Recapitulación (I)

21 de octubre, sábado. Hace algo más de un mes que comencé las clases en la universidad. Un mes desde que me instalé en Sevilla, un mes de readaptación a mi propia vida. Un mes de novedades, buenas y malas. Y aquí, de nuevo, dejándome caer por el blog, como quien saluda a la nostalgia que viene a recogerlo periódicamente. Está sonando Spotify, oscilando entre los nuevos discos de Benjamin Clementine y Foo Fighters, y hace calor,  pero un calor que permite vivir sin fundirse con el suelo. 21 de octubre y aún no he hecho nada que me permita decidir si estoy donde quiero estar, si estoy con quien quiero estar y como quiero estar.

A veces echo de menos mi casa, mi cama, la tranquilidad del hogar vacío, la seguridad de lo conocido. Otras me alegro de haberlo dejado atrás, al menos por ahora.

Me aclimato a la ciudad, al hedor constante que invade las calles, al carril bici interminable que las enmaraña, a los adoquines desiguales, a las procesiones inesperadas, al crucifijo a escala con un cristo de músculos de la facultad, a los brazos abiertos de todo el mundo y a su superficialidad. Me agobia el buenrollismo autoimpuesto, el colegueo aleatorio que tanto abunda por no verse solo, el horario de tardes que me arruina la siesta, el no haber empezado a estudiar ni una miaja a estas alturas, el no saber si es la elección correcta o solo un trampolín a quién sabe qué siguiente etapa.

Pero relax, pienso en relax. Lo difícil era llegar y ya estoy dentro. He decidido tomármelo con calma, sin presiones, tomar contacto poco a poco y buscarle el lado bueno a las cosas. Cierto que no todo el mundo lo ve así, cierto que haberme metido de lleno en las ciencias es un suicidio en cuanto a la colectividad, porque la competitividad es la base sobre la que se ha venido asentando cualquier desarrollo técnico. Y probablemente sea la única queja que puedo tener de todo lo nuevo, más allá de pequeñas nimiedades. La competitividad, la mezquindad a la que puede llevar la necesidad de sobresalir y el despliegue de lo peor de cada uno para dejar atrás al resto. Un desencanto de calibre, una decepción y una toma de contacto con la realidad.

No más novedades en el frente.

PD) Bueno, en realidad sí. Tengo estas dos maravillas en mi cuarto. Y pocas cosas me satisfacen más que rodearme de mujeres de papel.

 

Clara S

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