Reseña: Un mundo feliz

Parece que el BOOM! de las distopías se retrotrae, despacio, eso sí, especialmente en la literatura juvenil, donde afloraron sin control alguno durante años. Distopías que, no por ser pedante, ni mucho menos, están en deuda, cómo no, con las grandes obras del género. La reseña de hoy se corresponde con Un mundo feliz, escrita por el británico Aldous Huxley y publicada en 1931.
 
Esta novela nos sitúa en el año 632 d.F., en una sociedad, a priori, utópica. El calendario, regido por ese d.F. comienza en el año 1908 de nuestra era; es decir, el año 0 d.F. es nuestro 1908. Pero, ¿qué es d.F.? Bueno, al igual que nosotros nos regimos por el supuesto nacimiento de Jesucristo, en la sociedad de Un mundo feliz se rigen por la fecha en que salió a la venta el primer modelo T. Y es que Henry Ford es considerado exactamente igual que un Dios. Y el Fordismo… Bueno, os hacéis una idea.
 
Todo el mundo que habita en el Estado Único es feliz. Completamente feliz. Se ha acabado con cualquier resquicio de tristeza, con cualquier aspecto, por minúsculo que fuera, que pudiese conducir a la desazón y los malos sentimientos. Tampoco existen las familias, hablar de padres y madres es evocar un obsceno recuerdo pasado; los niños no nacen, sino que son decantados en laboratorio, condicionados especialmente para pertenecer adecuada y eficazmente a una de las cinco castas en que se organiza la sociedad.

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Reseña: Battle Royale, de Koushun Takami

¡Hola! ¿Qué tal estáis?
 Hoy os traigo una reseña que me ha llevado mi tiempo preparar, porque he disfrutado tanto la lectura que no quería estropear la experiencia con una crítica mediocre. ¿Conocéis Battle Royale?

En la República del Gran Oriente Asiático está prohibido el rock, esa música decadente. Los jóvenes crecen en un estado totalitario y controlador que promueve la competitividad. Como medida de control de rebeliones, la administración pone en marcha el Programa: cada año, 50 clases de distintos institutos son elegidas para luchar a muerte en la BATTLE ROYALE. Los alumnos elegidos son aislados en una isla. Las normas del juego son estrictas: no pueden escapar, no pueden contactar con el exterior, y solo puede quedar uno. Todo está permitido para sobrevivir. Empieza el juego. Empieza BATTLE ROYALE.


(Spoilers señalados)
Si consideramos esta lectura como el germen de Los juegos del Hambre, sin pararnos a calificarla de una manera mínimamente objetiva, estaríamos cometiendo un sacrilegio. Battle Royale es una distopía que yo calificaría como clásica, y que sigue los pasos de la genial Larga Marcha de King, dando lugar a una obra de profunda carga política y moral, que conjuga temor, sangre y poder de manera genial.

 

Situémonos en la Gran República Oriental (actual Japón), donde un gobierno opresor, comandado por la figura del Dictador, lleva a cabo todos los años en cada prefectura El Proyecto. Ahí es donde Takami nos introduce, sin paliativos, sin algodones ni tiempo para aclimatarnos. En un segundo todo está bien y al siguiente no hay más que pánico.
 Pero… ¿Qué es eso de El Proyecto?
Se elige, al azar, una clase de 3er curso de instituto de cada región y se envía a los alumnos a un lugar desconocido sin previo aviso. Allí deberán luchar a muerte hasta que quede solo uno. 
Y, ¿Cuál es la finalidad de El Proyecto?

Supuestamente es un mecanismo para mantener a raya los posibles deseos conspiratorios de la población hacia el gobierno, así como para hacer una demostración de poderío; pero, realmente, no es más que una actividad marginal, con es escasa (por no decir nula) cobertura mediática, que lo que hace es destrozar hogares y arrancar miles de vidas.

Una situación que, aunque descabellada, no desencaja con la imagen que se nos proporciona de la Gran República: un lugar con un profundo odio hacia el imperialismo americano, que ha prohibido el rock para evitar que se transmitan ideas peligrosas, y que ejerce una férrea censura sobre música, literatura y prensa, además de sobre internet.

