Reseña ¿creativa? : La metamorfosis, de Franz Kafka

Puede que ya hayáis visto La metamorfosis reseñada en el blog, hace bastante tiempo. De todos modos, esta reseña es historia, porque, aprovechando una relectura de la obra y un trabajo que hice sobre ella, os voy  a resubir una entrada enorme pero más completa (creo) al respecto.
Va a ser un post extenso y que se dividirá en 3 partes. En la primera se intenta dar respuesta a algunos de los temas que trata la novela: el absurdo, la soledad, la solidaridad, la incomunicación y la hipocresía. En la segunda, se comenta brevemente la caracterización de los personajes, así como la importancia de la metamorfosis en la obra. La tercera parte es, digamos, opcional. Cuando hice el trabajo se me pidió hacer una especie de reseña creativa de La metamorfosis, y el resultado lo tenéis en el archivo .pdf que os adjunto al final. Es extenso (unas 5 páginas), pero si queréis echarle un ojo, estaré encantada. 
Primera parte: argumento y temas

La historia que relata La metamorfosis es bastante conocida, al menos superficialmente. Hay un hombre que se convierte en bicho, presumiblemente una cucaracha (o tal vez no), de la noche a la mañana, y su familia no sabe qué hacer con él ni como adaptar su vida a la nueva situación. Básicamente esa es la historia que hay detrás de una de las obras más famosas de Kafka; esa misma obra que ahora se está traduciendo como La transformación, porque se dice que es un término más fiel al significado del original Die Verwandlung. Pero, claro, si se lee entre líneas, o con un pizca más de detenimiento, se aprecia que hay todo un iceberg oculto bajo el cubito de hielo que se anunciaba. 
Comentar los siguientes temas ayuda a bucear en pos de dicho iceberg.

EL ABSURDO

Este tema aparece reflejado en el hecho de que Gregorio Samsa, un joven viajante de comercio, se despierta un buen día convertido en un enorme insecto. Esto es totalmente antinatural e inusual, una situación surrealista por cuanto una persona no amanece transformada en un insecto así como así. Además, dicha situación se “magnifica” cuando Samsa, recién transformado en insecto, se centra en tener que acudir a su puesto de trabajo, siendo esa su única obsesión en ese momento. El absurdo tiñe toda la obra, pero el hecho de estar presente, el hecho de identificarlo, permite comprender la intención narrativa, más profunda, que subyace en la historia.

LA SOLEDAD
El asunto de la soledad afecta a Gregorio Samsa, quien, una vez metamorfoseado en un insecto indeterminado, ve cómo su vida cambia por completo. Relegado a un cuarto en el que se pasa los días encerrado, sin que su familia (salvo las esporádicas visitas de su hermana) se acerque a él en ningún aspecto, Gregorio pasa de ser un joven relativamente sociable, siempre yendo de acá para allá, relacionándose con multitud de personas, a ser alguien prácticamente marginado que se ve obligado a sobrellevar la soledad como mejor puede.

LA SOLIDARIDAD

La solidaridad está representada, sin duda, por Grete, la hermana de Gregorio, aunque se trata de una solidaridad con paliativos, ya que no es ilimitada y cabría poner en duda hasta qué punto sería una solidaridad sincera. La hermana es el único miembro de la familia que parece interesarse lo suficiente por Gregorio como para obviar, relativamente, su nuevo estado y cuidar de él. De todas formas, es una actitud solidaria bastante veleidosa, porque, Grete desiste de ver a su hermano en el insecto, no hay una actitud cercana, ni tan siquiera amistosa; más bien parece que ella asume esa carga como propia, pero solo porque alguien tendría que hacerlo, no por un firme convencimiento.

LA INCOMUNICACIÓN
El tema de la incomunicación va de la mano de la soledad. Gregorio, pese a tener intacta la capacidad de pensar y de razonar, no puede transmitir nada de esto, porque incluso esos pensamientos humanos pasan por el tamiz de su forma animal y resultan ininteligibles para los demás.

Además, la incomunicación también se presenta al otro lado de la barrera, por así decirlo, dado que la relación familiar (padre-madre-hermana) es complicada, especialmente la del padre con las dos mujeres, a raíz del incidente de Gregorio. También, por supuesto, existe incomunicación entre la familia y Gregorio, más allá de los problemas comunicativos de éste, porque no se quiere aceptar la desgracia que les ha tocado sufrir y tratan de dejarlo de lado, como si de esta forma fuese a desaparecer el problema.
LA HIPOCRESÍA
Fuente 

El aspecto de la hipocresía atañe especialmente a la percepción que tiene la familia de Gregorio antes y después de la metamorfosis. El joven viajante era quien mantenía el hogar, dado que ninguno de los otros tres miembros trabajaba, y, en un principio, el reproche que se le hace, o la razón por la que se lamenta la “pérdida” del Gregorio de siempre es por no disponer ya de la manutención familiar, por ver tambalearse la comodidad del hogar. Una sensación curiosa, ya que parece que no se echa de menos a Gregorio salvo por su utilidad, que pasa a convertirse en una carga. Y esto, que se observa a lo largo de toda la obra en la postura de la familia, es muy claro en la reacción del principal al comienzo, cuando acude al hogar ante la ausencia del joven en su trabajo, y tan solo se preocupa por eso, no hace alusión a su salud en ningún momento, ni siquiera se plantea el permitirle a Gregorio un día para sí mismo, pese a ser un trabajador bastante ejemplar, sino que le recrimina minuciosidades y le amenaza con la pérdida de su empleo.

Segunda parte: personajes y simbolismo de la metamorfosis

GREGORIO SAMSA parece un tipo bastante jovial y abierto, consecuencia, quizás, de su trato con la gente debido a su trabajo. Aprecia a su familia, está bastante entregado a ella, aunque en ciertos momentos muestra que su relación depende mucho del trabajo, de esa especie de esfuerzo que él hace por cuidar del hogar tras la quiebra del negocio del padre. Gregorio quiere abandonar el puesto de trabajo, porque considera que, en cierto modo, está siendo explotado y que tal vez no está rindiendo tanto como se esperaría de él.

“Si yo, con el jefe que tengo, quisiese hacer lo mismo (hacer un inciso para detenerse a desayunar), me vería en el acto de patitas en la calle. ¿Y quién sabe si esto no sería para mí lo más conveniente? Si no fuese por mis padres, ya hace tiempo que me hubiese despedido. Me hubiera presentado ante el jefe y, con toda mi alma, le habría manifestado mi modo de pensar […] En cuanto tenga reunida la cantidad necesaria para pagarle la deuda a mis padres – unos cinco o seis años todavía –, ¡vaya si lo hago!”

