Reseñando a Pierre Lemaitre

Antes del parón que se tomó el blog en agosto os comenté que me estaba planteando hacer reseñas múltiples. He preparado una hablando de tres novelas gráficas, pero la primera en ver la luz será esta. En mayo del año pasado, tras haber intentado, con poquísimo éxito, leer a Pierre Lemaitre en Vestido de novia, me lancé a por la que es su novela más reconocida: Nos vemos allá arriba. Fue una buena lectura, que me hizo reconciliarme con el escritor francés y, en el fondo, desear retomar la abandonada Vestido de novia. Un año y medio después lo he hecho y ese ha sido el aliciente para postear esta entrada doble hablando de las dos obras.
NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA ǀ 2013 ǀ 448 págs


Esta novela, que fue galardonada con el premio Goncourt en el año 2013, supone un viaje al final de la I Guerra Mundial y a la posguerra correspondiente. Dos son personajes principalas, Albert Maillard y Édouard Péricourt, cuyas vidas se verán entrelazadas a consecuencia de la guerra. Édouard Péricourt, el Édouard soñador, mutilado en los últimos lances de la batalla, dependerá de Albert, el anclaje del otro con la realidad, para salir adelante en lo que el futuro les depara. A estos dos excombatientes se une la figura del teniente Pradelle, un ser mezquino y ambicioso cuyo destino parece inclinado a conectarse de nuevo con el de Albert y Édouard en el París de la posguerra.


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Reseña: La leyenda del ladrón, de Juan Gómez-Jurado

¡Buenas!
Siento no estar pasándome por vuestros blogs demasiado a menudo, pero cuando cojo el orde por la noche lo único que hago es adelantar poco a poco las entradas, porque el verano me hace aún más vaga de lo normal… Pero bueno, aunque no me paso con mucha frecuencia, sigo visitándoos. Hoy os traigo la reseña de un libro que me gustó mucho y que devoré en un par de días. Es La leyenda del ladrón, de Juan Gómez-Jurado. ¿Lo conocéis?

 

 

Prepárate a transportarte a la Sevilla del xvi, a un fascinante mundo de mendigos y prostitutas, nobles y comerciantes, espadachines y ladrones. El amor, la pasión y la venganza son los pilares de esta magistral novela de aventuras en torno a un niño salvado misteriosamente de la muerte, que crecerá para erigirse en la última esperanza de los desfavorecidos. El destino de Sancho y el de quienes le rodean hunde sus raíces en los secretos orígenes de la literatura. Su historia te cambiará para siempre.


Spoilers señalados
Descubrí al autor en una reseña de su novela El paciente y después comencé a escucharlo en los podcasts de Todopoderosos, así que me hice con dos obras suyas: esta y Espía de Dios. De esto hace ya algunos meses, pero no fue hasta hace una semana cuando me entró el gusanillo. Me encanta la historia y este medievo tardío y sevillano pintaba muy bien. Y muy bien me ha sabido.

 

