Book Tag: 7 cosas sobre libros (II)

Allá por el mes de abril publiqué la primera parte de este Book Tag y dije, para no variar, que postearía la segunda parte pronto. Ya veis, mi “pronto” es igual a decir: 2 meses. Pero aquí está. Tenemos 7 personas que me encantan, 7 cosas que me parecen todo un acierto en los libros y otras 7 que, al contrario, soy incapaz de tragarme. Vamos allá.

SIETE PERSONAJES QUE ME GUSTAN tanto que me los comería

Tyrion Lannister, de Canción de Hielo y Fuego, escrita por George R.R. Martin.  Espero que no me lo hayan matado en la serie a estas alturas, porque me parece uno de los personajes más fascinantes de la saga. Me gustó desde el primer momento, ya que es un hombre de contrastes, que tan pronto te hace sentir compasión como cólera. Es ingenioso, tiene sus brillos de bondad y sangre Lannister (no me digáis que también vivo engañada respecto a esto >.<) de pura cepa, por lo que es redondo. Muy redondo. Y genial. ¿No había dicho aún lo de genial?

Pretextat Tachde Higiene del asesino, escrito por Amélie Nothomb. Mencioné, en la primera parte del tag a un personaje de Nothomb entre mis más odiados, pero Tach es totalmente lo contrario. Es un personaje horrible, repulsivo, asqueroso, repugnante, ODIOSO. Pero es magnífico, porque el libro es suyo, él es el libro. Hace y deshace, desde la butaca que ocupa con su obesidad mórbida, su vida y ataca a los demás, con una superioridad moral que no resulta ser tal. Miradlo, miradlo, que sé que no podéis resistiros a su imagen.


María, de En cinco minutos levántate María, escrito por Pablo Ramos. Ya os lo comenté en la reseña, así que seré breve. María Ramos es una madre coraje, una madre valiente que se debate entre lo que que querría y lo que debería hacer, que lo da todo por su familia, que no ha dejado de sacrificarse en toda su vida. Por supuesto, no es solo eso, sino su desarrollo, su pensamiento, la forma en que Ramos ha logrado perfilarla y que la hace única.

Draco Malfoy, de Harry Potter, escrito por J.K. Rowling. Bien, no hay una buena explicación que pueda dar sobre por qué siempre he vivido enamorada de Draco y hace años escribía Dramiones me gusta tanto el personaje de Draco. Supongo que en el mundo de Harry Potter, donde hay una diferencia bastante clara entre los que son los buenos y los que son los malos, Draco siempre estuvo en el medio. Un personaje con una actitud lamentable y repulsiva, pero también vapuleado por su propio entorno… Me hubiera gustado, sinceramente, conocer más en profundidad a la familia Malfoy, porque es una de las que más juego han dado a la saga y mi preferida, sin duda alguna.


Severus Snapede Harry Potter, escrito por J.K. Rowling. Ahora que está tan de moda hablar de tu crush… Voilà! Cuando leí Harry Potter, tuve dos flechazos. Uno fue Draco (quién si no) y el otro fue Snape. Sí, Snape. Supongo que me fascinó como personaje (obviamente más allá de la media melena grasienta), por su juego de camuflajes y su lealtad. Y aquí estamos, sigo fangirleando sobre él cinco años después de haber leído los libros. Y lo queda.

Oskar Schindlerde El arca de Schindler, escrito por Thomas Keneally. Técnicamente, no sé hasta qué punto podemos encasillar a Oskar en el rol de personaje, ya que se trata de una persona que existió y en cuya verdadera historia se basó Keneally para escribir una de las obras más hirientes sobre la masacre judía en los campos, pero siempre me ha parecido, más allá de sus luces y sus sombras y de sus intereses personales, magnífico, una especie de héroe moderno, de esos que no llevan capa.

¿? Llamadme negativa exacerbada, pero me temo que soy incapaz de dar con más personajes que me encanten. Pensé que sería más fácil, pero no. Definitivamente hay muchísimos más personajes que odio que aquellos que considero fantásticos.



