Reseña: Mentir es encender fuego, de Francisco Panera

“Que la historia la escriben los vencedores es tan cierto como que en el alma de las leyendas anidan aspectos reales y fantásticos. Es así que cuenta una antigua leyenda vasca que, al menos una vez, los vizcaínos hicieron frente al poder del monarca asturiano infligiéndole una gran derrota, pero ninguno de los escasos cronistas del reino astur-leonés, dejó constancia de tal acontecimiento por escrito para la posteridad. Francisco Panera se ha inspirado en la llamada leyenda de Jaun Zuria, El señor Blanco, y la mítica batalla de Padura (que, según se cuenta, fue el germen del futuro Señorío de Bizkaia) para dar forma novelada a un acontecimiento arraigado en el imaginario popular vasco. (…) siempre queda un rastro, similar a los restos de una hoguera ya apagada, un rastro imposible de borrar, porque no cabe duda de que Mentir, es encender fuego.”

Allá por el mes de septiembre, tal vez un poco antes, me puse en contacto con la editorial al ver este libro en catálogo. Sumad. Han pasado seis meses desde que me interesé por él hasta que lo he terminado. Me he sentido culpable por haber adquirido un compromiso con la editorial para reseñarlo “pronto”, pero si no era el momento de leerlo… Qué le vamos a hacer.

Jaun Zuria
 Fuente: Mentir es encender fuego

El 29 de febrero (y démosle las gracias a Goodreads por un recuento exhaustivo de las lecturas y sus tiempos) me decidí a empezarlo. Tras un mes de lectura interrumpida he sido capaz de ponerle fin a esta aventura, que más bien parece una odisea digna de la pluma de Homero.

Mentir es encender fuego no es una novela estrictamente histórica. Se sitúa en el siglo IX y lo hace en tres escenarios principales: el reino de Alba (actual Escocia), el señorío de Vizcaya y el Reino de Asturias. Por esto último lo escogí. Siempre me ha fascinado esa etapa temprana de nuestra Historia, que nos ha dejado un legado importante, aunque la información que nos ha llegado sea confusa y contradictoria en muchos casos.
Francisco Panera hace una labor encomiable al darle forma al libro, dado que conjuga una leyenda vasca, la de Jaun Zuria y la Batalla de Padura, con una ambientación histórica espacial fidedigna y personajes que existieron en la época, además de con elementos mitológicos y fantásticos.  Visto así uno podría pensar: “Menudo desastre te habrás encontrado”. Pero no, nada más lejos de la verdad.

Uno de los puntos fuertes de la novela es la trama. Se nota que el autor quiere contar su historia, lo que él ha planeado. Y al decir historiaquiero apartar de ahí a los personajes, limitarme a la acción, al desarrollo de los hechos.


La novela comienza, si mis notas no me fallan, en el año 840 d.C., cuando la princesa Siubhan mac Ailpín es desterrada del Reino de Alba para subsanar una posible crisis. Dicha princesa arriba a las costas vascas y comenzará una nueva vida con el señor de Busturia, Lope Fruiz. El hijo que compartirán, Lope Fortún, será uno de los elementos esenciales de la trama, el hilo conductor que llevará a un ejército de vizcaínos a medirse con los, hasta entonces, imbatidos asturianos en la Batalla de Padura.
Entre medias, la mentira participa de la historia como si del elemento principal se tratase, ya que sobre ella se edifican buena parte de las subtramas que tienen lugar.
Francisco Panera / Fuente: Deia

A medida que leía he ido variando notablemente en mi opinión. Si al principio pensé en una versión mediocre de Juego de Tronos, ahora casi que me arrepiento de haberlo hecho. Mentir es encender fuego no es, en absoluto, una mala novela. Cuesta cogerle el ritmo, quizás porque avanza rápido y hay un aluvión de nombres nuevos y un tanto peculiares, pero llega un momento en que la lectura es imparable. Y lo digo porque así lo he sentido: leí las últimas 400 páginas en dos días, mientras que para digerir las primeras 200 necesité casi un mes.

Creo que está bien desarrollada, aunque, como a todo, siempre se le podría pedir más. Y entretiene, que es importante. No desprende una tensión irrefrenable, pero el ritmo es bueno y llega un momento en que logra mantener el punto justo de intriga para que la curiosidad no se diluya y el lector permanezca.

No obstante, y esto ya lo he mencionado en GR y también en Twitter, hay dos aspectos, tres si me estiro más, que me han dejado un poco fría.

Uno es el de los personajes. Un poco más arriba os mencionaba que me parecía que este es un libro en que el autor quiere contar una historia, sí, pero lo importante es el desarrollo de los hechos, no tanto los protagonistas de los mismos.

No sé si esa era la intención de Panera o no, pero la construcción general de los personajes me ha llevado a alcanzar tal impresión. No hay evolución, no hay profundidad. Son personajes planos, un nombre y unas pinceladas vagas que no terminan de concretarse, y eso que a lo largo de 600 páginas podrían haber terminado siendo más redondos que un balón de fútbol. Los principales (Jaun Zuria, Fruiz, Siubhan, Kata, Anixe, Beltz) no se destacan. Me explico. Se les introduce, conocemos someramente sus personalidades, pero no hay gran cosa en ellos. Ni de personajes con morales maniqueas, no, son nombres con cuerpos y un cometido, pero no dan mucho más de sí. Quizás la excepción sea Basoa, el bandido “loco”, pero no es que sea para tirar cohetes. En este caso hablamos de un hombre que primero se muestra cruel, tajante y que se redescubre a sí mismo… Pero sin profundizar en ello demasiado.

