En cinco minutos levántate María, de Pablo Ramos

“Una mujer ha soñado con uno de sus hijos y se despierta sobresaltada. En la oscuridad. junto al esposo que descansa ajeno a lo que ocurre, comienza a repasar su vida aplazando indefinidamente los cinco minutos en los que promete levantarse hasta sentirse con fuerzas para enfrentar lo que viene. Un repaso difícil pero colmado de amor que la voz de su bisabuela le ayudara a sostener. Esta novela que bien puede leerse en forma independiente cierra la trilogía que Pablo Ramos comenzó con El origen de la tristeza y siguió con La ley de la ferocidad en la que el protagonista Gabriel dice: “No busco consuelo busco entender que la vida pende de un hilo pero que si ese hilo aguanta que importa que penda de un hilo”. Ese hilo es su madre María, la mujer que habla ahora en este libro. “

 

Algunas de las ventajas que tiene Goodreads son las recomendaciones. Sí, algunas son sorprendentes y te hacen preguntarte en qué diantres se basa el algoritmo que las escoge, pero otras muchas resultan ser aciertos rotundos. 
 
Para resumir podría decir que esto ha sido lo que me ha sucedido con esta novela de Pablo Ramos, pero entonces no habría reseña. Sería un “Me ha gustado mucho. Leedlo. Ya.” Y claro, el blog al traste. Si no queréis leer más de esta entrada, al menos llevaos eso. Si queréis más info (sé que en el fondo es así), continuaremos aporreando el teclado. Que os sea leve mi reseña. ^^
 
Soñé que iba a quedarme dormida, que se paraba el reloj despertador porque no le había dado cuerda e iba a quedarme dormida.


En cinco minutos levántate María cierra la aclamada trilogía de Pablo Ramos que se menciona en la sinopsis. Y no, no es que me haya leído los otros libros y se me haya pasado reseñarlos; no los he leído. No es muy propio de mí pasarme por el forro el orden de publicación de los libros de una colección, aunque puedan leerse de una forma más o menos independiente, pero he hecho una pequeña excepción. Y leeré los siguientes más adelante, ya que me he quedado con ganas. Con muchísimas ganas.

Esta obra no demasiado extensa, no llega a 200 páginas, se desarrolla en una noche o, para ser más exactos, en los últimos (e indefinidos) cinco minutos que María se concede en la cama antes de levantarse para afrontar la rutina de otro nuevo día. Recostada a la vera de su marido (quien dice a la vera dice en el extremo opuesto de la cama) repasa mentalmente su vida y lo hace de tal forma que es gracias a eso que la novela se convierte en novelón.

Recorre su vida, decía, pero la manera en que el autor decide abordarlo es el 75% del éxito de la historia. Sí, hay una trama que complementa las visiones de las dos novelas previas, pero eso no es lo esencial, como sí lo es presenciar cómo María ve su propia vida. La prosa es magia. Y no lo digo porque sea espectacular, porque sea algo irrepetible, sino porque es real.

Y sabe también que yo soy el puente entre él y su padre. Pero, ¿de qué sirve ser un puente que nadie quiere transitar?

 

Real. Muchas veces se habla (yo misma lo he hecho) de prosas reales, fidedignas a lo que se supone que representan. Pablo Ramos la maneja a su antojo, la hace suya y consigue que el lector lea los pensamientos de María y se los crea, que imagine su vida, sus preocupaciones, que descubra cómo es esa mujer a través del recorrido por su memoria. Y es francamente excelente, no me cansaré de decirlo.
 
El personaje de María, que ella misma nos permite descubrir, es el de una madre coraje, que se ha entregado a su familia durante toda su vida, que lo ha dado todo por ellos. No deja de ser una persona con una mentalidad chapada a la antigua, pero muy digna, lo que se aprecia a la perfección en ciertos pasajes.

 

No acepto grosería, ni de él ni de nadie, no fui criada así, no fui criada para eso. Por más que sea él quien mantenga la casa; él quien me haya dado esta vida, este hogar y juro que me dio todo lo que pido. Pero soy yo quien devuelve con lo que tiene adentro, con el cuerpo entero, hasta partirme en pedazos, un pedazo por cada uno de ellos. Y no voy a admitir que me hablen de esa manera.
Fuente: FantasyMundo
Obviamente, no quiero que se malinterpreten mis palabras, cómo si tener una mentalidad no especialmente “moderna” fuese incompatible con la dignidad que tenga cada uno, pero si menciono ambos términos es porque  ha sido la primera impresión que me ha causado el personaje y así se ha ordenado su descripción en mi cabeza.
 
