Tráeme tu amor y otros relatos, de Charles Bukowski

Gracias a la editorial por el envío del ejemplar

Bukowski es uno de esos grandes mitos modernos de la literatura. Autor desvergonzado, sincero, siempre ebrio de letras… Y, como buen mito, se le menciona más de lo que se le lee. Ahora lo hipster es no hablar de Bukowski, pero sí haberlo leído, ¿verdad?

Tráeme tu amor y otros relatos es una recopilación de tres relatos del autor, recopilación que en esta edición de Libros del Zorro Rojo va acompañada de unas ilustraciones de Robert Crumb cuanto menos… llamativas. Como no es cuestión de destriparlo y arruinaros una hipotética lectura, os dejo un mini reseña (mini mini, por una vez) para que le echéis un ojo y os hagáis una idea de qué vais a encontraros.
Bukowski es, para mí, un autor que o gusta o repugna. No creo que haya cabida para medias tintas. O te enamora su ausente sutilidad o huyes de su vulgaridad. Sencillo. Un buen aguacero de realidad, realidad cruda, sarcástica, absurda. Tráeme tu amor, No funciona el negocio y Bop, Bop, contra aquel telón. Tres narraciones breves, cuidadas, quizás con un estilo un tanto destilado respecto a lo que nos tiene acostumbrados el autor (su poesía en general o los relatos de La máquina de follar son bastante más salvajes de buenas a primeras).

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En Tráeme tu amor, mi preferido, sin duda alguna, un hombre va a visitar a su novia/esposa al centro psiquiátrico (o algo por el estilo) en que está interna. El relato, en realidad, es esa visita junto con una llamada de teléfono a la habitación en que se hospeda el hombre y en la que está retozando alegremente con otra mujer.

Si tuviera que describirlo con una palabra, la elegida sería brutal. Por lo bizarro de la situación y por cómo juega con las palabras y se saca de la manga una historia que raya en el absurdo y, sin embargo, es pura calle, puro fracaso y pura falsedad.
-Entonces tráeme tu amor – exclamó- ¿Por qué demonios no me traes tu amor?
No funciona el negocio fue bastante más peculiar. Relata la historia de un cómico en horas bajas que apenas atrae a público a sus espectáculos, ya que hace monólogos sobre la decadencia económica, en lugar de ayudar a los espectadores a evadirse. Con todo, le amenazan con despedirle, por ello, y él sale a escena y repite el mismo mantra. 

En esta caso, la figura de Manny, el cómico, es la de un hombre alcohólico y fracasado, desesperado, también, que es incapaz de salir adelante y cambiar. Se hace crítica a las parejas, a la necesidad de olvidar la situación deplorable actual… Y se entremezcla con un punto que sirve de contraste: el nuevo hombre de espectáculos que rompe la tensión haciendo pompas.
No obstante, más allá del relato, me he quedado con la imagen que lo ilustra y que os comparto a continuación, porque resume la esencia de la historia a la perfección y me encanta.
-Recesión -decía- es cuando tu mujer se escapa con alguien. Depresión es cuando alguien te la trajo de vuelta. Alguien trajo la mía de vuelta.
El último, Bop, Bop, contra aquel telón, tuve que leerlo un par de veces. Es un poco más largo y, en este caso, los protagonistas son unos niños entre cuyos divertimentos se encuentran observan a parejas manteniendo relaciones en sus cuartos y acudir a una sala de espectáculos subidos de tono. Para mucha gente este es el relato que menos ha gustado; yo tengo mis dudas, francamente, pero, al menos, me ha transmitido cierto positivismo (OJO, que teniendo en cuenta el autor de quien estamos hablando es como jugar a la lotería una vez en tu vida y que te toque el premio gordo).
La falta de vergüenza de los críos, la naturalidad con que van y vienen de acá para allá, la franqueza de sus pensamientos (que, analizados con un mínimo detenimiento son repugnantes, ejemplo contante y sonante de ese sexismo que ha habido/hay en la sociedad)… Todo eso lo ha convertido en una fiel representación de la que hay ahí fuera, de modo que ha sido bastante gratificante leerlo.

Hablábamos de mujeres, les espiábamos las piernas al bajar de los coches y de noche mirábamos por las ventanas con la esperanza de ver a alguien follando, pero nunca teníamos suerte. Una vez descubrimos a una pareja en la cama, el hombre manoseaba a su mujer y pensamos: ahora lo vamos a ver.

