Grandes pechos, amplias caderas

Cuando engulles casi 850 páginas a través de las cuales has recorrido una novela repleta de reveses, de personajes punzantes y de episodios históricos reconocibles, entonces terminas por hacerle un hueco en tu corazón a esa obra. Grandes pechos… es un gran libro, uno que merece la pena leer, gusten o no las sagas familiares, atraiga o no el descubrimiento de las costumbres chinas a lo largo del siglo pasado.

 
Hay que armarse de paciencia, por supuesto, para no desistir durante la lectura, que dista de ser cómoda y sencilla. Influye en esto la prosa y muchas de las escenas narradas. La prosa es brillante, repleta de giros, siempre adecuada a lo contado y a sus personajes; algunas, por no decir muchas, escenas son terribles. Terribles por su dureza, por su crueldad, por su naturalidad. No es esta una obra eufemizada, no es una obra que haya pasado por el tamiz de la censura en ningún aspecto; tal vez haya sido eso lo que provocó que el gobierno chino prohibiese su publicación, atendiendo a las críticas que elevaba contra ciertas actuaciones de miembros de la República Popular y organismos dependientes.
 
Mo Yan, que no es el verdadero nombre del autor, sino un seudónimo que significa “no hables” y que alude a su vida durante la infancia, traza una historia extensa en torno a la familia Shangguan, que vive en el condado de Gaomi del Noreste. Se cuenta su recorrido desde los primeros años del siglo XX hasta los 90 y hay un personaje que va a ser el hilo conductor de toda la trama: Madre.

 
Soldados japoneses durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa

Creo que el comienzo de esta novela ha sido uno de los que más me han impresionado de los que he leído, y no me refiero al primer párrafo o a la primera página, sino a las 150 primeras páginas. Mo Yan abre la historia situándonos en el año 1937, cuando estalla la Segunda Guerra Sino-Japonesa. A la par que se anuncia la llegada de los japoneses, Shangguan Lu, a la que antes me he referido como Madre, se pone de parto por octava vez. Tras haber traído al mundo a siete niñas, su suegra, Shangguan Lü, la considera poco más que una carga que no deja de alumbrar bocas que tan solo sirven para comer y no aportan nada a la familia. Dicho parto, en el cual vendrán al mundo Octava Hermana y Jintong, es narrado conjuntamente con otro: el de una mula que posee la familia. Una situación curiosa, bastante cruel en las formas y que introduce y presenta a la perfección a los personajes implicados.

A partir de entonces, las peripecias vividas por los miembros de la familia Shangguan, que van a verse mezclados en buena parte de los episodios históricos que ya antes mencioné, son narradas tanto por un narrador omnisciente en tercera persona, como por Jintong, el último y único hijo de Madre. Narradores a los que se salta indistintamente, incluso durante una misma escena, fundiendo por completo las barreras que entre ellos se supone debería haber. Influye en este ejercicio de borrado de los límites, cómo no, la prosa.
Podría decir que la prosa de los autores orientales es infinitamente distinta a la de autoras cuya cultura nos resulta más familiar, pero, quizás, teniendo en cuenta que apenas ahora estoy comenzando a leer obras de escritores asiáticos, sea una afirmación demasiado pretenciosa. De todas formas, sí creo que, al menos en los libros que he leído, hay una diferencia sustancial en la forma en que se tratan el tema de los sentimientos y actitudes hacia la vida y otras personas. En esta obra, donde la prosa es un elemento que brilla con luz propia, esto que os acabo de comentar también se aprecia. No sabría decir cómo lo consigue, pero Mo Yan despliega su instrumental y va tallando, lenta pero sabiamente, un colosal tocón de madera que, hacia el final de la novela, se convierte en una gran maravilla cuyas raíces se han adherido al lector y han ido haciendo mella en su interior conforme los hechos discurrían. Prosa que ha hecho que lecturas posteriores hayan sabido a poco, por no decir a nada, debido a su maestría.
 