Con este retrato de lo que Battle Royale significa, nos introducimos en el caso que se nos presenta y que seguimos a lo largo de las casi 700 páginas de novela.
Shuya Nanahara se va, junto con sus 41 compañeros de clase, de viaje de estudios en autobús. Sin embargo, por la noche, se percata de que no puede respirar bien en el autobús, que hay una extraña sustancia en el aire. Cuando se despierta está sentado en un aula, en la que parece su aula. Pero no lo es. La clase de Shuya ha sido escogida por el gobierno para participar en El Proyecto. Aislados, atemorizados, los 42 alumnos asisten a una charla sobre lo que les espera antes de descubrir el cadáver del profesor que los acompañaba, para comprender lo que el juego implica. Las normas son claras: deben matarse entre ellos, no se recomiendan las alianzas, si permanecen en una zona prohibida el collar que llevan en el cuello explotará, y si nadie muere en un periodo de 24 horas, todos los collares explotarán y los 42 participantes morirán.
La trama es clara, concisa y transparente: un número determinado de adolescentes, muchos de ellos amigos entre sí, que deberán luchar hasta que solo quede uno. No hay escapatoria. 
Descubrí este libro en un blog -no recuerdo cuál, para variar- y leyendo, en la reseña, referencias a La Larga Marcha y a Los juegos del Hambre me dije que tenía que leerlo. Y no tardé en seguir mi autorecomendación. Muchos de los que me leéis sabréis que Stephen King es mi autor de cabecera y que la Larga Marcha es una de las obras que más me impresionó, así que oír mentar su nombre en alguna parte hace que me declare fan incondicional de ese sitio/objeto/persona. Llamadme inculta, pero nunca había oído hablar de Battle Royale, quizás sí de la película (muy vagamente), pero en ningún caso sabía que de le existencia del libro. La sinopsis es infinitamente atractiva y describe muy bien qué nos vamos a encontrar. Una lectura cruda, sangrienta, donde lo importante es hacer un retrato conjunto de lo que la obra implica: violencia entre conocidos, superviviencia, represión… Un lienzo complicado sobre el que Takami despliega una paleta de colores repletos de matices buenos y malos, con pincelada gruesa y rápida, sí, pero que ofrece un resultado fantástico. 
Con la pincelada gruesa me refiero, sin duda, a la prosa. Esta novela no destaca, ni mucho menos, por su estilo, que es bastante corriente. Cumple bien su función, aunque si hubiese tenido una narrativa algo más embellecida (y no me refiero a la dureza de lo narrado) Battle Royale se merecería codearse con los dioses de la ciencia ficción distópica, 
Pese a que nos enfrentamos a una obra de extensión considerable, el ritmo es trepidante. Es sabido que en la mayor parte de novelas hay episodios de acción y episodios de relleno, fragmentos de transición. No en este caso. Hay sangre, muertes y tensión en cada página. Cero paja. Es increíble que tengamos 700 páginas repletas de acción y que, además, esa acción sea adictiva, como la peor de las drogas. A mí me llevó poco más de tres días finiquitarlo, y hubiera podido seguir leyendo otras cien o doscientas más sin aborrecer, ni mucho menos, la historia. 
Considerada de culto, tal vez, porque es una buena obra que atrae a un público pequeño, el punto característico de Battle Royale es la sangre. Sinceramente, me parece un experimento grandioso (terrible pero grandioso) el encierro de una serie de adolescentes relacionados entre sí con el objetivo de acabar con sus vidas. Tienes 15 años y te ves en la necesidad de sobrevivir sí o sí, para lo cual deberás terminar con las vidas de gente a la que sonríes todos los días, con la que hablas, quizá a tu novio o a tu primo… ¿Cómo actuarías tú si te vieras en semejante situación? ¿Rebelión frente al poder autoritario, como nos muestra Suzanne Collins en Los Juegos del Hambre? ¿O mero afán de superviviencia? Creo que Takami plantea un asunto interesante, un asunto que navega por la mentalidad humana y sus reacciones al peligro, algo que queda empañado (o bañado) en sangre. 
Vemos como amigos íntimos desconfían unos de otros y se disparan por la espalda, vemos traiciones, vemos nerviosismo y arrepentimiento. Pero también hay personajes que se muestran tal y como son, sin estar al abrigo de las relaciones sociales y lo que, básicamente, sería el qué dirán. Crudeza sí, pero no hay violencia porque se haya desatado en los personajes un repentino deseo de asesinr, sino porque en determinada situación, con determinada presión, unas personas deciden desfogarse de cierta manera. Un estudio, repito, interesante. 
 
