Minirreseña: Orthodoxia, de Ulises Bértolo

A finales del año pasado, el autor de esta novela se puso en contacto conmigo para proponerme que la leyese y hablase acerca de ella. Queda bastante claro que, últimamente, llevo un poco mal el tema fechas y las publicaciones en el blog. De todas formas, me las he apañado para escribir un poco sobre Orthodoxia hoy. 

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Leí, hará dos años, la primera novela de Bértolo, La sustancia invisible de los cielosy me encantó. Aún guardo un buen recuerdo, aunque vago, de la lectura, así que me pareció más que bien volver a sumergirme en el universo del autor. 

En Orthodoxia la Historia, al igual que en su primer libro, tiene mucha importancia. Es, de hecho, la base de la trama: no es casualidad que el prólogo parta del siglo X. 

En este caso, a la cabeza de los personajes tenemos a Sandra Márquez, guardia civil de la unidad de patrimonio, quien tiene que hacer frente a un asesinato en el Monasterio de Uclés. Detrás de este acto se esconde un enorme misterio, en el cual la agente se verá inmersa, pero no lo hará sola, sino de la mano de Thomas, un reconocido profesor, y Luis, un gallego que se afana en investigar la Orden de Santiago.

A lo largo de las más de 450 páginas se desarrolla el misterio, que bebe constantemente del pasado, y avanza cambiando de localización una y otra vez, así como de personajes. Del nudo central aparecen cada vez más cabos que, en un principio, parece difícil que vayan a poder anudarse en algún momento. No obstante, Bértolo consigue desembarazarse de la situación con bastante eficacia.

Como decía, hay muchos personajes. Y, además, muchos personajes que toman la iniciativa y arrastran la trama hacia su lado. De ahí que podamos hablar de una novela coral. No cabe duda de que el autor logra, de esta manera, abarcar una cantidad de información (y de escenarios relacionados) ingente, pero no sé hasta qué punto está pulida la técnica. En una historia con varias voces hay que individualizar a cada una de forma que, al cambiar de una a otra, se aprecie que ya no estás percibiendo las cosas desde el personaje anterior sino desde otro distinto. Y cuesta conseguirlo en este caso. Es bastante plana la prosa, infinitamente mejor recuerdo la de La sustancia invisible de los cielos, y hace que sea cuesta arriba la lectura.

La documentación previa y la capacidad del autor para darle forma a todos esos datos que nos va dejando caer según avanzamos  no están en entredicho. Pero (qué mal que siempre haya un pero) es que yo diría que es excesivo. Todo. Llega a hacerse pesado el aluvión de información que hay en una página sí y en otra también. Sí, luego, hacia el final, todo tiene sentido y agradeces haber leído todo lo que has leído (y aprendido, porque la novela no deja de tener cierto carácter divulgativo bajo su carisma de thriller), pero el camino es duro. Un Tourmalet con su 13% de pendiente para alcanzar ese puerto de categoría especial.

Dentro de los personajes, algo anodinos, destacaría a Sandra Márquez, al profesor Thomas y para de contar. En Sandra todavía puede vislumbrarse a una policía creíble y a una mujer más o menos real en cuanto a su construcción. Thomas es un pozo de dudas, un telón que oculta un pasado complicado, desencantos amorosos muy marcados y un profesor peculiar. Juntos no hacen un mal equipo, un dúo sherlockiano que da el pego, aunque creo que les falta química y que se nos hace verlos de una determinada manera que es del todo innecesaria.

Un pequeño aparte para poner verde al personaje de Miguel, que destila un machismo enorme y que es como un manchurrón en la novela, porque su personalidad no es algo esencial para la trama y podría haberse evitado semejante paseo de “princesas” por las páginas.

Ya para concluir, creo que la novela es más que aceptable, aunque se queda un poco por debajo de las expectativas que yo tenía (visto lo visto con la otra novela que ya comenté). Es lenta, pero interesante (el calificativo de thriller merecería ser reconsiderado), así que el balance final es positivo. Eso sí, los personajes flojean un pelín y la novela es, para mí, demasiado larga. Haberle cortado la extensión, condensando el contenido, habría sido un punto muy a su favor.

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