Digna por su actitud en el ambiente masculino y machista en que vive, y digna por cómo afronta lo que, sin duda alguna, es maltrato, mostrándose inflexible y defendiendo su persona. Si digo, a su vez, chapada a la antigua, la razón se deriva inmediatamente de lo que acabo de comentar. Ella misma contribuye a acrecentar ese ambiente cerrado y machista que la rodea. Situación de la que ahora las mujeres comienzan a desprenderse, pero que en generaciones pasadas permanece latente.
 
Quizás haya sido esa profundidad lo que haya hecho entrañable al personaje de María, porque he visto en ella a multitud de mujeres que he conocido y conozco y de las que antes no me habría planteado si podrían haber pasado sus vidas por algo semejante. A fin de cuentas, ¿cuántas mujeres de 60 o 70 años han sacado una familia adelante, han lidiado con sus parientes políticos, se han enfrentado a sus maridos, han sufrido más por el hecho de ser mujeres?
 
Un tipo de mujer que está en vías de extinción, porque no cabe duda que las nuevas generaciones de féminas no son animales familiares exclusivamente, como tampoco son los hombres los machos dominantes que nos había mostrado hasta entonces la Historia. Imaginad, dentro de 50 años, la publicación de un libro sobre otra María, con sus sesenta años a la espalda, que se concede otros cinco interminables minutos antes de salir de la cama por la mañana.
¿Estaría casada esa mujer? ¿Tendría un ejército de hijos sentados a la mesa cada Nochebuena? ¿Estigmatizaría a las mujeres que se saliesen del canon que ella considerase apropiado? ¿Habría dedicado su vida al hogar o, por contra, habría desarrollado cualquier actividad laboral en el exterior? ¿Habría sufrido maltrato? ¿Habría recibido premios? ¿Habría vivido en un ambiente machista, como su tocaya, o habrían cambiado las cosas?
Pablo Ramos /  Fuente FantasticPlasticMag
En todo eso me he quedado pensando tras haberme terminado el libro. No sé si Pablo Ramos tendría en mente provocar estas divagaciones en el lector o si había concebido el libro como otra perspectiva desde la que observar el universo de su trama, pero así es cómo ha llegado a mí. Y, francamente, me alegra de que haya sido de este modo, porque ha resultado ser una lectura muy gratificante, lejana de hacerme quedar en la superficie de un tema que podría haber olvidado al cerrar el libro.


Por esto y por un millón de cosas más os lo recomiendo. Si me habéis acompañado desde el principio de la reseña, creo que habréis entendido por qué me ha gustado tanto, y solo me queda esperar que os lo leáis y que podáis compartir vuestras impresiones conmigo y con el resto de lectores. Con eso me doy por satisfecha.

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Tokio Blues, de Haruki Murakami

He borrado la sinopsis instintivamente, aunque va un poco en contra de mis principios. Me gusta echarle un ojo a la trama del libro sobre el que voy a informarme, pero hay sinopsis y sinopsis. Y algunas desvelan demasiado, cuando es mejor entregarse a ciegas al universo que se nos plantea.

Ir a ciegas, no obstante, con una de las obras clave de Haruki Murakami es prácticamente imposible, pero yo os animo a hacerlo, a entrar en ella con poco más que su título, porque la experiencia será mucho mejor.

Tokio Blues, que es así como se ha dado en traducir el Norwegian Wood  original en nuestro país, es una novela que derrocha sentimientos por los cuatro costados. Sentimientos y emociones a un nivel que a mí sigue sorprendiéndome, porque en la literatura europea u americana no se describe así. No me refiero, por supuesto, a que sea mejor ni peor, pero está claro que es el fruto de una cultura que, a pesar de los puntos en común con la nuestra, no deja de ser una gran desconocida para muchísima gente, para mí la primera. Una esencia que parte del título, de esa fabulosa canción de los Beatles que aparece en la historia como un personaje más.

Era una interpretación ramplona de Norwegian Wood de los Beatles. La melodía me conmuvo, como siempre. No. En realidad, me turbó; me produjo una emoción mucho más violenta que de costumbre.