SIETE COSAS QUE ME ENCANTAN DE LOS LIBROS

Personajes REDONDOS, de esos que te sorprenden en cada vuelta de página; aquellos que, por mucho que parezca que ya se han desnudado ante el lector, se guardan algo en la manga y le dan un giro a la trama o la salvan, directamente.
Fuente: El protagonista
El olor, por supuesto. No es un rasgo de las historias, pero sí del envoltorio y, para mí, tiene idéntica importancia. El aroma a libro nuevo, o a libro viejo atacado por la humedad… Puede llegar a transformar la lectura en una experiencia totalmente distinta, por muy moñas que suene esto.
Narrador en segunda persona. Hubo un tiempo en que todo lo que leía estaba escrito en primera persona. Una primera persona que, salvo honrosas excepciones, pecaba de insulsa. Reconozco que los narradores omniscientes, por otro lado, son los idóneos a la hora de abarcar una gran obra, y los que más juego pueden dar, si se utilizan bien, pero a veces pueden resultar cansinos. ¿Qué queda, entonces? Oh, sí. El narrador en segunda persona. El narrador de las novelas epistolares. Ese narrador dejado de lado, incomprendido. Es bastante extraño encontrar novelas que estén narradas íntegramente desde esta perspectiva (más allá de las ya citadas epistolares), aunque mi acercamiento a este narrador en El Sistema y en Si una noche de invierno, un viajero, por ejemplo, ha sido muy gratificante y ha supuesto una experiencia lectora radicalmente opuesta a lo habitual.
Un protagonista detestable. Sí, lo sé, no suele ser lo habitual, pero de todo tiene que haber. Cuando se modela a un protagonista, no siempre, pero sí muy a menudo, se le hace heroico, con sus sombras y sus luces, pero teniendo la balanza siempre inclinada hacia su lado. Es harto difícil encontrar un protagonista (y no me refiero, porque podría interpretarse así, a una obra narrada desde la perspectiva de un asesino o algo similar) que, pese a ser presentado como alguien relativamente bueno o como una persona normal y corriente, actúe de una manera que produzca un rechazo en el lector, que le haga desconfiar o creer con recelos lo que cuenta o los hechos de los que es partícipe. Aquí me viene a la mente el personaje de Sherlock Holmes (no la versión descafeinada pero igualmente magnífica que protagoniza mi querido Cumberbatch, sino el original ideado por Doyle), que, pese a ser presentado como genio, con sus vicios (cualquiera se escandalizaría actualmente por presentar a un genio cocainómano) y sus buenas acciones, a mí me repele en cierto modo, aunque disfruto igualmente de las obras en que es personaje principal.
Fuente: Cultura – El País
Ediciones de bolsillo. Probablemente un purista de los libros dirá que lo mejor son las versiones en tapa dura, pero mi experiencia me hace desligarme de esta opinión. Por un lado, las ediciones de bolsillo son más baratas y, por otro, muchísimo más manejables. Además, al ser de tapa blanda puedes doblarlas, manosearlas y transportarlas mucho más cómodamente. Y, por si no fueran todo bondades, es muchísimo más fácil hacerles un hueco en la estantería.
Finales propiamente conclusivos. Bien, supongo que aquí habrá todo tipo de opiniones. No a todo el mundo le gustan los finales abiertos, ni a todo el mundo le gustan los finales cerrados, esos que atan todos los cabos habidos y por haber. Depende mucho del libro y de la evolución de la trama, pero un buen final puede ser el responsable de que un libro pase de bueno a genial (o de normal a mediocre). No soporto los finales que concluyen por arte de magia, esos en que todo se soluciona en dos segundos y porque sí. Los encuentro absurdos. Tampoco los que lo dejan todo tan abierto que ni siquiera es un final abierto, sino la introducción a una segunda parte o algo por el estilo.  
Me encantan los finales que cortan con la historia, pero que dejan cosas a la imaginación. ¿Qué habrá pasado con este personaje? Desde hace algunas páginas no se sabía nada de él. ¿Y el trabajo? ¿Lo habría terminado? A veces quieres que te lo den todo masticado, pero entonces se está perdiendo buena parte de la emoción de la lectura.
Los buscadores de los e-readers. Ya era hora de rasgarse las vestiduras en favor de los libros digitales. Yo tengo uno, aunque no es que sea ninguna maravilla, así que suelo leer en el iPad (así estoy, que cada vez veo peor), y una de las cosas que adoro de leer en digital el cuadro de búsqueda. Marca la página o la palabra o el enunciado que quieras, y en un santiamén estarás en ella o se abrirá una cajita con todas las páginas en que aparece dicha combinación. A la hora de hacer las reseñas es algo que me salva la vida; eso, y la opción de marcar. Aunque no tengo ningún problema en garabatear mis libros físicos, en el iBooks todo es más sencillo. Un clic sobre el fragmento requerido y ya está subrayado para los siglos. Es perfecto.