Mo Yan recibiendo el Nobel en 2012

Y quizás aquí merezca la pena hacer una mención especial a Mo Yan y a su reconocimiento.  Este autor chino fue galardonado en el año 2012 con el premio Nobel de Literatura. Muchos han sido quienes han considerado que fue un premio político, como tantos otros en los Nobel, por el desafío que en muchas obras ha planteado respecto a la situación social y política de su país (sin atacarlo, no obstante). De todas formas, este aspecto no desmerece, en absoluto, la calidad de su producción literaria, el dominio de las letras y el entretejido de tramas inmensas y repletas de sentimientos. Y yo apenas puedo hablar por un libro de los once, si no me equivoco, que ha publicado (sin contar novelas cortas y relatos), pero he recibido varias recomendaciones de obras suyas y, sin duda, me haré con ellas más pronto que tarde.


Pero, regresando a la opinión sobre esta novela, si la prosa es algo francamente interesante, más aún lo son los personajes.

 
Os hablé, antes, de la familia Shangguan, de la enorme familia Shangguan. No es fácil conocerla, pero sí que es sencillo llegar a apreciarla (y mucho). Hay que tener que la trama se desarrolla en China, en épocas muy convulsas, tales como la caída de la Dinastía Qing, la Segunda Guerra sino-japonesa, la implantación de la República Popular o la Revolución Cultural, y, además, en una región rural. Esta oda que Mo Yan dedica a las mujeres, a su madre en especial, ya que es ella quien ocupa la dedicatoria inicial de la novela (Al alma de mi madre), es inmensa e inmensamente dolorosa.
 
En la familia Shangguan, solo han quedado mujeres. Madre y sus ocho hijas, además de Jintong. Ocho hijas cuya posición, por el mero hecho de ser niñas en un mundo donde es de los hombres de quienes se espera saquen adelante a una familia, es lamentable. Probablemente esto se observe perfectamente en una situación bastante peliaguda. En el último parto, Madre da a luz a dos criaturas: Jintong y Yunü, la octava hermana. Es Jintong quien acapara la leche que su madre produce; es Jintong quien recibe todos los cuidados habidos y por haber; es Jintong a quienes todos prestan atención, porque es el niño deseado, aquel que Madre había sido incapaz de traer al mundo antes. La pequeña Yunü queda de lado, mientras que Jintong no se separa de su madre en mucho tiempo.
 
Decía arriba que se trataba de una oda a las mujeres, y así es. El hecho de que sea Jintong quien lleve la delantera en la narración y relate desde sus ojos cómo se las apañan las Shangguan, y otras mujeres de su aldea, para salir adelante, cómo han de resistir lo que la época les pone de obstáculo una y otra vez, no hace más que acrecentar el carácter cuasi heroico que va a acompañar a la figura de las féminas durante todo la obra.

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El Gran Salto Adelante (1958-1960)

Y, como todas, absolutamente todas, las hijas de la familia Shangguan son relevantes y son diferentes (es increíble cómo logra el autor caracterizarlas sin ni tan siquiera centrarse en ellas como si fueran protagonistas exclusivas de la novela), voy a hablaros de todas ellas de forma individual. Puede colarse algún spoiler, aunque, una vez llegas a la mitad de la obra, tal vez antes, hay un tema que uno asume: la conciencia de que hay algo va a pasar irremediablemente y que es necesario que así sea para que el libro cumpla con su cometido inicial.

Madre
Shangguan Lu (Xuan’er en su infancia) es el verdadero nombre de Madre. Esta niña, nacida en los albores del Derrocamiento de los Qing, perdió a sus padres y creció con sus tíos, para terminar viviendo con los Shanggua, al serle concertado el matrimonio con Shangguan Shouxi. Shouxi, un herrero estéril, y su madre, la suegra de Madre, fueron verdaderamente crueles con ella. No la consideraban una mujer eficiente, sus pequeños pies de loto le dificultaban el día a día, y no dejaba de traer niñas al mundo. Los maltratos y las vejaciones eran una constante en su vida y, sin embargo, tras el nacimiento de sus hijos menores, demostró una fuerza inusitada, y una valentía que ya quisieran muchos, a la hora de velar por su familia y defender lo suyo.
 
Primera hermana
Laidi es la primera hija de Madre, a la que conocemos cuando ronda los dieciocho años, al comienzo de la invasión japonesa. Primera hermana se enamora de un combatiente, Sha Yueliang, quien es acusado más adelante de traición por unirse a los japoneses, y tiene con él una hija. Sin embargo, el contravenir los apaños de Madre y las “leyes del destino” que ella trataba de mantener, es algo que obrará en contra de Laidi ya cuando se haya asentado en la edad adulta. Varios hombres pasarán por su vida además de Sha: Sima Ku, Sol Callado, Hombre-Pájaro Kan… Siempre su vida girando en torno a hombres, causantes de su progresivo enloquecimiento y alejamiento de la realidad.
 
