El Rey de Amarillo, de Robert W. Chambers

Yo no descubrí El Rey de Amarillo hasta el año pasado, cuando una persona me recomendó ver la serie True Detective (anda que no habré fangirleado por aquí sobre Rust Cohle). Actualización: Por culpa de esta reseña me he vuelto a ver la primera temporada. Os pondría un gif babeando, pero ¿démosle seriedad a la reseña? Serie sobre la que podéis ver mi opinión en este enlace. Y si sois masoquistas y, pese a las críticas, queréis echarle un ojo a la segunda temporada, aquí os dejo también el link.

No soy la única, me imagino, que gracias a la ambientación de la primera temporada de la serie llegó a la oscura Carcosa y su terrible Rey de Amarillo, turbador y enloquecedor como pocos. Tenía ganas de leer los relatos y, de hecho, nada más acabar la serie comencé a leerlos. Craso error, me temo, porque aborrecí el primero como pocos y fui incapaz de continuar. 

Fuente: Libros del Zorro Rojo

Un tiempo después descubrí que Chambers, autor que se había desvelado magistral como pocos en los relatos de terror, se había, por así decirlo, vendido, y había publicado los relatos de El Rey de Amarillos con otros que poco tenían que ver. Para rellenar. Tendencia que continuaría con el paso de los años, ya que se dedicó, a partir de entonces, a escribir novelas de calidad cuestionable y que le permitieron granjearse unos dineros importantes. Cash de finales del siglo XIX. No obstante, llegó a mí la edición ilustrada que publicó Libros del Zorro Rojo (parece que me tengan comprada, madre mía) y que contiene 4 relatos cuya relación radica en la presencia de un elemento común, de mayor o menor relevancia en la sobra: el Rey de Amarillo.



Sobre la costa rompen las olas nubosas,
detrás del lago se ponen los soles gemelos,
se alargan las sombras

                                    en Carcosa.

Extraña es la noche donde salen estrellas negras,
y extrañas lunas giran en los cielos,
pero más extraña todavía es

                                    la perdida Carcosa.

Canciones que las Híadas cantarán
donde aletean los andrajos del Rey
no deberían oírse en

                                    la lúgubre Carcosa.

Canción de mi alma, mi voz está muerta,
muere tú, muda, mientas las lágrimas contenidas
se sacan y mueren en

                                    la perdida Carcosa.

La canción de Cassilda en El Rey de Amarillo, acto I, escena 2ª

El Rey de Amarillo es, dentro de la ficción, un libro. Un libro maldito que se dice podría haber inspirado a Lovecraft para elaborar el celebérrimo Necronomicón. Sí, ese mismo libro que hay quien considera que debió existir en la realidad y que es mucho más que el producto de la imaginación del gran HP.

De todos modos, eso es lo de menos, porque El Rey es terrible, capaz de trastornar a todo aquel que lo lee, haciéndole enloquecer. De hecho, se cuenta en los relatos que este libro habría sido prohibido en varios países viendo lo que había acaecido a los desafortunados lectores. Partiendo de ahí, las cuatro historias principales se conforman. Ambientación gótica, en mayor o menor medida, con elementos sobrenaturales (¿no lo es, acaso, el famoso libro ya de por sí?) y personajes curiosos, tanto en dedicación como en caracterización.

Son cuatro, decíamos, relatos de extensión variable: uno tiene más de cuarenta páginas, mientras que otro no supera las diez. Se leen rápido, ya que la prosa, que yo me temía pretenciosa y enrevesada, es manejable y relativamente agradable.

En general, me han gustado todos (La máscara, El reparador de reputaciones, En el patio del Dragón y El Signo Amarillo), aunque es cierto que ha habido alguno con el que he conectado más, y al contrario. Por ejemplo, el tercero, En el patio del Dragón, me dejó un poco indiferente, llegándome a parecer el más flojo, sin duda.

