Instrumental, de James Rhodes

Escuché a James Rhodes, por primera vez, gracias a una recomendación un tanto inesperada en Spotify. No está a la orden del día que escuche música clásica, tampoco piezas para piano. Pasó el tiempo, meses seguramente, y vi que se había publicado una polémica autobiografía de una pianista británico. Habían tenido que llegar hasta los tribunales para que  la publicación llegase a buen puerto. En ese momento no lo relacioné, ni de lejos, con aquello que, tiempo atrás, había oído (aquí el enlace, por si os interesa).9788416290437

Me produjo curiosidad, morbo, interés. Algo a lo que los periódicos se refieren con titulares del estilo de La escabrosa autobiografía del pianista James RhodesJames Rhodes; sexo, cuchillas y Johann Sebastian BachEl puto apocalipsis de James Rhodes… Bueno, digamos que no logra sino que la bola crezca y prácticamente sea mitificada de buenas a primeras.

Lo compré. Lo leí. Y ahora estoy aquí, intentando no sentirme una intrusa hablando de una persona que se ha desnudado, cuerpo y alma, en este libro; que ha desgranado sus vivencias sobre el papel, que ha compartido sus demonios, sus alegrías, su lucha…  Sigue leyendo

Reseña: Mientras escribo, de Stephen King

Mientras me repongo de una hecatombe estudiantil os dejo con esta especial reseña de otro libro de Stephen King.

Una obra insólita y peculiar en la producción del maestro del terror contemporáneo. Por esta vez, Stephen King abandona su escalofriante universo literario para centrarse en su propia persona. Autobiografía selectiva de su infancia y juventud, al tiempo que lúcido ensayo sobre el arte de narrar buenas historias, Mientras escribo satisfará la curiosidad de todos sus lectores por conocer las facetas privadas del autor y sus opiniones y puntos de vista acerca de la literatura, centrándose muy especialmente en todos los trucos, claves y secretos que debe dominar un novelista para atrapar el interés del lector.

 
He considerado, desde siempre, que Stephen King es un gran contador de historias. A pesar de que me he propuesto leer toda su obra (o gran parte de ella), el reto se me antoja harto difícil, porque ha habido, en esta última mitad del siglo XX y en la primera década del XXI, pocos autores tan prolíficos y exitosos como él. No quiere decir este apunte que la cantidad sea sinónimo de calidad, ni mucho menos, pero tampoco es un antónimo en este caso. Excusadme si este año reseño demasiado a King, pero… ¡Es lo que tienen los amores platónicos literarios! Me he vuelto una adicta a sus historias y no me canso de descubrir los mundos diabólicos que idea.
 

Probablemente esa haya sido la razón por la que decidí leerme Mientras escribo. No es, por primera vez, una de sus novelas, sino algo mucho más personal y de un carácter casi educativo. El libro en cuestión es una mezcla biográfica e intelectual, que incluye pasajes de la vida del hombre antes de ser un superventas, y una guía, con ejemplos de cosecha propia, sencillos y divertidos, sobre escritura. No penséis, sin embargo, que me refiero a un manual de escritura, porque no lo es. No hay lecciones y ejercicios para practicar, ni repeticiones y repeticiones hasta la saciedad. Tampoco fórmulas mágicas o secretos de triunfo. Nada de eso. Son, más bien, consejos basados en la experiencia, recomendaciones prácticas, unas políticamente incorrectas, otras más elegantes, sobre el arte de escribir.

Decir que un libro es carismático es una burda manera de describirlo, pero es la sensación que he experimentado al leerlo. Es Stephen King en estado puro: Stephen, el hombre felizmente casado, y Stephen, el escritor. Destila sinceridad, en algunas partes hay muestras de egocentrismo (todo hay que decirlo) y otras son el colmo de la falsa modestia, pero no se hace incómodo a la hora de la lectura. Está escrito en un tono cercano, hablando de tú a tú con el lector, tendiéndole la mano para cruzar el río; eso sí, el estilo no difiere demasiado de cualquiera de sus novelas, comedido pero natural y con arranques de divina vulgaridad. Hay buenas frases, fragmentos más mecánicos, más instructivos, y otros elegantes en cuanto a la forma, pero no complejos en contenido.