Segunda hermana
De Zhaodi, apenas unos meses menor que Laidi, poco se sabe al principio, ya que su figura queda eclipsada por la de su hermana mayor. No obstante, más adelante contrae matrimonio con Sima Ku (representante de la burguesía china, en cierto modo) antes de la llegada de los batallones de los comunistas a la aldea. Esto la llevará a estar en el punto de mira, marcado su destino por cuestiones políticas.
 
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Cartel promocional de la Revolución Cultural

Tercera hermana

Lingdi es una de las hermanas más peculiares, ya que en torno a su personaje Mo Yan crea escenas que rozan o se aproximan a lo que se consideraría el realismo mágico. No es algo presente en todo el libro si no en unos pocos episodios puntuales. También Lingdi se trastornó tras el arresto de Hombre-Pájaro Han, pero el resultado de su locura fue la transformación en hada-pájaro. Habría en su vida violaciones, maltratos e hijos, dos pequeñas criaturas llamadas Gran Mudo y Pequeño Mudo.

Cuarta hermana
A Xiangdi pronto se le pierde la pista, ya que, teniendo en cuenta que Madre apenas tenía recursos para sacar adelante a los más pequeños, ella decide prostituirse para conseguir dinero y evitar que su familia tenga carencias. Aparece, de nuevo, hacia el final de la novela, enferma, pero con obsequios y dinero para que su madre pueda vivir sin preocupaciones hasta el final de sus días.
Quinta hermana
 De Pandi poco se sabe hasta que llegan los batallones comunistas por primera vez a la aldea. Entonces se muestra como una joven revolucionaria, convencida de la necesidad de eliminar a los campesinos ricos y velar por el trabajo de campos de forma comunal, etc. Contrae matrimonio con el Comandante Jiang, más adelante conocido como Lu Liren, y tendrá que huir cuando los militantes del Kuomintang recuperan la aldea. Logrará ocupar puestos importantes en el Partido, teniendo que sacrificar en buena medida su relación con los Shangguan, lo que hará que Madre y Jintong dejen de considerarla, ni tan siquiera, como familiar. Debido a las idas y venidas de la política, su posición se verá tanto alzada como degradada y afectará notablemente a su vida.
 
Sexta hermana
Niandi permaneció con Madre y ayudó en la casa cuando Tercera hermana y Laidi atravesaban momentos complicados. Fue fiel a Madre y se enamoró de Babbitt, un oficial estadounidense que acompañaba a Sima Ku, a quien conoció durante una exhibición con paracaídas. Se casaron al poco tiempo, aunque su boda fue utilizada por los comunistas para provocar el caos y asentarse, definitivamente, en la zona. Todos los reaccionarios, que era como se referían a quienes rodeaban a Sima Ku, fueron tomados prisioneros o fusilados. Babbitt, por ser americano, fue considerado prisionero especial y se vio obligado a abandonar la aldea, acompañado de Niandi.
 
Séptima hermana
Qiudi es, sin duda, la hermana Shangguan a quien menos se conoce. Al principio de la novela, en el episodio durante el cual Xiangdi decidió prostituirse, ella fue vendida por su madre a una mujer rusa en el mercado de la capital del condado. Con ello pretendía aligerar el número de bocas que alimentar y, a su vez, dar una vida más digna a su hija, que tuviera la posibilidad de acceder a una buena educación y de labrarse un futuro en condiciones. Nadie tiene la menor noticia de Qiudi en años, hasta que Jintong se la encuentra en la Granja de pollos, con otro nombre, donde había sido enviada acusada de derechista.
 
Octava hermana
La hermana gemela (o melliza, ahora mismo no estoy segura) de Jintong, Yunü, nace ciega. Pese a crecer feliz, ayudar en la familia y ser querida por sus hermanas en mayor o menor medida, llega un momento en que considera que se ha convertido en una carga para Madre. Y desaparece.
 
