Sevicia

Me desnudas sin palabras
y sin palabras me entierras.
Con la mirada ferviente
del que no guía sus pasos más allá de su reflejo,
del que late, sin saberlo, pero late y golpea fuerte.
Con las sinapsis erradas
del que no brilla salvo en sus pupilas
cuando hiede el alcohol en su des-aliento,
cuando hiede falso el valor en su hombría.

Me arrancas de la vida
cuando aún trino.
Me fustigas con meandros las espaldas
rebotando las albardas contra el suelo.
Que ya no sé si me quitas pena con la muerte
o me crujes los costados nuevamente.

Pero ese río tuyo, tormentoso,
que me levanta del barro los pies
y me estrangula entre sus pútridos juncos;
pero ese río tuyo de desventura,
ignorancia y sevicia,
no es más que polvo en el fondo
de un cajón perdido en el rincón de quién sabe qué hotel;
no es más que lágrimas caducadas
y el mío, fresco corazón, palpitante de vida.

¿Qué es el miedo? ¿Qué es la huida?

Estoy aquí delante, erguida,
con el puño apretado y el ejército de un millón de vencidas
respirándote.

Vuela, cobarde.

Clara S

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He pensado

He pensado, ya que nos vamos a morir, que sea liviano.

Los párpados que aún vagan por la playa, verano lamiendo las heridas, cucuruchos entre bloques de hormigón y malos besos de infancia. Melancólica melodía para flauta dulce desafinada, con dedos de alambre tapando las negruras de la vida sin atino. Suena la muerte entre las rendijas de una persiana mal bajada que, a duras penas, oculta del sol la soledad de un cuarto en ruinas y un corazón batido. Maratón de taxis por la gran vía de un pueblo herido, la sangre barriendo salvaje briznas de verde tierra hasta desaparecer en una balsa de sonrisas fingidas y pelo de visón en los semáforos. Es nochebuena en agosto y lloran a la mesa los perros de arrugado hocico y cadera pisada. Con suspiros entre ladrido y ladrido plañen por unos instantes más antes de que el blancor de una sala aséptica les cierre los ojos y apriete los dientes. Por los que vienen y por los que se van, aulla discordante la manada que queda, la manada que late, la manada que es.

He pensado que, ahora que por fin nos morimos, es mejor olvidar y que caiga el telón de los años.

 

Clara S

Recapitulación (II)

Ha pasado otro mes en este paradójico oasis del sur. Me distraigo del estudio para los últimos parciales con un poco de Twitter, suena reguetón  música de culto en Spotify y pienso en todo lo que me gustaría escribir y para lo que no tengo tiempo ahora mismo. Ya me he puesto las pilas, estoy centrada en lo que tengo que hacer y las cosas no están tan mal. Primeras dosis de realidad y el descubrimiento de que sienta más que bien equivocarse y volver a intentarlo.

Empieza a hacer fresco y la cama invita a acurrucarse entre un par de capas y dormir y leer y procrastinar de todas las formas y en todos los idiomas posibles. De vez en cuando, en los ratos de descanso, una taquicardia salvaje acecha y asoma la decepción por la puerta. La mayor parte de las veces se marcha igual que había venido, de un plumazo, pero otras se queda. 

La decepción por

  1. esta sociedad de mierda
  2. esta sociedad de mierda que tanta coba da a la enseñanza privada
  3. ¿esta sociedad de mierda?

Deleznable ver todo lo relativo a la Manada, ver cómo la justicia se da palmaditas en la espalda como siempre. Doloroso que se haga todo lo posible por intercambiar los puestos de víctima y verdugo. Irrisorio que haya que levantarse, a estas alturas, a decir que sí, que te/nos creemos, que te/nos defenderemos. ¿Si no lo hacemos nosotrs, quién? Logic not found cuando Sanidad mete el dedo en la llaga y vincula alcohol a relaciones no consentidas, culpabilizando a… Bueno, ni que fuese una sorpresa.

Y esas cosas, incoherencias, pensamientos nocturnos, diatribas sobre el crecimiento personal. Una vida aceptable, en resumen. 

Diciembre parece querer seguir el mismo camino.

 

Clara S

Cosas feministas (II) – De putas, zorras y guarras: el lenguaje corrompido por el machismo

Recupero para el blog este texto publicado en un medio feminista digital hace unas semanas. Espero que os guste.

Publicado originalmente en Feminopraxis

Tengamos la siguiente situación:

[Una mujer, no pensemos en su nacionalidad, no pensemos en su raza, no pensemos en su estatus social (aunque la diferencia entre alguien de clase alta y alguien de clase trabajadora sería inmensa), tiene cuatro parejas seguidas. Cuatro affaires que no significan ninguna atadura para ella. De pronto, decide que quiere tomarse un descanso, que no le interesa tener nada con nadie, ni repetir aventuras con alguno de sus cuatro ligues ni buscarse uno nuevo. Pero da la casualidad que uno de los ligues, un hombre, considera que es el momento idóneo para tratar de pescar ahora que las aguas no parecen complicadas. Ella le rechaza. Él insiste. E insiste, e insiste. Sigue leyendo

Recapitulación (I)

21 de octubre, sábado. Hace algo más de un mes que comencé las clases en la universidad. Un mes desde que me instalé en Sevilla, un mes de readaptación a mi propia vida. Un mes de novedades, buenas y malas. Y aquí, de nuevo, dejándome caer por el blog, como quien saluda a la nostalgia que viene a recogerlo periódicamente. Está sonando Spotify, oscilando entre los nuevos discos de Benjamin Clementine y Foo Fighters, y hace calor,  pero un calor que permite vivir sin fundirse con el suelo. 21 de octubre y aún no he hecho nada que me permita decidir si estoy donde quiero estar, si estoy con quien quiero estar y como quiero estar.

A veces echo de menos mi casa, mi cama, la tranquilidad del hogar vacío, la seguridad de lo conocido. Otras me alegro de haberlo dejado atrás, al menos por ahora.

Me aclimato a la ciudad, al hedor constante que invade las calles, al carril bici interminable que las enmaraña, a los adoquines desiguales, a las procesiones inesperadas, al crucifijo a escala con un cristo de músculos de la facultad, a los brazos abiertos de todo el mundo y a su superficialidad. Me agobia el buenrollismo autoimpuesto, el colegueo aleatorio que tanto abunda por no verse solo, el horario de tardes que me arruina la siesta, el no haber empezado a estudiar ni una miaja a estas alturas, el no saber si es la elección correcta o solo un trampolín a quién sabe qué siguiente etapa.

Pero relax, pienso en relax. Lo difícil era llegar y ya estoy dentro. He decidido tomármelo con calma, sin presiones, tomar contacto poco a poco y buscarle el lado bueno a las cosas. Cierto que no todo el mundo lo ve así, cierto que haberme metido de lleno en las ciencias es un suicidio en cuanto a la colectividad, porque la competitividad es la base sobre la que se ha venido asentando cualquier desarrollo técnico. Y probablemente sea la única queja que puedo tener de todo lo nuevo, más allá de pequeñas nimiedades. La competitividad, la mezquindad a la que puede llevar la necesidad de sobresalir y el despliegue de lo peor de cada uno para dejar atrás al resto. Un desencanto de calibre, una decepción y una toma de contacto con la realidad.

No más novedades en el frente.

PD) Bueno, en realidad sí. Tengo estas dos maravillas en mi cuarto. Y pocas cosas me satisfacen más que rodearme de mujeres de papel.

 

Clara S