Trainspotting, de Irvine Welsh

Me recomendaron ver Trainspotting a finales de agosto y, aunque había oído algo sobre la película antes, no me llamaba demasiado la atención. Sin embargo, cuando supe de la existencia del libro de Irvine Welsh me lancé a por él y decidí posponer la adaptación de Danny Boyle. Ahora que he leído el libro y visto la película puedo decir que fue una buena decisión. (¡Más aún sabiendo que el año que viene se estrena la segunda película basa9788433966438.jpgda en la vida de Renton! -En realidad, basada en Porno, libro”continuación”).

De esta obra podría decir mil y una cosas, pero todo radica en lo mismo, sería como darle vueltas a la misma madeja. Trainspotting me ha fascinado. Los personajes, todo sombras, lo deprimente de los ambientes en que se mueven… Una situación social complicada, con familias desestructuradas, economías que subsisten como mejor pueden, una explosión de afectados por el SIDA y abrazos a la bebida y todo tipo de drogas.

Un caldo de cultivo, este, en el que pequeños gérmenes pululan y se desarrollan. Son Mark Renton (Rents, Rent Boy), Sick Boy (Simon), Spud (Daniel), Begbie (Franco), Davie Mitchell, Tommy Laurence, Segundo Premio (Rab), Swanney (Madre Superiora, Cisne Blanco), Matty, Alison, Diane… Personajes por un tubo, como quien dice, aunque el hilo conductor, no cabe duda, es Renton.

Renton es el personaje principal, en torno a quien se estructuran buena parte de las narraciones episódicas. Es un tipo de veintitantos, enganchado a la heroína aunque intenta dejarlo. Es una persona bastante leída y crítica con la situación política y social que atraviesa Escocia y, en general, Reino Unido. No es fácil, ya que es un personaje muy complejo, con más vicios que virtudes en su haber. Hay momentos en que su actitud invita a apreciarlo y empatizar en buena medida con él, pero a las dos páginas esta opinión apenas formada se diluye y no queda más que un yonqui cínico e hipócrita con algunos momentos de lucidez.

La sociedad inventa una lógica falsa y retorcida para absorber y canalizar el comportamiento de la gente cuyo comportamiento está fuera de los cánones mayoritarios. Supongamos que conoces todos los pros y los contras, sabes que vas a tener una vida corta, estás en posesión de tus facultades, etcétera, etcétera, pero sigues queriendo utilizar el caballo. No te dejarán hacerlo. No te dejarán hacerlo, porque lo verían como una señal de su propio fracaso. El hecho de que simplemente elijas rechazar lo que tienen para ofrecerte. Elígenos a nosotros. Elige la vida. Elige pagar hipotecas; elige lavadoras;elige coches; elige sentarte en un sofá a ver concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, atiborrándote la boca de puta comida basura. Elige pudrirte en vida, meándote y cagándote en una residencia, convertido en una puta vergüenza total para los niñatos egoístas y hechos polvo que has traído al mundo. Elige la vida.

Pues bien, yo elijo no elegir la vida.

Es cierto que Renton es quien más se prodiga por las páginas, pero muchos otros nos hacen copartícipes de sus andanzas y van desvelando, poco a poco, el camino correcto a seguir en el dédalo de conexiones que hay entre ellos. A fin de cuentas, Trainspotting es una novela, pero no al uso, sino un conjunto de historias, de episodios cortos, centrados en la vida de los personajes ya mencionados a lo largo de unos meses. A veces narrados en tercera persona, a veces desde la perspectiva de uno de los protagonistas. Otras, incluso, el episodio es una anotación de diario, un delirio… Hay donde escoger. 

Creo que la palabra idónea para referirse a Trainspotting es tramposo. Irvine Welsh modela una novela tramposa, donde no te puedes fiar de nada ni de nadie, porque lo más probable es que acabes con una puñalada en la espalda. ¿Crees a Renton? Difícil. Parece el más legal de todos, pero cuidado con él; se camufla. ¿Crees a Sick Boy? Tan pagado de sí mismo, como por encima del bien y del mal. ¿Crees a Franco? Franco y su labia, su ego inmenso, su violencia, su inseguridad interior (porque tiene que haberla en semejante mamarracho). ¿Crees a Spud? Al pobre Spud. Bueno, a Spud hay que quererlo, no queda otra. 

