Reseña: Besos entre líneas

“Para la sinopsis de Planeta, sufrid AQUÍ

Masoquismo
(Del al. Masochismus, de L. von Sacher-Masoch, 1836-1895, novelista austriaco, e -ismus ‘-ismo’.)
2. m. Complacencia en sentirse humillado o maltratado.

PRÓLOGO
Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un mundo en el que todo era bondad y excelencia. Ese mundo era tan perfecto que se condensó, implosionó y decidió torturar al resto del universo por los siglos de los siglos. Dentro de los métodos de tortura, además de los comentaristas de partidos de fútbol y los comentaristas de partidos de fútbol reconvertidos en comentaristas de cualquier deporte del que no tienen ni idea, se introdujo uno muy inocente en apariencia, pero de naturaleza letal: Twitter.
 
Y así, colorín colorado, por la acción de Twitter y los blogs literarios, Clara vivió feliz durante unos años, rodeada de música y lecturas, para culminar su vida en un Big Crunch catatónico.

CAPÍTULO 0 – Declaración de intenciones
Me encanta la blogosfera literaria, pese a que se ha convertido en un lugar que desprende un olor a putrefacción cada vez más deprimente. Me gusta que haya gente que lee y comparte sus impresiones, más o menos afines, sobre las lecturas que hace. Me gusta que, en esta época digital, existan clubs literarios en la red, me gusta que no se pierda el placer ni por leer ni por escribir. Me gusta que las reseñas se hayan sabido adaptar a los tiempos, que se hayan independizado de sus hermanas mayores, las críticas, y hayan vivido su vida, primero en Blogger, ahora en Youtube…

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Me fascina el panorama editorial, sus sombras y sus luces; que miles de nuevas obras hayan sido cuidadas durante meses/años, por sus autores antes de ver la luz.  Me resulta especialmente atractivo porque me parece harto difícil escribir. Y me parece aún más difícil (o me parecía; mi opinión va cambiando más y más) que una novela triunfe, que consiga ventas. Siempre he asociado esta suerte a unos rasgos ejemplares, a unos rasgos distintivos, a la capacidad de aportar algo que antes no estaba ahí, algo por lo que habría que darle las gracias.

Pero claro, eso es mezclar el sentimentalismo, un idealismo inapropiado, con una visión objetiva de las cosas. Una novela vacía puede hacerse ver y oír. Y, si no, pasen y vean.

Ahora bien, si estoy aquí no es para analizar el marketing editorial, ni las bondades de tal o cual casa de publicación. Me encanta leer, pero también me gusta el morbo, me gusta reírme; no obstante, no soporto las críticas gratuitas y envenenadas. Por eso he decidido, después de mantener una ajustada lucha interna, leer el nuevo libro del fenómeno booktuber español: Besos entre líneas.

Esta obra salió al mercado esta semana, publicada por Planeta tanto en físico como en digital (esta última versión al precio alegre, sonriente, afable, amable, simpático e imberbe de 10€), y ya ha tenido el honor de darle vida a los timelinestuiteros de muchos de nosotros. Las autoras, May R Ayamonte y Esmeralda Verdú, son dos de las booktubers insignia del panorama nacional, razón de más para que la novela ganase en notoriedad desde el momento en que fue anunciada su existencia.

Antes de dar paso al comentario del libro, me gustaría mencionar un tema que me ha  llamado la atención sobremanera en estos últimos días/horas/minutos/tuits.

Algunas personas (por suerte no demasiadas), apoyándose en el hecho de que estas dos chicas tengan una cierta fama, no han dudado en atacar su libro por el mero hecho de ser ellas las autoras. Una fabulosa falacia ad hominem: no encontramos buenos argumentos para desacreditar el libro, o necesitamos más, así que vamos a por las madres de la criatura. Actitud un poco lamentable, queridos; podríais ser más ingeniosos, que en la viña del humor los racimos son inagotables.


Claro está, no es que se tenga un odio irracional hacia ellas sin ningún motivo. Una editorial grande ha publicado un libro de dudosa calidad literaria (ojalá fuese uno solo, ya que ha creado una sección dedicada íntegramente a estas criaturas) porque se va a vender. Y mucho. Entonces, la indignación ha surgido y se ha apelado al sentido común: ¿publicar obras mediocres que generarán muchos beneficios o rasgarse las vestiduras por joyas sin cuota de mercado? Queda claro, aunque no se quiera reconocer (en el fondo, los lectores somos unos románticos idealistas), que una editorial es una empresa; una empresa que tiene que conjugar ganancias y renombre. Obras que proporcionan ganancias (aunque sean peores que pegar a un padre) van a permitir que vean la luz otras que no alcanzarán tanto éxito pero que darán renombre. Es sencillo.