 
Las 300 páginas de la obra se estructuran en dos partes, como ya he dicho previamente: una de carácter autobiográfico y otra que se dedica a remover la escritura a fuego lento. La primera es un recorrido por la vida del autor desde sus primeros recuerdos de la infancia, hasta la época en que comenzó a vivir de su trabajo. Situaciones graciosas, otras impactantes. Si te lo tomas en serio, podría pasar por parte de una novela más, con sus personajes y su trama bien elaborada. Me ha entretenido bastante, porque he visto la influencia de su juventud y primera edad adulta en su obra, y me ha parecido de lo más provechoso.
“Cuatro cuentos. A veinticinco centavos cada uno. Fue el primer dólar que gané en la profesión.” 
Mientras escribo, Stephen King. pág 35/381 (digital)

 

La segunda parte aborda el tema de la escritura, con consejos y recomendaciones para escritores noveles, y posibilidades de mejora para algunos seniors. Me parece muy acertada la manera en que lo aborda, sin andarse por las ramas. Va al grano. Nos habla de los recursos del escritor, a quien compara con un carpintero. Sus útiles, son las herramientas y las guarda en una caja. En la parte superior, están las más usadas, vocabulario y gramática. A medida que descendemos en profundidad, las herramientas se hacen más esporádicas, aunque no innecesarias, y hay que mantenerlas en perfecto estado para cuando llegue la ocasión de usarlas.  Hay alusiones a la fase inventiva, al comienzo de la creación, a la temida página en blanco, lagunas en la acción, elaboración de personajes… Y también, ya al final, referencias a la revisión de obras, edición y búsqueda de agentes. Una fórmula muy interesante respecto a las revisiones es la siguiente: 2da versión = 1ra versión -10%. ¿Quién, al escribir y corregir sus escritos, no ha empezado a añadir cosas como loco para completar o atajar problemas? Stephen King recomienda esta técnica para eliminar paja y pulir lo bueno. Según dice, se la envió el director de una revista en un papel en el que denegaban un relato suyo, al comienzo de su carrera. A mí personalmente, me parece buena, y no solo para literatura pura y dura, sino para todos los textos que hacemos (incluidos esta reseña), donde nos pasamos de tuercas al escribir y hablamos de más.

Las últimas páginas del libro son un ejemplo de revisión propia. El autor nos propone un relato original, con título provisional, el cual contrasta con los tachones realizados en la 2da versión, con cambios completos de nombres, información que llega y otra que se va. Muy visual y muy interesante.

 

“Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselos. No he visto ningún atajo.” 
Mientras escribo, Stephen King. pág 191/381 (digital)
“Poner el vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por vergüenza usar las normales, es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como ponerle un vestido de noche a un animal doméstico. El animal pasa vergüenza, pero el culpable de la presunta monería debería pasar todavía más. Propongo desde ya una promesa solemne: no usar “retribución” en vez de “sueldo”, ni “John se tomó el tiempo de ejecutar un acto de excreción” queriendo decir “John se tomó el tiempo de cagar”. 
Mientras escribo, Stephen King. pág 159/381 (digital)
En relación a los tips (no sabéis lo poco que me gusta inglesear en las reseñas, pero he repetido consejos un millón de veces ya ) sobre la forma de escribir o como pulir el estilo, he llenado iBooks de notitas y subrayados. Para empezar, me parece de lo más cabal decir de que para escribir bien, hay que leer todo lo que tenga letras. Yo, cada vez que me termino una obra, aprendo algo sobre la técnica, reconozco diálogos con ritmo y diálogos de besugos (nunca mejor dicho), valoro la prosa en base a mi experiencia (para nada profesional, pero lo suficiente para ir eligiendo lecturas y disfrutándolas)… Por eso creo que para plantearse crear algo, hay que tener la espalda apoyada en una buena montaña de libros. Todos sabemos hablar y podemos hacer una redacción mediocre. La diferencia está en los mundos en que nos sumergimos con las novelas y en la calidad de las mismas. Y aquí vuelvo a parafrasear (o medioparafrasear) a King, cuando afirma que se han de leer libros buenos y libros malos. De los buenos se extraen buenas cosas, pero de los malos se extraen muchas más que NO se deben hacer. Muy sencillo y muy lógico. Luego hay otra cosa que no había tenido muy en cuenta hasta ahora, pero que aprovecho para reinvindicar, porque es cierto que es muy molesto. Los adverbios. Esos eternos adverbios terminados en -mente. ¿Cuántos diálogos los añaden solo para reforzar un verbo no muy convincente? Quizás no les tengo tanta aversión como el Sr. Stephen, pero me cargan cuando veo unos cuantos en el mismo párrafo. Y, por último, he de hacer un poquito de caso al estilo. A menudo me dejo caer por páginas con relatos y semejante por el mero placer de leer. A veces publico cosas mías (de una calidad muy mejorable, pero que me gusta sacar a la luz), y otras me dedico a ver lo que han colgado personas que sigo habitualmente. Algo que me molesta es el estilo, esas narraciones forzadas, a base de palabrejas que ni el autor comprende para contar, por ejemplo, un mero despertar o un bostezo. Me supera, no entiendo porque no se puede ir al tema sin pasar primero por la luna.

 

Pues todo esto y mucho más lo desarrolla Stephen King en su obra. Con mucha más maestría, claro está, y también con mucha más credibilidad, pero tocando los temas claves. Perfecto.

 

¿Hay alguna razón para hacer casa enteras con palabras? […} Hemos leído mil páginas y aún no tenemos ganas de abandonar el mundo que nos ha regalado el escritor, o la gente imaginaria que lo habita. Si hubiera dos mil páginas, las acabaríamos con la misma sensación. Un ejemplo perfecto es la trilogía de Tolkien sobre El Señor de los Anillos. Desde la Segunda Guerra Mundial, sus mil páginas de hobbits no han saciado a tres generaciones sucesivas de aficionados al género fantástico. Nadie ha tenido suficiente, ni siquiera añadiendo aquel epílogo que es El Silmarillion. 
Mientras escribo, Stephen King. pág 185/381 (digital)

 

EN RESUMEN Mientras escribo  es una buena guía para los principiantes del papel. Es cierto que Stephen King no es el mejor novelista del mundo, nunca le darían un premio Nobel (lo más seguro) aludiendo a cuestiones estilísticas y de forma, pero se ha convertido en uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos tiempos y eso no puede ni debe obviarse. Independientemente de que su prosa sea bella o sencilla, de que narre con oraciones largas o con una fragmentación casi exasperante; es visible a ojos de todos que es un escritor con una creatividad desbordante y una pluma con una velocidad punta que ya quisiera el ex-Ferrari de Alonso (aunque se haya puesto en tela de juicio el recurrir a negros, escritores fantasma).Tiene técnica y ha sabido subir a la cumbre de la ficción y el terror y hacerse con el trono. No es un Shakespeare ni un Cervantes, pero millones de personas son fieles a sus publicaciones anuales y leen sus libros una y otra vez. Por esos y otros motivos, creo que este libro se merece una oportunidad. Algo podrá enseñarnos este hombre, ¿no?

 
Termino con un fragmento que me parece perfecto para despedir esta reseña

 

Escribir es mágico; es, en la misma medida que cualquier otro arte de cración, el arte de tu vida. El agua es gratis. Conque bebe. Bebe y sacia tu sed. 
Mientras escribo, Stephen King. pág 353/381 (digital)