Por otro lado, pese a esa jovialidad, se aprecia que ha habido una evolución, previa a la consabida metamorfosis, y que Gregorio se ha encerrado en sí mismo, saliendo poco y prefiriendo pasar el tiempo libre leyendo o haciendo maquetas.

“Si el chico no tiene otra cosa en la cabeza más que el almacén. ¡Si casi me molesta que no salga ninguna noche! Ahora, por ejemplo, ha estado aquí ocho días; pues bien, ¡ni una sola noche ha salido de casa! Se sienta con nosotros, haciendo corro alrededor de la mesa, lee el periódico sin decir palabra o estudia itinerarios. Su única distracción consiste en hacer trabajos de carpintería.”

GRETE SAMSA, la hermana de Gregorio, es una muchacha bastante agradable, que mantiene una buena relación con él y al que aprecia notablemente. Al principio nos es mostrada como una joven burguesa que apenas ayuda a su madre con la costura y se dedica enteramente a practicar con el violín; tras la metamorfosis de Gregorio, asume como propia la tarea de cuidarlo, protegiendo a su frágil madre de la impresión que supondría ver a su hijo en tales condiciones, y evitando cualquier reacción imprevisible del padre.
“¿Corresponderíale a la hermana, todavía una niña, con sus diecisiete años, y cuya envidiable existencia había consistido, hasta entonces, en emperifollarse, dormir todo lo que le pedía el cuerpo, ayudar en los quehaceres domésticos, participar en alguna que otra modesta diversión y, sobre todo, tocar el violín?”

No obstante, ella también ha de buscarse un empleo para llevar dinero a casa y, a partir de entonces, o como consecuencia de ello, comienza a desentenderse de Gregorio, a no querer o no poder realizar el esfuerzo que venía haciendo por comprenderlo y aceptarlo, hasta que llega el momento en que siente como un alivio la muerte de éste.

“La hermana no se preocupaba ya de idear lo que más había de agradarle; antes de marchar a su trabajo, por la mañana y por la tarde, empujaba con el pie cualquier comida en el interior del cuarto, y luego, al regresar, sin fijarse siquiera si Gregorio solo había probado la comida – lo cual era lo más frecuente – o si ni siquiera la había tocado, recogía los restos de un escobazo. El arreglo de la habitación, que siempre tenía lugar de noche, no podía asimismo ser más rápido.”

LA MADRE aparece como una mujer débil, sometida, en cierto modo, al padre. Tiene, además, una salud frágil y su evolución, a lo largo de la historia, hace que aparezca cada vez más como alguien muy preocupada, siempre temerosa y acobardada y muy impresionable. De todas formas, es quizás ella quien demuestra un sentimiento más sincero hacia Gregorio, por el amor maternal que siente y que ni siquiera la metamorfosis logra destruir.

“La madre, cierto es, quiso visitar a Gregorio en seguida, y entonces el padre y la hermana la detuvieron con razones que Gregorio escuchó con la mayor atención, y aprobó por entero. Pero más adelante fue menester impedírselo por la fuerza, y cuando exclamaba: « ¡Dejadme entrar a ver a Gregorio! ¡Pobre hijo mío! ¿No comprendéis que necesito entrar a verle? », Gregorio pesaba que tal vez conviniera que su madre entrase, claro que no todos los días, pero, por ejemplo, una vez a la semana: ella era mucho más comprensiva que la hermana…”

EL PADRE, por su parte, es un hombre de carácter arisco, que antepone la situación económica de la familia, en algunos momentos, a la situación del hogar, a las emociones y sentimientos de sus miembros. Dado que se había arruinado en el pasado, coacciona a su hijo para que los saque del penoso momento financiero que atraviesan, importándole más el hecho de que Gregorio sea quien trae el dinero a casa que cualquier aspecto relacionado con su salud, mental o física. Además, es un buen representante del sistema patriarcal, por cuanto no duda en denostar a su mujer e hija o relegarlas a un segundo plano por el mero hecho de ser mujeres.  Tras lo acaecido a Gregorio, teniendo que volver a trabajar, se vuelve más autoritario y desagradable.
“– Lo esperaba – dijo el padre –. Siempre os lo dije; pero vosotras, las mujeres, nunca queréis hacer caso.”

“Pero, y pese a todo, ¿era aquél realmente su padre? ¿Era éste aquel hombre que, antaño, cuando Gregorio se preparaba a emprender un viaje de negocios, permanecía fatigado en la cama? ¿Aquel mismo hombre que, al regresar a casa le acogía en bata, y que, por no estar en condiciones de levantarse, contentábase con levantar los brazos en señal de alegría?”

Tráiler de la película La metamorfosis – 2012

Solo queda, ya, hablar de LA METAMORFOSIS propiamente dicha, de la transformación de Samsa, un viajante común y corriente, en un insecto como por arte de magia. ¿Qué significado podría tener eso? Las interpretaciones han sido/son/serán infinitas, pero hay algunas con las que estoy más de acuerdo y creo que hay dos que son las más claras y que, en realidad, están conectadas entre sí.
Fuente: Revista Criterio

Al principio tenemos (o se nos habla) de un Samsa humano, con sus virtudes y sus defectos, que es quien sustenta a la familia y a quien se respeta principalmente por llevar a cabo dicha labor. Tras la transformación en insecto, ese respeto hacia el joven se pierde y se pasa a considerar una carga, alguien que solo lleva consigo desgracias. 

Por una parte, esa metamorfosis está directamente relacionada con el trabajo y con la utilidad del trabajador dentro de la sociedad capitalista. Mientras la persona rinde, se dedica enteramente a su labor y cumple objetivos, es mantenida en el sistema, aunque no sea más que un miembro vulgar y elemental del mismo. Ahora bien, en caso de que haya un desliz, en que se presente una mínima falla en el funcionamiento del sistema, el elemento que la provoque será eliminado sin miramientos. El sistema proseguirá, sin inmutarse, ese trabajador, que ya no será considerado persona, sino un mero elemento conseguidor de capital, un animal, será reemplazado, y las penurias afectarán exclusivamente a la persona en lo personal.
Por otro lado, y relacionado con esto en la deshumanización que implica, la metamorfosis abrazaría la idea de la banalización del mundo y de lo insignificante que es una persona en él, de tal forma que, aunque en un principio pueda notarse su ausencia, su cambio, pronto quedará relegado al fondo del cajón, se superará o se olvidará lo sucedido y todo transcurrirá como hasta entonces, sin verse afectado en absoluto.
Tercera parte: por si una reseña no fuese poco… Doble.
Como ya os dije al comenzar la entrada (si habéis tenido paciencia y humor para llegar hasta aquí), la tercera parte es una reseña creativa/relato acerca de La metamorfosis. Si queréis leerla y comentarme cosas sobre ella, genial. Si no, me doy con un canto en los dientes si no os he matado con semejante barbaridad de texto.