Pero bueno, si no hay chispa, si no hay salseo, ¿qué tenemos en esta vida? Hasta las personas tan sin vida social, tan amargadas, tan solitarias, tan ignorantes de lo que es el mundo real, o lo que en Besos entre líneas serían los frikis; hasta ellos, nosotros, tenemos derecho a reírnos de ese mundo que tanto nos gusta. La maldad, en su justa medida y desde el respeto, puede ser muy sana. Y si no, que se lo digan a… Bueno, mejor no hago referencias banales, que de eso ya hay de sobra en este libro.

Nota al capítulo 1
De todas formas, este texto previo no es el análisis del libro, sino el de las condiciones en que se ha visto envuelta su publicación. Y eso no influye en lo que viene ahora. No estoy juzgando el libro de dos booktubers, como tampoco juzgo el de un/a periodista, un/a mecánico/a (que lo ha habido) o un/a policía. Es un libro, con su trama y sus personajes (o eso le gustaría ser) y nada más. Así que, vamos a ello.

CAPÍTULO 1 – La intangibilidad de los personajes, unos primos (para que veáis: yo también hago referencias literarias encubiertas)
Besos entre líneas me disgustó desde que apareció la sinopsis (no voy a dar más explicaciones sobre por qué lo he leído; lo tenéis todo en los apartados anteriores). Parecía la típica historia de romance juvenil plagada de clichés, de esas que lanzan una bomba y luego tratan de vivir gracias a las ondas expansivas.

Y puedo confirmar algo: en eso no me ha defraudado.

La novela juvenil está muy estigmatizada y, cuando se habla de ello, a menudo se la desprecia, como si fuera la hermana pequeña repelente y vergonzante que nadie quiere reconocer de la familia. Craso error, ya que el público al que va dirigida, gracias a ella, puede convertirse en lector o volverse totalmente reticente a la lectura. Obras como esta, sin embargo, no hacen más que perjudicar a lo que se ha dado en llamar género juvenil (aunque no sea, para nada, un género concreto), porque no innovan, no son excelentes en ninguno de sus aspectos: solo añaden a una batidora un popurrí de estereotipos y le dan al botón mágico, a ver si llega un mensaje congratulatorio de Hogwarts por la ocurrencia qué pasa.
Viva la vergüenza o la pena o el acento mexicano, que es la repera para este libro


La trama es muy básica, por decir algo.

Una chica que vive por y para los libros, Emma, conoce al típico chico malo que, en realidad, no es más que un peluche amoroso con un collar de pinchos, Eric, y ambos se enamoran.

Y ya está, no hay más, fin del asunto. Sí, obviamente la cosa no es fácil; si no se habría publicado un microrrelato y yo no habría sufrido sus trescientas y pico páginas de extensión. Entra el drama gratuito, los blogs y booktube, así como un tercero en discordia. Pero, creedme, ahí sí que se acaba la cosa.

Decía, hace un momento, que la protagonista es Emma. Emma, también conocida como Emma, porque tiene tan poca chicha que ni un mote le quedaría bien. Es un personaje principal horroroso, flojo, sin trabajar. Es absolutamente imposible empatizar con ella, aun cuando en muchas de sus actitudes respecto a la literatura o la blogosfera quisieras sentirte reflejado. No es graciosa, no es lo suficientemente trágica. Baila en tierra de nadie, con una personalidad pobre, y solo consigue molestar al lector.

Es del tipo egoísta, pero del tipo “Hago lo que se me apetece, aunque sea lo más  materialista/aprovechado/cómodo del mundo; ya tendré tiempo de arrepentirme, sentirme mal y andar penando por las esquinas”. Así lo demuestra con su padre, con su hermana o con Gabriel.

No me gusta cómo la presentan y me mantengo en lo de que está sin trabajar, como si alguien hubiese pensado el nombre y lo escribiese, pero sin tener a un personaje detrás. ¿Hola? ¿Emma? ¿Existes? Eso explicaría que a veces actúe como una mema (escena de maría), que otras sea, o pretenda ser, apasionada (y se acueste ¡venga locura! con 0 preocupación y protección con X, o sea, Eric, para qué engañarnos), que sea cooly resista ver al chico con el que se acaba de enrollar comiéndose la boca con otra, o que se humille (música a Eric) y se deje arrastrar por el patriarcado (lo siento, no lo he podido evitar).