Lees. Y vas a ciegas. Das tumbos de episodio en episodio. Descubres tal o cual cosa. La encajas como puedes en la idea que te has hecho del personaje en cuestión. Y sigues, capítulo a capítulo, droga a droga.

Porque, claro, la droga es coprotagonista. La heroína, el ewan mcgregorjaco (no sabéis que agobio intentando no perder el hilo con la jerga ¿? Yo vivía perfectamente sin hablar de “privar”, de “jaco” y de “guita”, pero Irvine Welsh creyó que mi vocabulario andaba cojo) está omnipresente. Causa y consecuencia de todo. Motor que empuja a actuar y freno que impide llegar a buen puerto. Si no fuera por ella, Trainspotting no existiría, claro está. Hablamos de una obra que comienza con Sick Boy y Rents yendo a toda pastilla en busca de la Madre Superiora, porque el mono que tienen es descomunal y están al borde de un ataque. De ahí en adelante solo se puede ir hacia arriba.

El caballo es una droga honesta, porque te arranca esas ilusiones. Con el caballo, cuando te sientes bien, te sientes inmortal. Cuando te sientes mal, intensifica la mierda que ya está ahí. Es la única droga realmente honesta. No altera tu estado de conciencia. Sólo te da un colocón y una sensación de bienestar. Tras eso, ves la miseria del mundo tal cual es, y no puedes anestesiarte contra ella.

Decía antes que lo que conforma el libro es una serie de episodios más o menos relacionados entre sí. Y es cierto, pero también hay una cohesión, a nivel de capítulos, que redondea el libro. Hay siete partes que marcan la historia según la relación de Renton con la droga y la influencia de esta en su situación personal (Arrancado, Recayendo, Arrancando otra vez, A tomar viento, Exilio, En casa y Salida). Aunque a priori esto pueda parecer secundario, os puedo asegurar que no lo es; tiene bastante más interés e importancia de lo que podría parecer.

Ahora bien, ¿qué ha sido lo verdaderamente llamativo de la novela?

Los personajes, cómo no, de los que he hablado vagamente ya, y, sobre todo, cómo evolucionan. Porque vaya si evolucionan. Cordura no derrocharán, pero la evolución exuda por sus poros como un torrente imparable. Y, la guinda de este enorme pastel, las voces narrativas. Ya comenté que no hay un narrador único, pero he dejado un detalle para este momento. Welsh no menciona en los episodios quién es el narrador. No lo hace. (¿Para qué saber quién narra? ¡Minucias!). Pero es tal el grado de profundidad, de elaboración y unicidad que logra dar a cada una de las voces, a cada uno de los personajes, que es innecesario mencionarlos. Están tan, pero tan bien, que es fácil reconocerlos aunque no haya diálogos, aunque no se haga referencia a algún episodio pasado que pueda recordarse. Su carácter está de tal forma impreso en ellos que es asquerosamente real. 

Que les den por el culo a los hechos, esas cosas triviales, esos mezquinos celos que se convierten en parte de la mitología en un sitio como Leith, un sitio lleno de capullos entrometidos que no quieren ocuparse de sus propios asuntos. Un lugar para basura blanca desposeída en un país basura lleno de basura blanca desposeída. Hay quien dice que los irlandeses son la basura de Europa. Eso es una mierda. Son los escoceses. Los irlandeses tuvieron las narices de recuperar su país, o al menos la mayor parte de él.

Por otro lado, sentimientos. Emociones aquí y allá. En un párrafo no queda otra opción que reírse y, al siguiente, el drama te engulle. Sin avisar. O te envuelve la locura y de repente ya no sabes qué sucede, por qué sucede o a quién le sucede. Así son las cosas.

Claro está, todo esto son los cimientos de la gran catedral de Trainspotting. Ya luego vienen las tramas bizarras (ahora que la Fundéu dice que ya puede usarse al estilo bizarre sin destrozar el castellano), las idas de olla, los colocones, los llantos, las muertes, las peleas, la violencia sin sentido, los hurtos y no tan hurtos, el amor (o lo que sea), los arrepentimientos, el querer encarrilar una vida que se escapa por la tangente… Pero eso es lo  que hay que leer (o disfrutar en la película, en su defecto) para acabar de asimilar todo el universo creado por Welsh.

MIRAMAX fail run ewan mcgregor trainspotting

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