 Es muy difícil no sentirse atraído por la Historia, de una u otra forma. A mí me encantan las ambientaciones medievales, renacentistas y los años  finales del siglo XVIII. El resto sigue produciéndome curiosidad, aunque  me cuesta más encontrar un libro que encaje con lo que busco. La Historia de España es fascinante y, cuando uno lee novela histórica, descubre esos pequeños detalles que los libros de texto no mencionan, en favor de batallas, reyes y  tratados. La leyenda del ladrón no se considera novela histórica sino  de aventuras, ya que el autor ha jugado con elementos y personajes para que se amolden mejor a su trama, provocando algunas inexactitudes temporales y materiales, pero la imagen que transmite de la España es muy interesante, y representa la hipocresía social y la diferencia de clases de forma muy visual.  Para bien ser, La leyenda del ladrón debería ser calificada como una novela de aventuras, de base histórica y con tintes de la picaresca.
El autor nos conduce a Sevilla, bañada por las aguas del Betis, cuando era, prácticamente, la capital comercial del mundo. Ciudad de ocio, ladronzuelos y mujeres de vida alegre, cuna perfecta para que se forje la leyenda del ladrón.
El comisario de abastos del rey rescata a un muchacho que acaba de superar la peste. Tendrá 12 o 13 años. Huérfano, es entregado al orfanato de la Hermandad del Santo Niño, al cuidado de los frailes. Pronto deberá deambular por las calles para ganarse alguna moneda que le proporcione sustento. Rebelde como es, Sancho siempre estará en problemas, perdiendo así un oficio que le correpondería al salir del orfanato. En la taberna del Gallo Rojo, soportando las palizas del dueño, conocerá a un personaje que le cambiará, en cierto modo, la vida. La leyenda del ladrón comenzará de la mano del enano Bartolo, seguirá en las galeras con Josué, y se hará grande frente a Monipodio y Vargas.
 Juan Gómez-Jurado traza una historia extensa, que roza las 700 páginas, donde salta a la vista que la labor de documentación no ha sido poca. Prosa sencilla pero elegante, acoplándose a la época y a los personajes. El ritmo es bueno, pese a que he leído que es una de las pegas que se le pone a esta obra, que se hace pesada. No ha sido el caso, porque me he metido tanto en la historia que la he vivido, he sufrido a medida que todo se desarrollaba y he perdido, prácticamente, la noción del tiempo. Se divide en muchos capítulos, de extensión aceptable y saltamos en el tiempo, transcurriendo la historia entre 1587 y 1591, con alguna que otra vuelta atrás, pero todo dentro de un orden.
Situándonos en Sevilla, las aventuras están servidas. Sancho va a pasar de ser un jovencito escuálido a un muchacho duro, que aspira a viajar a las Indias y huir de la ciudad para siempre. En su camino se va a cruzar Bartolo, un enano de gran carisma con quien trabará una gran amistad y que lo iniciará en el noble arte de la sustracción de bienes ajenos. Destacando como lo hará, como buen aprendiz de la calle, los problemas no harán más que empezar, y Sancho deberá cumplir condena por un golpe fallido. Ahí es donde se aprecia una gran evolución en el personaje, y son escenas casi de agonía, de sufrimiento compartido con el lector; además de ser unos capítulos en cierto modo entrañables, gracias a la nueva amistad que se formará. Es aquí donde la trama crece y se comienzan a atar cabos, en algunos pasajes de forma sutil, en otros con uniones y desuniones más obvias pero perfectamente bien liadas.
La ambientación me parece, sencillamente, sensacional. Abres el libro, en cualquier página, y estás dentro. Vives el siglo XVI: hueles sus aromas, sus hedores; pisas su caminos polvorientos y corres por los empedrados sucios; regateas por un maravedí, buscas otro puesto, compras, vendes, haces trueques… Por eso, la historia de Sancho es verdaderamente creíble., porque tu mente no tiene, prácticamente, que imaginar, todo está servido. Tienes el escenario y tienes los personajes, no hay margen para perderse en los anales de la historia y plantearse heroísmos excesivos, o penurias y lamentos desmesurados. Masticas el bocado que te ofrecen lenta y gustosamente. Porque merece realmente la pena. 
Cuando aprendas a mirar, aprenderás a vivir. Y yo voy a enseñarte.
Los personajes son muchos y bien construidos en general, aunque los ombligos de este mundo son Sancho y Clara, descritos con esmero y con personalidades coherentes. Sancho es un pícaro, un chaval cuya vida ha sido azotada por las desgracias una y otra vez y que se sobrepone a base de ingenio. Me ha gustado especialmente su etapa con Bartolo, el enano que lo inicia en el arte del robo, porque son escenas, capítulos con sabor añejo y que se prestan mucho para ser novelizadas. En este caso, esto se ha logrado a la perfección, y el carácter de Bartolo está presente en toda la obra y es bastante entrañable. Después de esta, me quedo con los momentos en la galera con Josué. Es emotiva la forma en que surge su relación, y cómo dos personajes a priori tan diferentes pueden complementarse de semejante forma. También cuando pasa por las manos del herrero flamenco o cuando se apoya en Zacarías asistimos a momentos de cierta importancia, pero sigo prefiriendo los de Bartolo y Josué. Clara me costó más tragármela en un principio, aunque superó con creces mis expectativas iniciales. Hija de una esclava que trabaja para un rico comerciante, es una muchacha agraciada, inteligente, de gran carisma. Debe lidiar con su condición de esclava y, además, aprovechar una sorprendente oportunidad que se le presenta: ser aprendiz del quisquilloso y complicado médico Monardes. En el personaje de Clara se ven reflejadas partes muy chocantes de la sociedad de la época, como la esclavitud y su dureza e impotencia, la discriminación femenina (por llamarlo de forma suave), importancia de la religión y su influencia en todos los campos de la vida (medicina incluida), etc. Con lo que me quedo de ella es la fortaleza que demuestra durante la etapa de la botica.
La vida es un don precioso, muchacho. Es lo único que no debes robar jamás.
Obviamente, teniendo dos personajes centrales que se mueven en la misma franja de edad y que parecen un poco fuera de lo estrictamente común, es obvio que sería posible la aparición de una relación amorosa. Haberla la hay, aunque es algo secundario. Sí, es cierto que Sancho recurre a frases tópicas y dice haber resistido en la galera por ella blablablá, pero no es algo excesivo, en mi opinión.
Sin embargo, creo que en el final al autor se le va un poco la mano con el asunto amoroso. Y esa es la razón para que este libro no tenga unas flamantes 5 estrellas. [Spoiler] Me parece bien la artimaña de Vargas y su séquito , pero creo que esa batalla, por llamarla de alguna forma, para rescatar a Clara (como si fuera una damisela en apuros de una novela de caballería) de las garras del depredador es demasiado… Demasiado predecible y demasiado innecesaria, cuando a este libro le pegaría algo más sencillo pero con clase. Y esa coincidencia entre Dreyer y Groot, ese saldar cuentas a última hora, me parece fuera de lugar.  [Fin de spoiler] No obstante, él epílogo me parece apropiado, porque aunque nos plantea un final cerrado, no nos dice: y fueron felices y comieron perdices; hay espacio para imaginar un posible ¿Qué pasará…? y dejar que las vidas de los personajes no se estanquen en lo que, según su progresión, sería lo más normal.
Amigo mío, hay una diferencia entre participar e implicarse. En un plato de huevos fritos con chorizo, la gallina participa. El cerdo se implica. ¿Me comprendes?
 