Eric, el malote, no es mejor. Incluso el deplorable Hardin, de After, tiene más desarrollo. Jugar con el pasado atormentado de alguien no es novedad y, si se hace bien, da profundidad tanto a la trama como al propio personaje, pero aquí no hay de eso. Fino como papel de fumar, predecible. Ha sido una mezcla de otros personajes masculinos de novela YA, pero rebajado, como si se tuviese un concentrado de tipo malo y alguien se le hubiese ido la mano con a la hora de diluirlo. Es voluble, pero ni siquiera su volubilidad es creíble. En este caso, yo hablaría de un personaje a medio crear.


Eso sí, no hace falta que esté redondeado para que apeste, si se me permite la expresión. Un chico de pasado oscuro, como ya dije, que se escuda en eso para ser un completo idiota y actuar de manera ilógica, insultando, molestando, metiéndose con Emma, humillándola. Oh, esperad. ¿Alguien está pensando la bendita palabra? Va, venga, todos a una: ¡patriarcado! (*guiño guiño*).

Un completo idiota, para más inri, que es defendido en una intervención peculiar y que, permitidme la digresión, me teletransportó al vídeo que subió una de las autoras hablando de After y de por qué no debe olvidarse que Hardin no es dañino SOLO con Tessa, lo es con todos.

Siguiendo con el elenco, el tercero en discordia se llama Gabriel y es un booktuber mexicano de éxito que solo sabe decir “ahorita” y “neta”. Porque se pretende introducir un triángulo amoroso, pero no. Es evidente que no cuaja un triángulo amoroso cuando, desde la página uno, sabes que la pareja Emma-Eric va a sufrir todo tipo de desavenencias, pero tiene un 99,9% de posibilidades de terminar siendo eso, una pareja. Así que es sacar drama de donde no lo hay, crear una situación totalmente oportunista e increíble y rellenar más y más páginas con una trama más seca que la paja.

Los demás personajes son prácticamente etéreos. Los tíos de Emma, la hermana de Emma, las amigas de Emma (esas amigas a las que habría que llevar de nuevo a párvulos para que aprendan a escribir), los blogueros, los padres de Eric y los amigos del susodicho. No tienen rasgos característicos, son esbozos sobre papel, no construcciones con tres buenas dimensiones. Tenerlos y no tenerlos es todo uno. ¿La diferencia? Bueno, unas gafas bien graduadas, porque otra cosa…

CAPÍTULO 2 – Klas dgre hapwoRReamniiento dte techlaDto
De todos modos, hay historias vacías que ganan por su estilo, por tener una prosa elegante, una prosa bonita, una prosa irreverente, una prosa innovadora, una prosa punzante. Pero no, no os hagáis ilusiones, no es el caso. De hecho, tiene un estilo bastante triste.

Me gustaría poderle dar otro calificativo más profesional, pero eso sería eufemizar demasiado.

Así que, lo justo es decir que Besos entre líneas parece escrito por niños de 10 años.

Un poco más de la poesía de Emma, que no tiene pérdida

Una cosa es que en los libros juveniles se estile un tipo de narrativa ágil y amena; otra bien distinta es tomar a personas que han abandonado los libros de la serie amarilla de Barco de Vapor hace muchos años por imbéciles.


Es terrible. No hay cohesión y, cuando se intenta conseguir, parece una de esas redacciones que los maestros premiaban en la primaria porque el alumno había sido capaz de poner un millón de conectores diferentes. Solo me ha faltado encontrar verbigracia por ahí para empezar a chocar los platillos. Un corrector de estilo habría venido de perlas. Pero esas cosas se suelen hacer antes de la publicación, me temo.


Las descripciones, por su parte, son directas, rancias, aburridas, no invitan al lector a evocar, a contribuir a la imaginación de un lugar o un personaje. Esto es así y asá; no hay lugar para que tú le añadas esto otro. Descripciones que atenazan la lectura. Recuerdo cuando leí El juego de Ripper, de Isabel Allende, y odié que, cada vez que se introducía un personaje nuevo, se hacía una descripción kilométrica de su aspecto físico y de su vida hasta ese momento. Querido escritor, si necesitas tantas explicaciones para acercar algo al lector, es que no has sabido utilizar métodos de caracterización indirectos (bien de personajes, bien de escenarios, bien de situaciones), mucho más elegantes, más ligeros y más sutiles. 