***
Y hasta aquí la reseña de hoy. Espero que os haya gustado y que os sea útil. 
Un abrazo y nos leemos ^^
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Fangirleando sobre Sherlock

Hace aproximadamente siglo y medio que no he actualizado esta sección cinéfila/seriéfila (En pantalla), pero la razón es que no he tenido tiempo ni ganas de ver nada en especial que merezca la pena comentar… Hasta ahora. No me olvido de que está pendiente la entrada sobre Fargo (va a ser un megamix sobre la peli original y las dos temporadas de la serie), pero tengo tantísimas ganas de fangirlear (aunque ya se me han escapado algunos tuits y gifs) sobre Sherlock que tiene que estar en el blog ya.

Como siempre que publico sobre algo que me ha gustado mucho, la entrada va a ser un completo caos. Lo aviso para que no os volváis locos intentando buscarle un orden coherente a la exposición, porque dudo mucho (salvo que sea por obra del espíritu de Moriarty *guiño guiño*) que dicho orden exista, francamente.

Sobre el Sherlock original

Sherlock Holmes es un personaje que me encanta, pero que no me gusta. Aunque parezca absurdo esto que digo, os prometo que en mi cabeza no lo es. Me parece un detective fantástico, con una personalidad increíble por cuanto es un personaje redondo, con luces y sombras aquí y allá, siempre sorprendiendo (o tratando de) al lector, además de no estar estereotipado (aunque ahora se le pueda considerar el origen del arquetipo del investigador/detective más inclinado a ser tomado como parte del problema que de la solución) y tener una vida un tanto turbia. No obstante, los ideales que encarna, o parte de su personalidad, me resultan bastante desagradables.


No es ningún misterio que cuando se habla de Holmes, del Holmes que surgió de la pluma de  Sir Arthur Conan Doyle, se está desmenuzando un personaje que es un genio, un individuo brillante, con un dominio apabullante de los métodos de deducción, pero que: 1) es un drogadicto, un cocainómano redomado; 2) es misógino -y no hago este comentario comparando las mentalidades de finales del siglo XIX con las que se suponen en el siglo XXI, sino teniendo en cuenta cuál es el contexto-; y 3) tiene aires de superioridad, aunque no le falten méritos para aceptarlos, pero, quizás no explícitos, esa superioridad, el estar un paso por delante de todo el mundo siempre, lo convierte en alguien ligeramente pedante.

El Sherlock original, el que aparece en las novelas y relatos de Conan Doyle, es así. Incompatibilidad de caracteres tuvimos Sherlock y yo, pues, cuando intenté leer Las aventuras de Sherlock Holmes. Me costó año y medio de lectura intermitente, porque, sobre todo al principio, no conseguía digerir al personaje, como tampoco podía con la relación Sherlock-Watson. No obstante, he de reconocer que la serie Sherlock me supuso una especie de salvación en lo referente a este mítico personaje.

Sobre la serie que lo peta sin ser de la HBO

Dicha serie, de la BBC (no solo la HBO nos deleita con sus beldades), consta actualmente de 3 temporadas de 3 episodios cada una (además de un especial navideño, si no me equivoco), cuya duración ronda la hora y media, más o menos. Esta información, que puede ser interesante (para mí, al menos, lo es, porque enfrentarme a series con una lista eterna de episodios me echa bastante para atrás), queda, sin embargo, eclipsada por los actores que encarnan a los protagonistas. Hola, Martin Freeman. Hola, Benedict Cumberbatch.

Sobre los personajes 

La serie es una revisión de los relatos de Doyle, pero traslada la acción al siglo XXI. Esto conlleva cambios, obviamente. El Sherlock de la pipa, la capa y el sombrero de orejeras, pese a que se llega a incluir (a modo de anécdota) no tendría cabida en estos tiempos que corren, de modo que Benedict Cumberbatch se aferra a la elegancia del gentleman londinense moderno: traje, camisa blanca sin corbata y largo abrigo negro. Su personalidad conserva la esencia del original, pero está, sin duda, endulzada. Reticencia hacia las mujeres, superioridad moral, secretismo… Sigue siendo un virtuoso del violín y un adicto en proceso de reformación, enganchado a los parches de nicotina. Los cambios están en su relación con Watson y con la srta. Hudson, mucho más amigable (aunque también más burlona e incluso violenta) y en los momentos de debilidad (que haberlos, haylos).
De izqda a derecha, arriba a abajo: Watson, Srta. Hudson,
James Moriarty, Mary Watson
, Sherlock Holmes,
Molly Hooper, Mycroft Holmes, Irene Adler, Lestrade.
Watson permanece más fiel a la imagen inicial, aunque se familiariza y, a la vez, parece tener más relevancia en la relación personal con Sherlock y menos en la profesional. Esto lo digo porque en los relatos, por ejemplo, su opinión es tenida en cuenta y llega a aportar algún dato clave para la resolución del caso, mientras que en la serie Sherlock acude a él por dejarle hacer algo más que por absoluta necesidad (independientemente, eso sí, de que Watson sea esencial en ciertos momentos claves y le acabe sacando las castañas del fuego a Sherlock).
Ellos son los personajes principales, que están muy bien trazados y adaptados al nuevo contexto sin olvidar de quienes son herederos… Y cuya interpretación los ennoblece y dota de una brillantez increíble.  No son los únicos, ya que también están el inspector Lestrade, ligeramente más desconfiado que en los libros; la srta. Hudson, que tiene más presencia y aporta un toque de humor; Mycroft Holmes, el también brillante hermano mayor de Sherlock que controla el Servicio Secreto británico; o James Moriarty, un villano despreciable pero al que se le acaba cogiendo cariño, todo sea dicho.
Sobre la trama
De todos modos, una vez que tenemos a los personajes, que tenemos el Londres moderno como escenario y el 221B de Baker Street como centro de operaciones… ¿Qué esconden los episodios, los 9 episodios que han salido hasta ahora?
Antes de pasar a comentar, brevemente y sin entrar demasiado en detalles los episodios, hay que tener una cuenta en qué se basan los mismos. Los personajes y la ambientación son una adaptación bastante libre, así que en los diferentes episodios ocurre lo mismo. Uno se basa en la novela Estudio en Escarlata, otro en el relato El hombre del labio retorcido, otro en Escándalo en Bohemia… Y cuando digo que se basa es que se adueña de unos ciertos rasgos del cuento/novela y los usa para dar forma a una trama nueva, aunque con reminiscencias de la idea original.
Eso sucede con la aparición de La mujer, Irene Adler, en la segunda temporada, o en el caso del Sabueso de los Baskerville, con el tema de la manipulación genética de fondo.