– ¡No, no quiero hacerlo esta noche! – dijo ella, y le dio la espalda. El hombre encendió un cigarrillo y nosotros fuimos en  busca de otra ventana.

– ¡Qué hijo de puta! A mí ninguna mujer me haría eso.

– A mí tampoco. ¿Qué clase de hombre será?

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Y hasta aquí esta mini reseña. Espero que os haya gustado, tal vez ayudado a descubrir al autor o a encontrar alguna otra obra suya que leer. 
Un abrazo y ¡hasta la próxima!

Los A N T I L I B R O S del verano

Ya llevamos unos días de verano. Verano. V E R A N O. Esa época del año en que los blogs literarios (y booktube) se llenan de recomendaciones fresquitas para llevar a la playa/piscina. Recomendaciones frescas como un Calippo leí el otro día en Twitter, de esas que no pesan, que no tienen páginas, ni letras, ni se llenan de arena, ni se mojan. El tradicional LIBRO DEL VERANO.

El libro fresquito por excelencia
Pero como tengo una vena hater muy importante, no he podido resistirme a la idea de hacer una entrada un tanto ¿mordaz? He decidido hablaros de los A N T I L I B R O S   V E R A N I E G O S, esos que una persona en su sano juicio no se llevaría a la playa (y que son, justamente, los que me llevo yo) a riesgo de: 1) deslomarse de camino -los ladrillos no son para el verano-, 2) morir de inanición pasando páginas, y páginas y páginas, sin vislumbrar el fin de capítulo, 3) diarrea cerebral al intentar retener más de dos nombres bajo el sol infernal.

Entiendo que, cuando cogemos los bártulos y vamos a ganarnos un sitio en primera línea de playa, o en la pseudosombra piscinera, lo que nos apetece es descansar. A lo mejor llevarse el Ulyses de Joyce no es la mejor opción para mandar a las neuronas a tomarse un kitkat, pero yo soy complicada y me aburren los romances pastelosos y ágiles del verano, me aburren. Por eso leo Canción de Hielo y Fuego en la playa, de verano en verano; durante el resto del año no se me apetece (menos mal que George RR Martin se toma con calma lo de escribir, porque a este ritmo me va a dar tiempo a terminar el quinto antes de que publique el esperadísimo 6º). Recuerdo haber visto a amigas leyendo Tres metros sobre el cielo o Pequeñas mentirosasEso es para principiantes, lo que se lleva es torrarse y churruscar neuronas a la vez.

Por eso os traigo 5 libros para conseguirlo, mis 5 antilibros para este verano. 



Festín de cuervos 4º de ASOIAF. Lo empecé el verano pasado y me dispongo a terminarlo este, al igual que hice con el tercer libro librazo de la saga. Sí, ya me he comido tantos spoilers que se han ganado un michelín propio, pero me sigue gustando el mundo que ha creado Martin y, francamente, creo que los libros aportan más que la serie, por muy bien hecha que esté y muy fiel que sea (aunque, según dicen, a partir de la 3ª temporada los guionistas han empezado a creerse dioses).
Me imagino que enfrentarse a un millón de páginas, con el calor asfixiante y una cola de personajes aguardando para acampar en nuestro cerebro no sea el mejor plan… ¿O sí?

Americanah Este libro de Chimamanda Ngozi Adichie tiene que caer en algún momento, y no veo por qué no iba a ser veraniega la fecha adecuada. Una novela profunda, feminista y viajera. Pese a que no he leído a la autora (salvo su discurso Todos deberíamos ser feministas), sé que me va a gustar. Y enlazar una buena lectura, más o menos extensa (¿qué son casi 600 páginas?), con tardes amenas de playa seguro que ayuda a forjar una impresión más que favorable de la lectura. Está todo pensado.

Grandes pechos, amplias caderas Este capricho de Reyes aún no ha caído, aunque lo he empezado ya hace unas semanas. El año pasado tenía unas ganas enormes de ponerme con libros de autores galardonados con el Nobel de Literatura (sí, es lo que solemos pensar todos los días cuando nos levantamos: ¡Hoy voy a leer a un Nobel! ¡Me late el corazón más fuerte en el cuerpo! ¡Es una señal!), y, además, también comenzaba a interesarme por novelas asiáticas, así que me pareció una opción genial buscar este libro de Mo Yan.
Es denso, una novela de lucha y superación familiar y femenina, especialmente, en China, un escenario complejo. De nuevo una extensión de sombrilla y toalla: unas 850 páginas. ¡Un capítulo más y al agua, patos!

