Instrumental, de James Rhodes

Escuché a James Rhodes, por primera vez, gracias a una recomendación un tanto inesperada en Spotify. No está a la orden del día que escuche música clásica, tampoco piezas para piano. Pasó el tiempo, meses seguramente, y vi que se había publicado una polémica autobiografía de una pianista británico. Habían tenido que llegar hasta los tribunales para que  la publicación llegase a buen puerto. En ese momento no lo relacioné, ni de lejos, con aquello que, tiempo atrás, había oído (aquí el enlace, por si os interesa).9788416290437

Me produjo curiosidad, morbo, interés. Algo a lo que los periódicos se refieren con titulares del estilo de La escabrosa autobiografía del pianista James RhodesJames Rhodes; sexo, cuchillas y Johann Sebastian BachEl puto apocalipsis de James Rhodes… Bueno, digamos que no logra sino que la bola crezca y prácticamente sea mitificada de buenas a primeras.

Lo compré. Lo leí. Y ahora estoy aquí, intentando no sentirme una intrusa hablando de una persona que se ha desnudado, cuerpo y alma, en este libro; que ha desgranado sus vivencias sobre el papel, que ha compartido sus demonios, sus alegrías, su lucha… 

Sinopsis

La música fue su salvación. James Rhodes fue víctima de abusos durante su infancia y su vida ha estado marcada por esa tragedia. Escuchar a Rajmáninov en bucle durante su adolescencia y descubrir el Adagio de Bach en un ala psiquiátrica le ayudó a combatir sus demonios y a transformar su vida. James Rhodes es uno de los más eminentes concertistas de piano de la actualidad y un gran renovador de la música clásica. Ha protagonizado documentales para la BBC y Channel 4, escribe en The Guardian y ofrece recitales en todo el mundo. «Instrumental» son sus memorias, que vieron la luz en Reino Unido después de que el Tribunal Supremo levantara el veto que pesaba sobre la obra. Todo un tributo apasionado al poder terapéutico de la música y que aborda cuestiones fascinantes sobre cómo funciona la música clásica y sobre cómo y por qué puede cambiar nuestras vidas.

Supongo que cuando se piensa en grandes genios de la música, lo más frecuente es pensar en mentes atormentadas, maniáticas, sorprendentes, desenfrenadas. No cabe duda de que sería una locura hablar de Rhodes como si lo estuviésemos haciendo de Beethoven, pero no se puede dejar de lado la peculiaridad que envuelve su figura, y también su profesión.

Un pianista atormentado, que se ha ido haciendo a sí mismo sin planos, taladrando aquí y allá para colocar unos tornillos que a lo mejor encajaban. O  tal vez no. Un pianista que se lo debe, como él afirma, todo a la música. “Ahora sé que la música cura”, llega a decir en los capítulos finales. 

Es complicado, incómodo, leer algo que sabes que incluso a ti te duele. ¿Cómo no habrá dejado a quién lo ha padecido en sus carnes? Violaciones en la infancia, repetidas, continuadas. Traumáticas. (¿Acaso podrían ser de otra forma?). Unos abusos que son la razón del desbarajuste emocional de Rhodes, que le marcarían para siempre, en lo personal y en lo profesional.

Introversión, fantasmas, dudas, miedo. Una locura, de la que habla, que fue adueñándose de él, que le hizo vivir a bandazos, ahogándose y resurgiendo para tragar una bocanada de aire en el último instante. Drogas. Abrazo de los estupefacientes como solución temporal. Medicación, psiquiátricos. Un amor complicado entre medias, un amor mal querido, descuidado. Un hijo. Más medicación, más miedos. Vuelta a la música, abandonada en la juventud, atisbo de salvación, pero nada más que eso, una rendija pronto eliminada. Autolesiones, suicidio, internamiento. 

¿Queréis saber cómo arrebatar a un niño todo lo que le hace ser niño? Folláoslo.