 
Desde luego, me causa una inmensa tristeza pensar en los miles y decenas de miles de jóvenes que perderán sus vidas a la tierna edad de quince años. Pero si sus vidas servirán para proteger la independencia de nuestro pueblo, ¿no tenemos derecho a exigir que su carne y su sangre se derrame y se mezcle con nuestra hermosa tierra, que heredamos de nuestros dioses, para que vivan por toda la eternidad?
Sin embargo, volviendo al tema de la violencia, de lo gore, es cierto que en este libro es lo que prima. No se escatima en baños de sangre, en venganzas y en descripciones detalladas de la acción. Desagradable para unos, estimulante para otros… A mí me ha resultado entretenido. ¿Es bonito que te comenten al dedillo cómo una chica le destroza los ojos a un chico, mientras trata de liberarse de él? ¿Es agradable saber cómo se siente excavar en las cuencas viscosas? ¿Es agradable leer cómo se culmina la jugada con un picahielo clavado en la garganta del chico? No creo que alguien que haya disfrutado de esta lectura se haya recreado en estos pasajes, pero el autor nos lo ha contado tal y cómo sucede. Sin heroísmos, con el asco y el dolor que sufren las partes implicadas, y con todos los aspectos que intervienen. 
Es eso lo que destaca en esta obra: el realismo. Los personajes no son héroes, no son demonios ni son dioses. Shuya Nanahara es un as con la guitarra, tocando rock prohibido, y es buen deportista, pero a veces es superficial y torpe. Gentil, sí, pero con poca maña para sobrevivir en la isla. Shogo, otro de los “grandes” personajes, es seco, cortante, fuerte pero desconfiado. Noriko es valiente, decidida, pero es débil. Y todos temen, de una u otra manera. Son, a fin de cuentas, mortales con sentimientos y deseos de regresar a casa sanos y salvos; no van a entregar su vida para salvar a otro, cuando todos quieren conseguir lo mismo.
Y esto de que los personajes son imperfectos, realistas, queda perfectamente patente en uno de los pasajes más crudos, más duros de toda la obra.  [Spoiler] Un grupo de chicas, resguardadas en un faro, han rescatado a Shuya herido y le han proporcionado cobijo y medicinas para mejorar. No obstante, hay una gran tensión entre las amigas, que temen que Shuya las ataque. Discuten, un mal plan deriva en una muerte equivocada, que, a su vez, termina en un tiroteo. De seis o siete sobrevive una, que acaba por suicidarse. Cuando Shuya abandona el faro hay siete rivales menos que se han asesinado entre sí absurdamente.  [Fin del Spoiler]
Así pues, Battle Royale no es un libro cualquiera. Comparte un régimen totalitario con La Larga Marcha, comparte una lucha por supervivencia y un premio bastante bueno para el ganador. Se explaya bien a la hora de enmarcarlo en tiempo y espacio, y ofrece una historia factible que culmina con un final de infarto, quizá previsible, pero que es el cierro perfecto para semejante obra. Todo esto me lleva a recomendárosla encarecidamente. No pensé que fuera a engancharme tanto a este libro, pero se ha subido a mis favoritos  desde las 100 primeras páginas. Id a por ella sin prejuicios, olvidándoos de la trilogía de Suzanne Collins, porque os gustará y os hará pensar y pasar un rato muy bueno entre las páginas.
 
 
 
Y, ahora, viendo que he resistido a hacer las crueles comparaciones entre Battle Royale y Los juegos del Hambre durante la reseña… ¡Vamos a por la carnaza!
Es inevitable no ver las similitudes entre ambos libros (siempre me he estado refiriendo al primer libro de la saga de Collins. Los otros dos no están relacionados con lo que voy a comentar), desde el aislamiento de un grupo de jóvenes en un lugar desconocido, pasando por el sistema de gobierno o los pajarillos. El libro de Takami es más sangriento, sí, y tiene una base más política e ideológica, pero no hay un deseo de rebelión. No heroísmos como los de Katniss y Peeta. Tampoco hay amor. Battle Royale promete lucha y es lo que ofrece; no se pierde en tramas paralelas que puedan distraer al lector de la cuenta atrás. Así que sí, yo he visto muchas cosas en común. No se me ocurriría tachar la obra de Collins de plagio, aunque es cierto que lo principal del primer libro es una versión rebajada y endulzada de esta obra nipona. Lo que más me sorprendió (y lo que menos se menciona en otros blogs y en otras reseñas o comparaciones entre estos libros) es el origen del Sinsajo. Sabréis que es ese pajarillo, cuyo sonido emplean en LJDH para comunicarse los participantes. Pues sí, también nace en esta obra, pues es empleado su canto para enviar una señal entre los protagonistas y un amigo reencontrado. 
Habiendo leído LJDH antes, y conociendo el percal, me ha ¿molestado? especialmente lo del sinsajo. Es absurdo, lo sé, pero me parece que algo tan característico en la obra pierde mérito al saber que está inspirado (por no decir calcado) de una acción idéntica de una obra anterior. 
Sin embargo, no quiero desmerecer a Los juegos del Hambre que en su momento me gustó mucho, pese a que ahora mi opinión ha cambiado notablemente. Pero, para no liar más la perdiz, cierro esta reseña enorme con una imagen que viene a resumir la relación entre ambas obras. 
 
¡Espero que os haya gustado la reseña! 

Reseña: El señor de las moscas, de William Golding

¡Buenas! ¿Qué tal estáis?
 

Yo llevo un finde ajetreadillo, porque entre preparar la maleta y estresarme por la cantidad de cosas que aun no he hecho, apenas me queda tiempo para nada más… Pero aquí os traigo esta reseña de un clásico de la literatura inglesa: El señor de las moscas. ¡Espero que os guste!