***

Fuente: Libros del Zorro Rojo
LA MÁSCARA

CAMILLA: Usted, señor, debe quitarse la máscara.
DESCONOCIDO: ¿De veras?
CASSILDA: Sí, es hora de que lo haga.
          Todos, menos usted, nos hemos sacado el disfraz.
DESCONOCIDO: No llevo máscara.
CAMILLA: (Aterrorizada, aparte a Cassilda.)
          ¿No lleva máscara? ¡No lleva máscara!

El Rey de Amarillo, acto I, escena 2ª
Con este fragmento del famoso libro maldito se da paso al primer relato, La máscara. De él me fascinó la forma de escribir, el lirismo que colma las páginas, que contrasta con el drama que narra y le aporta un toque especial.

Nos situamos en París, de la mano de los escultores Alec y Boris y su amante Geneviève. Hace su aparición una sustancia misteriosa, capaz de arrancar la vida, de petrificar elegantemente cualquier ser. Sustancia y uso que podrían haber sido descubiertos en El Rey de Amarillo, volumen que posee uno de los hombres. Con tal premisa en el punto de partida, el amor y lo surrealista se entremezclan para dar lugar a una catástrofe que volverá del revés la vida de Alec.

Fuente: Libros del Zorro Rojo

EL REPARADOR DE REPUTACIONES

Durante mi convalecencia había comprado y leído por primera vez El Rey de Amarillo. Recuerdo que después de terminar el primer acto pensé que me convenía dejarlo. Me levanté y lo arrojé a la chimenea; el libro chocó contra la rejilla y quedó abierto a la luz del fuego. Si no hubiera vislumbrado el comienzo del segundo acto, nunca lo habría terminado, pero al agacharme para recogerlo mi mirada se clavó con fascinación en la página abierta y con un grito de terror, o tal vez de alegría tan conmovedora que me repercutía en cada nervio, lo salvé de las brasas y, tembloroso, lo llevé al dormitorio, donde lo leí y releí, y lloré y  reí  y me estremecí con un terror que todavía a veces me asalta. Eso es lo que me preocupa, porque no puedo olvidar Carcosa, donde las estrellas negras cuelgan de los cielos; donde las sombras de los pensamientos humanos se alargan por la tarde, cuando los soles gemelos se hunden en el lago de Hali; y nunca podré sacarme de la mente el recuerdo de la Máscara Pálida. Ruego a Dios que maldiga al autor, porque el autor ha maldecido el mundo con esa hermosa y formidable creación, con su terrible sencillez y su irresistible verdad, un mundo que ahora tiembla ante el Rey de Amarillo.

El protagonista de la historia es Hildred Castaigne, un joven que ha sufrido una caída de su caballo y quien, durante la convalecencia, se agencia un ejemplar de El Rey de Amarillo, que podría ser el culpable de su posterior inestabilidad y delirios de grandeza. De hecho, contacta con el señor Wilde, el “Reparador de Reputaciones”, con cuya ayuda tratará de recuperar el trono de la Dinastía Imperial de Norteamérica, autoproclamarse Rey y evitar la hipotética intromisión de su sobrino.

Este segundo relato me sorprendió, ya que no pensé encontrarme, en tan breve espacio, una historia tan bien desarrollada y tan peculiar. Los personajes, especialmente el señor Wilde, el “reparador de reputaciones” son muy, pero que muy característicos y fue francamente entretenido leer sobre ellos. Además, el protagonista, que también es el narrador (como sucede en los cuatro relatos) no es para nada fiable; es más, lo sentí engañoso, porque la prosa nos hace copartícipes de su ¿locura? y es difícil diferenciar si lo que se cuenta es real o si son imaginaciones del propio personaje. Esto es algo que me encanta, porque el narrador está jugando contigo sin que percates y puede producirse un giro inesperado en cualquier momento.