Siete cosas que odio de los libros HAAAAAAAAAATER

Fuente: Wikipedia
Triángulos amorosos. No me gustan los triángulos amorosos. Lo siento. Puede que en el pasado sí, pero ahora no les veo la gracia. No dudo que haya magníficos triángulos amorosos, pero lo que prima en gran cantidad de obras es la creación de una pareja y un estorbo p r e v i s i b l e, así que no me convence en absoluto. Solo sirve para crear un drama innecesario y darle chicha a una trama más muerta que [inserte aquí persona random cuya mención seguramente causará la indignación de alguien, random también]. Fuera triángulos amorosos. Fuera. 
Dramas innecesarios. Los triángulos amorosos están dentro de esos dramas innecesarios, pero hay más, MUCHO MÁS. ¿Qué tal introducir en la historia a: un personaje gay/lesbiana/transexual/etc. (¿Acabo de escribir transexual? ¿Estamos locos? Todavía no somos tan tolerantes)que lo único que hace es ser el blanco de una y otra y otra y otra vejación? ¿Qué tal introducir en la historia a un personaje anoréxico/bulímico/discapacitado? ¿Qué tal introducir en la historia cáncer? ¿Qué tal introducir en la historia bullying? ¿Qué tal introducir en la historia una violación más traumática incluso de lo esperado? ¿Qué tal…? No, no estoy siendo insensible (lo parece, francamente); aún no he matizado.  No soporto que los autores introduzcan con calzador elementos como los previamente mentados cuando no se han informado un mínimo, cuando son personajes que están ahí y ya está, que no tienen evolución, que no son más que el detonante de un drama que va a afectar al protagonista flawless que a todo se sobrepone. No lo soporto. Si quieres hacer algo real, no te quedes con un título, lee la noticia entera, modela un personaje creíble y dale una función en la obra más allá de ser el lisiado, el gay incomprendido, el paciente de cáncer que se va a morir en tres meses el chico acosado desde el colegio que es antisocial y se quiere suicidar. 
Páginas excesivamente finas. Libros que parecen cortos y, en realidad, tienen un millón de páginas tan finas que se transparentan las letras a un lado y a otro de la hoja, que cortan especialmente en el borde, que se pegan, que se rompen, que se arrancan (¡Sacrilegio!). Muerte a los libros de páginas finas. Larga vida a los de papel ultrareciclado y más amarillo que el río Huang He.

Capítulos muy cortos. Hay libros con capítulos eternos, tan largos que pierdes el hilo de la narración si te despistas un poco. También hay novelas de capítulos breves, un par de páginas, cuatro a lo sumo. Y luego hay extraños experimentos de un cuarto de página (o de un par de renglones) que tienen poco sentido y lo único que hacen es cortar el interés de la trama en un presumible punto álgido. Muerte también a los capítulos microscópicos.


Referencias everywhere. Ese famoso día en que leí Besos entre líneas decidí que las referencias me repugnaban. Ni siquiera las esenciales, no. No me gustan las referencias, las encuentro aburridas, hostigadoras, cansinas. Aunque algunas me hayan llegado a producir curiosidad, siguen sin agradarme. Abramos una petición en change.org para impedir las referencias en los libros. Es urgente. ¿Cambio climático? ¿Crisis? ¿Guerra? Por favor, nada peor que una referencia aleatoria en mitad de una novela.

Sagas eternas / Libros autoconclusivos que acaban convertidos en sagas eternas. Una saga que va más allá de una trilogía (exceptuando las sentimentales y honrosas excepciones de Harry Potter y ASOIAF) me echa para atrás. Libros y libros pendientes, tramas que se entremezclan y  cuyo fin no se avista. El trauma me lo creó Cazadores de Sombras (también algunas sagas de ¿fantasía erótica? como La hermandad de la Daga Negra) y aún perdura. Me es difícil comprender cómo se puede estirar algo durante tantísimo tiempo sin que se rompa y el chicle se merezca un paseo a la papelera. Por otra parte, tenemos los libros autonconclusivos que, por haber gozado de muchísimo éxito, reciben una segunda parte que necesitaban en absoluto y que, con toda probabilidad se carga la historia. Really?
Esos personajes que son su descripción. Lamento profundamente haber comenzado a leer a Isabel Allende en El juego de Ripper, porque no me atrajo lo más mínimo y me pareció una tortura descriptiva. Personaje tras personaje que nos era presentado mecánicamente, recurriendo a un par de páginas de información irrelevante (al menos en ese momento) y que era absolutamente imposible de recordar. Eso es horrible, un error en toda regla (especialmente si se repite constantemente a lo largo de la novela). Un personaje puede ser descrito de forma directa por el narrador, pero esta descripción, en una situación idónea, debería ser breve. El personaje ha de quedar retratado por sus acciones, por su forma de hablar, su ropa, la manera en que interactúa con el resto de personajes. Solo así, además, podrá alcanzar, en mayor o menor medida, el estatus de persona, no quedándose en el de personaje.
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Et voilà! Hasta aquí la segunda parte del Tag. Espero que os haya gustado y que os animéis a hacerlo. Espero vuestros comentarios. 
¡Hasta la próxima!