 


Fábula moral acerca de la condición humana, El Señor de las Moscas es además un prodigioso relato literario susceptible de lecturas diversas y aun opuestas. Si para unos la parábola que William Golding estructura en torno a la situación límite de una treintena de muchachos solos en una isla desierta representa una ilustración de las tesis que sitúan la agresividad criminal entre los instintos básicos del hombre, para otros constituye una requisitoria moral contra una educación represiva que no hace sino preparar futuras explosiones de barbarie cuando los controles se relajan.


Puede contener spoilers
HAY LIBROS QUE HUELEN A LECTURA OBLIGADA. Y ESTE OLÍA MUCHO. MUCHÍSIMO
Este año me he propuesto leer obras que probablemente no hubiera leído de no estar por la blogosfera y ver reseñas apetitosas: me leí Recuerda que me quieres u Obsidian, y este, aunque lo conocía, no me llamaba especialmente la atención. Pero ha caído también.
El señor de las moscas nos ubica en una pequeña isla en medio del Pacífico. Un avión, trasladando a personas que huían de la guerra, se ha estrellado y los únicos supervivientes son niños. Muchos niños que no sobrepasan los 12 años y que van a tener que afrontar su aventura como mejor puedan. Habrá quienes lo vean como una aventura inmejorable y quienes pongan en funcionamiento la mentalidad adulta para tratar de ser rescatados. Se van a forjar amistades y destrozar otras. El tiempo en la isla pasa demasiado despacio y comienzan a añorar el hogar, temiendo que su estancia se prologue demasiado, temiendo que no haya nunca un rescate. Para mantener la unidad del grupo eligen a un cabecilla y se organizan en asambleas para decidir lo que van a hacer. Todo idílico hasta que la racionalidad empieza a brillar por su ausencia. No saben donde están, Ralph está obsesionado con el rescate; Jack, otro de los cabecillas, está obsesionado con cazar jabalís; Piggy desearía estar rodeado de adultos, que seguramente sabrían lo que hacer; y los peques, solo juegan y tiemblan por las noches temiendo a la fiera. Las cosas se complican y el grupo comienza a resquebrajarse. ¿Rescate o vida salvaje?
Desde que me he terminado este libro he estado dudando acerca de mis lecturas. ¿Acaso debería haber encontrado un doble mensaje en todas ellas o es esta la excepción? El señor de las moscas es un libro muy conocido y muy leído. Detrás de una ambientación que podría parecer infantil se oculta mucho más, una certera representación de la sociedad humana, de sus extremos y de sus reacciones. La actitud infantil no es más que un punto de partida, un punto de partida  a priori puro, sin contaminar, sin estar corrupción. El resto viene rodado.
 En los libros podemos fijarnos en su estética y en su mensaje, pero sería hipócrita que me centrase en la forma cuando lo verdaderamente importante en este caso es el contenido. Eso sí, por echar un ojo a la prosa no pasa nada… La narrativa no es compleja, pero tiene mucha descripción y se hace pesada al principio, porque da la sensación de que no avanzas. Lees y lees, pero las páginas van muy lentas. A medida que te sumerges en la historia las cosas cambian y se agradece el detalle con que Golding ambienta la trama. Así que hay tomárselo con calma para disfrutarlo.
Vayamos ahora a la historia en sí.
Ralph es el líder del grupo de niños que han sobrevivido al accidente del avión. Elegido por la mayoría, pronto se convierte en el cabecilla, siempre atento a la caracola en las asambleas y aún más atento a la hoguera. Ralph es un joven bastante centrado que desea con todas sus fuerzas poder volver con los suyos. Por eso está tan centrado en hacer una hoguera cuyo humo podría alertar a cualquier barco que pasase cerca y hacer que los rescatados. Pero la teoría es mucho más sencilla que la práctica, y todo lo que acuerdan en las asambleas se va diluyendo a lo largo del día: prima la diversión, los juegos en la playa, los escarceos en los bosques, a la laboriosa tarea de mantener el fuego vivo. Además, Ralph, pese a ser respetado por todos, debe enfrentarse a Jack. Jack  también tiene cierta relevancia, es de los mayores y tiene un puesto importante en la comunidad: lidera a los cazadores. Así pues, Ralph representa el deseo de escapar de la isla y regresar a la civilización, y Jack, el ansia de esa libertad sin adultos, de lo salvaje. En un principio se llevan bien, pero los roces se hacen más y más fuertes entre ellos. Y claro, dos posturas relevantes van a arrastrar a muchos seguidores, tanto por una parte como por la otra.
Tenemos muchas escenas para reflexionar. El libro es perfecto, en su conjunto, para meditar sobre los humanos.