Me llamo Rojo Pero, ¿para qué leer a Colleen Hoover si puedes encadenar a dos Nobel entre vuelta y vuelta en la toalla? ¡Paparruchas! Orhan Pamuk llegó a mis oídos gracias a su último libro, si no me equivoco, Una sensación extraña, aunque no ha sido por ahí por donde he comenzado a leerlo, sino mediante esta novela que os presento aquí. Me llamo Rojo supone un viaje al Estambul del siglo XVII, al mundo de los ilustradores. Una historia dividida en capítulos no demasiado largos, cada uno desde la perspectiva de un personaje distinto (dicen los entendidos que esta novela huele de lo lido a postmodernismo), que narra la búsqueda de un asesino de ilustradores que, por cierto, está entre los propios ilustradores.
Es entretenida y muy ilustrativa (nunca mejor dicho) de la vida en Turquía  el Imperio Otomano en la época. Echan para atrás, por supuesto, las 700 páginas con que ataca al lector, pero yo tengo dominadas ya unas 400. Actualización: ya lo tengo todo dominado, de hecho.

The Beauty Myth Decir que me costó Dios y ayuda encontrar este libro es quedarse corto. Las ediciones españolas están descatalogadas, así que he tenido que remover bastante para hacerme con un ejemplar. Pero lo tengo en mis manos, así que ese drama está cerrado. Este libro, escrito por Naomi Wolf habla, como bien puede verse en la portada, del mito de la belleza y de como estas imágenes de belleza, en publicidad, en cine… En todas partes, se mire a donde se mire en la sociedad, son usadas en contra de las mujeres, directa o indirectamente.
Llegué a él gracias a unas citas fantásticas de Goodreads y creo que va a ser una lectura de playa muy interesante. Además, son solo 400 páginas. ¡No me digáis que no tenéis ganas de leerlo ya!

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Bromas (y fingido intelectualismo) aparte, estas van a ser/intentarán ser algunas de mis lecturas de playa. Seguramente no sean las únicas, pero sí algunas que identificaría con esos antilibros. De todos modos, no voy a buscar lecturas “frescas” para el verano. Leeré lo que se me apetezca, independientemente de su temperatura. 
De hecho, ahora mismo, a la par que Me llamo Rojo, estoy con Las aventuras de Sherlock Holmes  y terminando el audiolibro de Kindred, sobre el que tengo muchas ganas de hablaros en el blog. ¿Cuál será el siguiente libro en caer? Se admiten propuestas.

Espero que os haya gustado y, si tenéis antilibros por ahí, comentadme cuáles son.
¡Un abrazo!

Dos libros de Ciencia y Religión

La entrada que os traigo hoy es una especie de reseña doble, aunque los libros en cuestión son un tanto especiales. Os hablo de Ciencia versus Religión: un falso conflicto, del biólogo evolutivo y paleontólogo Stephen Jay Gould, y de El espejismo de Dios, escrito por el etólogo británico, Richard Dawkins. Ambas obras podríamos encuadrarlas dentro de la literatura de divulgación científica, aunque el tema que abordan, desde perspectivas bien diferentes, es el de la relación entre Ciencia y Religión. 
Stephen Jay Gould ha sido uno de los grandes científicos de nuestros tiempos, especialmente recordado por plantear la teoría de los equilibrios puntuados, una especie de revisión al darwinismo. Escribió multitud de libros de divulgación, algunos francamente célebres, como El pulgar del panda. En lo que a mí se refiere, esta es la segunda obra suya que leí, después de La falsa medida del hombre
Richard Dawkins, por otro lado, es un reputado científico y un divulgador nato, que ha publicado libros celebérrimos (¿El gen egoísta?) y que ha participado de polémicas varias en lo referente a la religión (principalmente por ser un ateo muy activo a la hora de transmitir las bondades de esta ausencia de creencia), así como en cuestiones relacionados con las diferentes hipótesis neodarvinistas que han ido surgiendo.

Además, Dawkins y Gould tomaron parte de las que se dieron en llamar Darwin Wars, por sus visiones opuestas en distintos temas evolutivos.