EN RESUMEN, os recomiendo encarecidamente esta lectura si os gusta la novela histórica y de aventuras. Comenté más arriba que hay algunas inexactitudes (algunas el propio autor las justifica diciendo que necesitó cambiar fechas para cuadrar los acontecimientos de su obra), pero si no vamos a prestar demasiada atención a eso, creo que la experiencia va a ser buena y gratificante. Cerrad los ojos e imaginad la Sevilla de 1590… ¿Podéis? O mejor no los cerréis y comenzad a devorar las páginas de este libro, porque seguro que lo vais a disfrutar e incluso desearéis daos un paseo por los lugares donde se desarrolla la obra.
 

Reseña: La sustancia invisible de los cielos


¿Y si el sueño de la inmortalidad no fuese un sueño¿Y si un virtuoso pianista de los años cuarenta desapareciera de su época y retrocediera hasta el siglo XIX para conocer a Liszt y encontrar al amor de su vida?¿Y si existiera una sociedad milenaria que se encargara de custodiar a los grandes creadores de la historia para que su genio perviva a lo largo de los siglos?¿Arriesgarías tu vida por descubrir la verdad? Ignacio Pascal, un musicólogo residente en París, ignora que está arriesgando su vida en el momento en que decide investigar sobre un pianista, Jean Vanier, cuyo rastro se ha perdido en el tiempo. Cuando lo encuentra recluido en un monasterio de Galicia, comenzará una aventura insospechada no exenta de peligros. Y en la oscuridad de una celda abacial, el secreto será desvelado.


 He intentado no poner spoilers –si alguno se ha colado, no os preocupéis, no es mortal

Este libro lo vi mientras cotilleaba entre las novedades literarias de enero, y me enamoré de la portada y de la sinopsis. La editorial accedió a enviármelo, y aquí estamos, 325 páginas después de una historia fantástica. Antes de hablaros del argumento, os pongo en situación respecto al autor y la novela, en líneas generales. Ulises Bértolo, abogado de profesión y residente en Galicia, ha comenzado en la literatura con esta novela, que mezcla música, historia y misterio. Una parte de la obra está ambientada en el monasterio de Oseira, en Ourense, una construcción realmente magnífica, que es descrita con muy buen gusto en el libro. Pero el grueso de la narración, lo que vendría a ser la historia dentro de la historia, se desarrolla en París, en el París de finales del XIX, lo que os situará en una época totalmente diferente, que contrasta mucho con la realidad, y cuyos personajes van a cargar con la mayor parte del peso de la trama.