Este libro también es un manual de moda. (No podemos imaginarnos a Emma sin sus preciosos trapitos)
 ¡Siempre a la última!


Y, hablando de métodos de caracterización indirectos, es inevitable aterrizar en los diálogos.

Utilizados en su justa medida y con la maña apropiada, pueden ser lo que haga que una obra pase de buena a grandiosa. Muy pocas novelas son solo diálogo y han conseguido salir airosas (véase Higiene del asesino, de Amélie Nothomb, como una de esas excepciones); pero lo común son pequeñas conversaciones insertadas en una prosa continua, así que no hay novedad por aquí. Bueno, no hay novedad si aceptamos que conversaciones innecesarias plaguen páginas y páginas de los libros. En este sucede; es más, casi todas las conversaciones son insulsas, suprimibles. No aportan nada a la trama, ni siquiera caracterizan a los personajes. Son palabras malgastadas.

Así como los wasaps.

He de decir, a título especialmente personal, que no me gustan los adornos de los libros. Si una novela se trata de una edición ilustrada, es obvio que me gusten sus ilustraciones; si una novela se adorna de manera ilógica no lo entiendo. Que me llenes, de nuevo, páginas y páginas con wasaps vacíos no me parece algo estético, algo simpático por sus emojis; me parece un estorbo. Y que no se venga con que forma parte de la idiosincrasia de la obra, como lo son las cartas de ciertas novelas de época. No. Esas cartas contienen información esencial; estos wasaps, no. Otro gallo cantaría si realmente contribuyeran con algo, pero, de nuevo, y parece que lo he repetido mil y una veces  a lo largo de la reseña, no es el caso.

Por cierto, y en relación con los wasaps, ¿quién escribe así de mal? Los famosos mensajes son representación de un grupo que mantiene la prota, Emma, con sus dos amigas, Esther  y Sandra. Solo Emma escribe normal; Sandra abrevia todas y cada una de sus palabras, y Esther aporrea el teclado, si no, no hay explicación para sus mensajes. Que no creo que nadie envíe mensajes correctos al 100%, o no todos, al menos, pero tampoco la gente escribe mal a posta; ni por despiste se meten tales barbaridades. ¡Existe el autocorrector! Aunque, viendo el resultado de la novela, igual lo de la corrección es tema tabú.
Nota al capítulo 3
Si tocas este tema, porque lo tocas; si no lo tocas, porque no lo tocas. Es difícil adivinar qué asuntos serán bien recibidos por el público y cuál es la manera de tratarlos para que se lleven un buen aluvión de aplausos. Enfermedad, meh. Drama gratuito, meh. Blogs, libros y Youtube, meh. Bordada la selección, qué queréis que os diga.

CAPÍTULO 3 – El despertar del drama
Se estila mucho el drama gratuito, tratar de ganarse al lector haciéndole sentir pena (que ya no empatizar) del prota, pretendiendo compadecerle, pero… A ver, ¿pero qué? a) Sin profundizar, b) Sin profundizar, c) Sin profundizar. ¿Estáis seguros de la respuesta que habéis elegido? Tchan, tchan… ¡Sí, era sin profundizar!
Buscarse una enfermedad o una discapacidad, o las dos, y plasmarlas sobre el papel implica tres riesgos: hacerlo mal o medias (suena la campanilla de acierto), dar demasiado el pelmazo sobre el tema si no es el asunto principal, y frivolizar por querer tratarlo por encima (requetesuena la campanilla).

Que el padre de Emma tenga una discapacidad, física e intelectual, es un buen elemento detonador del drama. Pero, ¿dónde se modula la mecha? ¿Se puede cortar? Me parece que este personaje tenía que estar aquí, porque sí, pero no por su condición. ¿Con qué martirizamos a Emma? ¿Un padre discapacitado? ¡Grandioso! Y ahí está el problema, no puedes meter a una persona a sí y que solo se le tenga en cuenta en ciertos momentos, que solo se le utilice puntualmente para tener más DRAMA y que, al pasar de página, todo quede olvidado.

Me parece irrespetuosa esta actitud. Así como me lo parece el hecho de incluir un tema de anorexia que, gracias a la protagonista, se ha superado y que se aborda con frivolidad. Vale, a veces hay que quitar hierro al asunto, lo entiendo, pero ¿hasta dónde se puede hacer eso con conocimiento de causa?

