Recapitulación (II)

Ha pasado otro mes en este paradójico oasis del sur. Me distraigo del estudio para los últimos parciales con un poco de Twitter, suena reguetón  música de culto en Spotify y pienso en todo lo que me gustaría escribir y para lo que no tengo tiempo ahora mismo. Ya me he puesto las pilas, estoy centrada en lo que tengo que hacer y las cosas no están tan mal. Primeras dosis de realidad y el descubrimiento de que sienta más que bien equivocarse y volver a intentarlo.

Empieza a hacer fresco y la cama invita a acurrucarse entre un par de capas y dormir y leer y procrastinar de todas las formas y en todos los idiomas posibles. De vez en cuando, en los ratos de descanso, una taquicardia salvaje acecha y asoma la decepción por la puerta. La mayor parte de las veces se marcha igual que había venido, de un plumazo, pero otras se queda. 

La decepción por

  1. esta sociedad de mierda
  2. esta sociedad de mierda que tanta coba da a la enseñanza privada
  3. ¿esta sociedad de mierda?

Deleznable ver todo lo relativo a la Manada, ver cómo la justicia se da palmaditas en la espalda como siempre. Doloroso que se haga todo lo posible por intercambiar los puestos de víctima y verdugo. Irrisorio que haya que levantarse, a estas alturas, a decir que sí, que te/nos creemos, que te/nos defenderemos. ¿Si no lo hacemos nosotrs, quién? Logic not found cuando Sanidad mete el dedo en la llaga y vincula alcohol a relaciones no consentidas, culpabilizando a… Bueno, ni que fuese una sorpresa.

Y esas cosas, incoherencias, pensamientos nocturnos, diatribas sobre el crecimiento personal. Una vida aceptable, en resumen. 

Diciembre parece querer seguir el mismo camino.

 

Clara S

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Cosas feministas (II) – De putas, zorras y guarras: el lenguaje corrompido por el machismo

Recupero para el blog este texto publicado en un medio feminista digital hace unas semanas. Espero que os guste.

Publicado originalmente en Feminopraxis

Tengamos la siguiente situación:

[Una mujer, no pensemos en su nacionalidad, no pensemos en su raza, no pensemos en su estatus social (aunque la diferencia entre alguien de clase alta y alguien de clase trabajadora sería inmensa), tiene cuatro parejas seguidas. Cuatro affaires que no significan ninguna atadura para ella. De pronto, decide que quiere tomarse un descanso, que no le interesa tener nada con nadie, ni repetir aventuras con alguno de sus cuatro ligues ni buscarse uno nuevo. Pero da la casualidad que uno de los ligues, un hombre, considera que es el momento idóneo para tratar de pescar ahora que las aguas no parecen complicadas. Ella le rechaza. Él insiste. E insiste, e insiste. Sigue leyendo

Recapitulación (I)

21 de octubre, sábado. Hace algo más de un mes que comencé las clases en la universidad. Un mes desde que me instalé en Sevilla, un mes de readaptación a mi propia vida. Un mes de novedades, buenas y malas. Y aquí, de nuevo, dejándome caer por el blog, como quien saluda a la nostalgia que viene a recogerlo periódicamente. Está sonando Spotify, oscilando entre los nuevos discos de Benjamin Clementine y Foo Fighters, y hace calor,  pero un calor que permite vivir sin fundirse con el suelo. 21 de octubre y aún no he hecho nada que me permita decidir si estoy donde quiero estar, si estoy con quien quiero estar y como quiero estar.

A veces echo de menos mi casa, mi cama, la tranquilidad del hogar vacío, la seguridad de lo conocido. Otras me alegro de haberlo dejado atrás, al menos por ahora.

Me aclimato a la ciudad, al hedor constante que invade las calles, al carril bici interminable que las enmaraña, a los adoquines desiguales, a las procesiones inesperadas, al crucifijo a escala con un cristo de músculos de la facultad, a los brazos abiertos de todo el mundo y a su superficialidad. Me agobia el buenrollismo autoimpuesto, el colegueo aleatorio que tanto abunda por no verse solo, el horario de tardes que me arruina la siesta, el no haber empezado a estudiar ni una miaja a estas alturas, el no saber si es la elección correcta o solo un trampolín a quién sabe qué siguiente etapa.

