Aprendiendo a odiar a Harry Potter

A raíz de leer Besos entre líneas mi vena hater creció, creció mucho. Ahora está en la recámara, esperando ansiosa para salir a la primera de cambio. No es que me haga especial ilusión izar la bandera pirata contra Harry Potter, pero parece que con la oleada de novedades relacionada con la saga no queda otra. Y lo hago a sabiendas de que estoy lanzándome de cabeza y sin protección alguna contra el fandom más poderoso y amplio que existe ahora mismo y que se ha ganado dicha posición a lo largo de los años.
 
En 1997 comenzó todo: se publicó, el 26 de junio, Harry Potter y la piedra filosofal, el primer volumen de la heptalogía que coronaría a J.K. Rowling como la reina de la literatura juvenil moderna. Diez años después, el 21 de julio de 2007, salió al mercado el último de los siete libros: Harry Potter y las reliquias de la muerte; sin embargo, no fue hasta 2011 cuando se dio, a priori, por finiquitado el potencial de esta franquicia, cuando Harry Potter y las reliquias de la muerte (parte II) fue estrenada en cines.
 
Pero no, J.K. Rowling no iba a dejar que sus libros descansasen tranquilos en nuestra memoria y en nuestras estanterías. Ella tenía preparado Pottermore, esa página diabólica que abrió sus puertas definitivamente en 2012 y que permitió, si se excusa la poco elegante expresión, que todos los fanses mojasen braga muy a gusto. Con Pottermore, los potterheadsrecibieron montones de materiales nuevos con los que alegrarse la vista. Artículos inéditos, juegos para integrarse más si cabe en los escenarios de la historia, información sobre el wordbuilding(aunque no está de más echarle un ojo a este post salvajemente ¿sarcástico? sobre el tema), tests, incluso la súbita aparición de material sobre un colegio de magia estadounidense.

De todas formas, yo apreciaba que J.K. Rowling no hubiese convertido Harry Potter en esa locura que es Cazadores de Sombras con sus millones de libros… O Vampire Diaries, o cualquier saga que sobrepasa los límites de lo que es humanamente aceptable.
 
No obstante, Rowling decidió que mi humilde opinión era pura bullshit (me he venido arriba con los anglicanismos, lo siento), así que… ¿Qué mejor que preparar una obra de teatro que ocupe el lugar del octavo libro de la saga? Como idea para recaudar dinero, se merece un diez, obviamente. Creo que ya no hay entradas para ver la función hasta mayo del año que viene o una fecha barbárica semejante. De la obra de teatro, porque no es un libro, es una obra de teatro, se habrán publicado ya tropecientas ediciones, según mis exactérrimos cálculos. Harry Potter y el legado maldito se convertirá en otro fenómeno literario más, si es que no se considera que lo sea aún. (Y, para colmo, a pesar de estar aquí desquitándome de lo lindo sobre los excesos de la saga, probablemente terminaré leyéndolo en un futuro no demasiado lejano).

 

Un momento, ¿recordáis cuando os hablaba de Pottermore? Pues hay más. Resulta que su santidad Rowling ha publicado, o va a publicar, un par de ebooks en la platoforma que añaden nueva información sobre personajes de la saga y sobre el propio mundo. ¡Ea! Como éramos pocos…

De todas formas, no creáis que este odio irracional que parece profeso hacia la saga desde un tiempo a esta parte ha surgido de la nada. En absoluto. La lectura de los libros de la saga es algo que recomiendo y recomendaré siempre porque, más allá de la calidad literaria, que puede ser puesta entredicho, transmite unos valores magníficos y ha logrado unir a una generación, la generación potterhead, de una manera que antes no se habría imaginado. Pero no nos pasemos, hay límites para todo y Harry Potter tampoco es tan divino como para poderle extrapolar lo de que es difícil cercar el cielo. . Me temo que he tenido que ir aprendiendo a odiar Harry Potter a lo largo de estos últimos meses, odiarlo de forma que no se convierta en una repulsión tal que me haga renegar de la saga, porque tampoco estoy dispuesta a apartar la mirada de una de las grandes cosas que la literatura juvenil fantástica nos ha traído.

Aprender a odiar Harry Potter lentamente, episodio a episodio de esta soap opera tan resultona a la que me han acercado, sobre todo, las redes sociales.
 