A la discapacidad y a la anorexia se une el pariente lejano, tan temido, repudiado, etc.: el cáncer. Por supuesto, en la vida de Emma no nos bastaba una pérdida durísima durante la infancia, ni una hermana anoréxica, ni una adolescencia un tanto aislada, ni un chico atormentado (AUNQUE TERRIBLEMENTE GUAPO, QUE NO LO SEPA NADIE). Por supuesto que no. Tiene que llegar ese chico (el que es guapo, pero en el libro nadie lo comenta) y su madre, con cáncer para que sintamos pena de ella y disculpemos que sea más sosa que un filete sin sal.

No soporto tantas coincidencias, tanta mala suerte. Que seguro que hay gente que nace con mala estrella, no lo dudo, pero esto es tener un pararrayos estropeado pegado en la frente. Imaginaos a Emma así, cual bello unicornio. Tal vez como protagonista de fantasía le hubiese ido mejor.

CAPÍTULO 4 – Comunidades literarias
Si yo no perteneciese a la comunidad bloguera, este libro me repugnaría desde el minuto uno automáticamente. Porque sí, hay amor (si se le puede llamar así a ese despropósito), pero es un libro blogger, es un libro booktuber… Un libro de libros, por y para libros.

La protagonista, y todos los personajes, tienen una obsesión tal con los libros que a mí, francamente, me ha dejado patidifusa. Vale, hay manías lectoras (como olfatear cual cachorro las páginas de un ejemplar nuevo) que muchos compartimos, pero no estamos locos. Tenemos otra vida, no vivimos de librería en librería, ni de biblioteca en biblioteca; podemos hablar de algo que no sean blogs literarios, ni canales de booktube, ni book hauls, ni book tags. No somos librofílicos, en definitiva.


Dejando esto aparte, quiero otorgarle algo positivo al libro (aunque sin pasarse, que mi benevolencia es limitada): intenta reflejar este mundillo fielmente. Lo intenta, y se aprecia algo de autobiográfico en las partes dedicadas en exclusiva a ello, pero es un poco ilusorio. Un blog no gana más de 800 seguidores en 6 meses por las buenas, salvo que hayas hecho un pacto con el diablo. Un canal de Youtube tampoco consigue 100 y pico suscriptores en horas. La esencia está ahí, pero dulcificada. Todo es más fácil, más sencillo, más flowerpower. Aunque no es que tenga mayor importancia, la verdad; podremos sobrevivir con este cargo de conciencia.

Por otro lado, me ha parecido totalmente excesiva la atención que se presta a la iniciación de Emma en booktube. Es un libro, no un manual. Me da igual si te haces un guion con estos puntos o estos otros, me da igual si este chico o esta chica han subido un vídeo sobre este libro o sobre el otro. No quiero que me lo expliques todo, no me hagas una crónica. Quiero acción, quiero una historia bonita, quiero pasar un buen rato leyendo. Si lo hubiese preferido me habría comprado Booktube para dummies, y a vivir.


Antes de ir finiquitando (está siendo  interminable, ¿eh?), me gustaría abordar otro tema. Booktubers y bloggers de incógnita. WOW. Qué cosa tan genial. No dudo que a las autoras les habrá parecido fabuloso, una manera de dar las gracias, de hacer un homenaje a gente del mundillo, pero con esos personajes encubiertos en realidad sucede una cosa: ya existen, no hay que trabajarlos, porque se supone que quien los reconozca sabrá por dónde cogerlos. Dices su nombre deformado, añades divay todo el mundo aplaude, qué ingenio, qué bonito… Pero no has creado a ese personaje, es algo gracias a su nombre, gracias a lo que ese nombre evoca, no gracias a lo que tú hayas trabajado.

CAPÍTULO 5 – AKA Lluvia de albóndigas referencias
¿Creíais que me iba a ir sin derrochar referencias literarias? Eso nunca, queridos amigos, esta reseña sería un ser incompleto sin ellas. Pero antes, sabed:

No me gustan los libros plagados de menciones a otros libros/autores/cantantes/canciones/películas/series/marcas. Bueno, dejadme matizar: no me gusta que esas referencias se hagan sin razón, solo porque suenan bien y rellenan. Una referencia tiene que complementar una historia, ayudar a agrandar o mejorar la percepción que se tiene de ella, confirmar que algo no sale de la nada.