Península Ibérica en siglo IX
Fuente: Mentir es encender fuego

Por otro lado está el tratamiento de la época. El siglo IX nos queda muy atrás, eso es algo obvio. Cuando se lee novela histórica, o ambientada en un periodo determinado del pasado, solemos hablar del siglo XV en adelante (en general, claro). Si, además, hablamos de la época de la Reconquista en España y no nos centramos en el choque entre cristianos y musulmanes, sino entre vascones y astures, la Historia nos queda aún más lejos.

Por eso he sentido que le ha faltado algo a la ambientación. No cabe duda de que las zonas en que tiene lugar la trama están perfectamente estudiadas y amoldadas a la época. Por ahí no hay queja. El problema lo he sentido al poner en boca de los personajes (dichosos personajes) cualquier cosa. Hace mil años no se hablaba como se hace hoy en día, no se utilizaba tal o cual expresión, no se dirigía a las personas de esta manera, aunque sí de esta otra. Me ha faltado algo ahí para sentir que realmente estaba en el siglo IX y no a finales del pasado. 

Dentro de este punto me gustaría comentar también otra cosa de la que hablé indignada en Twitter y sobre la que me reitero: homosexualidad.

Parece que últimamente está de moda introducir una pareja homosexual en toda novela que se precie. Es lógico y normal, ya que vivimos en una época en que lo reaccionario sería obviar este tipo de relaciones, frecuentes y absolutamente libres de existir como cualquier otra. No me parece mal que el autor introduzca una relación de este tipo en su obra. A fin de cuentas, es SU obra y puede meter los personajes que le plazcan. Ahora bien, no estoy de acuerdo en cómo la plantea.
Es obvio que han existido parejas con miembros del mismo sexo en todos los momentos de la Historia, pero en el siglo XXI todavía no son bien vistas en todo el mundo por según qué personas o grupos sociales, lo que es lamentable, deplorable y repugnante. Imaginaos, entonces, qué habría de ocurrir en el siglo IX, tras o durante la cristianización de los territorios peninsulares, en un momento en que la cultura era un bien inalcanzable por la mayor parte de las personas y las mentalidades iban de cerradas para arriba.
Que sí, siempre ha habido excepciones, y gracias a ellas ha habido evolución en la Historia, pero no es la justificación para soportar la relación a la que hago mención. Se acepta con una indiferencia pasmosa que dos mujeres mantengan una relación, como si fuera lo más normal del mundo (obviamente hay unos padres que reniegan de ello, pero es que si no ya habría sido para gritar de la indignación) en aquel momento, y se defiende esa libertad de elección. Así, como si nada, que ya podía suceder lo mismo ahora.

De todos modos, estos puntos que os acabo de comentar pueden ser salvables según la opinión de cada lector. PERO el tercero en cuestión es un sacrilegio.
No sé si lo recordaréis, pero hace unos meses reseñé un libro que me había mandado Círculo Rojo, Las huellas del silencio. Además de contar una historia insulsa a más no poder estaba repleto de erratas. Sufrí bastante mientras lo leía, pero pensé que no volvería a encontrarme con un caso semejante. Me equivoqué. Me sucedió algo similar al leer El pilates (y la madre que lo parió), un libro que os aconsejo no leáis, porque es un completo despropósito. Hace ya meses de ello y creí haber superado mi mala fortuna al respecto.

Oh, craso error.

Lo peor, sin duda, de Mentir es encender fuego son las erratas. Demasiadas páginas que contienen alguna incorrección y dan la sensación de no haber leído ni una sana. Hay fallos tipográficos por todas partes, tildes que faltan y tildes que sobran, comas que alguien decidió comerse para ahorrar tinta… Y alguna que otra incongruencia, porque faltan verbos en algunas oraciones que, a su vez, no están cohesionadas.

Esto me ha matado, francamente lo digo.

El libro lo cogí con recelo y estuve en un tris de dejarlo aparcado, pero seguí leyéndolo porque me pareció interesante. Me enganchó, no tengo problema en admitirlo, pero me incomodó muchísimo este aspecto, porque me deja mal sabor de boca, como si esta novela no hubiera sido mimada lo suficiente por el autor y la editorial. Es una pena, porque desmerece notablemente el contenido.
Pero bueno, en líneas generales, como ya habréis visto, el libro está bastante bien. Si os gusta la historia y la de España en particular (o lo relacionado con Asturias/Bizkaia, que por eso llegué yo a esta lectura), aunque aquí se trate una leyenda, no un episodio real, quizás no sea una mala elección. Eso sí, mucha paciencia con las erratas, porque, si leéis como yo, con un ojo en la historia y otro en su forma, sufriréis.

Gracias a Nova Casa Editorial por el envío del ejemplar