Inside Out, o el fascinante viaje a nuestro interior

¿Cuántas veces no habremos vuelto a la niñez al disfrutar con las animaciones de Pixar? Hemos llorado con la emotiva intro de Up, hemos reído con Toy Story, hemos tomado nota de la realidad de Wall-E, hemos viajado con los monstruos para nada monstruosos de Monstruos SA. ¿Qué más nos quedaba por ver?
Ah, Pixar, lo has vuelto a hacer. O lo has hecho, sin más calificativos, porque después de explorar la infancia, después de las risas, de los temores, la familia; después de todo eso consigues innovar. Inside Out, Del Revés, es un impresionante viaje a la niñez y a la mente humana trazado con un detalle y una maestría encomiables. Una película de apenas hora y media que va a hacer desear muchos más minutos, tanto a los adultos como a los más peques de la casa.
 
Una protagonista 100% real, a la que vemos nacer, crecer y llegar hasta la prepubertad; pero evolucionamos con ella, desde dentro, desde sí misma. Porque Riley, esta hija única de Minnesota, no está sola, nunca lo ha estado; Riley está controlada por sus sentimientos, quienes han moldeado su conducta y personalidad hasta hacerla tal y como es. Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco.  Cinco sentimientos básicos, escogidos con un criterio perfectamente científico, que han de trabajar en armonía para que la existencia de Riley sea lo más tranquila y cómoda posible.

Pero claro, ha de haber una chispa, algo que ponga a prueba este interesante mecanismo. Y, ¿qué puede haber más complicado para un niño que afrontar una mudanza? Dejar amigos, actividades extraescolares, lugares, familia… Todo ello para empezar de cero en un sitio completamente nuevo. Es, en efecto, el caldo de cultivo perfecto. Es así como llegamos al desbarajuste total, que combinará risas, llanto y un grado de entrañabilidadinconmensurables. Y, en un momento dado, entre recuerdos, trenes, e ideas autoimpuestas, llegamos a la  conclusión de que somos lo que somos por culpa de, o gracias a, los sentimientos, las motivaciones que nos mueves y que, con demasiada frecuencia, ni siquiera podemos controlar. Y también nos damos cuenta de lo dependientes que somos de la alegría.

Desde Pixar nos presentan una inteligencia emocional que gira, aparentemente, en torno a la alegría. A fin de cuentas, vivimos tratando de ser felices, de tener una existencia cómoda, tranquila, lo más alejada posible de los malos momentos. Nuestros padres nos crían volcando en nuestra educación todo su amor, toda su felicidad, así que es de esperar que uno de nuestros objetivos, más allá de carreras profesionales, sea alcanzar la felicidad. En la película, Alegría lo controla todo, ordena y manda, se encarga de mantener a raya a los demás sentimientos y les deja actuar cuando es estrictamente necesario. O ni siquiera, ya que trata de apartar a Tristeza de la vida de Riley, y de reprimir los arranques furiosos de Ira. 
 
Es por eso que cuando, debido a un  incidente en el Cuartel General, Alegría y Tristeza desaparecen en las profundidades de la mente de la niña y los otros 3 sentimientos deben asumir el control, la vida de Riley da un vuelco de 180 grados. Sin Alegría ni Tristeza, su personalidad se torna explosiva, maleducada, impulsiva.
 