Nada más comenzar la historia, cuando los niños se ponen a encender la hoguera, sucede algo que va a marcarlo todo. El fuego se descontrola. Antes no habían llevado un recuento de los niños que habían sobrevivido al accidente del avión, pero creen que ha desaparecido, al menos, uno de los más pequeños. Creen, pero no están seguros. Eso los hace vulnerables y les da miedo, el saber que han tenido que ver en una posible muerte hace que tengan miedo de sí mismos y de la convivencia en la isla.
La hoguera también provoca la separación de Jack y Ralph. Mientras el cazador trata de vencer al jabalí que llevaba, digamos, dándole esquinazo muchísimos días, la hoguera, de la que tenía que ocuparse, está apagada. Ralph y Piggy ven un barco. Un barco que navega bastante cerca de su posición. Es entonces cuando se percatan de que la hoguera no está prendida y ya es demasiado tarde para encenderla. Un choque de intereses sucede a este momento. Indignación y enfado de Ralph por desaprovechar la oportunidad, y felicidad de Jack por haber podido cazar al animal.
Las cosas van a peor y con el paso del tiempo los niños terminan por hacerse a la idea de que van a quedarse en la isla más de lo previsto. Es entonces cuando comienzan a saltar los resortes de los instintos más animales. Peleas, discusiones. Jack abandona el grupo ante el desprecio que cree sentir y se lleva a los cazadores en busca de una vida repleta de emociones. Adiós a la hoguera y a la estabilidad que representaba Ralph. La situación se va de las manos.
Lo que sigue es una serie de hecatombes sociales. Todo se desborda. Prefieren la diversión y la animalidad a la cordura. Las danzas tribales para ahuyentar a La Fiera ocupan las noches. Pero… En una de esas danzas, aparece la fiera. Y destruyen a la fiera.
Gato y ratón. Escondites, persecución, locura. La tranquilidad es cosa del pasado y la autoridad del líder de la tribu no permite duda. La caracola, símbolo de unidad y respeto, desaparece y Piggy, símbolo, a menudo despreciado, de la racionalidad, también.
Son niños, sí, pero traspasan los límites de los juegos. Su mitad salvaje los domina y deben temerse a sí mismos. Ralph…
No es difícil distinguir dos posturas en los protagonistas: Ralph representa la cordura, la unidad, el grupo; Jack aboga por los deseos propios, por sus instintos y no acepta crítica. He leído en algunas críticas que podrían considerarse Democracia y Totalitarismo y me parece una descripción magnífica.
Ralph trata de llegar a acuerdos y ser aceptado por la mayoría, sin embargo, las herramientas de las que dispone se quedan pequeñas y no puede enfrentar los problemas con total solvencia. Jack, por el contrario, impone. Él quiere que las cosas se hagan a su manera, no está dispuesto a oír opiniones negativas sobre sus posturas. Cuando se hace con el poder en la tribu abandona la tradición de las asambleas y la caracola (llevo mentando la caracola un buen rato sin explicar nada… La caracola la recoge Ralph al principio del libro, justo después del desastre del avión, y se instaura como símbolo de la comunidad: quien tiene la caracola tiene derecho a hablar y a ser escuchado). Él es el líder, él se encarga de los problemas, él se encarga de impartir justicia y nadie debe disentir en la opinión. 
Enmarcada en la II Guerra Mundial, es una obra aleccionadora, que nos muestra los peligros que representarían los regímenes totalitarios frente al poder del pueblo. Solo se debe leer entre líneas para extraer significaciones no tan ocultas.
De los personajes he hablado, aunque centrándome sobre todo en Jack y Ralph. Están muy bien construidos y son muy redondos. Todos tienen sus ángeles y sus demonios a su manera, pues es bastante sencillo adivinar qué representan en esa comunidad improvisada que han tenido que organizar. Tenemos líderes y tenemos ejecutores; cabezas pensantes y simples mandados… Personalmente, yo me quedo con Jack. Me fascina la manera en que Golding lo ha ido moldeando hasta hacer que sus acciones no parezcan descabelladas (a fin de cuentas, es lo que sucedió con Hitler, ¿no? Fue elegido por el pueblo y trabajó duro para el pueblo en sus comienzos… Para ganárselos y crearse una reputación que después sería difícil de rebatir y de tumbar), sino un estallido de libertad frente a la opresión del hermetismo democrático… No sé si me entendéis.
El final es necesario, pero es bastante triste. No quiero desvelaros nada más (puede que os haya spoileado demasiado, lo siento, pero no he podido remediarlo), porque merece la pena llegar a ese cierre sin más información.
¿OS LO RECOMENDARÍA?
 