La sustancia invisible de los cielos es a la par la vida de Ignacio Pascal y la  de Jean Vanier. Dos hombre separados casi por medio siglo, cuyos destinos se verán entrelazados por culpa del desánimo que ha rodeado a Ignacio desde la pérdida de su mujer. Desde la Sorbona, el musicólogo Pascal viajará al monasterio de Oseira para tratar de descubrir al niño prodigio del piano cuyo rastro se perdió en 1946. Afrontándolo como un modo para superar el mal momento por el que pasa, Ignacio se volcará en la investigación, una investigación que sus compañeros de departamento creen inútil, y en la que se verá ayudado por Davinia, una joven alumna de la facultad. Sin embargo, Ignacio no alcanzará a imaginar qué es lo que va a encontrarse y mucho menos que hay una extraña sociedad secreta detrás del ocultamiento de Vanier. Entre el trabajo de campo y las entrevistas con el viejo pianista, cabalgaremos entre el monasterio de Oseira, el París de 2013 y el París antiguo, sin su ya icónica Tour Eiffel. Con personajes ficticios y las recreaciones de los famosos de la época, nos veremos engullidos por una historia completa y entretenida, donde la música es el timón que controla el barco.

La historia comienza fuerte, con un episodio violento que se clava en las retinas y que deja con ganas de más. Dos matones se deshacen de un hombre introduciendo el primer misterio en apenas tres páginas. ¿Por qué querrían asesinar a alguien por haber destruido unas partituras?  La pregunta se queda en espera mientras el autor nos introduce en el primer capítulo. Aquí conocemos a Ignacio, un musicólogo de 40 años que ha enviudado recientemente y que se está refugiando en el trabajo para no caer en una inmensa tristeza. Descubre el nombre de Jean Vanier en los archivos, donde dicen que era un niño prodigio, pero no encuentra más información sobre él y decide investigar. A regañadientes, el jefe su departamento accede a proporcionarle medios para continuar con el trabajo. Las primeras búsquedas son infructuosas, remueven mucho polvo y apenas sacan nada en limpio. Parece que Vanier hubiese sido un fantasma. Sin embargo, consiguen encontrar un cabo del que tirar e Ignacio llega al monasterio de Oseira, en Ourense, donde ha concertado un cita para hablar con Vanier, refugiado allí desde finales de los 40. Y de nuevo surge una pregunta, ¿Por qué habría de encerrarse en un monasterio español un prodigio del piano?

Después de esa introducción misteriosa, Bértolo le da a la narración un ritmo rápido, sin perder la elegancia de la prosa. Viajamos a Galicia y retornamos a Paris en pocas páginas, para después saltar en el tiempo con los recuerdos de Jean Vanier. Mientras empezaba a leer, me temí que esas combinaciones espaciales y temporales fueran a ralentizar la lectura, a hacerla pesada y poco creíble, pero me ha sorprendido muy gratamente. Además, el hecho de mencionar la música y hacer continuas referencias a la música y a intérpretes, me ha encantado, sin excepciones, y le rodea a la historia de un aura de recogimiento y cercanía lectora muy agradable.
 
Os he dicho que hay una parte de la historia que tiene lugar en el París del XIX. Es, indudablemente, mi parte preferida del libro. Conjuga historia, música, amor y misterio y lo hace muy bien. Introduce personajes reales, personas con nombre y apellidos que vivieron en la época: el genial pianista Franz Liszt, Marie Jaëll o Herni Herz, compositor y fabricante de pianos. La ambientación es bastante realista y, yo, que soy una enamorada de las épocas pasadas, he ido acompañando a los protagonistas en sus andanzas y penurias. 
 
