Fangirleando sobre Sherlock

Hace aproximadamente siglo y medio que no he actualizado esta sección cinéfila/seriéfila (En pantalla), pero la razón es que no he tenido tiempo ni ganas de ver nada en especial que merezca la pena comentar… Hasta ahora. No me olvido de que está pendiente la entrada sobre Fargo (va a ser un megamix sobre la peli original y las dos temporadas de la serie), pero tengo tantísimas ganas de fangirlear (aunque ya se me han escapado algunos tuits y gifs) sobre Sherlock que tiene que estar en el blog ya.

Como siempre que publico sobre algo que me ha gustado mucho, la entrada va a ser un completo caos. Lo aviso para que no os volváis locos intentando buscarle un orden coherente a la exposición, porque dudo mucho (salvo que sea por obra del espíritu de Moriarty *guiño guiño*) que dicho orden exista, francamente.

Sobre el Sherlock original

Sherlock Holmes es un personaje que me encanta, pero que no me gusta. Aunque parezca absurdo esto que digo, os prometo que en mi cabeza no lo es. Me parece un detective fantástico, con una personalidad increíble por cuanto es un personaje redondo, con luces y sombras aquí y allá, siempre sorprendiendo (o tratando de) al lector, además de no estar estereotipado (aunque ahora se le pueda considerar el origen del arquetipo del investigador/detective más inclinado a ser tomado como parte del problema que de la solución) y tener una vida un tanto turbia. No obstante, los ideales que encarna, o parte de su personalidad, me resultan bastante desagradables.


No es ningún misterio que cuando se habla de Holmes, del Holmes que surgió de la pluma de  Sir Arthur Conan Doyle, se está desmenuzando un personaje que es un genio, un individuo brillante, con un dominio apabullante de los métodos de deducción, pero que: 1) es un drogadicto, un cocainómano redomado; 2) es misógino -y no hago este comentario comparando las mentalidades de finales del siglo XIX con las que se suponen en el siglo XXI, sino teniendo en cuenta cuál es el contexto-; y 3) tiene aires de superioridad, aunque no le falten méritos para aceptarlos, pero, quizás no explícitos, esa superioridad, el estar un paso por delante de todo el mundo siempre, lo convierte en alguien ligeramente pedante.

El Sherlock original, el que aparece en las novelas y relatos de Conan Doyle, es así. Incompatibilidad de caracteres tuvimos Sherlock y yo, pues, cuando intenté leer Las aventuras de Sherlock Holmes. Me costó año y medio de lectura intermitente, porque, sobre todo al principio, no conseguía digerir al personaje, como tampoco podía con la relación Sherlock-Watson. No obstante, he de reconocer que la serie Sherlock me supuso una especie de salvación en lo referente a este mítico personaje.

Sobre la serie que lo peta sin ser de la HBO

Dicha serie, de la BBC (no solo la HBO nos deleita con sus beldades), consta actualmente de 3 temporadas de 3 episodios cada una (además de un especial navideño, si no me equivoco), cuya duración ronda la hora y media, más o menos. Esta información, que puede ser interesante (para mí, al menos, lo es, porque enfrentarme a series con una lista eterna de episodios me echa bastante para atrás), queda, sin embargo, eclipsada por los actores que encarnan a los protagonistas. Hola, Martin Freeman. Hola, Benedict Cumberbatch.

Sobre los personajes 

La serie es una revisión de los relatos de Doyle, pero traslada la acción al siglo XXI. Esto conlleva cambios, obviamente. El Sherlock de la pipa, la capa y el sombrero de orejeras, pese a que se llega a incluir (a modo de anécdota) no tendría cabida en estos tiempos que corren, de modo que Benedict Cumberbatch se aferra a la elegancia del gentleman londinense moderno: traje, camisa blanca sin corbata y largo abrigo negro. Su personalidad conserva la esencia del original, pero está, sin duda, endulzada. Reticencia hacia las mujeres, superioridad moral, secretismo… Sigue siendo un virtuoso del violín y un adicto en proceso de reformación, enganchado a los parches de nicotina. Los cambios están en su relación con Watson y con la srta. Hudson, mucho más amigable (aunque también más burlona e incluso violenta) y en los momentos de debilidad (que haberlos, haylos).
De izqda a derecha, arriba a abajo: Watson, Srta. Hudson,
James Moriarty, Mary Watson
, Sherlock Holmes,
Molly Hooper, Mycroft Holmes, Irene Adler, Lestrade.
Watson permanece más fiel a la imagen inicial, aunque se familiariza y, a la vez, parece tener más relevancia en la relación personal con Sherlock y menos en la profesional. Esto lo digo porque en los relatos, por ejemplo, su opinión es tenida en cuenta y llega a aportar algún dato clave para la resolución del caso, mientras que en la serie Sherlock acude a él por dejarle hacer algo más que por absoluta necesidad (independientemente, eso sí, de que Watson sea esencial en ciertos momentos claves y le acabe sacando las castañas del fuego a Sherlock).
Ellos son los personajes principales, que están muy bien trazados y adaptados al nuevo contexto sin olvidar de quienes son herederos… Y cuya interpretación los ennoblece y dota de una brillantez increíble.  No son los únicos, ya que también están el inspector Lestrade, ligeramente más desconfiado que en los libros; la srta. Hudson, que tiene más presencia y aporta un toque de humor; Mycroft Holmes, el también brillante hermano mayor de Sherlock que controla el Servicio Secreto británico; o James Moriarty, un villano despreciable pero al que se le acaba cogiendo cariño, todo sea dicho.
Sobre la trama
De todos modos, una vez que tenemos a los personajes, que tenemos el Londres moderno como escenario y el 221B de Baker Street como centro de operaciones… ¿Qué esconden los episodios, los 9 episodios que han salido hasta ahora?
Antes de pasar a comentar, brevemente y sin entrar demasiado en detalles los episodios, hay que tener una cuenta en qué se basan los mismos. Los personajes y la ambientación son una adaptación bastante libre, así que en los diferentes episodios ocurre lo mismo. Uno se basa en la novela Estudio en Escarlata, otro en el relato El hombre del labio retorcido, otro en Escándalo en Bohemia… Y cuando digo que se basa es que se adueña de unos ciertos rasgos del cuento/novela y los usa para dar forma a una trama nueva, aunque con reminiscencias de la idea original.
Eso sucede con la aparición de La mujer, Irene Adler, en la segunda temporada, o en el caso del Sabueso de los Baskerville, con el tema de la manipulación genética de fondo.