Sí, sin duda. Merece la pena darse una vuelta por las disparidades de la naturaleza humana y pensar un poco en ello. Los personajes se harán con vosotros y, si le dais una oportunidad, la prosa no representará ningún impedimento. El señor de las moscas es una obra que se ha ganado a pulso su reconocimiento y por ello ha hecho a su autor merecedor de un Nobel de Literatura.
 
 
PD) Ha habido dos adaptaciones cinematográficas de esta novela: una realizada en 1963 por Peter Brooks, y otra de 1990, dirigida por Harry Hook. No me atrevo a recomendaros ninguna de las dos, básicamente, porque no las he visto, pero os traslado la information.
 
¿Os ha gustado la reseña? ¿Conocíais el libro? ¿Y las pelis? ¡SOY TODA OÍDOS!

Reseña: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

 
Después de haber publicado el tag ayer, toca entrar en materia con las reseñas de esta semana. El Principito es la primera de todas, un libro que me encanta y que, aún habiéndolo leído varias veces, no deja de sorprenderme. ¿Nos vamos al Asteroide B-612?

«El Principito habita un pequeñísimo asteroide, que comparte con una flor caprichosa y tres volcanes. Pero tiene “problemas” con la flor y empieza a experimentar la soledad. Hasta que decide abandonar el planeta en busca de un amigo. Buscando esa amistad recorre varios planetas, habitados sucesivamente por un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero, un geógrafo… El concepto de “seriedad” que tienen estas “personas mayores” le deja perplejo y confuso. Prosiguiendo su búsqueda llega al planeta Tierra, pero, en su enorme extensión y vaciedad, siente más que nunca la soledad…


No contiene spoilers mortales

El principito es ese libro que muchos padres hacen leer a sus hijos. Y así fue en mi caso: tenía siete años y mi padre se empeñó en comprármelo en la librería. Lo intenté leer unas veinticinco veces hasta que logré conectar con la historia. Y eso fue hace ¿dos años? Veía la portada y el título tan tremendamente infantiles que me hacían no quererme acercar a la lectura. Pero un día todo llega, y desde entonces ya me he releído este librito unas cuatro veces.

[Resumen] El principito de Saint-Exupéry nos cuenta la historia de El principito, un muchachito perdido en el desierto del Sahara que se topa con una aviador que ha sufrido una avería. Presentado como un personaje curioso pero melancólico y solitario, El principito es el único habitante del Asteroide B-612, donde se dedica a deshollinar sus volcanes y a arrancar los terribles baobabs del suelo; además, cuida de una flor orgullosa que no es más que una rosa común, pero eso el protagonista no lo sabe. Con tristeza le va desvelando su historia al aviador, que cada vez se va interesando más y más por ese hombrecillo ingenuo. Y es el aviador quien nos cuenta el viaje desde el Asteroide B-612, pasando por planetas peculiares, hasta llegar a la Tierra. [Fin del resumen]

Esta historia, la que a priori podría tacharse de infantil, dista mucho de ser la lectura idónea para los niños (en base a mi propia experiencia). Es un libro bastante filosófico y muy crítico con la sociedad en que vivimos, repleto de fragmentos entrañables y decorado con las acuarelas originales del autor. Es muy corto, apenas 95 páginas, y la lectura es veloz, porque la prosa es muy sencilla (quizás uno de los motivos por los que sigue creyéndose que es una lectura para niños), pero bonita.

Creo que el comienzo de esta historia es una de las más épicas y una de las más ingeniosas que pueden encontrarse en la literatura moderna. ¿No conocéis la boa abierta y la boa cerrada? Creo que es el ejemplo perfecto que muestra la hipocresía de la adultez y, aún más, la ingenuidad y plasticidad de los más pequeños.  Os pongo en situación: en la primera página, el narrador véase el aviador, nos dice que a los 6 años los mayores lo desalentaron tanto respecto a su técnica de dibujo, que lo abandonó para los restos. 

 

« Boa cerrada y boa abierta. Un sombrero o un sombrero con elefante. La edad adulta nos priva de la imaginación, solo tenemos ojos para el dinero y lo material; la creatividad, los sueños se dejan de lado para vivir de un modo acorde a lo que ordena el imperio capitalista. » Sabias palabras de esta bloguera.^ ^
Esta necesidad de remarcar la incapacidad de los mayores para ver lo que de verdad merece la pena en la vida es uno de los puntos verdaderamente importantes de la historia. Se nos hace una radiografía de los adultos en la que los vemos totalmente descubiertos: hipócritas, prejuiciosos, controladores… Probablemente, uno de los episodios que más me marcó de este libro fue uno que encontramos en la página 19. Alude al descubrimiento del Asteroide B-612, el planeta del Principito. Un astrónomo turco fue el descubridor e hizo una exposición de su logro en un Congreso Internacional de Astronomía, sin embargo, nadie le otorgó la menor credibilidad ya que iba vestido con el traje tradicional turco. Un tiempo después, cuando la moda occidental  fue implantada forzosamente en Turquía, el mismo astrónomo repitió su exposición, vestido, por tanto, con un traje elegante y muy occidental. Y su descubrimiento tuvo validez entonces. ¿No es indignante y fascinante a la vez ver reflejada la realidad de esta manera?

Por supuesto, las cosas no se quedan así. En la página siguiente podemos ver el ejemplo más genial de hipocresía que pueda ponerse. Mirad:
« Si decís a las personas grandes: “He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo…”, no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: “he visto una casa de cien mil francos”. Entonces exclaman: “¡Qué hermosa es!”. »

Es obvio que tenemos una visión ligeramente, pero, lamentablemente, la verdad no es tan diferente.