 

Estudio en rosa
Primera temporada
El banquero ciego
El gran juego
Escándalo en Belgravia
Segunda temporada
Los sabuesos de Baskerville
La caída de Reichenbach
La carroza fúnebre vacía
Tercera temporada
El signo de los tres
Su última promesa

Esta es la lista de episodios; podéis ver en los títulos similitudes con algunos relatos. También las hay, como mencionaba, en su contenido. La línea argumentativa que se sigue es lineal, aunque dentro de los episodios se juega bastante con flashbacks. De no ser por los avances en las relaciones personales Sherlock-Watson, podrían verse independientemente, sin importar el orden, aunque es cierto que aparece un villano cuya presencia persiste a lo largo de las temporadas: James Moriarty, un psicópata brillante, como Sherlock que plantea un juego de lo más interesante (y peligroso).
Sherlock se define como un consulting detective (Moriarty se define a sí mismo como un consulting criminal) y se dedica  a atender los casos más curiosos que le llegan al apartamento de Baker Street, así como encargos de renombre que suele poner en sus manos su hermano Mycroft. Su relación con Watson comienza cuando un conocido se lo presenta para compartir la renta del piso que ocupa y, a partir de ahí, Watson acompaña a Sherlock en sus pesquisas.
Un taxista asesino, contrabando desde China, unos planos perdidos, Moriarty aquí y allá, atentado contra las joyas de la Corona… Son muchos los casos y muy bien elaborados.La serie engancha, está bien enfocada, los personajes son auténticos (aunque algunos puristas opinen que Sherlock es demasiado lento en sus averiguaciones) y los episodios están muy, pero que muy bien realizados.
A ello hay que añadir una banda sonora que, sin llamar demasiado la atención, está siempre al acecho y representa a la perfección el espíritu detectivesco que uno espera encontrar.

Sobre críticas y parecidos del Sherlock moderno

Últimamente varias producciones relacionadas con este personaje han visto la luz. Las películas protagonizadas por Robert Downey Jr., la serie Elementary o la propia Sherlock han obtenido, además, críticas positivas, en general.

En este caso se ha optado por combinar lo original con lo moderno, y el resultado ha sido bueno. La serie ha sido muy bien recibida tanto por el público como por la crítica especializada y ha servido de lanzadera en las carreras de los actores que encarnan a los protagonistas.

Y se ha alabado, cómo no, a Sherlock. No se nota que yo lo he estado haciendo durante toda la entrada, ¿verdad? Un Sherlock que a mí me ha recordado, indudablemente (o tal vez sea al revés… Difícil saber qué vino primero, si el huevo o la gallina) a Aloysius Pendergast, el inspector del FBI creado por Douglas Preston y Lincoln Child. Pese a que su aspecto físico es harto diferente y no existe un Watson ni una “alergia” a las relaciones con mujeres en Pendergast, sus métodos deductivos, su soledad, su elegancia (su abrigo largo *segundo guiño guiño del post*)… Son rasgos de un Sherlock moderno, una especie de homenaje estadounidense al personaje de Doyle.

De hecho, y os dejo esta abominación a modo de anécdota, algunos “fanses” le han hecho ESTO al pobre Cumberbatch:

Creo que no añadiré nada más al respecto…
***
Visto todo lo anterior no cabe duda de que os recomiendo la serie. Tiene sus puntos de humor, sus momentos dramáticos y unas investigaciones amenas y entretenidas. Si no os gusta o no habéis leído los relatos de Conan Doyle, tal vez os entren ganas de echarles un ojo, lo cual es doblemente bueno. Y, por encima de todo, podréis disfrutar de un rato de relax con una serie que merece la pena.
Espero que os haya gustado el post de hoy.
 
¡Un abrazo!

Leído (y no reseñado) en abril, mayo y junio

Han pasado 3 meses desde que publiqué un post recopilatorio de lecturas (aquí lo podéis ver), así que ya iba siendo hora de hacer lo propio con las lecturas del segundo trimestre del año. Aunque me he prodigado más bien poco por el blog (3-4-5 entradas al mes como mucho) no he dejado de leer; de hecho, he leído mucho, más incluso que el año pasado.
Algunos libros los he reseñado, otros están a medias en borradores, otros… Bueno, otros siguen ahí, rogando por ser recordados. Por ahora, de los 65 libros que me había marcado leer en el 2016, llevo 41, 22 de los cuales corresponden a estos tres últimos meses. 
En la siguiente imagen podéis ver las portadas de los libros en cuestión. Debajo también os dejo la lista con los enlaces a las reseñas (si es que las hay).
Tráeme tu amor y otros relatos, Charles Bukowski Reseña
Mentir es encender fuego, Francisco Panera Reseña
Principios del comunismo, Friedrich Engels
La biblioteca secreta, Haruki Murakami Reseña
Socialismo y las iglesias, Rosa Luxemburgo
El gusano de seda, Robert Galbraith Reseña
A este paso tendremos toda la TDT en la cabeza.
Besos entre líneas, May R Ayamonte y Esme Verdú Reseña
Contra el fanatismo, Amos Oz
El Rey de Amarillo, Robert W. Chambers Reseña
El Sistema, Ricardo Menéndez Salmón Reseña
Minorías malditas, Javier García-Egocheaga
La metamorfosis, Franz Kafka Reseña
Los poderosos lo quieren todo, José María Guelbenzu Reseña
El enfermo imaginario, Molière
Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino
El paciente, Juan Gómez-Jurado
El espejismo de Dios, Richard Dawkins Reseña
En el bosque, bajo los cerezos en flor, Ango Sakaguchi
Socialismo utópico y socialismo científico, Friedrich Engels
Me llamo Rojo, Orhan Pamuk
Las aventuras de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle
Kindred, Octavia E. Butler
Recuerdo que os comenté que las primeras lecturas del año habían sido muy buenas en general, y tengo que estar de suerte este año, porque estas han mantenido, exceptuando una deshonrosa obra, el listón bien arriba. De las 22, si tuviese que quedarme con 2, probablemente elegiría Me llamo Rojo y La metamorfosis, aunque El Rey de Amarillo fue francamente entretenido y, El espejismo de Dios, muy interesante.
Del primero os debo la reseña, aunque confío tenerla lista pronto. No ha sido una lectura increíble, pero ha terminado por tocarme la fibra y enamorarme del Estambul del sXVII, así que con eso me doy por contenta. La metamorfosis ha merecido una relectura y una apreciación de la obra muchísimo ¿más profunda? que en ocasiones anteriores, así que sí, ha sido un placer leerla de nuevo. 
Hablaba antes de una excepción deshonrosa, que no ha sido otra que Besos entre líneas, aunque eso era de esperar y no tengo ganas de hacer más sangre con ello. 
Además, de todos esos libros, quiero hacer especial hincapié en Kindred, de Octavia E. Butler. Lo he ¿leído? en forma de audiolibro, en inglés (tengo el reto de los 12 libros en inglés un poco olvidado, por cierto) y ha sido una experiencia peculiar, sobre la que os hablaré en la reseña, porque me parece necesario. 
***

