Reseña: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Édouard Louis

Primera reseña de la lista interminable de pendientes. No sé si conoceréis esta novela, pero, de antemano, sin haberos pasado por la reseña, os la recomiendo. Merece mucho la pena. ¡Disfrutadla!
“Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.”
 

Esta novela francesa ha cosechado un éxito envidiable en los últimos meses, tanto dentro como fuera de su país de origen. A medio camino entre lo autobiográfico y la ficción, Édouard Louis regresa a su su atormentada infancia y la dibuja, con trazos vagos aunque punzantes, para componer un paisaje un tanto desolador. En finir avec Eddy Bellegueule es una historia cruda, que invita a renegar de lo absurdo de la sociedad y que, además, hace pensar en lo inconmensurable del bagaje “prejuicioso” de los hombres.

De mi infancia no me queda ningún recuerdo feliz. No quiero decir que no haya tenido nunca, en esos años, ningún sentimiento feliz o alegre. Lo que pasa es que el sufrimiento es totalitario: hace desaparecer todo cuanto no entre en su sistema.

Quizás si la ambientación hubiese tenido lugar en algún país de América del Sur o en la Asia monzónica, y en una etapa anterior a la descrita, no se habría producido semejante agitación con la publicación de esta obra. Quizás. Pero esta novela corta se desarrollo a principios de la década de los 2000 y, para más inri, en Francia, otra de las cunas del occidentalismo más puro, donde lo que no es boyante es una excepción deshonrosa. Además, parece que no nos gusta que nos aireen las vergüenzas.

¿Tú eres el marica?
Eddy Bellegueule es un crío de diez años cuando comienza la narración. Nuevo en el colegio, un centro pequeño donde todo el mundo se conoce. Nos introduce en la amargura de sus días desde la primera página, desde los primeros golpes injustificados. Eddy Bellegueule es especial, anormal como opinan tantos, una “tía de voz chillona”.Vive en Picardía, en una zona industrial que se encuentra anclada en el pasado, reticente a evolucionar, a crecer con las nuevas perspectivas que se tienen del mundo. En casa de Eddy apenas llega el dinero para dar de comer al enjambre de hijos al completo, ni para surtir de alcohol a un padre que parece no tener nunca suficiente. 

No llega el dinero a la casa, no, ni tampoco el apoyo, las respuestas que el niño desearía obtener y a las que sabe que debe renunciar. En un mundo donde la masculinidad ha de guiarlo y domesticarlo todo, no se entienden otras actitudes. Y, naturalmente, está en la tradición humana, en sus genes sociales incluso, el despreciar todo aquello que no se comprende.

Mira, Bellegueule, el maricón.

 