Fuente: El séptimo arte

Gira la trama en torno a Toru Watanabe, quien revive, al escuchar una versión de Norwegian Wood, su primera etapa de universitario, cuando convergen en su personaje una serie de historias que le afectan considerablemente. Son los años sesenta, hay revueltas en la universidad. Toru Watanabe es un joven que estudia teatro de la misma forma que podría estar en cualquier otra carrera, o en ninguna. Lo hace sin convicción, sin una pasión esperable.

Aparece entonces algo que es pan de cada día en la novela japonesa: el suicidio.

Un suicidio que, en cierto modo, le atormenta y le amenaza con borrar de su memoria el recuerdo del amigo perdido. Dicho amigo es Kizuki, y la que fuera su novia, Naoko, se convertirá en el centro de los pensamientos de Watanabe.

La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella.

Probablemente sea uno de esos protagonistas, Toru Watanabe, que buena parte del público no traga. O de cuya torpeza, ignorancia, inocencia, pasividad, etc., se han quejado en abundancia. A mí, personalmente, sí me ha gustado. ¿Por qué? Bueno, considero que es creíble, que la historia se amolda a él y viceversa, sin que queden resquicios. No es una persona memorable, pero sí lo suficientemente real. Por contra, Naoko, la siempre triste, desangelada Naoko, ha sido, sin pretenderlo, la antagonista perfecta.

Os decía antes que Watanabe recordaba su juventud a raíz del comienzo de la universidad, tras la muerte de Kizuki. Pues Naoko será el lazo de unión con ese pasado no especialmente agradable. Una muchacha frágil que terminará en un centro de reposo, para tratar de curar aquello que la oprime, que no le permite ser feliz, mientra Toru la aguarda, esperanzado, tras descubrir sentimientos hacia ella.

Si Naoko es la conexión con lo pasado, la moderna e independiente universitaria Midori lo será para con el futuro. Y, entre ambas, un joven que comienza a albergar dudas, que se deja arrastrar a la caza del sábado noche por el torrente sexual que es su compañero de residencia.

Fuente: Cine Divergente

Sin duda, estoy de acuerdo con la clasificación que se suele hacer de este libro: un canto a la sexualidad, al amor y, cómo no, a la muerte.

Cuando miro atrás, hoy pienso que fueron unos días extraños. Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte.

Y, oh, Murakami. No sé cómo lo haces, pero si tu relación con los finales es harto conocida y comentada es por algo. Definitivamente, el cierre no me lo esperaba así. No creo que sea lo usual, lo esperable de esta historia. O quizás sí sea lo más obvio, a fin de cuentas. Es frustrante para un lector que sus supuestos se vayan al traste en el último momento, pero no deja de ser una muestra de valía del autor y de resistencia de quien lo lee. Así que brindemos por muchos más finales así. (Y por el Nobel también frustrado a Murakami).

Si os gusta el autor y aún no habéis probado suerte con este libro, ¡no sé a qué esperáis! Si queréis empezar con Murakami, no lo hagáis por este libro (ni con Kafka en la orilla o alguno de los que se se consideran sus grandes), probad con alguno que os permita ir saboreando a su autor paulatinamente. Si lo habéis leído y echáis en falta nombres o más especificidad en la reseña, excusadme, pero he tenido que omitir spoilers y con la mención de algunos personajes me habría sido imposible.
No hace falta, creo, que sea exhaustiva para recomendaros ABSOLUTAMENTE esta obra. Merece la pena y la prosa será el postre perfecto para esta opípara comida.

Leído (y no reseñado) en enero, febrero y marzo

¡Buenas! ¿Cómo os va?

He pensado que, ya que hoy es un INUSUAL domingo lluvioso en Asturias, el plan perfecto sería repasar todo lo que he leído y que no me he dignado a reseñar desde principios de año. Además, quiero enseñaros mis dos últimas adquisiciones (con las que me he arruinado definitivamente) y algunos libros que son “novedades” en mi estantería y que serán los próximos en caer. 
 
Francamente, creo que estoy leyendo mucho. Ya os lo dije en el post anterior, si no me equivoco, y la tónica perdura. Cada vez que me termino un libro me apunto tropecientos relacionados, así que es todo un bucle que amenaza con engullirme. Pero, oye, mientras tanto, que siga la fiesta.