Por otro lado, os voy a compartir los libros en físico que han llegado a mí estos meses (pendientes y no pendientes). Por una vez, la mayoría de estas obras están leídas, pero no todas (cómo no).

Sarna con gusto fue un flechazo, pese a que Esa puta tan distinguida, de Juan Marsé, me lo intentó poner difícil en la librería.
Career of Evil me lo compré en Lisboa, porque estaba bien de precio y tenía muchísimas ganas de proseguir con las andanzas de Cormoran Strike y Robin (básicamente porque acababa de leer el segundo volumen de la colección). No estaba de humor para esperar a la publicación en castellano, así que se vino en inglés (y es mi intención, ya que hablamos de novela policiaca, completar la trilogía de Mr. Mercedes con los volúmenes en inglés, porque 1)  es más barato; 2) en España tardan siglos en publicarse.) y espero leerlo pronto.
Final del juego, de Cortázar me lo compré porque pensaba hacer un trabajo sobre él, pero no me dio tiempo y no me lo leí. De todos modos, he leído un par de relatos pertenecientes a esta recopilación y me gustaron mucho, así que no creo que vaya a tardar mucho en ponerme con el libro.
Los otros, salvando el de Ango Sakaguchi, fueron envíos de editoriales y, ¡milagro!, los he reseñado y están ya colgados los posts en el blog.
[Actualización] Hace un poco más de la semana me hice con cuatro libros de segunda mano, a muy buen precio (y tan bueno: me gasté 8 euros en total) y en un estado más que aceptable. Son los siguientes :

El psicoanalista, de John Katzenbach. A este le tenía muchas ganas y había estado tentada de leerlo hace unos meses, tras haber leído Noah, pero lo fui dejando y no me hice con él por pereza. Pero aquí está y espero leerlo pronto.

Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Tengo pendiente la lectura de Un mundo feliz, 1984, Fahrenheit 451  y Rebelión en la granja, y ver esta obra por 1 euro ha sido el detonante. Clásicos que tengo muchísimas ganas de leer y, supongo, por alguno habrá que comenzar.

Doctor Sueño, de Stephen King. Leí El resplandor hace mucho tiempo, fue uno de mis primeros libros de King y me gustó mucho, como también lo hizo la peli de Kubrick (pese a que King renegase de ella todo lo habido y por haber) y cuando salió Doctor Sueño quise comprarlo, pero vi opiniones muy variopintas así que no lo hice. Pero ya está conmigo, que es lo que cuenta.

Y el último es Frankenstein, de Mary Shelley. Supongo que siempre me ha producido curiosidad este libro, tan conocida la creación del dr. Frankenstein, tan representada en cine y tv… Pero ha sido gracias al últimi podcast de Todopoderosos (hablan Arturo G Campos, Javier Cansado, Juan Gómez-Jurado y Rodrigo Cortés), sobre criaturas de laboratorio, que me he animado a leerlo, así que encontrarlo tan barato es una especie de señal.

[Re-actualización] Como esta entrada lleva mucho preparada y he hecho varias adquisiciones desde entonces, no queda otra que añadir pequeñas notas accesorias. Esta está directamente relacionada con el quinto libro de Canción de hielo y fuego. Retomé hace poco la lectura del cuarto (que había empezado a leer el verano pasado) y me he hecho con el 5º para tener en la recámara. Os dejaría foto de familia, pero me pilláis con poca batería en el móvil y, aunque compartí una por Twitter, no se mataba a tener calidad, así que no la posteo por aquí.

***
Los pendientes en digital os los enseñaría, pero es tan desmoralizador ver la biblioteca del iBooks repleta que no tengo ánimo suficiente. Los que han llegado más recientemente en digital han sido The Beauty Myth, de Naomi Wolf; La mujer que leía demasiado, de Bahiyyih Nakhjavani; The Silent History, después de la reco de Paseando entre páginas; y Sapiens: A Brief History of Humankind, de Yuval Noah Harari.

***
Et voilà! Hasta aquí el recuento de lecturas de estos tres últimos meses. Seguro que en septiembre/octubre volvemos a vernos para ver cómo va el reto Goodreads y qué tal se ha dado el verano literario.
¡Un besín!

Los poderosos lo quieren todo, José Mª Guelbenzu

“Hermógenes Arbusto, asesor fiscal y exitoso hombre de todo tipo de negocios, ve un día entrar a la muerte en su despacho, y, reaccionando con celeridad, logra esquivar el golpe de la guadaña, se abalanza hacia la puerta, sale a toda prisa y cierra con doble llave, dejando encerrada a la parca. Al poco y mientras repone ánimos en la plaza Mayor de Madrid, llega a un pacto fáustico con el diablo, el distinguido Forcas (con permiso de viaje a la Tierra), a quien vende su alma a fin de librarse, al menos temporalmente, de volver a encontrarse con la Fría Dama. Entre tanto, Tomás Beovide, poeta y profesor de Literatura en el Instituto de Enseñanza Secundaria Juan García Hortelano, corrige exámenes, se lamenta por el abandono de su novia, se duele feliz por el descalabrado encuentro de amor con Maribel Arbusto y se consuela oyendo con goce las sufridas canciones de amor de su admirada Julie London. Y no seguimos contando porque todo lo que sigue es puro disparate, un inverosímil narrativo donde un sinsentido alocado y pertinaz construye su propia lógica hasta sacar de quicio cualquier expectativa o argumento razonable.”