Digamos que el detonante fue la noticia de que se iba a publicar Harry Potter and the Cursed Child. Yo era feliz sabiendo que después de los siete libros (además del de Quidditch, Beedle el Bardo y Animales fantásticos) no habría más y de repente… ¡Zas! Un octavo salvaje aparece. Todo el fandom (al menos la parte histriónica del mismo) empezó a hiperventilar al mismo tiempo, el hype alcanzó cotas inexplicables, etc. Llegaron los primeros desmentidos, las primeras decepciones al extenderse la noticia de que no era otra novela sino una obra teatral (Rowling, ¿cómo nos haces eso?) y todas esas cosas que probablemente ya sepáis.

Pronto se desveló el reparto que se encargaría de representar la obra en Londres y corrió la sangre al desvelarse las elecciones. Una Hermione negra. ¿A quién se le ocurre? Sapos y culebras corrieron por la red por haberse producido semejante elección (no es que yo la defienda a ultranza, pero, sinceramente, tanto me da quiénes sean los actores), que para muchos rompía con la esencia de la saga y el legado de los ya consabidos y entronados actores originales.
 
A ello hay que sumar, una vez publicado el guion de la obra, la opinión de muchos fans sobre este. Criticaron la falta de profundidad, lo escueto de los personajes, el cambio de escenas constantes… Parece que alguien olvidó que se trataba de teatro (aunque se hayan pasado tres pueblos y medio con la duración). Teatro, que no narrativa. No es una novela, no sigue la estructura de un libro ni persigue los mismos objetivos. Lo que interesa es que pueda ser representado, no que tenga el calado moral de Guerra y Paz. Ojo, que en el género teatral se ha logrado hacer de todo y encumbrarlo como el género predilecto de las masas, pero no estamos en esos tiempos y dudo mucho que se esperase una gran maravilla de este Harry Potter and the Cursed Child.
 
El caso es que todo esto me molestó sobre manera.
 
Pero, cuidado, que el asunto no se termina ahí. Me imagino que tendréis presente el furor por la aparición del Pokemon Go (ese juego que yo no entiendo, básicamente porque nunca llegué a congraciarme con Pokemon). Bien, pues al poco tiempo, una semana o una cosa por el estilo, ya saltó en las redes la noticia (desmentida, por cierto) de que los desarrolladores del juego estaban trabajando en un Harry Potter Go. Al parecer fue algo totalmente infundado que corrió como la pólvora desde las manos de unos fans, pero se ha inflado e inflado y tal, en un futuro, un juego por el estilo acabe viendo la luz. También hay que añadir a mi descontento que también haya rumores (y deseo por parte de muchos fans) de que el HP8 se convierta en película. PELÍCULA. Ya existe una obra que se representará durante bastante tiempo, lo que quiere decir que la trama ya ha salido del papel, que no es algo que todas las historias puedan decir. ¿Por qué ese afán de estirar el chicle hasta que se rompa y no sirva para nada?
 
Pero hay una última cosa que me repateó y mucho. De hecho, fue la que hizo que me lanzase a completar esta entrada que había comenzado a idear hace meses. En Twitter había un hashtag, #JKRowlingisover, con el cual multitud de usuarios mostraban su descontento (porque no se cruzaron a Rowling por la calle en ese momento, ya que más de uno no habría dudado en lincharla) porque la autora británica había dicho que Sirius Black no era gay. Quizás sepáis a qué me refiero. Tal es el alcance de Harry Potter, tal es su calado en la sociedad, que ha llevado a debates absurdos, a enconarse a raíz de asuntos de importancia mínima. No sé hasta qué punto es acertada o no la declaración de Rowling, que podría haberlo dejado correr, sin meterse en el fango, pero esa necesidad de aclarar todos y cada uno de los aspectos relacionados con la saga, sin permitir que construyamos los bordes que han sido dejados inacabados con nuestra imaginación me resulta irritante.
 