Los cinco sentimientos se presentan de manera perfectamente diferenciada, siendo la imagen tan importante como su papel en el desarrollo de la historia: Ira es un personaje menudo, vestido con camisa y pantalón de traje, y de un color rojo intenso; Asco es una señorita verde, con una mueca de desagrado imborrable; Miedo es un larguilucho de color morado, con ojos saltones y siempre dispuesto a dar la voz de alarma. Alegría me recuerda a un hada, quizás a Campanilla, por su color amarillo y su resplandor; pero Tristeza es la que mejor caracterizada me ha parecido. Es el personaje que más me ha gustado (¿debería preocuparme?), porque su pereza, su desazón, su timidez, me ha recordado en parte a mí.
Ahora que os hablo de los personajes, quiero aprovechar para comentar una noticia  (no es exactamente este artículo, pero la info, en el fondo, viene a ser la misma) que leí poco antes del estreno de la película aquí en España y que me chocó bastante. Parece que ahora nos encanta mirarlo todo con lupa, buscarle las cosquillas a todo. Dicho artículo mencionaba que algunas asociaciones de padres ponían el grito en el cielo por la diferencia de peso entre Alegría y Tristeza. Cuando lo leí, pensé que se trataba del peso dentro del desarrollo de la historia,  no de su complexión física… ¡¿Hola?! ¿De veras es necesario llegar a semejantes extremos? Argumentaban que estas diferencias podrían interpretarse como una especie de discriminación, al atribuir mayor peso a un personaje “más negativo”, aunando las “peores características” en Tristeza. Todo esto, claro, concluyendo que los niños podían hacerse una imagen equivocada, blablablá. Sinceramente, dudo mucho que los críos vayan a prestar mayor atención a ese aspecto y, aunque lo hagan, ¿hay algún problema con el peso? ¿Está mal que haya diversidad en los personajes, que no sean todo sílfides? Y, poniéndonos en el otro caso, ¿acaso no protestarían si fuese Alegría a quien le sobrasen unos kilos, alegando que el personaje bonachón es cliché y no sé cuántas cosas más? En la película (en esta y en la mayoría) no se trata de apariencias, sino que el físico le cede prácticamente todo el protagonismo a la manera de ser y de actuar en tal o cual situación, así que me parece una protesta bastante ridícula.
 
Pero volvamos a la película.
 
Comentaba antes que hay 5 sentimientos que controlan a Riley y cuya actuación provoca el desarrollo, el crecimiento emocional de la niña. En determinados momentos del día a día, reaccionar de una manera concreta a las situaciones que se presentan produce recuerdos. Recuerdos representados como pequeñas esferas coloreadas en función del sentimiento predominante cuando se generan. Estos recuerdos están creándose constantemente, pero cuando hay uno que marca especialmente a Riley se convierte en un Pensamiento Central. Los Pensamientos Centrales son pocos y no deben alterarse, ya que eso modificaría la personalidad de la niña. Pero esta peculiar recreación de la mente humana no se queda ahí. Un vertedero para recuerdos que serán olvidados para siempre, zonas de déjà-vu, imaginalandia, pensamiento abstracto, memoria a largo plazo, la industria los sueños, el tren del pensamiento… Y las islas de las emociones.
 
En nuestra Riley de 11 años encontramos la isla de la familia, de la amistad, del hockey, de la sinceridad y de las boberías, las cinco asociadas a cada uno de los pensamientos centrales y que vienen a completar su personalidad.
 
Como veis, un planteamiento sencillo (vida tranquila, hecho  extraordinario, caos, aventura salvadora) ambientado, eso sí, de manera compleja, sin escatimar en escenarios, todos ellos apoyados en consejos de neurocientíficos, psicólogos y más personas doctas en la materia que hacen de Inside Out algo más que la animación estrella de la temporada. Y si no, que se lo digan a críticos cinematográficos de todo el mundo que han alabado esta apuesta del cine de animación. Porque pocas pegas le han puesto: algunos la tachan de escueta, de quedarse en su plano infantil (que, en teoría, eso es lo que es, una película infantil) cuando podrían haber explorado mucho más todos los aspectos que ponen sobre la mesa, pero poco más.
 
 
De Pixar conocemos el potencial y la capacidad de innovación, así como la solvencia y la maestría a la hora de llevar la magia a la pantalla. Quizás desde que Wall-E y Up salieran a los cines, hace 8 y 7 años respectivamente, no se le había prestado tanta atención a una película de la compañía de la lamparita, y es que en esta ocasión bien merece la pena. Que no os eche para atrás la clasificación como filme infantil, porque eso sería menospreciarlo. Es una producción ambiciosa, llevada a cabo con meticulosidad y que se ganará a niños, adolescentes, jóvenes y adultos sin ningún problema. Además, casi me aventuraría a decir que serán estos últimos quienes más la disfruten.
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