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De todos modos, los libros que os traigo, como decía, abordan la relación Ciencia-Religión desde las perspectivas de los dos científicos. Gould propone la idea de las MANS, mientras que Dawkins, ateo cuasiradical, trata de desmentir, por un lado, la existencia de Dios, y, por otro, apartar por completo a la Religión de la Ciencia permitiendo, no obstante, las incursiones, si necesarias, de la Ciencia en el terreno rival. Para que veáis más exactamente a qué me voy refiriendo, os dejaré algunas citas de ambos libros en azul a lo largo de la entrada. Es un tema que a mí, particularmente, me produce muchísima curiosidad. Podría decirse que tengo un corazón científico rodeado de letras, porque me apasionan ambos campos y verlos combinados, en obras de divulgación, es fantástico. A esto hay que añadir, ya centrándonos en el tema de la entrada, que la religión y yo… Bueno, dejemos el enunciado inconcluso.
Cuando leí el libro de Gould, a principios de año, me pareció interesante el mantra que repite y defiende a lo largo del ensayo. MANS; es decir, magisterios que no se superponen. Ciencia y Religión como dos vecinos que se dicen buenos días, inclinan la cabeza y no se inmiscuyen el uno en la vida del otro, pero tampoco manteniendo una relación de hosquedad. Supongo que, actualmente, la idea es esa, es lo que se defiende, ¿verdad? Un científico hace caso omiso de las teorías religiosas creacionistas, por ejemplo; no permite que penetren en su campo ni que se le dé más importancia de la mera anécdota. Por otro lado, a dicho científico, la existencia o no existencia de Dios le es indiferente, no tiene mayor interés para él probarla mediante la ciencia, porque está en un magisterio, el de la Religión, que, en este aspecto, se basa en la fe, en la creencia, no en datos objetivos.

         No veo de qué manera la ciencia y la religión podrían unificarse, o siquiera sintetizarse, bajo un plan común de explicación o análisis; pero tampoco entiendo por qué las dos empresas tendrían que experimentar ningún conflicto. La ciencia intenta documentar el carácter objetivo del mundo natural y desarrollar teorías que coordinen y expliquen tales hechos. La religión, en cambio, opera en el reino igualmente importante, pero absolutamente distinto, de los fines, los significados y los valores humanos, temas que el dominio objetivo de la ciencia podría iluminar, pero nunca resolver. Ciencia versus Religión: un falso conflicto.

Como decía, este es, en buena parte, el planteamiento general actual. No quiero decir con ello que todos los científicos lo respalden, ni mucho menos, pero desde fuera, desde la calle, creo que es la visión más aceptada. Tú déjame con mis creencias, que yo no me meto en tus experimentos.
          La declaración básica de MANS. Las realidades de la naturaleza son lo que son y no pueden, en principio, resolver cuestiones religiosas sobre Dios, el significado y la moralidad. Ciencia versus Religión: un falso conflicto.


Ahora bien, esto deja a la religión en una posición privilegiada, la convierte en algo intocable. Para Stephen Gould no plantea ningún problema, en apariencia pero Dawkins enseña los dientes al respecto. No cabe duda de que en El espejismo de Dios se convierte en el azote de la religión. Para él no tiene cabida y es, en buena parte, el origen de los males que afectan a la sociedad moderna.

          El enemigo no es la religión, sino el dogmatismo y la intolerancia, una tradición tan antigua como la humanidad, e imposible de extinguir sin vigilancia externa, que es, como proclama un famoso epigrama, el precio de la libertad. Ciencia versus Religión: un falso conflicto.

De hecho, frente a la argumentación conciliadora y, por así decirlo, incluso pacifista de Gould (que, para mí, expone sus ideas con muchísima más claridad y elegancia que Dawkins, también sea dicho), Dawkins se lanza de lleno a la defensa de su causa, no dudando en bajar de su pedestal a la Religión y cuestionando, para empezar, por qué tendría derecho ni siquiera a estar en dicho pedestal. Se vale de numerosas citas de personalidades de renombre para ilustrar sus palabras, como la siguiente de Douglas Adams.
          La religión… contiene ciertas ideas en su interior que podemos llamar sagradas o santas o lo que se quiera. Lo que esto significa es: “Aquí hay una idea o una noción de la que no te está permitido decir nada malo. Nada en absoluto. ¿Y por qué no?… Porque no.” Si alguien vota a un partido con el que no se está de acuerdo, uno es libre de discutir sobre él lo que quiera; todo el mundo tendrá un argumento en contra, pero nadie se sentirá agredido por ello. Si alguien piensa que los impuestos deberías subir o bajar, eres libre de tener un argumento en contra. Pero, por otro lado, si alguien dice: “Mi religión me dice que no debo mover ni un interruptor en sábado”, tú dices: “Yo lo respeto”. El espejismo de Dios.
No cree, por supuesto, que el ámbito de la moral, el ámbito de la religión, sea inexpugnable. A su vez, considera que la religión, en materia de decisiones de estado, no es más que un cero a la izquierda que, sin embargo, se tiende a colocar a la derecha por cuestión de tradición. ¿No es, acaso, lo usual en España que tras una noticia relacionada, por ejemplo, con el aborto, la conexión inmediata de los medios de comunicación sea con los representantes de la Iglesia?