Pero relax, pienso en relax. Lo difícil era llegar y ya estoy dentro. He decidido tomármelo con calma, sin presiones, tomar contacto poco a poco y buscarle el lado bueno a las cosas. Cierto que no todo el mundo lo ve así, cierto que haberme metido de lleno en las ciencias es un suicidio en cuanto a la colectividad, porque la competitividad es la base sobre la que se ha venido asentando cualquier desarrollo técnico. Y probablemente sea la única queja que puedo tener de todo lo nuevo, más allá de pequeñas nimiedades. La competitividad, la mezquindad a la que puede llevar la necesidad de sobresalir y el despliegue de lo peor de cada uno para dejar atrás al resto. Un desencanto de calibre, una decepción y una toma de contacto con la realidad.

No más novedades en el frente.

PD) Bueno, en realidad sí. Tengo estas dos maravillas en mi cuarto. Y pocas cosas me satisfacen más que rodearme de mujeres de papel.

 

Clara S

Stephen King en la pantalla: It (2017)

Stephen King tiene en su haber decenas y decenas de novelas (incluso algunas, como Cujo, que, como él mismo menciona en su On Writing: Memoir of the Craft, no recuerda haber escrito). Paralelo es el número de adaptaciones de sus obras, que también se cuentan por docenas y que comprenden desde películas tan notables como El resplandor, de Kubrick, a la nostálgica, por no decir otra cosa, teleserie de It de 1990. Resultado de imagen de stephen king monsters

Este año, después de unos cuantos con el proyecto parado, con un baile de directores y de guionistas, así como de actores, el remake de It ve por fin la luz. Lo hace de la mano del argentino Andrés Muschetti y con Cary Fukunaga (quien había sonado como director) aportando buena parte del guion (antes de abandonar el barco). Una película de terror anunciada y esperada que parece destinada a convertirse en aquello para lo que fue creada: un blockbuster, un taquillazo de terror tras el verano.

Las comparaciones son odiosas, más aún si se hacen, como en este caso, con la intención de dejar atrás la teleserie de los noventa, que pudo haber aterrorizado a muchos niños (y no tan niños en su momento), pero que hizo, a nivel visual, de reparto y de tratamiento de la trama, una auténtica escabechina. Por eso este regreso de la nostalgia de hace ya casi 30 años parece apetecer. Y mucho. Sigue leyendo

Sobre el verano

En verano me cuesta mantenerme al día con el blog: demasiado tiempo libre como para organizarlo y hacer algo productivo con él.  De hecho, en todas estas semanas de vacaciones apenas he cogido un libro y me he dedicado, la mayor parte del tiempo, a vagar como alma en pena, rogando por un poco de sol en el norte, y refugiándome en series y películas.

De todas formas, aprovecho un momento de inspiración excepcional (el saber que todo lo bueno se acaba) para compartir por aquí lo que he leído/visto estos últimos meses. En mayo y principios de junio, por eso de preparar la selectividad, estuve bastante fuera de todo, así que lo principal viene a partir de esas fechas. 


Huelga decir que este año no estoy muy por la labor de leer. No sé por qué, pero apenas lo hago y no me pide el cuerpo hacerlo, así que es la pescadilla que se muerde la cola. Desde mayo he leído cinco libros, a saber:

Una casa en Bleturge, de Isabel Bono

Orthodoxia: Cuando la muerte no es un número al azar, de Ulises Bértolo

La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca

Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima

1984, de George Orwell

También tengo otros tantos a medias. Sigo con The Feminist UtopiaItLa buena compañía, pero he sumado otros tres a los empezados: El pulgar del panda, de Stephen Jay Gould, El mono desnudo, de Desmond Morris y La vida invisible de Eurídice Gusmão, de Martha Batalha. Este último me está gustando mucho (estaba siendo lectura de playa), pero da pena terminarlo, así que me lo estoy tomando con calma -y eso que es , todavía, el tercer libro que llevo del reto Viajar Leyendo. También he avanzado un poco con El segundo sexo y con Danza de dragones, pero este último sufrió un accidente (se le desprendió un pliego de páginas) y lo he dejado un poco de lado.  


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