Dime, amor… O dulce sucedáneo

Si vais al archivo del blog y buscáis las primeras entradas publicadas (no lo hagáis, por favor, porque tal vez perdáis años de vida viendo mis inicios), os encontraréis con relatos, unos cuantos relatos. Digamos que abrí el blog en una época en que dedicaba bastante tiempo a maltratar palabras, así que colgaba algunos de mis escritos con cierta asiduidad. Sin embargo, hace más de un año y medio que no he subido ningún relato; tampoco he escrito durante este tiempo, sino que me he dedicado a leer y a reseñar para el blog y hacer entradas críticas con algún tema. Nada de ficción, como podrá verse.

Pero, ya que estamos (y que voy perdiendo la vergüenza a mostrar mis intentos de escritura en público), se me ha apetecido volver a colgar algo de este tema por aquí. En otra web sí que he colgado algún que otro relato (microrrelato, más bien), aunque ha sido más por desahogarme que por otra cosa. De esos he recuperado el que os comparto a continuación, un texto que escribí el año pasado y que, al volver a releer, me ha traído un aluvión de emociones.

Espero que os guste ^^

***

Me gustaría saber contar historias, poder desgranar las penas propias y ensuciar páginas con divagaciones literariamente embellecidas. Pero no sé. Aún no he aprendido a hacerlo. Entonces me sumerjo en una canción y dejo que el ritmo repetitivo me arranque las lágrimas que, de otra forma, se niegan a abandonar mis ojos. Es muy sencillo fundirse con la música. Aún más sencillo es que el corazón anide en una melodía conocida y se acomode, dispuesto a envolverse en sí mismo y repasar lo que no fue y pudo haber sido; lo que fue y no debió haber sido.

Sin embargo, las canciones solo instan al apetito a ansiar más. A necesitar más. Un más que se resume, cómo no, en palabras difíciles de enhebrar, difíciles de coser y todavía más difíciles de rematar.

Por eso me gustaría escribir de la misma manera en que pienso, en que dilucido, en que me quiebro y me rehago interna y externamente. Me gustaría decir que me avergüenzo y que, a la par, siento dentro una especie de orgullo que amenaza con alojarse indefinidamente. Me gustaría decir que me he perdido aun cuando me creía perfectamente sujeta. Me gustaría, por supuesto, saber expresar la estúpida, imberbe y predecible desazón que reconcome. No obstante, soy incapaz.

Me duele lo que no me dolía, me late lo que no me latía, imagino lo que no imaginaba y las perspectivas se me han retorcido, dislocado. Quizás sea eso, ¿no? Una luxación cardíaca o cerebral, una detención inicua del tiempo en el recuerdo exacto en que comienzan a replantearse las cosas.

Nadie menciona el amor, pero todos lo piensan. Nadie lo siente, pero todos los intuyen. Nadie lo quiere, pero todos lo ansían como al oxígeno mismo.

¿Cuándo se habla de amor? ¿Cuántos años se necesitan para ver pudrirse la razón? ¿Cuántos golpes, cuántos anhelos? Pero, lo más importante y usualmente olvidado, ¿cuándo deja de hablarse de amor? ¿Cuándo retorna la articulación a su encaje? ¿Cuándo se recupera el corazón del infarto permanente que lo mantenía en el filo? ¿Cuántos años se necesitan para sanar lo infecto?
 

Dime, seas amor o sucedáneo, o mero adelanto del dulce postre, dime pues, qué se supone ha de hacerse para aprender a escribir sobre ello. Y superarlo.

Clara S
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4 comentarios en “Dime, amor… O dulce sucedáneo

  1. “¿Cuántos años se necesitan para ver pudrirse la razón?” me ha impactado…
    Me ha gustado mucho el texto, me ha recordado a cosas…

    Releer textos propios es difícil, te vienen a la cabeza sensaciones… y cosas que pensabas que ya no existían, que estaban superadas… y quizá simplemente estaban mal olvidadas, siguen ahí dentro… (yo me entiendo XD)
    Un beso!

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  2. “Es muy sencillo fundirse con la música”, parece una frase muy simple, pero creo que tiene una verdad detrás de ella increíble. Una vez leí que la música, a diferencia de muchas otras cosas, es capaz de llegar al corazón de todo el mundo porque no hace falta entenderla, simplemente sentirla, y hasta la persona más simple es capaz de hacer eso. Por todo eso pienso que la música es tan especial. Tienes bastante talento para esto, así que creo que deberías volver a hacer relatos así más seguido.
    Un saludo!
    DayDreamers X

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