Cuando levantas una piedra… y aparece un microsexismo

A estas alturas parece masoquista hacerse sangre cada vez que aparece un micro/macromachismo en cualquier parte. Pestañeas y aparece uno nuevo. Creías que no podían superarse a sí mismos, los acuñadores de eso bellos chascarrillos sexistas, pero lo hacen. Tiene un don, son personas ávidas de reinvención, de innovación. O tal vez sea cosa de las redes, que muestra al desnudo tantas pilas de basura, el que surjan aquí y allá nuevas formas de gilipollez.

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Es absurdo intentar eliminar los microsexismos (los más recalcitrantes, por visibles, se han ido erradicando en mayor medida) de la noche a la mañana. Forman parte de nuestra mentalidad, son aspectos perfectamente aceptados/reídos/aclamados por la sociedad. Pero hacen daño. Son las migajas que van quedando de la gran hogaza de machismo que había en un principio, aunque si no se recogen adecuadamente, cada vez que des un paso las verás, y te enervarás y sentirás que todavía pervive lo inicial. Así, claro está, hay que ir poco a poco. Primero hay que detectarlos, repudiarlos y eliminarlos. Ardua tarea, pero infinitamente más eficaz que lanzarse a barrerlos bajo la alfombra.

Hay muchos, demasiados, ejemplos de microsexismos latentes que se me vienen a la mente ahora mismo, pero voy a tomar algunos  que he visto hace nada (apenas una semana) en Twitter. (Twitter es el almacén de todo lo bueno y lo malo de estos días. Y de sexismos hay un stock tremendo).

El primero es este.

Supongo que habrá a quien le parezca una minucia. Y lo es. Claro que lo es. No está descuartizando a nadie, ni impidiendo que alguien vote, que alguien utilice el transporte público. Por eso es un “microsexismo”. De todas formas, sorprenderse es imposible. Aunque sigue doliendo. 

Se tiene asumido, en el mundo de los videojuegos y cosas “frikis” varias, que eso no va con las mujeres. Por alguna razón. Se supone que a las mujeres nos van ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE las cosas rosas (ajá), las novelas rosas (re-ajá), discos empalagosos (A J Á), películas pastelosas (…); si nos acercamos a una consola HAY MODELOS ROSAS porque jugar en una de color gris había sido desfeminizarnos, se piensa en ciertos juegos dirigidos a nosotras: nada de sangre, violencia, coches (¿qué es eso de los coches?)… No somos, desde luego, bienvenidas. Y cuando resulta que una mujer juega (un ojo a la cuenta de @TodasGamers clarifica mucho las idevideojuegossexismoas), una mujer gamer hace referencia a cualquier cosa de este tema se la tacha de: oportunista, ser solo fachada, posturera, mentirosa, inepta, quécoñovasasabertúdeestodéjameamí. EA. Vuelve cuando quieras.

Por otro lado, tampoco son frecuentes las mujeres como protagonistas en juegos (ya se ve: ni destinatarias del producto ni, desde luego, parte del producto). Y cuando lo son… Oh, señor. ¿Tenéis en mente esa imagen de mujer badass de cuerpo imposible (realmente imposible) que va en ropa interior matando monstruos y ese tipo de cosas? Bueno, dicho eso, sobra cualquier otra palabra.

annoyed ugh eye roll cry baby

El siguiente es una imagen 

 que, en realidad, podríamos englobar perfectamente junto con este ejemplo anterior. De hecho, aplicad todo lo que he dicho sobre videojuegos al tema MUJERES Y COCHES.  ¿Cuántos chistes se os vienen a la cabeza? ¿Cuántos “mujer tenías que ser” al volante? Que sí, que todos sabemos que se puede/debe hacer humor con todo. Pensad en este exconcejal madrileño, Guillermo Zapata, al que llevaron a los tribunales por esos tuits (los tuiters son el demonio, se sabe) de humor turbio, tirando a negro inexcrutable, sobre judíos. Habrá a quién eso le haga gracia (no a mí, sinceramente), pero al menos se tiene bastante claro (aunque luego haya habido mil y un líos políticos al respecto) que no deja de ser una coña. De mal gusto, sí, pero dista bastante de ser una apología del Holocausto. 