 

La falsa medida del hombre, de Stephen Jay Gould
Ashaverus el libidinoso, de Miguel Arnas Coronado
Don Quijote de la Mancha, de Cervantes

Bueno, no está mal para un muggle 😉

We Should All Be Feminists, de Chimamanda Ngozi Adichie
La lista prohibida, de Koethi Zan
Saca al escritor que llevas dentro, de Iria López Teijeiro
El sueño de Damocles, de Fatos Kongoli
Una bella antología de Charles Bukowski
Ciencia versus religión, de Stephen Jay Gould
La máquina de follar, de Charles Bukowski
How to Say Goodbye in Robot, de Natalie Standiford
El Manifiesto Comunista, de Marx y Engels
Esto es agua, de David Foster Wallace
Tokio Blues, de Haruki Murakami
Cómo ser mujer, de Caitlin Moran
La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa
En cinco minutos levántate María, de Pablo Ramos
Carta abierta a una chica progre, de Francisco Umbral

Por ahora, todas estas son las lecturas que he arrasado desde enero. Hay de todo y, objetivamente, no es que sea un conjunto de libros homogéneo, pero es lo que han dado de sí los días entre examen y examen.
Ya os había comentado en el post de los retos que me estaban gustando casi todos los libros que había escogido y, de hecho, así sigue siendo. Es obvio que ha habido lecturas mejores y peores, pero todas han dejado el listón bastante alto a su manera. Si tuviera que elegir mis preferidas de entre esas 19, probablemente, me quedaría con Tokio Blues y En cinco minutos levántate María. 
El libro de Murakami es sensacional. De verdad. Muy sensacional. Sensacionalérrimo. Los personajes (aunque el protagonista a veces sea parezca más parado que una papelera), los sentimientos, la prosa. Todo. Espero tener la reseña pronto, porque tengo ganas de hacerla.
En cinco minutos levántate María es una obra que no conocía, así como tampoco tenía ni la menor idea de Pablo Ramos, su autor. Una pena, porque se merecen ambos tener muchísimo más reconocimiento. Técnicamente, este libro forma parte de una trilogía o, al menos, del universo que modelaron otras dos novelas previas, pero se puede leer independientemente. Además, lo más probable es que os entren ganas, después, de leer los anteriores para redondear la jugada. No quiero desvelaros nada, ya que también pretendo hacerlo en una reseña cercana, tratando la obra con mucho más mimo.


Por otro lado, quiero compartir los libros que tengo pendientes en papel. Me refiero, por supuesto, a los más recientes, porque algunos de los que ya os he hablado (y que ya he comentado por aquí en entradas antiguas) siguen ahí, muertos de asco y de soledad. Si me seguís en Twitter quizás los hayáis visto, porque he compartido alguna que otra imagen, pero qué mejor que hablar de ello en el blog.

Sí, es un pequeño gran problema. ¿Recordáis el tsundoku? Pues cada vez va a peor.

 

Los libros llegan, se acumulan, se llenan de polvo, aguardan con mirada llorosa a ser leídos y así hacen más amena su eternidad literaria. 
En mi casa ya hay un pequeño Edén de libros solitarios, confío en que estos puedan salir pronto y sentirse bien realizados. 
Hay un poco de todo, como imagino que veis. Cicatriz, de Juan Gómez Jurado, y Grandes Pechos, amplias caderas, de Mo Yan, llevan aquí desde Navidad. El paciente fue una compra inesperada (yo pretendía abastecerme de bolígrafos bic y mirad con qué volví a casa) y Mentir es encender fuego me lo envío Nova Casa Editorial hace ¿4 meses? y estoy leyéndolo ahora. Aquí se me plantea el gran dilema de colaborar con editoriales. Puede ser beneficioso para ambos, pero claro, se supone que yo debería habérmelo leído hace tres meses. Se supone, siempre y cuando sigamos estas “normas” que parecen imperar en el mundillo de “te mando un libro, lo lees pronto y me lo reseñas”. Pero no he podido cumplirlo porque no digería el libro en ese momento, así que no creo que vaya a seguir en contacto con editoriales próximamente. Demasiadas obligaciones tengo ya como para leer a contrarreloj y a disgusto (aunque el libro lo haya elegido yo).
Los dos últimos (y de los que presumiré en abundancia en entradas próximas) me los compré ayer. Digamos que asalté la FNAC después de pasarme ¿tres cuartos de hora? deambulando entre pasillos (y echando, de paso, un ojo a una actuación que había en el café) de libros y libros y libros. Y más libros. Son El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, y Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie. 
El primero fue un flechazo. Y lo fue en dos sentidos: lo vi en la estantería y pensé “tienes que venirte a casa”; pero me desplumó, me atravesó la cartera y la dejó bien moribunda. El de Ngozi lo quise comprar en diciembre, pero no fui capaz de encontrarlo por alguna extraña razón, así que he tenido que esperar hasta ahora. 
También estuve tentada de comprarme De ratones y hombres, de Steinbeck, pero, como os digo, me arruiné, porque estos dos libros me costaron una barbaridad, lo que me hizo enfadarme seriamente con el precio de la literatura en este país (sobre todo después de haber visto en la web de FNAC que Americanah en inglés costaba 13 euros menos; lo malo es que no lo había).

