Recuerdos y redes

No me gusta, por lo general, leer cosas escritas uno, dos o más años atrás. Sucede, simplemente, que no me identifico con lo que se ha escrito y, en muchos casos, con la versión de mí que los escribió. Por eso tiendo a deshacerme de ello. Claro está que, si es algo determinante, no voy a suprimirlo así como así, porque es algo que formó parte de mí y que ha estado en el camino que he recorrido hasta el momento actual. Sin embargo, cuando se trate de asuntos más banales, me los quito de encima en cuanto tengo ocasión.

Esto ocurre en mis redes sociales. En Facebook conseguí, hará unos meses, deshacerme de todas las publicaciones que aparecían en mi perfil y que no se adecuaban en absoluto a lo que ahora haría o diría. En Twitter me dediqué, durante el verano pasado, a borrar tuits con paciencia y a limpiar mi cuenta. Este julio he vuelto a la carga y he empezado a borrar publicaciones (si por mi fuera lo borraría todo, pero hay retuits y ciertos contenidos que me gustaría mantener, así que no termino de animarme) y, al hacerlo, me ha invadido la nostalgia.

Entre todos esos mensajes breves, que ni siquiera llegan a los 140 caracteres, he visto transcurrir estos últimos años de vida a trompicones. De manera concentrada y dispar, obviamente, pero ahí estaba. Y, aunque no fuese capaz de recordar el motivo de la redacción de tal o cual mensaje, o su intención exacta, es un museo de recuerdos que permiten evocar escenas, sensaciones o sentimientos de otra manera aparcados en un garaje oxidado del olvido.

Personas que han llegado, han desordenado la habitación y se han marchado de un portazo; decepciones, desilusiones, reencuentros, días de optimismo exacerbado, alegrías momentáneas y triviales. Todo recogido en textos de lo más variopintos, en fragmentos de canciones, en pequeños vídeos, en gifs o en pensamientos de otros que, por lo que sea, terminamos haciendo nuestros.

Ahí está todo. Unas memorias a tiempo real que pueden llegar a hacer mucho daño, que te traen alegrías esporádicas y que son agridulces, en definitiva, como la vida misma.

Hasta este momento no me había dado cuenta de qué manera acabo, acabamos, si se me permite apoyarme en este recurrente plural mayestático, vertiendo nuestra vida en las redes, impregnando todo nuestro alrededor de pequeños detalles que recuerdan instantes concretos. Y de lo complicado que resulta saber hasta qué punto se puede continuar volcando el contenido de la jarra sin secarla ni inundar los alrededores.

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Cosas feministas (I) – Feminismo mainstream

Frecuento mucho Twitter, demasiado incluso, y ahí siempre se están cociendo cosas. Algunas más importantes, otras menos… y vídeos de gatos. Eso 24/7. Aunque mi TL está infestada de libros, también una parte importante rezuma feminismo en sus más variopintas clases. Por eso suelo enterarme de mil y una cosas relacionadas con bastante asiduidad. Pero también presencio actitudes y comentarios que acaban por hacer que me hierva la sangre.  [También es cierto que todo esto ocurre en Twitter, que ni Twitter es EL feminismo, ni desde ahí se van a cambiar las cosas a base de hashtags (aunque muchos parecen pensarlo), pero al menos es una fuente temporal de la que beber ante la falta de aguas más puras alrededor].

En estas semanas que he estado desconectada de todo, me he ido enterando a cuentagotas, de cosas a través de esta red social. Y sobre una de ellas me gustaría hablar aquí.  Son, cómo no, las camisetas feministas de Dulceida (lo sé, vengo con algo de retraso).

Dulceida "Feminist"

Fuente: @dulceida (Instagram)

Digamos que con el tema de feminismo se puede hablar, discutir e incluso llegar a las manos (aquí, que tan dados somos a exaltarnos cuando el resto no comparte nuestra opinión) sin exagerar demasiado.  No hay una corriente única de pensamiento dentro del feminismo y eso es lo que lo vitaliza y, a la vez, coloca siempre en el medio de todas las polémicas.  Sigue leyendo

Minirreseña: Orthodoxia, de Ulises Bértolo

A finales del año pasado, el autor de esta novela se puso en contacto conmigo para proponerme que la leyese y hablase acerca de ella. Queda bastante claro que, últimamente, llevo un poco mal el tema fechas y las publicaciones en el blog. De todas formas, me las he apañado para escribir un poco sobre Orthodoxia hoy. 

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Leí, hará dos años, la primera novela de Bértolo, La sustancia invisible de los cielosy me encantó. Aún guardo un buen recuerdo, aunque vago, de la lectura, así que me pareció más que bien volver a sumergirme en el universo del autor. 