 
Dejando esto de lado, es necesario hablar de Jintong, ya que es quien en todo participa y todo lo ve. Su perspectiva es un tanto engañosa, un narrador dispuesto a hacer valer su opinión por encima de lo que es real, caprichoso e incluso cruel. Un hombre rodeado de mujeres, quizás acomplejado por todo lo que de él se espera y lo que, en realidad, acaba consiguiendo. Un hombre que vivió a base de la leche de su madre hasta los 13 años, a base de leche de cabra unos años más y el resto de su vida, obsesionado con los pechos y la leche de las mujeres. Débil, poco útil, despreciado por todos y acusado de necrofilia y asesinato, encerrado también por un ataque de locura… Este Jintong, la esperanza de la familia Shangguan, es un personaje bastante odioso, pero fascinante en su conjunto por todo lo que representa y también por todo aquello debería representar pero que es incapaz.
 
Unos personajes para los que las barreras del bien y del mal no existen, solo tienen ojos para la supervivenciay tal vez sea eso, esa capacidad de ofrecer absolutamente todas las caras de la moneda, lo que engalana aún más esta novela.
 
Tan solo hay dos pegas que se me ocurriría ponerle, y es que el final, el cierre definitivo, un reencuentro inesperado, no me ha terminado de convencer. Además, no es lo más sencillo del mundo ubicarse en el tiempo, porque no se marcan fechas ni el paso de meses, solo de vez en cuando y tan pronto el personaje tiene veinte años y está soltero, como ha tenido dos hijos y un par de parejas. De todos modos, tan buena es la sensación que permanece tras la lectura que ni tan siquiera estos aspectos son capaces de opacar la enormidad de esta obra
 
***
 
Por aquí os dejo unos cuantos links que he consultado durante la lectura y también a la hora de hacer la reseña. Son en muchos casos aclaratorios sobre la novela, pero también sobre costumbres chinas y sobre la sociedad. Seguramente os sean útiles a vosotros también.
 
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93070 (Mujer y sociedad en la República Popular)
 
***
 
Si habéis conseguido leer hasta aquí, no puedo hacer otra cosa que no sea daros las gracias. Sé que la entrada ha sido gigantesca, pero tenía tanto que decir de este libro que me habría sido imposible condensar la información en menor espacio. 
 
Espero que os haya llamado la atención y que os animéis a leerlo, porque confío en que lo disfrutaréis mucho.
 
Un abrazo,
 
Clara S
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5 comentarios en “Grandes pechos, amplias caderas

  1. Me ha llamado la atención. Pero los libros asiáticos me llaman poco, me creo que me va a costar leerlos y encima soy muy malo para los nombres.
    Esta recomendación me la salto, no me acabo de atrever. Pero a ver si paso más por aquí y te leo más a menudo, que me gusta tu forma de reseñar.
    Muchas gracias.

    Le gusta a 2 personas

    • Me alegra verte por aquí.^^ Hace mucho que vivo a base de entradas programadas y no visito otros blogs, pero espero recuperar el hábito en Navidad.

      Lo de los nombres es un verdadero fastidio, pero te acabas acostumbrando. Y el libro merece mucho la pena.

      Pero si no te llama… A ver si la próxima coincidimos. .

      Un besín

      Le gusta a 1 persona

  2. ¡Hola!
    Siempre me atrajo esta novela por todo lo que provocó, la censura. Tengo que reconocer que los libros que han sido censurados en algún momento me atraen mucho, aunque no siempre son lecturas satisfactorias. Un claro ejemplo ha sido Caramelos de Mian Mian, que lo empecé este año pero no lo pude terminar.
    Me parece muy curioso lo que nos cuentas del comienzo de la novela. Coincido contigo en que los autores orientales tratan el tema de los sentimientos de una forma completamente distinta.
    También me atrae mucho la época en la que esta ambientada esta novela. He leído pocos libros ambientados en China y sinceramente tengo mucha curiosidad y me gustaría más ahondar en el tema.
    Otro punto que me atrae de la novela es lo que dices de los personajes, que ofrezcan todas las caras de la moneda. Me echa para atrás un poco el tema del final, pero poco a poco me voy adaptando a los finales de los autores orientales. Al principio me resultaban demasiado abiertos y no me convencían, pero voy aceptando que la trama no quede cerrada del todo.

    No te preocupes porque la entrada sea extensa, cuando un libro te deja con ganas de escribir tanto sobre él es por algo. Espero animarme pronto con Mo Yan.
    Un beso

    Le gusta a 1 persona

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