Gracias a la editorial por el envío del ejemplar

Partiendo con el cuadro Eclipse de Sol, de George Grosz, como imagen de portada, Los poderosos lo quieren todo parece querer autodefinirse mejor, incluso, que en la sorprendente sinopsis. Esta novela de José Mª Guelbenzu es un tanto disparatada, hilarante a veces, exasperante otras; pero, sobre todo, irónica a la hora de darle un golpe de efecto a la realidad, deformarla hasta convertirla en una caricatura de sí misma y, sin embargo, no alejarse de una estampa perfectamente reconocible.

Obviamente, es pura ficción. Cómo, si no, podría aparecerse La Muerte en el despacho del exitoso Hermógenes Arbusto y tendría este que huir, acabar haciendo un pacto con un diablo que está tomando algo en una terraza en Madrid, y condicionar la vida de su mujer y de sus dos hijas.
El Forcas “original” es un Presidente
 del Infierno no muy agraciado. En
la novela es un Don Juan con
mucho sex appeal.

Y, de buenas a primeras, esto no parece tener demasiado sentido. Es complicado cogerle el ritmo a la lectura, ya que hay que intentar olvidarse de todo lo que se supone normal y aceptar que la ficción es la que domina, que hay en literatura otras reglas de guían la lectura y, por tanto, al lector. Las primeras cien páginas fueron duras, incomprensibles, absurdas, si se quiere. Pero logré sumergirme, finalmente, y las doscientas restantes fueron francamente divertidas. El halo de escepticismo no desapareció en mí, pero se suavizó, y pude disfrutar de la novela y de lo que plantea.

Personajes tales como el ya mencionado Hermógenes Arbusto, su mujer Ilustra, las hijas de ambos, Maribel y Verónica, Tomás Beovide y su amigo, Gregorio, Forcas etc.,  colman  las páginas de este libro. Y la trama, en realidad, es sencilla. Os comentaba antes la visita que realiza La Muerte a Hermógenes y el pacto que él acaba haciendo con Forcas, un diablo mayor.

Un sorprendente pacto para salvar el pellejo y retrasar su muerte que implica dejar a su hija Maribel en coma. Maribel, la misma que había protagonizado un par de encuentros desafortunados con el pobre Tomás Beovide, profesor de Literatura en un instituto y miembro del Círculo Gongorino, grupo de escritores y poetas que se reunen en un café comandados por don Fernando. Al más puro estilo caballeresco, Beovide, profundamente enamorado de Maribel, se propondrá rescatarla de su maltrecha situación, lo que termina por provocar más caos, por así decirlo, en su entorno.

Pero, independientemente de este acto de galán enamorado, lo que impregna la novela es la sátira. Sobre la sociedad, sobre la política, sobre la corrupción, tejemanejes de altos cargos, incluso sobre la religión. Sátira por todos lados, un humor de lo excesivo que me ha hecho recordar a Enrique Jardiel Poncela en, por ejemplo, Amor se escribe sin hache.

Los personajes son peculiares, entrañables a su manera -o detestables en un nivel inusitado. Beovide y su amor por Julie London, su deprimente vida y su ánimo siempre decaído. Hermógenes y sus amaños fiscales, su vida lujosa y su inmoralidad. Ilustra y su amor de madre, su entrega y lucha para recuperar a su hija. Forcas y su masculinidad pasada de moda pero terriblemente atractiva (al parecer).

Personajes a los que me gustaría añadir un extra: el narrador. Y, aunque esta figura dista mucho de participar activamente en la historia, es que el narrador tiene unas cuantas salidas de guion de lo más divertidas. La novela está dividida en varios bloques, subdivididos a su vez en capítulos no muy extensos. Entre medias, en tres o cuatro ocasiones, el narrador abandona su lugar y pasa a dirigirse al lector como si de un personaje se tratase, y comenta algunos aspectos literarios por su cuenta. Además, hacia al final, y no quiero considerarlo spoiler, ya que poco tiene que ver con la trama, el narrador anuncia que abandona, que no piensa seguir explotado y deja la obra. Una artimaña peculiar y es que se llega a decir: Termino, pues, a la buena de Dios, sin narrador.

Por otra parte, he de decir que ha habido cosas que no me han cuajado. En absoluto. Sobre todo al principio de la lectura (en realidad ya os hablé de esto al principio de la reseña), pero hoy me siento bondadosa, así que voy a dejarlas a un lado. Salvo un aspecto. Las referencias. Habrá a quien le encanten; a mí no. El encaprichamiento de Beovide con Julie London y su obra… Bueno, podría pasarse, pero hay ciertos momentos en que aparecen referencias de debajo de las piedras y ha sido bastante superior a mí.

***

De todos modos, la lectura ha partido de la rez-de-chaussée y ha llegado hasta un tercer o un cuarto piso, con buena progresión, atando cabos y tramas, sacando una sonrisa en determinados pasajes, así que ha sido bastante entretenida. Y más profunda de lo que a priori podría imaginarse.

Y hasta aquí la reseña de hoy. Espero que os haya gustado.

¡Un abrazo!

Book Tag: 7 cosas sobre libros (II)

Allá por el mes de abril publiqué la primera parte de este Book Tag y dije, para no variar, que postearía la segunda parte pronto. Ya veis, mi “pronto” es igual a decir: 2 meses. Pero aquí está. Tenemos 7 personas que me encantan, 7 cosas que me parecen todo un acierto en los libros y otras 7 que, al contrario, soy incapaz de tragarme. Vamos allá.

SIETE PERSONAJES QUE ME GUSTAN tanto que me los comería

Tyrion Lannister, de Canción de Hielo y Fuego, escrita por George R.R. Martin.  Espero que no me lo hayan matado en la serie a estas alturas, porque me parece uno de los personajes más fascinantes de la saga. Me gustó desde el primer momento, ya que es un hombre de contrastes, que tan pronto te hace sentir compasión como cólera. Es ingenioso, tiene sus brillos de bondad y sangre Lannister (no me digáis que también vivo engañada respecto a esto >.<) de pura cepa, por lo que es redondo. Muy redondo. Y genial. ¿No había dicho aún lo de genial?