Para llegar a entender el impacto de la obra hay que remitirse a la habitual representación de la homosexualidad (y no solo esto, sino todo lo que no es lo frecuente, lo que nos parece esporádico, inesperado y raramente repetible) tanto en la literatura como en todos los ámbitos artísticos. Esa mezcla entre el humor y el dramatismo con que se suele presentar a personajes homosexuales me molesta bastante, porque se estereotipa sin disimulo y, para colmo, parece que tiene éxito. Por esto me parece que Para acabar con Eddy Bellegueule reivindica, como no podía ser de otra forma, la normalidad. Aunque primero tenga que abrirnos los ojos y untarnos de mierda para que comprendamos que, detrás de esa habitual sorna con que se habla de gays, plumas y aceras, nos falta mucho por abandonar esa homofobia sutil que a muchos viene de paquete.
En el pasillo, el pelirrojo alto y el bajito encorvado voceaban, Un insulto tras otro y además los golpes, y mi silencio, que persistía. Marica, loca, maricón, mariposón, mariquita, sarasa, julandrón, amanerado, invertido, afeminado, bujarrón, puto, o el homosexual, el gay.
No nos hallamos ante una historia inventada, sino ante la reflexión de un adulto que, al volver la vista a su infancia y adolescencia, ve con otra perspectiva todo el sufrimiento padecido. Un adulto, Édouard Louis, que realmente siente como si su pasado (un pasado en absoluto lejano si tenemos en cuenta que el autor no llega a los 25 años) fuese un infierno y los personajes que en él hubieron de intervenir, verdaderos demonios.
La palabra que primero se me viene a la cabeza para describir esta historia es, sin duda, cruda. Cruda, cruda, descarnada, hiriente, incluso vergonzosa. Un manteo de verdades apartadas, de situaciones mucho más habituales de lo que se cree. Eso es lo que ha sido para mí esta lectura.
No pretendo ser exagerada, pero me ha conmovido o,  más bien, me ha “removido”  las entrañas. No podéis imaginar la crueldad que destilan estas páginas. O tal vez sí podáis y era yo la ilusa, pero me mantengo en mi asombro dolorido. Sobre todo, y quiero remarcar esto, me ha llamado más la atención las fechas que estamos barajando: principios de los 2000. Principios de los 2000; es decir, anteayer, prácticamente. Anteayer todavía se reclamaba la borrachera sistemática para demostrar la masculinidad. Anteayer todavía se mataba a prejucios. Anteayer, ayer y, lamentablemente, seguro que hoy estamos parecidos.
Pero de entrada a uno no se le ocurre espontáneamente huir porque no sabe que existen otros sitios. No sabe que la huida es una posibilidad. Al principio intenta ser como los demás, y yo intenté ser como todo el mundo.
Sin embargo, el tema no se queda ahí. Son casi 200 páginas de búsqueda interior, de submarinismo a la caza de una personalidad. Más allá de la posible homosexualidad y todos los problemas que hubo de ocasionar a Bellegueule el hablar diferente, gesticular y preferir los libros a las actividades de “hombres”, queda la adolescencia, el descubrimiento de uno mismo. 
Para mí, en el libro queda perfectamente plasmada esta época, los momentos de dudas, de indecisión, de rebelión en silencio y de intentos de agradar a diestro y sinestro. Probablemente esto lo redondeé aún más.
En cierto modo me ha recordado a la película de Billy Elliot. El ambiente de la mina y sus reivindicaciones por un lado, las fábricas que amenazan con echar a los trabajadores a la calle en el libro; un joven de familia convencional,sin figura materna, que se siente bastante solo y un joven de familia inmensa pero que se siente incomprendido. Ambos con pasiones, aficiones, que van en contra de lo que parece establecido. Es cierto que la película de Billy Elliot no es tan dura, pero sí que se da un aire, grosso modo.
Antes de concluir (y sí, voy a saltarme el comentario del estilo del autor, porque no creo que sea lo esencial de la obra, aunque la embellece bastante) me gustaría remitirme a una entrevista publicada en Babelia que le hicieron al autor a principios de año, porque me parece fascinante. Habla un poco del libro y de su experiencia personal, así como de la visión que tiene de la sociedad en el tema de las la homofobia y xenofobia. Echadle un ojo, porque, especialmente cuando habla de su relación (o ya no-relación) con familia o amigos y cuando menciona la falta de cultura del ambiente en que se crió, es muy interesante.
 

 

Para acabar con Eddy Bellegueule es, como diría un buen  francés, très touchant, te toca la fibra y te hace plantearte y replantearte muchas cosas que ves naturales y normales y que tal vez no lo sean tanto. Muy recomendable.”
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4 comentarios en “Reseña: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Édouard Louis

  1. Me temo que tengas razón afirmando que seguimos igual. Hay lugares donde poco ha cambiado (basta con pasarte por un bar en un pueblo cualquiera y te mueres de vergüenza ajena).
    Tengo el libro esperando su momento. La historia se cruda y dura, y su lectura necesita ese momento adecuado.
    besos

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  2. Me sonaba, pero no sabía exactamente de que iba, pero tras tu reseña tengo que leerlo si o si. Y es que no se puede hacer nada hoy en día para que no te etiqueten, por cualquier cosa… tanto si eres gay como si no, ya ponemos etiquetas para todo, y eso determina totalmente a como te trata la gente, y eso lo he visto en personas de mi entorno, por eso me interesa mucho el libro. Gracias por la recomendación.

    Besooos!!

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