Reseña: La biblioteca secreta, de Haruki Murakami

“Murakami construye a través de su habitual estilo una historia sutil acompañada por las turbadoras ilustraciones de Kat Menschik. El muchacho, en apariencia, solo quiere devolver dos libros y rebuscar un poco entre las estanterías. Pero en la sala de lectura se topa con el extraño bibliotecario, un anciano furibundo que lo introduce en el laberinto de la biblioteca y allí, lo encierra. Una pesadilla kafkiana y al mismo tiempo una sensible historia sobre la pérdida y la soledad.”

Este relato es lo tercero que leo de Murakami, tras Los años de peregrinación del chico sin color y Tokio Blues, y hay que reconocer que el listón estaba bastante alto.

La biblioteca secreta, que nos presenta Libros del Zorro Rojo en una edición ilustrada, es, como decía, un relato de unas 60 páginas que, en principio, parece ir dirigido a un público infantil. Muy discutible esto, pero no es mi intención entrar a valorarlo.

La historia no es excesivamente compleja, atendiendo a la estructura habitual de las obras breves, y el título introduce y avanza buena parte de la trama: la existencia de una biblioteca secreta.

Fuente: Librote

Un personaje, un chico joven, acude a la biblioteca municipal para devolver un par de préstamos y, a su vez, consultar información sobre un tema que le produce curiosidad –que, por cierto, es la recaudación de impuestos en el Imperio Otomano. Sin embargo, la mujer del mostrador no se ofrece a ayudarle, sino que lo envía al cuarto 107, un lugar del que nunca antes había oído hablar y que desconocía por completo.

Lo que encontrará tras la puerta será a un anciano de aspecto extraño y carácter peculiar. A partir de ahí, las cosas se volverán surrealistas para el protagonistas, que se verá víctima de una especie de pesadilla. Encerrado en la laberíntica biblioteca secreta y acompañado por unos personajes para nada humanos, deberá memorizar tres libros sobre la recaudación de impuestos en el Imperio Otomano, mientras piensa en su madre, que se preocupará por su retraso, y por su estornino, al que seguramente nadie alimentará.
Visto así, quizás no suene a Murakami. Del autor nipón esperamos gran sentimentalidad, una larga búsqueda del yo de cada personaje a lo largo de su pasado y de quienes de él tomaron parte. De hecho, puede parecer cualquier cosa excepto una obra murakaniana. Sí, eso lo comparto al cien por cien porque así lo sentí mientras lo leía. Pero no es, tampoco, una lectura superficial o un mero entretenimiento.

Es rasgo esencial de un buen relato el saber condensar en pocas páginas una buena historia, sin divagar en tramas secundarias ni elaborar personajes que le vengan grande a la obra. Esto lo cumple perfectamente La biblioteca secreta. Tiene un ritmo ágil y la prosa del autor, que intenta asomarse, tímidamente, renglón tras renglón.

Es, sin duda, una obra un tanto oscura, sensación que acrecientan las ilustraciones que la acompañan. No me atrevería a decir que es grotesca, pero combina elementos fantásticos extravagantes con otros completamente normales, dando como resultado algo que, como ya comenté antes, es surrealista.

Surrealista por varias razones, por supuesto; no me lo estoy inventando a la ligera.

  • Una de ellas es la existencia de una laberíntica biblioteca secreta en el sótano de la biblioteca municipal. Imaginaos, por un momento, que vosotros acudís a devolver un libro y, de pronto, os encontráis surcando los oscuros corredores de una parte de la biblioteca que jamás habrías esperado que existiese.
  • Otra, por supuesto, es la presencia del anciano de la sala 107. Un hombre que yo he identificado con el típico chiflado amable y que, cómo no, ha resultado ser todo lo contrario. Francamente, me ha descolocado, porque lo último que pensaba encontrar era una acción tan funesta y desproporcionada.
  • Luego están, claro, el hombre-oveja y la chica-sin-cuerdas-vocales, moradores del dédalo en que el chico está encarcelado. Dos personajes que, obviamente, tienen un carácter fantástico y que, sin embargo, yo no cambiaría por nada del mundo. Me explico. Si estamos presenciando una narración real, suele ser absurdo que un escritor introduzca un elemento de este estilo, ya que difícilmente logrará ser creíble. Pero los personajes que Murakami idea encajan. Y esto es sorprendente, porque ¿quién se tomaría en serio a un tembloroso hombre-oveja?
Por otro lado, me gustaría comentar algo que me ronda la cabeza desde que lo leí y que me resulta curioso: Tim BurtonSí, no es que me haya vuelto majareta, pero he pensado en el director de cine tras la lectura. Este relato, de alguna forma, me ha recordado al ambiente que se observa en muchas de las películas del director. Lo he visto negro, burlón y con un doble fondo, mucho más allá de la acción principal que se nos presenta.
Por supuesto, no quiero terminar la reseña sin mencionarlo (mucho menos desde que la sinopsis habla de pesadilla kafkiana), hay similitudes con Kafka, por todo cuanto hay de incomprensible, de irreal; por ese personaje que sufre un castigo desmesurado sin saber muy bien por qué (y, sino, que entreviste a Gregor Samsa para corroborarlo) y que entra en una espiral en que la duda es el material de construcción de su percepción.

Un último apunte, porque parece que se me ha olvidado que este librito es una edición ilustrada. Sí, hay láminas tenebrosas -y de una belleza singular- acompañando al texto. El ilustrador es Kat Menschik, y hay que reconocer que estas imágenes le van como anillo al dedo. Me he enterado, por cierto, mientras leía opiniones en Goodreads, de que se publicó, también, otra versión ilustrada, esta a cargo de Chip Kidd, del relato. He echado un ojo y las ilustraciones conforman un libro terriblemente envolvente (aunque solo está en inglés). Os lo comento por si queréis buscarlas y ver a qué me refiero.

***
En conclusión, es ésta una lectura agradable, que juega con nuestra percepción de la realidad -¿estamos ante un sueño, es todo una mera ilusión del personaje?- y que, por ejemplo, plantea hasta qué punto es beneficiosa la adquisición de conocimientos –aunque lo exponga de una forma un tanto extrema, con la amenaza de ser devorados de los sesos del prota- y la manera en que esta se da.

No creo que sea lo mejor de Murakami, pero es una lectura complementaria que se lee en un santiamén y que a mí, particularmente, me ha gustado, así que no dudaría en recomendarla.

Muchas gracias a la editorial por el envío del ejemplar

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