en bucle), copiado literalmente y que redondea la trama por completo. Da la sensación de totalidad, de culminación y es un recurso estilístico que me ha encantado.

“Así pues, mis inicios con Cercas han sido satisfactorios, más aún de lo esperado y de lo más esperanzadores (valga la cuasi redundancia). Os recomiendo esta obra que no os llevará demasiado tiempo leer, porque es una buena radiografía de cómo puede cambiarnos la vida repentinamente de manera absurda y por causas, a menudo, evitables.”

Y hasta aquí la reseña de hoy. Dado que es mi primera lectura del autor, si habéis leído algo más suyo, ¿qué me recomendáis?

Espero vuestros comentarios.

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6 comentarios en “Reseña: El inquilino, de Javier Cercas

  1. Había escuchado de esta novela pero nunca había leído un comentario. Se ve que te ha gustado mucho pero la verdad es que no es mi tipo de libro.
    De todas formas, es genial que lo hayas disfrutado <3
    Un beso!

    Me gusta

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