Pero vayamos al grueso de la obra alias mi parte preferida: el viaje interplanetario. [Voy a saltarme la descripción de la vida del Principito en su planeta y su relación con la rosa. Es una parte bastante emotiva y reflexiva, sobre todo la partida, y la flor es un personaje que merece la pena que disfrutéis (si aún no lo habéis hecho), sin saber demasiado.] En un momento dado, el principito se va de su planeta y, antes de aterrizar en la Tierra, pasa por seis planetas distintos (Asteroides 325, 326, 327, 328, 329 y 330), habitados por tan solo una persona.

En el primero de ellos, diminuto, vivía un rey que ocupaba toda la superficie con su manto de armiño. Nunca ha tenido ningún súbdito, así que se ve obligado a  “ordenar” todo lo que el principito hace o deja de hacer, para sentirse por primera vez útil. En el segundo planeta habita un vanidoso, que desea que todo el mundo lo admire y se autodeclara el hombre más hermoso, rico e inteligente de todo el planeta. El principito se va, extrañado ante semejante actitud. El tercero era el hogar de un bebedor, al que hizo una visita breve pero melancólica. El bebedor bebía, para olvidar que tenía vergüenza de beber. El cuarto era el asteroide del hombre de negocios. Este hombre, concentrado en sus cálculos, ni siquiera prestó atención al hombrecillo, solo seguía contando los millones de estrellas que poseía. Y diciendo que era un hombre serio. El farolero vivía en el quinto. Un planeta enano, que daba una vuelta alrededor del sol cada minuto. No tenía tiempo de descansar y, aún así, siendo un personaje tan extraño, el principito lo añoró nada más irse, porque le parecía que era el único de sus últimos conocidos que hacía algo más allá de preocuparse por sí mismo. El último planeta estaba ocupado por un geógrafo que no contaba ni ciudades, ni ríos, ni montañas (para él esa labor era de exploradores), pero recomendó al principito viajar a la Tierra para ver esas cosas que anhelaba.

 

 

 La Tierra no es un planeta cualquiera. Se cuentan allí ciento once reyes (sin olvidar, sin duda, los reyes negros), siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de ebrios, trescientos once millones de vanidosos, es decir, alrededor de dos mil millones de personas grandes. […] antes de la invención de la electricidad se debía mantener en el conjunto de seis continentes un verdadero ejército  de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos faroleros.

Y la etapa en la Tierra, aunque es, posiblemente, la más trascendental del libro, no es mi preferida. En ella observamos el desengaño del principito para con su adorada flor y la revelación que le hace el zorro. En las páginas en que el protagonista se relaciona con el zorro descubre muchas cosas, pero hay una que ha marcado mucho y que seguro que conocéis aunque no os hayáis leído el libro.
« No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. »

El final…Bueno, esta obra es una de las más bonitas y más metafóricas que he leído, y el cierre no es ninguna excepción. Dijo Saint-Exupéry que él quería representar  la libertad, que quería que todos volásemos con el principito (incluso más allá de esa crítica al mundo adulto), razón por la que el libro fuera prohibido en distintos países. Pues el final es el culmen de la libertad, a mi modo de ver.

¿Os lo recomiendo?

Sí, sin concesiones. Es un libro que ha de leerse al menos una vez en la vida. Ponerse en el lugar de un niño y reflexionar como tal, sin prejuicios. Además, el propio principito despide una ternura inconmensurable, y su viaje a lo largo y ancho del firmamento es instructivo y entrañable a partes iguales.

 
 
  

Recuerdo que tuve una maestra en el colegio (años ha), que nos dijo una vez que El Principito era uno de esos libros que ganan con los años, y no puedo estar más de acuerdo. Además, ella nos dijo que, si teníamos la oportunidad, leyésemos Le Petit Prince en versión original, en francés. Yo lo hice el año pasado y creo que eso ha contribuido a que mi amor por este libro vaya en aumento. Y, de hecho, estoy escribiendo esta reseña con los dos libros en la mano.

« On ne voit bien qu’avec le coeur. L’essentiel est invisible pour les yeux. »

Reseña: Lolita, de Vladimir Nabokov

¡Buenas tardes a todos! Me lo he tomado con calma con este libro, pero ha merecido la pena triplemente. Y es que, los clásicos lo son por algo. ¿Lolita? ¿Estás ahí?