          Siempre que surge una controversia sobre moral sexual o reproductiva, podemos estar seguros de que en los diferentes comités de representación o de influencia, o en paneles de discusión de radio y televisión, estarán representados los diferentes grupos de fe por sus líderes religiosos. (…) Pero ¿Por qué nuestra sociedad les sigue el juego, pensando que tienen competencias similares a las de, digamos, un filósofo moral, un abogado de familia o un médico?  El espejismo de Dios.

Al contrario de lo que sucede en el libro de Gould, Dawkins se lanza mucho más directamente hacia “el problema de la religión”, dedicándole bloques de contenido tales como La hipótesis de Dios, Las raíces de la religión, El “Buen” Libro y el cambiante “Zeitgeist” moral, o ¿Qué hay de equivocado en la religión? ¿Por qué ser tan hostiles? Y cuando digo “el problema” de la religión, es porque para Dawkins es algo terrible, algo que no subsanan las creencias moderadas, algo que es dañino en su raíz, que se abre a interpretaciones terribles (las que considera detrás de todo fundamentalismo religioso) y a interpretaciones un poco menos malas, pero totalmente desfasadas en esta época. Hay veces en que ataja el tema bruscamente, incluso de forma un tanto hiriente; otras tira de ironía, especialmente durante los capítulos en que desgrana el Antiguo sangriento Testamento.

          Oh, pero, por supuesto, la historia de Adán y Eva siempre ha sido “simbólica”, ¿no? ¿Simbólica? Así que, para impresionarse a sí mismo, ¿hizo Jesús que el torturaran y ejecutaran, como castigo en cabeza ajena, por un pecado simbólico, cometido por un individuo inexistente? Como ya he dicho, una locura, así como salvajemente desagradable.  El espejismo de Dios.

Mencioné, al comienzo del post, que Dawkins y Gould, por sus opiniones dispares, habían “chocado” en ciertos aspectos. De hecho, al respecto de MANS se refiere en este libro y echa por tierra todo lo defendido por Gould, denostando la figura de los teólogos y su supuesta función.

          Los teólogos no tienen nada que aportar que merezca la pena; vamos a hacerles un favor y dejemos que se preocupen por un par de cuestiones que nadie puede y probablemente nunca podrá responder.  El espejismo de Dios.

Supongo que las opiniones al respecto serán muy variadas, todas ellas respetables, obviamente. Francamente, nunca he entendido por qué considerar el tema de la religión como algo escabroso, aunque viendo los extremismos que relucen en según qué comunidades (y no solo en lo que respecta al islam, que es tal vez lo más visual en nuestros días, sino cualquier tipo de fundamentalismo); que sea algo escabroso e intocable. No tenemos problema en denostar a cualquier persona por su aspecto físico, pero ojocuidao, no se puede prácticamente c o m e n t a r algo sobre su religión, sobre su creencia, o rodarán cabezas (entended que lo digo metafóricamente, en principio). 

De todos modos y, pese a la diversidad de opiniones que pueda suscitar el libro de Dawkins, no puedo estar más de acuerdo con lo que menciona en relación con los niños y la tendencia a educarlos en algún tipo de creencia. Refiriéndome a España que es un país aconfesional, pero de larga tradición católica (aunque se va desdibujando generación tras generación), es habitual que se bautice a los recién nacidos. Bautismo que te une a la Iglesia directamente y, probablemente, te lleve a pasar una 1ª Comunión. Nadie te pide tu opinión cuando tienes 3 meses de edad para que des tu consentimiento (básicamente porque me temo que no estamos en condiciones de decidir nada) y con 8 años poco se comprende acerca de la religión. Conclusión: sin saber muy bien por qué, aunque creas tanto en Dios como en los elefantes que bailan congas y no te pases por la Iglesia ni aunque te paguen, has sido educado en la fe católica y algo, mal que nos pese, bien en costumbres, en mentalidad… Algo permanece ahí, latiendo en la trastienda. 