En Orthodoxia la Historia, al igual que en su primer libro, tiene mucha importancia. Es, de hecho, la base de la trama: no es casualidad que el prólogo parta del siglo X. 

En este caso, a la cabeza de los personajes tenemos a Sandra Márquez, guardia civil de la unidad de patrimonio, quien tiene que hacer frente a un asesinato en el Monasterio de Uclés. Detrás de este acto se esconde un enorme misterio, en el cual la agente se verá inmersa, pero no lo hará sola, sino de la mano de Thomas, un reconocido profesor, y Luis, un gallego que se afana en investigar la Orden de Santiago.

A lo largo de las más de 450 páginas se desarrolla el misterio, que bebe constantemente del pasado, y avanza cambiando de localización una y otra vez, así como de personajes. Del nudo central aparecen cada vez más cabos que, en un principio, parece difícil que vayan a poder anudarse en algún momento. No obstante, Bértolo consigue desembarazarse de la situación con bastante eficacia. Sigue leyendo

Sobre marzo y abril

Han pasado unas 3 semanas de la última publicación y, me temo, no habrá muchas más (tal vez ninguna) hasta mediados de junio por motivos de fuerza mayor (véase selectividad). De todas formas, tenía ganas de compartir, aunque muy encima, lo que he leído (poco) y visto (algo más) estos dos meses. 


Imagen relacionadaEn cuanto a PELÍCULAS, a principios de mes me puse las botas. Literalmente. Con el tema de los Oscars me di un festín (por primera vez) y me enteré medianamente de cuáles eran las candidatas y de cuán a favor/indignada estaba de los elegidos ganadores. Vi la comentadísima La La Land, que me dio tanta pereza que le hubiese cortado la segunda mitad sin miramientos (todo una suerte que finalmente no le diesen el premio a la mejor película).  Aparte de que la banda sonora, la que tanto me había gustado en Whiplash (del mismo director), se me hizo floja en esta ocasión. Luego vi Moonlight y estuve llorando y afligida durante la media hora final. No es que fuese una maravilla en lo visual, pero menuda historia. El guion se lo comió todo, y el papelón (aunque breve) de Mahersala Ali, también.Imagen relacionada

Lo intenté con The Lobster  aunque, y ya han pasado semanas, no sé muy bien qué pensar de la película. Es peculiar, muy lenta al principio, disparatada al final (¡Colin Farrell no es un policía corrupto!) y de esas que parece que te piden reflexionar. Lo malo es que me quedé tan descolocada que hubo poca reflexión. Luego vi Moana, que me enamoró con la música, pero que me dejó algo chafada, porque las expectativas estaban por las nubes. Ya se sabe qué suele pasar. Arrival fue un gran descubrimiento, sin sobresaltos, con  un mensaje sobre el poder y la complejidad del lenguaje que me impresionó. Eso sí, los actores principales no acabaron de convencerme.  Sigue leyendo

Viajar Leyendo: Holanda – “La ciudad escarlata”

WhatsApp Image 2017-04-09 at 18.12.03A principios de año compartí una entrada en la cual confirmaba mi participación en el III Reto Viajar Leyendo, que organizaba Isa, de Readings in the North. Aunque han pasado ya unos meses, no ha sido hasta estos días que he podido comenzar con los libros que me había propuesto para dicho reto.  Mi primera elegida ha sido una novela de Hella Haasse, autora holandesa con la que puedo tachar del listado de países a los Países Bajos.

Lo cierto es que, cuando preparé las lecturas del reto, esta no estaba entre mis elegidas. Sí que me había fijado en Hella Haasse (El ojo de la cerraduraEl bosque de la larga espera), pero no exclusivamente, pues Cees Nooteboom también me llamaba la atención (Perdido el paraísoEl caballero ha muerto). Sin embargo, cuando tuve que hacerme con los libros en la biblioteca mis ideas se vieron trastocadas y, finalmente, escogí La ciudad escarlata. 

La ciudad escarlata es una de las primeras obras de Hella Haasse, publicada en 1952. Es, como bien indica su subtítulo, La novela de los Borgia, y es que se centra en desgranar las interioridades y rumores que envolvieron a los Borgia en Italia a principios del siglo XVI. Aunque se trata de una novela coral, en la que da voz a Giovanni Borgia, Vitoria Colonna, Tulia de Aragón, Pietro Aretino, Nicolás Maquiavelo o Miguel Ángel, el foco ilumina a Giovanni Borgia y a las dudas sobre sus orígenes (y todo lo que en ello atañe a los Borgia). La acción se desarrolla entre 1525 y 1534, aunque son numerosas las retrospecciones que ayudan a recomponer el puzzle de una de las familias más controvertidas de la historia. Sigue leyendo