La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel…


 

 Lo.Li.Ta. Mi Lolita.
¡Ay Nabokov! ¿Por qué no te había leído antes? ¿Por qué no había embebido  de esa elegante prosa, de esa sutileza, de esas palabras medidas, escogidas con gusto? Lolita, como bien dices los entendidos, es un clásico del siglo XX, una obra maestra moderna que ha conquistado a miles, cientos de miles de personas. Por primera vez, apoyaré a esos buenos conocedores de la literatura.  ¿Qué es Lolita? Lolita es una novela muy especial. Ni muy extensa, ni muy corta, con las palabras justas, trama embellecida a base de descripciones muy labradas, sentimientos contrariados que afloran en cada renglón y una intención moral que prefiero no  imaginar si es certera o totalmente equivocada. Independientemente de esto, Lolita  ha creado cultura, ha creado escuela. ¿Qué sería ahora de esas “nínfulas” sin poderlas recordar ligadas al término Lolita? Toda la historia popular perdería una parte de sí, y la literatura, en cuyas eternas páginas encontramos frecuentemente referencias a esta novela y a sus tan discutidos protagonistas, quedaría desmembrada sin uno de los iconos más reconocidos del último siglo. 
 
Ahora bien, ¿qué historia nos encontramos entre las páginas de este libro?
 
Humbert Humbert es una especie de escritor/profesor de raíces europeas que aterriza en Estados Unidos para terminar de escribir su análisis de literatura comparada (o algo similar). ¡Qué suerte la suya cuando termina siendo huésped de Lotte Haze! H.H. es un hombre gallardo, atormentado por las sombras de un amor adolescente no consumado. Por eso, cuando conoce a Lolita, la hija de 12 años y 7 meses de Charlotte Haze, cree que por fin el destino le ha rociado con su suerte. En medio de una atmósfera tensa, idealizada y muy complicada entre madre e hija, Humbert irá acercándose a Lolita de manera sutil, edulcorada y nada sospechosa de poder llegar a estar en entredicho jurídico sus postura. El resto creo que es historia, porque, en realidad, la trama nace y muere en este punto.
 

El trastorno obsesivo de Humbert Humbert en lo referente a las nínfulas (una palabreja hermosa que, aun así, me ha resultado de lo más perturbadora), roza la locura, llevándolo a actuar de manera extrema su “amor” por ellas, movido por los celos, en sentido de posesión, de propiedad. Creo, desde mí subjetiva subjetividad, que esta especie de obsesión se acentúa a medida que pasan los años en la obra, a medida que el calor de Lolita no es más que un mero recuerdo…
Nabokov nos tortura mucho con eso…Y diréis, ¿es esta barbaridad temática un placer para los sentidos? ¿Es, acaso, merecedora de tantos galardones? Como me imagino que sabréis, Lolita  es tan odiada como amada. Los opositores se basan, muy acertadamente, en esa relación incestuosa, y  en la “pedofilia” (porque tampoco podemos darle otro nombre), que rezuma la obra y que parecer enardecer Nabokov. Los favorables, los enamorados, literariamente hablando, destacarán por encima de todo la maestría del autor para batallar un tema espinoso y  salir airoso sin haber empleado ninguna terminología soez, sin haber caído en la comodidad de lo vulgar… Yo, siempre gris, que no soy muy amante de las posturas ni muy diestras ni muy zurdas, combinaría en mi crítica ambos pensamientos.
Creo que la gravedad del asunto es tratada con mucha ligereza, como menospreciándolo, quitándole hierro, pero hemos de recordar que, ante todo, estamos hablando de una novela, de algo nacido de la inventiva, en este caso, de Nabokov. Y, pese a eso, no me parece que debamos oponernos sin haber apreciado antes la pluma del autor. Es todo cuanto tengo que decir.
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Humbert
-Puerco- dijo, sonriéndome dulcemente.- Criatura repugnante. Yo era una niña fresca como una flor, y mira lo que has hecho de mí. Debería llamar a la policía y decirle que me has violado. Oh, puerco, puerco, viejo puerco.

Lolita

¿Bromeaba? En sus palabras absurdas vibraba una siniestra histeria.

Humbert

¿Os lo recomendaría? Sí, por supuesto que lo haría, y en ello me hallo ahora mismo. Os lo recomendaría a vosotros, que sé que sois lectores exigentes, que sé que gustáis de las buenas obras y de las divagaciones creativas de los buenos escritores. Antes de terminar con la reseña, he de decir que me decidí por Lolita después de haber leído “La verdad sobre el caso Harry Quebert”. Mucha gente criticaba este último por su similitud con el hoy reseñado. En mi opinión, no tiene nada que ver. Joël Dicker no es Nabokov, ni el dúo Harry-Nola es H.H.- Lolita. Ambas son novelas que he disfrutado como nunca, que tienen sus puntos fuertes y sus pequeños defectos, pero, dado que las comparaciones son odiosas, os diría que no vayáis buscando en una nada de la otra, porque, para bien o para mal, no lo encontraréis.


 Hay dos películas basadas en la novela de Nabokov, una dirigida por Kubrick (no la he visto), y una versión más reciente con Jeremy Irons y Melanie Griffith (como Humbert y Lotte Haze). Esta sí que la he visto (parcialmente, porque no quise destriparme el final antes del libro), y os la recomiendo. Creo que es una adaptación bastante buena y puede ayudar a aligerar la lectura.

 
 
Espero que os haya gustado la reseña ^ ^