          A los niños no había que enseñarles tanto qué pensar, sino cómo pensar. Si, habiendo sido justa y apropiadamente expuestos a las evidencias científicas, crecen y deciden que la Biblia es literalmente cierta o que los movimientos de los planetas rigen sus vidas, ese es su “privilegio”. El punto importante es que “su” privilegio decidir qué van a pesar, y no el privilegio de sus padres imponérselo por “force majeure”.  El espejismo de Dios.


 El espejismo de Dios.
Pero bueno, aunque podría pasarme horas hablando sobre este tema, y recordando que esto, en teoría, era una reseña (aunque habría que revisar el significado de reseña para adaptarlo), vamos a dejarlo por hoy. Mi intención era compartir con vosotros estos dos libros, ya que este año me he propuesto leer, más allá de literatura propiamente dicha (ficción y no ficción), distintos tipos de obras. Estas obras de divulgación se suman a algún que otro ensayo y autobiografías que tengo pendientes, así que tal vez pronto os traiga otro post comentando algún librito distinto.

Espero que os haya gustado y, sobre todo, me gustaría escuchar leer qué pensáis al respecto o si habéis leído algún libro de los autores o similar que me queráis recomendar.
Un abrazo.

El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón

Ricardo Menéndez Salmón era un completo desconocido para mí. A raíz de descubrir la reciente publicación de El Sistema me di cuenta de que había una obra suya que me sonaba, Niños en el tiempo, y que, tras esta lectura, está más que pendiente.

El Sistema no es una novela al uso y, por una vez, estoy de acuerdo con lo que la faja que envuelve el libro afirma: Una novela de ideas, de enorme ambición intelectual y literaria.Estas palabras, además, fueron emitidas por el jurado del Premio Biblioteca Breve, con el que fue galardonada la novela este 2016.

Os pongo en situación.

El mundo tal y como lo conocemos forma parte de la Historia Moderna, la cual ha quedado atrás, ya que es el momento de la Historia Nueva. Ahora lo que existe es El Sistema, que, como bien se dice en el enunciado que abre el libro, es un archipiélago. Atrás queda la época de los continentes y sus ingobernables países; en el Sistema hay distintas islas y una de ellas es Realidad, la isla del Narrador. El Dado es el ente superior del que emana el poder, un ente de naturaleza indefinida y que jugará un papel importante en la historia. Además, ha de tenerse en cuenta un último aspecto: en el Sistema existe una división entre Propios y Ajenos. Los Propios son los habitantes de las diversas islas sistémicas; los Ajenos, sin embargo, son cuerpos residuales de las disputas ideológicas y económicas, las gentes a las que el Sistema ha cerrado los ojos para tratar de olvidar.

Buscar sentido al sinsentido. Qué otra cosa significan la política o la religión.

Partiendo de este planteamiento, no hay duda de que, para que haya historia, ha de haber un elemento detonador, algo que ponga en peligro este nuevo “sistema”. ¿Cuál es? Bueno, cabe decir que la amenaza de una invasión de Ajenos es cada vez más inminente; por otro lado, en el ojo del huracán está el Narrador, quien será el modelo en que se vean las consecuencias del baile de piezas en el enorme tablero de ajedrez que será el Sistema.

La sinopsis promete muchas cosas. Algunas las cumple con creces; otras las sustituye, pero logra que las altas expectativas no se desvanezcan. En esta obra, que se anuncia como un acercamiento a lo distópico, así como a la investigación metafísica, entre otros temas, pese a la impersonalidad de la trama, la impersonalidad de la prosa, se consigue un verdadero manjar que como lectora he degustado primero y devorado al final. Una obra curiosa, cuando menos.

Los revolucionarios siempre son románticos.

Creo que es de justicia hacer mención, en primer lugar, al punto fuerte de la novela. Este es, sin duda alguna, la prosa.  La PROSA con todas las mayúsculas habidas y por haber, porque es, sencillamente, brillante. El dominio que tiene el autor del lenguaje es abrumador/sobrecogedor/impresionante. Una prosa que se sostiene a sí misma, que ha construido esta novela y se ha convertido en coprotagonista, mano a mano con el Narrador. Un estilo impecable –solo por ello merece la pena ponerse con el libro-, que confiere a la novela un aura de magnanimidad.