Pretextat Tachde Higiene del asesino, escrito por Amélie Nothomb. Mencioné, en la primera parte del tag a un personaje de Nothomb entre mis más odiados, pero Tach es totalmente lo contrario. Es un personaje horrible, repulsivo, asqueroso, repugnante, ODIOSO. Pero es magnífico, porque el libro es suyo, él es el libro. Hace y deshace, desde la butaca que ocupa con su obesidad mórbida, su vida y ataca a los demás, con una superioridad moral que no resulta ser tal. Miradlo, miradlo, que sé que no podéis resistiros a su imagen.


María, de En cinco minutos levántate María, escrito por Pablo Ramos. Ya os lo comenté en la reseña, así que seré breve. María Ramos es una madre coraje, una madre valiente que se debate entre lo que que querría y lo que debería hacer, que lo da todo por su familia, que no ha dejado de sacrificarse en toda su vida. Por supuesto, no es solo eso, sino su desarrollo, su pensamiento, la forma en que Ramos ha logrado perfilarla y que la hace única.

Draco Malfoy, de Harry Potter, escrito por J.K. Rowling. Bien, no hay una buena explicación que pueda dar sobre por qué siempre he vivido enamorada de Draco y hace años escribía Dramiones me gusta tanto el personaje de Draco. Supongo que en el mundo de Harry Potter, donde hay una diferencia bastante clara entre los que son los buenos y los que son los malos, Draco siempre estuvo en el medio. Un personaje con una actitud lamentable y repulsiva, pero también vapuleado por su propio entorno… Me hubiera gustado, sinceramente, conocer más en profundidad a la familia Malfoy, porque es una de las que más juego han dado a la saga y mi preferida, sin duda alguna.


Severus Snapede Harry Potter, escrito por J.K. Rowling. Ahora que está tan de moda hablar de tu crush… Voilà! Cuando leí Harry Potter, tuve dos flechazos. Uno fue Draco (quién si no) y el otro fue Snape. Sí, Snape. Supongo que me fascinó como personaje (obviamente más allá de la media melena grasienta), por su juego de camuflajes y su lealtad. Y aquí estamos, sigo fangirleando sobre él cinco años después de haber leído los libros. Y lo queda.

Oskar Schindlerde El arca de Schindler, escrito por Thomas Keneally. Técnicamente, no sé hasta qué punto podemos encasillar a Oskar en el rol de personaje, ya que se trata de una persona que existió y en cuya verdadera historia se basó Keneally para escribir una de las obras más hirientes sobre la masacre judía en los campos, pero siempre me ha parecido, más allá de sus luces y sus sombras y de sus intereses personales, magnífico, una especie de héroe moderno, de esos que no llevan capa.

¿? Llamadme negativa exacerbada, pero me temo que soy incapaz de dar con más personajes que me encanten. Pensé que sería más fácil, pero no. Definitivamente hay muchísimos más personajes que odio que aquellos que considero fantásticos.



SIETE COSAS QUE ME ENCANTAN DE LOS LIBROS

Personajes REDONDOS, de esos que te sorprenden en cada vuelta de página; aquellos que, por mucho que parezca que ya se han desnudado ante el lector, se guardan algo en la manga y le dan un giro a la trama o la salvan, directamente.
Fuente: El protagonista
El olor, por supuesto. No es un rasgo de las historias, pero sí del envoltorio y, para mí, tiene idéntica importancia. El aroma a libro nuevo, o a libro viejo atacado por la humedad… Puede llegar a transformar la lectura en una experiencia totalmente distinta, por muy moñas que suene esto.
Narrador en segunda persona. Hubo un tiempo en que todo lo que leía estaba escrito en primera persona. Una primera persona que, salvo honrosas excepciones, pecaba de insulsa. Reconozco que los narradores omniscientes, por otro lado, son los idóneos a la hora de abarcar una gran obra, y los que más juego pueden dar, si se utilizan bien, pero a veces pueden resultar cansinos. ¿Qué queda, entonces? Oh, sí. El narrador en segunda persona. El narrador de las novelas epistolares. Ese narrador dejado de lado, incomprendido. Es bastante extraño encontrar novelas que estén narradas íntegramente desde esta perspectiva (más allá de las ya citadas epistolares), aunque mi acercamiento a este narrador en El Sistema y en Si una noche de invierno, un viajero, por ejemplo, ha sido muy gratificante y ha supuesto una experiencia lectora radicalmente opuesta a lo habitual.
Un protagonista detestable. Sí, lo sé, no suele ser lo habitual, pero de todo tiene que haber. Cuando se modela a un protagonista, no siempre, pero sí muy a menudo, se le hace heroico, con sus sombras y sus luces, pero teniendo la balanza siempre inclinada hacia su lado. Es harto difícil encontrar un protagonista (y no me refiero, porque podría interpretarse así, a una obra narrada desde la perspectiva de un asesino o algo similar) que, pese a ser presentado como alguien relativamente bueno o como una persona normal y corriente, actúe de una manera que produzca un rechazo en el lector, que le haga desconfiar o creer con recelos lo que cuenta o los hechos de los que es partícipe. Aquí me viene a la mente el personaje de Sherlock Holmes (no la versión descafeinada pero igualmente magnífica que protagoniza mi querido Cumberbatch, sino el original ideado por Doyle), que, pese a ser presentado como genio, con sus vicios (cualquiera se escandalizaría actualmente por presentar a un genio cocainómano) y sus buenas acciones, a mí me repele en cierto modo, aunque disfruto igualmente de las obras en que es personaje principal.
Fuente: Cultura – El País
Ediciones de bolsillo. Probablemente un purista de los libros dirá que lo mejor son las versiones en tapa dura, pero mi experiencia me hace desligarme de esta opinión. Por un lado, las ediciones de bolsillo son más baratas y, por otro, muchísimo más manejables. Además, al ser de tapa blanda puedes doblarlas, manosearlas y transportarlas mucho más cómodamente. Y, por si no fueran todo bondades, es muchísimo más fácil hacerles un hueco en la estantería.
Finales propiamente conclusivos. Bien, supongo que aquí habrá todo tipo de opiniones. No a todo el mundo le gustan los finales abiertos, ni a todo el mundo le gustan los finales cerrados, esos que atan todos los cabos habidos y por haber. Depende mucho del libro y de la evolución de la trama, pero un buen final puede ser el responsable de que un libro pase de bueno a genial (o de normal a mediocre). No soporto los finales que concluyen por arte de magia, esos en que todo se soluciona en dos segundos y porque sí. Los encuentro absurdos. Tampoco los que lo dejan todo tan abierto que ni siquiera es un final abierto, sino la introducción a una segunda parte o algo por el estilo.  
Me encantan los finales que cortan con la historia, pero que dejan cosas a la imaginación. ¿Qué habrá pasado con este personaje? Desde hace algunas páginas no se sabía nada de él. ¿Y el trabajo? ¿Lo habría terminado? A veces quieres que te lo den todo masticado, pero entonces se está perdiendo buena parte de la emoción de la lectura.
Los buscadores de los e-readers. Ya era hora de rasgarse las vestiduras en favor de los libros digitales. Yo tengo uno, aunque no es que sea ninguna maravilla, así que suelo leer en el iPad (así estoy, que cada vez veo peor), y una de las cosas que adoro de leer en digital el cuadro de búsqueda. Marca la página o la palabra o el enunciado que quieras, y en un santiamén estarás en ella o se abrirá una cajita con todas las páginas en que aparece dicha combinación. A la hora de hacer las reseñas es algo que me salva la vida; eso, y la opción de marcar. Aunque no tengo ningún problema en garabatear mis libros físicos, en el iBooks todo es más sencillo. Un clic sobre el fragmento requerido y ya está subrayado para los siglos. Es perfecto.