Ahora tú vas y miras esta foto. Y te ríes. Probablemente mucha gente lo haría. Mujeres y coches, qué gran tópico. Y lo malo es que buena parte de esa gente no vería lo sexista, no vería lo que realmente transmite esa imagen. Porque sabemos que los judíos fueron masacrados y se repudia cualquier movimiento que, seriamente, defienda dicho exterminio (o esa es la teoría), pero no así se ve que lo que consigues con esta imagen es vaciar  un bote de esencia de macho sobre lo que viene siendo un 52% de la población. 

Un placer.

Luego está esto.

Oh, el tema piropo. Da para hablar largo y tendido, para cortarse las venas un par de veces al menos. Pero creo que con este tuit queda todo bastante claro. No deja de ser una situación casual (Hombres blancos heteros del mundo, si queréis sentiros ofendidos, es vuestro momento, porque estáis todos en el mismo saco. Sé que os molesta que generalicemos, pero de alguna forma hay que abordar el tema. También sabemos que no todos sois iguales, por si pretendíais remarcarlo.), pero muestra tan bien todo lo que esto representa. 

Que sí, siempre volvemos a lo mismo. Es un piropo. Es algo bienintencionado, según dicen. Es un halago, ¿no os gusta que os halaguen? ¡Amargadas!  Pero partiendo de la premisa de que nadie lo ha pedido, ¿por qué íbamos a quererlo? Es incómodo, innecesario. Acosar no es solo perseguir, atormentar a alguien en la red o en la media distancia. Eso es acoso. No estaría de más tenerlo en cuenta. ¿A que si os lo hacen a vosotros no es chachipiruli?

Tengo también

un poco de odio hacia el feminismo, porque es imposible evitarlo. FEMINAZIS (qué pena que el alcalde de Alcorcón no emplease ese término en su vídeo) que destruyen la esencia del movimiento y echan a perder a las mujeres, perjudicándolas más que ayudándolas. Pero no quiero enfadarme más. Pasemos página.

Y, por último (al menos por esta vez), voy a compartiros otro tuit. La chica que habla en el vídeo  publicaba vídeos en Vine y en Instagram. No la conozco demasiado, pero no puedo dejar pasar esta opinión, que hago mía. 

Podría decir que crecí sin sexismo en mis juegos, pero la utopía feminista no es más que eso, una utopía, así que lo dejaré en “poco”. Me regalaron muñecos y muñecas (que se quedaron bastante muertos de asco al cabo de unas semanas), una cocinita (teniendo en cuenta lo mal que me llevo con la cocina ahora, no estoy segura de que influyese mucho en mí), tuve una bicicleta (y no era rosa), un patinete (que tampoco era rosa). Tuve libros para todos los colores y gustos, coches, un juego de herramientas… Tuve una lijadora (una lijadora de verdad a la que le cortaron el cable para que no me cargase los muebles de casa) y un cortasetos (no me preguntéis por qué; todavía hoy no acabo de entender esa inclinación mecánica de mi infancia). 

Creo que tuve suerte; no todas las niñas pudieron salir del rosa princesa, ni todos los niños pudieron abandonar el negro demoníaco de bichos varios. Pero ojalá cada vez más puedan hacerlo. Y no es tan difícil conseguirlo. EH, catálogos de juguetes; EH, publicidad lamentable; EH, mentalidad abierta. EH.


Y habrá quién menosprecie todo esto que haya dicho (lo que haya dicho yo y otros tantos antes) porque, ¿qué validez tienen opiniones del populacho que se va hacia donde más sopla el viento? No veo a ninguna autoridad que me haga plantearme escuchar acerca de esto de los microsexismos. Pues allá tú, chico, porque si necesitas que baje Dios a repetir lo que quienes lo sufren han gritado mil y una veces tienes un pequeño problema.

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