 

Estudio en rosa
Primera temporada
El banquero ciego
El gran juego
Escándalo en Belgravia
Segunda temporada
Los sabuesos de Baskerville
La caída de Reichenbach
La carroza fúnebre vacía
Tercera temporada
El signo de los tres
Su última promesa

Esta es la lista de episodios; podéis ver en los títulos similitudes con algunos relatos. También las hay, como mencionaba, en su contenido. La línea argumentativa que se sigue es lineal, aunque dentro de los episodios se juega bastante con flashbacks. De no ser por los avances en las relaciones personales Sherlock-Watson, podrían verse independientemente, sin importar el orden, aunque es cierto que aparece un villano cuya presencia persiste a lo largo de las temporadas: James Moriarty, un psicópata brillante, como Sherlock que plantea un juego de lo más interesante (y peligroso).
Sherlock se define como un consulting detective (Moriarty se define a sí mismo como un consulting criminal) y se dedica  a atender los casos más curiosos que le llegan al apartamento de Baker Street, así como encargos de renombre que suele poner en sus manos su hermano Mycroft. Su relación con Watson comienza cuando un conocido se lo presenta para compartir la renta del piso que ocupa y, a partir de ahí, Watson acompaña a Sherlock en sus pesquisas.
Un taxista asesino, contrabando desde China, unos planos perdidos, Moriarty aquí y allá, atentado contra las joyas de la Corona… Son muchos los casos y muy bien elaborados.La serie engancha, está bien enfocada, los personajes son auténticos (aunque algunos puristas opinen que Sherlock es demasiado lento en sus averiguaciones) y los episodios están muy, pero que muy bien realizados.
A ello hay que añadir una banda sonora que, sin llamar demasiado la atención, está siempre al acecho y representa a la perfección el espíritu detectivesco que uno espera encontrar.

Sobre críticas y parecidos del Sherlock moderno

Últimamente varias producciones relacionadas con este personaje han visto la luz. Las películas protagonizadas por Robert Downey Jr., la serie Elementary o la propia Sherlock han obtenido, además, críticas positivas, en general.

En este caso se ha optado por combinar lo original con lo moderno, y el resultado ha sido bueno. La serie ha sido muy bien recibida tanto por el público como por la crítica especializada y ha servido de lanzadera en las carreras de los actores que encarnan a los protagonistas.

Y se ha alabado, cómo no, a Sherlock. No se nota que yo lo he estado haciendo durante toda la entrada, ¿verdad? Un Sherlock que a mí me ha recordado, indudablemente (o tal vez sea al revés… Difícil saber qué vino primero, si el huevo o la gallina) a Aloysius Pendergast, el inspector del FBI creado por Douglas Preston y Lincoln Child. Pese a que su aspecto físico es harto diferente y no existe un Watson ni una “alergia” a las relaciones con mujeres en Pendergast, sus métodos deductivos, su soledad, su elegancia (su abrigo largo *segundo guiño guiño del post*)… Son rasgos de un Sherlock moderno, una especie de homenaje estadounidense al personaje de Doyle.

De hecho, y os dejo esta abominación a modo de anécdota, algunos “fanses” le han hecho ESTO al pobre Cumberbatch:

Creo que no añadiré nada más al respecto…
***
Visto todo lo anterior no cabe duda de que os recomiendo la serie. Tiene sus puntos de humor, sus momentos dramáticos y unas investigaciones amenas y entretenidas. Si no os gusta o no habéis leído los relatos de Conan Doyle, tal vez os entren ganas de echarles un ojo, lo cual es doblemente bueno. Y, por encima de todo, podréis disfrutar de un rato de relax con una serie que merece la pena.
Espero que os haya gustado el post de hoy.
 
¡Un abrazo!
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