Siete cosas que odio de los libros HAAAAAAAAAATER

Fuente: Wikipedia
Triángulos amorosos. No me gustan los triángulos amorosos. Lo siento. Puede que en el pasado sí, pero ahora no les veo la gracia. No dudo que haya magníficos triángulos amorosos, pero lo que prima en gran cantidad de obras es la creación de una pareja y un estorbo p r e v i s i b l e, así que no me convence en absoluto. Solo sirve para crear un drama innecesario y darle chicha a una trama más muerta que [inserte aquí persona random cuya mención seguramente causará la indignación de alguien, random también]. Fuera triángulos amorosos. Fuera. 
Dramas innecesarios. Los triángulos amorosos están dentro de esos dramas innecesarios, pero hay más, MUCHO MÁS. ¿Qué tal introducir en la historia a: un personaje gay/lesbiana/transexual/etc. (¿Acabo de escribir transexual? ¿Estamos locos? Todavía no somos tan tolerantes)que lo único que hace es ser el blanco de una y otra y otra y otra vejación? ¿Qué tal introducir en la historia a un personaje anoréxico/bulímico/discapacitado? ¿Qué tal introducir en la historia cáncer? ¿Qué tal introducir en la historia bullying? ¿Qué tal introducir en la historia una violación más traumática incluso de lo esperado? ¿Qué tal…? No, no estoy siendo insensible (lo parece, francamente); aún no he matizado.  No soporto que los autores introduzcan con calzador elementos como los previamente mentados cuando no se han informado un mínimo, cuando son personajes que están ahí y ya está, que no tienen evolución, que no son más que el detonante de un drama que va a afectar al protagonista flawless que a todo se sobrepone. No lo soporto. Si quieres hacer algo real, no te quedes con un título, lee la noticia entera, modela un personaje creíble y dale una función en la obra más allá de ser el lisiado, el gay incomprendido, el paciente de cáncer que se va a morir en tres meses el chico acosado desde el colegio que es antisocial y se quiere suicidar. 
Páginas excesivamente finas. Libros que parecen cortos y, en realidad, tienen un millón de páginas tan finas que se transparentan las letras a un lado y a otro de la hoja, que cortan especialmente en el borde, que se pegan, que se rompen, que se arrancan (¡Sacrilegio!). Muerte a los libros de páginas finas. Larga vida a los de papel ultrareciclado y más amarillo que el río Huang He.

Capítulos muy cortos. Hay libros con capítulos eternos, tan largos que pierdes el hilo de la narración si te despistas un poco. También hay novelas de capítulos breves, un par de páginas, cuatro a lo sumo. Y luego hay extraños experimentos de un cuarto de página (o de un par de renglones) que tienen poco sentido y lo único que hacen es cortar el interés de la trama en un presumible punto álgido. Muerte también a los capítulos microscópicos.


Referencias everywhere. Ese famoso día en que leí Besos entre líneas decidí que las referencias me repugnaban. Ni siquiera las esenciales, no. No me gustan las referencias, las encuentro aburridas, hostigadoras, cansinas. Aunque algunas me hayan llegado a producir curiosidad, siguen sin agradarme. Abramos una petición en change.org para impedir las referencias en los libros. Es urgente. ¿Cambio climático? ¿Crisis? ¿Guerra? Por favor, nada peor que una referencia aleatoria en mitad de una novela.

Sagas eternas / Libros autoconclusivos que acaban convertidos en sagas eternas. Una saga que va más allá de una trilogía (exceptuando las sentimentales y honrosas excepciones de Harry Potter y ASOIAF) me echa para atrás. Libros y libros pendientes, tramas que se entremezclan y  cuyo fin no se avista. El trauma me lo creó Cazadores de Sombras (también algunas sagas de ¿fantasía erótica? como La hermandad de la Daga Negra) y aún perdura. Me es difícil comprender cómo se puede estirar algo durante tantísimo tiempo sin que se rompa y el chicle se merezca un paseo a la papelera. Por otra parte, tenemos los libros autonconclusivos que, por haber gozado de muchísimo éxito, reciben una segunda parte que necesitaban en absoluto y que, con toda probabilidad se carga la historia. Really?
Esos personajes que son su descripción. Lamento profundamente haber comenzado a leer a Isabel Allende en El juego de Ripper, porque no me atrajo lo más mínimo y me pareció una tortura descriptiva. Personaje tras personaje que nos era presentado mecánicamente, recurriendo a un par de páginas de información irrelevante (al menos en ese momento) y que era absolutamente imposible de recordar. Eso es horrible, un error en toda regla (especialmente si se repite constantemente a lo largo de la novela). Un personaje puede ser descrito de forma directa por el narrador, pero esta descripción, en una situación idónea, debería ser breve. El personaje ha de quedar retratado por sus acciones, por su forma de hablar, su ropa, la manera en que interactúa con el resto de personajes. Solo así, además, podrá alcanzar, en mayor o menor medida, el estatus de persona, no quedándose en el de personaje.
***
Et voilà! Hasta aquí la segunda parte del Tag. Espero que os haya gustado y que os animéis a hacerlo. Espero vuestros comentarios. 
¡Hasta la próxima!