 

Y, bueno, creo que no tengo más libros recientes que diseccionar. Espero poderlos ir leyendo sin prisa y, principalmente, espero que merezcan la pena y me convenzan de que ha merecido la pena quedarme sin comida por leer.
 
¿Qué tal os va con las lecturas? ¿Algún asalto impulsivo a la librería? Soy toda oídos ¡!

 

Retos literarios 2016 (en marzo siempre bien)

 

¡Buenas! ¿Cómo estáis? Lamento haber estado desaparecida, pero no se me apetecía nada de nada venirme al blog (mil perdones, damas y caballeros). He estado tentada de reseñar varios libros (de los  millones que he leído últimamente), pero creo que va a ir para largo. Mientras tanto vengo a enseñaros mis retos literarios del año.

SÍ.  LO SÉ.  ESTO SE HACE EN ENERO.

Pero también me daba pereza, así que supongo que mejor tarde que nunca. Además, este año lo he cogido con ganas y creo que voy a poder ir tachando ítems con cierta soltura. ¡Viva el positivismo lector!

Me he decidido apuntar al reto Goodreads. Ya lo había hecho el año pasado y conseguí llegar a mi marca de 65 libros (aunque fue ajustadillo). He mantenido el objetivo de 65 libros, porque me parece asequible y no lo veo nada lejos (ya llevo 17 desde principios del 2016). No obstante, más que la cantidad, lo importante es la calidad o lo que vaya a transmitir el libro en sí, así que estoy intentando seleccionar bien mis lecturas. 

 
 

Por otro lado, me he apuntado al reto que ha creado Laura, de Paseando entre páginas. Se llama 16 kilos de conocimiento y su intención es fomentar la lectura en físico, ayudar a mantener la esencia de los libros en papel frente al aluvión de ebooks. Creo que me va a costar (y probablemente no lo consiga), pero es un buen aliciente para ir quemando pendientes olvidados en la estantería. De momento solo llevo 3 libros (y ni siquiera los he pesado, pero me da la sensación de que no llegan al kilo. *snif snif*). 

 

 

También me he marcado un reto personal, para ir leyendo en inglés. No soy especialmente ambiciosa, así que me he propuesto 12 lecturas en este idioma. Una al mes no creo que vaya a matarme y eso me abre las puertas a muchas novelas desconocidas que no han llegado a nuestro país y que tengo muchas ganas de leer. Por ahora llevo 3. Este pinta bien. 
 
 
Y, por último, están los GRANDES RETOS con mayúsculas. Con ello me refiero al de PopSugar (el mismo que casi completé en 2015) y al Bustle Reading Challenge, que se centra en libros escritos por mujeres y en obras que tratan temas poco frecuentes. Aquí os dejo una imagen con los puntos a cumplir.
 
 
 

Pero, de todos modos, aunque lo de los retos está muy bien y, realmente, ayuda a salirse un poco de las lecturas cómodas que todos tendemos a buscar, lo importante es disfrutar de los libros (muchos o pocos) que leemos. Las obras con que he comenzado el año han sido muy satisfactorias, lo que es bastante curioso, porque suelo decepcionarme con facilidad, así que quiero pensar que este 2016 va a ser muy provechoso en cuanto a la literatura. Ahora bien, esto ha sido en lo referente a mí…

¿Cómo os ha ido a vosotros? ¡Soy toda oídos!