Fuente: Libros del Zorro Rojo

EN EL PATIO DEL DRAGÓN

Entonces, muy lejos, tras leguas de audaces olas nebulosas, vi la luna chorreante de espuma; y más allá, detrás de la luna, las altas torres de Carcosa. […] Oí entonces cómo se alzaba  su voz, atronando detrás de la llameante luz, y caí y me cubrieron sus resplandecientes olas de fuego. Mientras me hundía en las profundidades, oí que el Rey de Amarillo susurraba a mi alma:

-¡Qué terrible es caer en manos del Dios viviente!

Tengo que reconocer que este ha sido el relato que menos me ha gustado. Es el más corto y, sin embargo, no logré conectar con él. Es cierto que hay un ambiente tétrico con la Iglesia y el misterioso hombre que se escabulle tras el órgano y que observa con un odio irracional al protagonista. No lo niego, lo he captado, pero hasta ahí he podido sentir. Definitivamente, éste ha pasado sin pena ni gloria.

EL SIGNO AMARILLO

Fuente: Un hombre en la oscuridad
Fui hasta abajo y vi un coche fúnebre empenachado de negro. Abajo la puerta se abrió y se cerró y acudí a poner el cerrojo a la mía, pero sabía bien que no había cerrojo ni cerradura que pudieran impedir la entrada a la criatura que venía a buscar el Signo Amarillo.

Hay tres elementos que conectan las historias: el libro El Rey de Amarillo, el Rey de Amarillo en cuestión, que aparece en este mismo relato, y el Signo Amarillo, una especie de símbolo o una letra dorada que haría a su poseedor susceptible de ser poseído por el terrible Rey. Digo una especie de símbolo, ya que no se le describe exactamente y, aunque es una constante el atribuirle formas curvas, espirales, no hay una determinada. Por ejemplo, en True Detective el símbolo es una espiral que a veces pintan con color amarillo, pero otras muchas es negra.

En El Signo Amarillo se cierra, de alguna manera, el mundo de El Rey de Amarillo, aunque se hace incrementando la curiosidad (ojalá existiese ese libro) sobre él y los personajes que parecen haber padecido por su culpa.  En este caso aparecen un pintor y su musa, además de un peculiar vigilante de un cementerio cercano. Mientras la pareja, por referirnos a ellos en conjunto aunque no sea del todo exacto, atraviesa una situación complicada en lo profesional (el narrador/pintor es incapaz de completar el lienzo que tenía entre manos, la musa/Tessie cree todo es culpa suya) y en lo personal (Tessie está enamorada del pintor, pero la reciprocidad está por ver), el vigilante (con poca vitalidad, por no decir ninguna, en sus carnes) comienza a preocuparles y a truncar sus sueños nocturnos, tornándolos en pesadillas.

¿Cómo llega el Signo Amarillo a la vida de estos personajes? Tessie dice haberlo encontrado el primer día que comenzaron los sueños sobre el vigilante. A partir de entonces, descubren, incluso, un volumen de El Rey de Amarillo en las estanterías y el caos se apodera de sus vidas. Literal y metafóricamente.

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Y esto es todo lo que ha dado de sí la reseña de El Rey de Amarillo. La he ido acompañando con alguna de las ilustraciones de la edición que yo tengo (obra de Santiago Caruso) y que me parecen sencillamente brillantes. Transmiten al cien por cien lo que estos relatos representan, así que sobran palabras donde las pinceladas sentencian. 
Si queréis, una vez leídos estos relatos, sumergiros más en Carcosa, os dejo un título recomendado, Un habitante de Carcosa, de Ambroce Bierce, que se considera el que da origen a la ciudad. También se hace mención a ella en la obra de Lovecraft, en la serie de relatos de Los mitos de Cthulhu, y es pecado dejar pasar la oportunidad de leer al gran Lovecraft. 
Fuente: On the screen reviews
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Espero que os haya gustado la reseña. 
Un abrazo y nos leemos. 
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