Este viaje en el tiempo está directamente relacionado con Vanier, y es mucho más que música. Sí, porque en toda investigación debe haber obstáculos y, ya puestos, un buen villano. En nuestro caso será la sociedad pitagórica. Cuando interviene (aunque su presencia es latente a lo largo de toda la obra) nos acercamos ya al final, y se suceden una serie de momentos de tensión, de nerviosismo ante el descubrimiento inminente de la verdad. Son planes oscuros en los que una parte nada despreciable de los personajes se hallan involucrados: aspiraciones llamémoslas  más allá de lo terrenal. Se descubrirán muchas cosas en pocas páginas y lo que parecerá la solución no será más que un rodeo de la verdad.
 
He leído en varios medios que comparan este libro con El código Da Vinci. No seré yo quien lo desmienta (básicamente porque no me he leído este último), pero creo La sustancia invisible de los cielos no tiene necesidad de ser comparada. Contiene una historia que engancha, una buena historia con una buena técnica y una ejecución encomiable. A mí ha sorprendido, ofreciéndome mucho más de lo que esperaba, logrando que los personajes se me hicieran muy creíbles y encontrándole pegas bastante nimias (quizás se debiera haber explicado con un poco más de calma uno de los hallazgos más importantes, el que relaciona a Jean y Marie, o extendido un poco más la acción final de Ignacio).
 
Y, claro, algo que tengo que destacar sí o sí es la cantidad ingente de frases y fragmentos geniales que he ido encontrando a lo largo de la lectura. Porque hay momentos, escenas que logran marcar un poco la diferencia, distender el ambiente…
El título parecía escapársele de la lengua, pero se contuvo, como también tuvo que contener la risa al ver a Madame Tourbelle dando palmaditas y alabando a su inconfundible Bach mientras en realidad sonaba Stravinsky. Nunca sabía que se deleitaba con la composición de un autor interpretado con un ritmo y un contrapunto parecido al de Bach, pero que en aquel entonces ni siquiera había nacido. Fue la sutil venganza de Jean en nombre de los pianos torturados.
La sustancia invisible de los cielos, pág. 101
-¿Sabes que no hace mucho tiempo la mujer adúltera podía ser castigada con la muerte?- dijo Marie intentando mantener un tono lo suficientemente solemne.- Pues yo moriría contigo, querida
La sustancia invisible de los cielos, pág. 161
Suspiró con los oídos llenos de palabras vacías.
 La sustancia invisible de los cielos, pág. 164
«Soy el caballero de la muerte, un hombre sin tiempo ni edad», repetía Jean sin cesar.
La sustancia invisible de los cielos, pág. 178
El hombre de la piel de serpiente que intentaba cambiar el curso de la Historia. La Serpiente que trata de acabar con ellos. En el origen de los tiempos.
La sustancia invisible de los cielos, pág. 324
 ¿Os lo recomendaría?
 Sin duda, por supuesto que sí. Ha sido uno de los libros que más me han gustado últimamente, tiene de todo y lo aúna formando una mezcla fantástica. El ritmo es bueno, los personajes se hacen contigo y la prosa merece mucho la pena. Si os gusta el misterio, disfrutaréis; si os gusta la música, más de los mismo. Además, sentiréis la necesidad de poneros a buscar en Internet las piezas musicales mencionadas y quizás hagáis como yo, leer escuchándolas. Una experiencia genial.
¿Conocíais este libro? ¿Os llama la atención? ¡SOY TODA OÍDOS!

Reseña: La ladrona de libros, de Markus Zusak

¡Hola! Por fin me he puesto las pilas y he preparado la reseña de La ladrona de libros, porque me ha costado dios y ayuda leérmelo y otro tanto reseñarlo. A ver si os gusta.


Una novela preciosa, tremendamente humana y emocionante, que describe las peripecias de una niña alemana de nueve años desde que es dada en adopción por su madre hasta el final de la II Guerra Mundial. Su nueva familia, gente sencilla y nada afecta al nazismo, le enseña a leer y, a través de los libros, Rudy logra distraerse durante los bombardeos y combatir la tristeza. Pero es el libro que ella misma está escribiendo el que finalmente le salvará la vida.«La esperanza de Liesel es inexpugnable… Los lectores jóvenes necesitan este tipo de alternativas a la rigidez ideológica, así como exploraciones sobre la importancia de las historias. Y, pensándolo bien, también los adultos.»The New York Times