Por eso he sentido que docenas de alusiones a sagas y libros autoconclusivos, además de a autores, de literatura YA me ahogaban. Sin exagerar. Hay demasiadas, innecesarias, estresantes, asfixiantes, salvajes. Y no, no aportan nada. Solo nos llevan a la conclusión de que esta chica solo conoce, además de novelas juveniles, a Bukowski y a Jane Austen. Punto y final.

Ya viví algo similar cuando leí Play, de Javier Ruescas, pero, en comparación, aquello es el paraíso. Me parece muy bien decir la típica frase de Hogwarts, me parece muy bien poner Las ventajas de ser un marginado en un altar… Pero frena el carro, que te vas de lleno contra el guardarraíl. 

Y para muestra, un botón. O una mercería entera. Aquí abajo os dejo todas las referencias que he subrayado, solo una vez, porque hay algunos nombres que aparecen más de una.  Y de dos. Y de tres.

Matilda, Harry Potter, Los Juegos del Hambre, Divergente, Delirium, Cazadores de Sombras, Si decido quedarme, El único e incomparable Iván, La probabilidad estadística del amor a primera vista, Agatha Christie, Sherlock Holmes, Bukowski, The Black Eyed Peas, Prohibido (de Tabitha Suzuma), Los Beatles, Jane Austen, Laura Gallego (y varios libros suyos), Maggie Stiefvater (y unos cuantos libros suyos), Jennifer L. Armentrout y la saga Lux, Patrick Rothfuss, Cassandra Clare, Stephanie Perkins, El corredor del laberinto (y Dylan O’Brien), LAS VENTAJAS DE SER UN MARGINADO, Logan Lerman y Emma Watson, Rabo de Nube (canción de Silvio Rodríguez), Charlie y la fábrica de chocolate), Ed Sheeran, Paramore, 1984, La selección (de Kierra Cass), Hachiko, María Dueñas, La evolución de Calipurnia Tate, David Levithan (y sus libros), Javier Ruescas y Manuel Carbajo (y su libro, Electro), Blue Jeans (y sus libros), Persona normal (de Benito Taibo), Croquetas y wasaps (de Begoña Oro), El chico de las estrellas (de Chris Pueyo), La lección de August, Mordor, A dos centímetros de ti (Elizabeth Eulberg), Fangirl (de Rainbow Rowell), Cinder, Bajo la misma estrella y John Green, y Un grito de amor desde el centro del mundo.


EPÍLOGO
Tras el Big Crunch, y un nuevo Big Bang, todo volvió a comenzar. Se formó, lentamente, otro mundo perfectísimo, predispuesto desde el primer momento de su creación a seguir los pasos de su predecesor. Pero, entre tanto, una servidora fue capaz de terminar esta reseña para arrastrar a más de sus iguales a la perdición.

Sí, lo sé, Besos entre líneas no es la perdición. Al menos no hay violaciones, solo inocente marihuana a la que se le sonríe (¿Os podéis creer que no haya hablado de la maría en profundidad? Estoy en decadencia). No es la perdición, pero es una manera fabulosa de perder el tiempo. No ha sido un buen libro para mí. Me ha servido para ver cosas que no se deben plasmar sobre el papel, ya que, si tienen la suerte de conocer mundos y salir publicadas, pueden dar verdadera lástima.

Por supuesto, no es cuestión de lapidar la obra y a sus autoras. A fin de cuentas, es una primera toma de contacto, al menos para una de ellas, y las primeras veces, de lo que sea, no suelen ser majestuosas. Pero si hay cosas que son un truño (lamento la expresión escatológica, pero me la llevo guardando toda la reseña), se dicen, no nos vamos a engañar, ni a nosotros ni a los demás lectores. (Aquí se abre el apartado de discusión sobre las opiniones de los amiguísimos de las autoras, que lo han puesto de la estratosfera para arriba).

La bella Emma a la defensa de la literatura juvenil. Parte 1.
Es la Katniss editorial *_*


De vuestra cuenta y riesgo queda la visita al oftalmólogo para frenar el sangrado ocular post-lectura, aunque también podéis esperar a otras reseñas más ingeniosas e inclinadas al humor que la mía, para no tener que ir dos veces, y ahorrar. Me imagino que después del clavo que os (nos) han metido por este gloriciosolibro (¡he dicho gloricioso! Chúpate esa, Alicia) hay que volver a coger las riendas de la economía familiar.


¡Felices lecturas!