Reseña: Un mundo feliz

Parece que el BOOM! de las distopías se retrotrae, despacio, eso sí, especialmente en la literatura juvenil, donde afloraron sin control alguno durante años. Distopías que, no por ser pedante, ni mucho menos, están en deuda, cómo no, con las grandes obras del género. La reseña de hoy se corresponde con Un mundo feliz, escrita por el británico Aldous Huxley y publicada en 1931.
 
Esta novela nos sitúa en el año 632 d.F., en una sociedad, a priori, utópica. El calendario, regido por ese d.F. comienza en el año 1908 de nuestra era; es decir, el año 0 d.F. es nuestro 1908. Pero, ¿qué es d.F.? Bueno, al igual que nosotros nos regimos por el supuesto nacimiento de Jesucristo, en la sociedad de Un mundo feliz se rigen por la fecha en que salió a la venta el primer modelo T. Y es que Henry Ford es considerado exactamente igual que un Dios. Y el Fordismo… Bueno, os hacéis una idea.
 
Todo el mundo que habita en el Estado Único es feliz. Completamente feliz. Se ha acabado con cualquier resquicio de tristeza, con cualquier aspecto, por minúsculo que fuera, que pudiese conducir a la desazón y los malos sentimientos. Tampoco existen las familias, hablar de padres y madres es evocar un obsceno recuerdo pasado; los niños no nacen, sino que son decantados en laboratorio, condicionados especialmente para pertenecer adecuada y eficazmente a una de las cinco castas en que se organiza la sociedad.

 
5 castas según el nivel de condicionamiento, es decir, según libertad de pensamiento y actuación –pese a ser estos limitados en todos casos–. Existen individuos Alfa (doble-más, más y menos), que son los más independientes y quienes ocupan puestos importantes en la sociedad; Beta (más y menos), bastante similares a los Alfa aunque con menos responsabilidades; Gamma (más y menos), Delta (más y menos) y Épsilon (más y menos), aunque estos últimos apenas son personas. Se trata de trabajadores manuales, muy condicionados y apenas educados en ningún aspecto.
 
En este mundo feliz, cuyo título original en inglés A Brave New World hace referencia a una obra de William Shakespeare que tiene bastante relevancia dentro la historia, todo funciona a la perfección. En el clímax del capitalismo y el consumismo, todo se rige por el
aumento de la producción y de los ingresos.
Por ejemplo, solo se aprueba la creación de nuevos deportes si para practicarlos se necesitan fabricar más piezas que para los ya existentes, y lo mismo sucede con máquinas o vehículos.
 
No obstante, pese a la felicidad absoluta que debería imperar en esos humanos condicionados, también hay momentos de decaimiento personal, pero el Estado Único tiene una solución magnífica, una solución que permite enviar a tomar unas vacaciones psicológicas a todo aquel que esté teniendo un mal día. Es una droga de la que se dice que con un solo gramo de soma se curan diez pensamientos melancólicos. Y sin efectos secundarios.
 
En este panorama tan idílico irrumpen los dos personajes principales, que no son otros que Lenina Crowne y Bernard Marx. Lenina Crowne (ojito al nombre que se saca Huxley de la chistera: Lenin y monarquía para la misma persona) es una joven Beta-más que trabaja en los laboratorios del Centro de Incubación y Condicionamiento, donde se decantan y condicionan los niños.
 
Porque os comentaba antes que hablar de nacimientos era hablar de algo totalmente obsceno, vergonzante y anticuado. Y aprovecharé ahora mismo para hacer un inciso y comentar un poco más sobre este asunto. La novela comienza (y se extiende) durante sus buenas 40 páginas en el CIC y nos lleva en un recorrido por las instalaciones, acompañando a estudiantes que reciben instrucciones del propio Director del CIC.
 