Allí ejerce de librepensador, una profesión por lo que sabe peligrosa. Hay hogueras en su memoria donde esos pioneros ardieron hace tiempo.

Es inevitable, a su vez, rememorar el juego de narradores con que nos encontramos. La novela se subdivide en cuatro bloques, por denominar de alguna forma a esos inmensos capítulos, cada uno de los cuales tiene un tipo distinto de narrador. Cuatro momentos, cuatro perspectivas diferentes, pero desde el mismo personaje, el Narrador. Y considero que es el momento idóneo para aclarar que, cuando me refiero al Narrador, este es el protagonista (al menos el personaje central y el que está más profundizado), no quien lleva la voz cantante en la narrativa y nos comparte la trama.

En el primer bloque, En la Estación Meteorológica, nos encontramos con un narrador externo en tercera persona que baila entra la omnisciencia y la equisciencia; en el segundo, En la Academia del Sueño, el narrador es interno protagonista (es el Narrador); en el tercero, En el Aurora, aparece un narrador externo en segunda persona, que se dirige de tú a tú al lector y al Narrador. Esta elección me sorprendió, porque aporta una perspectiva a la que no se suele estar habituado y que implica mucho más al lector en la lectura. Por último, En la Cosa, regresamos a un narrador externo omnisciente, pero un narrador de este tipo en toda regla, ya que, por vez primera, se sumerge por completo en la mente de otro personaje y expone sus sentimientos/pensamientos/preocupaciones tal y como se están desarrollando.

Dejando esto de lado, importante también es el tema “filosófico”. Está claro que esta obra no es para leerse de un tirón; eso habría sido un suicido y un desmerecer terrible al libro. No, hay que probarlo poco a poco, ir haciéndose con la historia, con el estilo, con los discursos, a veces venidos un poco de la nada, que ocupan eternidades y aceptar la invitación a reflexionar. Es una historia sutil a veces; otras, bien abierta, en cuanto las comparaciones son nítidas y claras.

¿Por qué razón un mundo altamente tecnificado ha sido incapaz de renunciar al papel como depósito de información? […] Caigo en la cuenta de que el papel, el legajo, el expediente, genera en quien lo contempla un sentimiento de culpa. Una burocracia de silicio sería una paradoja.

Se menciona el genio engañador que impulsó a Descartes a crear su método de la duda sistemática, por ejemplo. Hay citas de Goethe y de Nietzsche, y una muy bien llevada alusión a la teoría de las Ideas platónicas, según la cual las realidades concretas, las cosas, son imitaciones, más o menos fieles, de unas esencias puras solo alcanzables mediante la contemplación. Obviamente, hay muchos más aspectos, y no se enuncian como si de una exposición sobre los autores mentados se tratase, pero es interesante ver estas referencias y su relación la trama “distópica”, “apocalíptica” que encontramos.

Ha sido una lectura francamente grata, la he disfrutado, quizás porque ha sido algo que no estoy acostumbrada a leer y que me ha sorprendido para bien. ¿Alguna pega? Bueno, una prosa tan soberbia y magistral a veces puede sobrepasar al lector, pero, como he dicho, la clave está en un acercamiento calmado a la historia. Respecto a la poca incisión en los personajes –por lo que he leído en alguna opinión online- he de decir que yo no he creído necesario conocer más sobre los protagonistas; es decir, el Narrador. El Narrador es eso, un narrador de la Caída del Sistema, el personaje que es testigo de lo que sucede, pero no gira necesariamente en torno a él. Yo lo he visto como una excusa que el autor emplea para sacar el armamento pesado, nada más.

Los hombres vigilan horizontes, se ofrecen como cobayas o surcan los mares, pero siempre, de un modo u otro, están solos.


Os lo recomiendo si se os apetece cambiar de aires y animaros con algo que se avecina denso pero que deja un gran sabor de boca (y mantiene una tensión extraordinaria e inesperada en las últimas páginas).

 Porque quizás la verdad estuvo siempre en los patios traseros, no en los lujosos recibidores o en los pináculos. Quizás las ceremonias importantes eran las que tenían como escenario esa lenta debacle hacia el residuo.