Folláoslo de forma continuada. Pegadle. Dejadlo inmovilizado contra el suelo y metedle cosas en el interior del cuerpo. Contadle cosas de sí mismo que solo pueden ser ciertas en las mentes más jóvenes, antes de que la lógica  la razón se hayan formado del todo; esas cosas se adueñarán de él, y se convertirán en una parte integral e incuestionable de su ser.

Una vida que, probablemente, nadie querría para sí. 

No obstante, leer Instrumental me ha ¿enriquecido? más allá del sufrimiento, del dolor, de la incomprensión que suscitan las vivencias y actitudes de James Rhodes. La visión que aporta sobre muchos temas (el de los abusos sexuales es el más sonado, por supuesto, pero no el único) es muy franca y muy interesante, sobre todo en lo referente a la música clásica, ya hacia el final de la obra. La pasión con que habla de ella, de sus planes, de sus deseos, de mil y un ojalás, y también la crítica para con la industria por promover la incultura con sus estrategias decimonónicas y rancias, es el cierre esperanzador con que concluye una parte de su vida y abre puertas nuevas. Y no solo se las abre a sí mismo, si no que las abre a los lectores. De hecho, cada capítulo comienza con una pieza musical (Chopen, Mozart, Liszt, Rajmáninov, Ravel), con unos párrafos breves en que Rhodes relata su relación con dicha pieza y con el autor… Y es imposible lanzarse a la lectura sin escucharla. 

Más allá de esto, creo que cabe decir que Rhodes se ha mostrado como alguien tan sumamente complejo que me he pasado durante toda la lectura intentando decidir cómo entenderlo. La sinceridad, velada a veces, con la que habla de sí mismo, es algo que le honra. Pero deja, claro, salir a la luz mil y una facetas. Hipocresía, victimismo, autohumillación, coraje, valentía. Una persona con tantas luces como sombras, que ha sido capaz de autorradiografiarse y dejar que sean los demás quienes elijan como lo ven, si prefieren dejarse llevar por su personalidad voluble, por sus miedos, o por lo que representa en cuanto a la música. 

Me alivió mucho permitirme dimitir del puesto de director general de todo el puto universo y, por una vez, ir por ahí sin ser más que una parte de él. Creo que a eso se le llama humildad.

Y, aunque tengo mis dudas, aunque lo veo como alguien tan hipócrita como valiente, me parece que haberlo descubierto, haber invadido su vida, haber conocido piezas clásicas e interpretaciones suyas ha sido gratificante, una experiencia completa. Y recomendable.

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2 comentarios en “Instrumental, de James Rhodes

  1. ¡Hola!
    Tengo que reconocer que me ocurre como a ti, es un libro que me atrae, que me da morbo y curiosidad. En mi caso de momento no me he animado, estoy esperando a que pase el boom, cosa que suelo hacer. Porque si lo leo cuando lo veo por todas partes me acabo agobiando y no lo disfruto de igual manera.
    Cuando me encuentro ante este tipo de libros, autores que se desnudan completamente y son tan generosos que lo comparten con los lectores, me siento rara durante un tiempo. Son libros que me suelen marcar, dejar huella y que me cuesta olvidar incluso me cuesta dejar de pensar en ellos.
    Me atrae mucho lo de que al comienzo de cada capítulo nombre una pieza musical y hable sobre lo importante que es para él.
    Espero animarme en el nuevo año a leerlo y a ver que me parece.
    Un beso

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  2. Quizá ya estoy mayor para el marketing, pero hoy por hoy sé que no me interesa. Son tantos los abusos y tan pocos los genios!. Sus interpretaciones? pues correctas, sin duda, pero me dejan fría. Lo mismo me pasa con el pianista, al que pude escuchar en directo, Pogorelich (http://www.eldiario.es/cultura/Ivo-Pogorelich-pianista-extremo-buena_0_480152437.html) que me resultó distante y frío.en su correctísima interpretación. Claro que el teatro Campoamor de Oviedo, con las campanadas de las horas de la caja de ahorros al lado, no es el mejor sitio para escuchar música clásica. Ni otra. Lo mismo que la iglesia de Luarca con sus campanadas.
    Bueno, que no, que tampoco tú con tu magnífico análisis has despertado mi interés por el personaje.

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