Así pues, es dado a conocer, por ejemplo, cómo se producen humanos en masa. Grupos de individuos, idénticos entre sí, que a menudo aparecen en la novela realizando todo tipo de tareas. El innovador método Bokanovsky es el culpable de que puedan producirse hasta 92 individuos exactamente iguales, a partir del mismo óvulo y el mismo espermatozoide, cuyo condicionamiento está encarrilado a prepararlos para alguna tarea manual en que es necesario un buen entendimiento entre ellos y las menores diferencias posibles. Algo grandioso, por una parte, pero terrible a la vez, la manipulación de la genética humana sin orden ni concierto para dividir a las personas según unas características fijadas de antemano por el Sistema. Abandonando este inciso,  he de hablaros de Bernard Marx (otro nombre en absoluto desdeñable), el otro protagonista. Bernard es un psicólogo Alfa-más un tanto peculiar. Y, sepan ustedes, la peculiaridad, en este mundo feliz, es debida en buena medida al sexo, a la promiscuidad o, más exactamente, a la falta de ella: la terrible CASTIDAD. De hecho, la razón por la cual Lenina y Bernard acaban uniéndose. Lenina atraviesa una etapa en que solo ha compartido su vida
con la misma persona por meses, por lo que, animada por una compañera de trabajo, y por el condicionamiento que tanto prodigó el “todo el mundo pertenece a todo el mundo”, decide buscar a Bernard Marx. Un Marx reticente, sobre todo a declarar a los cuatro vientos su vida íntima. 
 
Un bicho raruno del Estado Único, sin duda.
 
Esta unión, sin embargo, los lleva a una Reserva para Salvajes, una de las escasas zonas del mundo en que se ha permitido mantener la vida no civilizada inicial al no considerarse útiles los territorios para la explotación del Estado Único. Este reducto, situado en Nuevo México, aporta la imagen con que contrasta con la vida utópica del Estado Único. Un lugar donde se mantiene un estilo de vida arcaico, tribal, similar al de los indios americanos, aunque con añadidos más modernos. Constraste que le sirve a Huxley para poner de manifiesto el peligro de un futuro como el retratado en su mundo feliz, el peligro de los extremos capitalistas (que aparecen perfectamente retratados en el Sistema que impera) y los extremas comunistas (a los que se hace un guiño con nombres de personajes, principalmente), y para hacer una crítica social de lo más interesante.
 
De todos modos, probablemente el personaje más interesante es uno que aún no se ha mencionado y que aparece en  la segunda parte de la novela: John, también conocido como Mr. Salvaje. Bernard y Lenina lo conocen en la Reserva y va a ser quien, con su dualidad, sus dudas sobre su origen y su futuro, quien sea, de nuevo, el encargado de plasmar los pensamientos de Huxley al respecto.

 
***
 
Un mundo feliz no es una novela que destaque por la prosa, aunque tiene algunos momentos verdaderamente memorables en que el estilo tiene su buena importancia. Es, al principio, un libro bastante técnico, confuso incluso. No estoy segura, además, de que la traducción, al menos la que yo tengo (la edición es de los años 70 y la compré de 2ª o 3ª mano por 1€), le haga un gran favor. Pero tampoco desmerece al libro. Es interesante, de lectura bastante amena y, por supuesto, para nada superficial. Muy recomendable, sin duda alguna.
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3 comentarios en “Reseña: Un mundo feliz

  1. ¡Hola!
    Es una novela que tengo pendiente desde hace muchos años, y aún no me he animado. Me atrae mucho la sociedad creada por Aldous Huxley, y me has picado la curiosidad con el tema de que sise crea un nuevo deporte tiene que conllevar la fabricación de nuevas piezas. Es un tema que me parece interesante, que todo lo nuevo conlleve producción y economía, por decirlo de alguna forma.
    También me atrae mucho lo de la manipulación de la genética, que como dices, depende de como se emplee puede ser algo grandioso o terrible.
    Me has dejado con más ganas aún de leerlo, no tengo una edición muy buena, veremos a ver que tal.
    Un beso

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Hola!
    Leí este libro hace bastante tiempo y después de leer tu reseña me han dado ganas de leerla de nuevo, porque es una obra maestra con la que me quedé muy impactada en mi adolescencia.
    La lectura fue para la clase de filosofía por lo que al tener que analizarla parta a parte me causo más impresión, pero no la puede disfrutar tanto como una lectura por mi cuenta por la presión de sacar todos los matices filosóficos que estábamos estudiando.
    Sin duda es hora de que me ponga a leerla otra vez porque libros como este merecen la pena, y ya que me pongo también leeré de nuevo 1984 que también me encantó en su momento.
    Genial la reseña, es un placer leerte.

    ¡Un beso!

    Le gusta a 1 persona

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