 
Y yo no quería sentir animadversión hacia Harry Potter, porque, como ya os dije, representa muchísimas cosas para mí y para millones de personas. Pero semejante aluvión de novedades, aparecidas casi 20 años después (y lo que seguramente queda por llegar) no hace más que empujarme a quererme desenganchar de este tren, que ya ni es Expreso a Hogwarts ni nada; se queda en cercanías renqueante.
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3 comentarios en “Aprendiendo a odiar a Harry Potter

  1. jajjaajajj!!! Hola Clara!!
    Bueno…. vamos a ver!! Yo creo que el truco está en no dejarse llevar por la euforia! Yo leí la saga completa el año pasado… ya me dirás… tropecientos años después de todo el boom!! Y me gustó… tengo que decir que la trama es elaborada, y es difícil no dejarse llevar por todo ese mundo mágico… Y cuando salió la última entrega, he de confesar, que me tuve sentimientos encontrados… por una parte me hizo ilusión y por otra respeto y un poco de miedo…
    Y que quieres que te diga… no me fascinó… estuvo bien saber de nuevo de los personajes, pero poco más… Ya lo he leído y ahora, a por otros libros y autores, que hay muchos y son igual de buenos o incluso mejores!! Todo este tema del merchadising, páginas especializadas en Harry Potter y estas palabrejas como Pottermore y demás… pues como que no!!
    También me hizo mucha ilusión la noticia de la cuarta parte del cementerio de los libros olvidados, pero el otro día era tal las noticias en las RRSS que me agobió y todo…. En años no sabes nada de su autor, y de pronto fotos, vídeos, presentaciones a lo grande, etc…
    Ya te digo…. el truco está en la moderación y de estar informada pero no saturada!! Es difícil, pero…
    Por eso muchas veces, cuando un libro me apetece mucho, dejo pasar un poco el tiempo y la euforia del momento.
    Saludos!! 😉

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  2. ¡Bravo! Eso es lo que tengo que decir a la lectura de esta entrada.
    Llevas toda la razón. Hay mucho fan loco que en el momento que vea el título de la entrada se tirará de los pelos pero hay que separar las cosas y analizarlas. Yo he leído la saga, he visto las películas y adoro a Harry Potter, o mejor dicho, lo que representa. Eso no quiere decir que me ponga una venda con todo lo que está pasando. Para mi la saga terminó en 2011, hay que cerrar página y recordarla con cariño junto con nuestra infancia, pero ya está, ni nuevos libros, ni nueva información, ni nuevas películas, nada más.
    Para mi Harry Potter terminó entonces y lo de ahora no sé que será pero huyo de todo lo relacionado para no odiar una parte fundamental de mi infancia, porque eso es lo que están consiguiendo, que nos desesperemos y desilusionamos por el beneficio económico y los fans poco críticos.

    ¡Un beso!

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  3. S. dijo:

    ¡Buenas!
    Tras leer tu entrada, me queda la sensación de que lo que odias es el fandom 😄 Yo, como ni redes sociales ni hostias benditas, vivo feliz sin tanto rollo. Ni siquiera leo entrevistas de autores y demás porque por lo general no me interesan; lo que quieran transmitir con sus obras, que lo digan en ellas.

    Justo ahora estoy releyendo la saga y quiero leer los pocos libros que me faltan (los nuevos y “Quidditch a través de los tiempos”, que creo que nunca lo leí), además de re-ver las películas (¡la última aún no la he visto! He tardado tanto en cerrar HP en mi vida que se me ha juntado con el retorno XD). Y lo estoy disfrutando mucho ♥

    ¿Me gusta Harry Potter? ¡Sí! ¿Están estirando el chicle como si no hubiera un mañana? ¡Es evidente que sí! ¿Me molesta? Pues no, la verdad. Leeré y veré las cosas nuevas porque quiero, si quisiera quedarme con las siete novelas originales, pasaría de lo nuevo y ya está. Yo lo hubiera dejado tal como estaba; entiendo la postura de “la estás cagandooo” respecto a Rowling y hasta podría decir que la comparto en cierto modo, pero a la vez tampoco le veo mayor problema: nadie nos está obligando a ver y leer todo lo relacionado con HP (ni con nada) y si algo comienza a volverse un “qué mierda, pero lo tengo que leer porque es de HP“, creo que el problema no es HP ni cuántos libros saquen. Y esto lo digo con conocimiento de causa y no porque tú hayas dicho algo así en ningún momento, que conste.

    Así que en fin, al pan, pan y al vino, vino (???) 😄

    ¡Abrazotes! ♪

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