Contiene spoilers
Me encanta leer y leo de todo, literatura romántica, negra, misterio, suspense, humor, fantástica… Cuando a alguien le gusta sumergirse en historias ajenas hasta sentirlas propias, tanto da el tipo de libro al que nos enfrentemos. Al menos, eso es lo que me sucede a mí. Por eso hay una cosa que me, por decirlo claramente, repatea: los spoilers. Ha habido muchos finales que me han estropeado por culpa de los spoilers y no me gustan en absoluto. En las reseñas aviso de ellos, pero… ¿Cómo evitar los spoilers cuando ves una película basada en un libro?
Ahí me he quedado yo, molesta por haberme autospoileado este libro con la película. Me leí Los Juegos del Hambre cuando me enteré de que iban a sacar la peli, me leí Harry Potter para poder verlas y tantas otras… Sin embargo, no planeaba leerme este libro, así que nunca pensé en que pudiera afectarme a posteriori. Pero así ha sido. Vamos con un breve resumen de la trama antes de pasar a desmenuzarlo todo.

Liesel es una niña huérfana que aterriza en casa de los Hubermann. Rosa es una mujer fiera, malhablada y orgullosa; Hans es un padre comprensivo, cariñoso, bueno. La vida en Himmelstrasse, una zona pobre de Molching, más allá de las afueras de Múnich, es dura en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, pero Liesel tiene otras preocupaciones mucho mayores. Tendrá que adaptarse a su nueva familia, hacerse a la idea de que no volverá a ver a su madre y luchar contra el fantasma de su hermano muerto. Sin embargo, Rudy Steiner estará ahí para apoyarla en sus pillerías y para sacarla de otros líos.  No obstante, la vida más o menos placentera que se extendía a los ojos de Liesel, se volverá más peligrosa con la llegada de la guerra, los bombardeos, la persecución de los judíos y la llegada de Max.

 

La ladrona de libros se ha convertido en un best-seller, está muy bien calificado en páginas webs literarias y ha sido llevada al cine (que ha sido como yo la he conocido). Es una historia de la Alemania nazi que nos sitúa en el otro lado de la balanza, porque siempre solemos encontrarnos con la perspectiva de los judíos. Otra peculiaridad es la narradora, que no es otra que la muerte. Es bastante llamativo, porque nos cuenta los hechos un personaje que no los vive de primera mano, sino que los sobrevuela, ofreciendo detalles que se les escaparían a los propios protagonistas. Y spoileando, sí, la muerte nos avanza el final del libro cuando todavía quedan unas cuantas (muchas) páginas. Además, hace anotaciones al margen, con curiosidades o traducciones del alemán, que a veces me han resultado bastante instructivas, y otras, estresantes.  La prosa del libro es bonita, todo hay que decirlo, con fragmentos embellecidos a base de una selección cuidada de adjetivos, y con bastante ritmo en la narración. La historia en sí, sin embargo, se me hizo pesada. Comencé a leerme el libro a principios de diciembre y me lo terminé a mediados de enero, haciendo un gran esfuerzo por no abandonar. No logré conectar con los personajes, me parecieron bastante lejanos y no me gustó en absoluto ese humor sarcástico de la muerte a la hora de regocijarse y recrearse con todos los sucesos.
Las relaciones de familia en casa de los Hubermann, aunque realistas, no terminaron de parecerme muy cercanas. Reconozco, no obstante, que no hay un exceso de misterio por parte de Rosa y Hans, son unos padres bastante rectos, cariñosos si la ocasión lo requiere, y que esas conversaciones repletas de Saumenchs y Saukerls, le quitan un poco de tensión al asunto y no hacen que tengamos una visión trágica de lo que está pasando o va a pasar próximamente. Pero creo que la culpable de que no haya logrado empatizar con ellos como se merecen es Liesel. Ha sido para mí el personaje más extraño. Es una niña y actúa como tal, pero, a la vez, es como si dentro de ella tuviera un cerebro de 20 años, acechado por el estrés y dispuesto a sacrificarse por todo. 
Entiendo que se nos muestra como una muchacha traumatizada, saboreando la orfandad y la soledad, pero de ahí a que tenga una personalidad cambiante, difícil de seguir y algo extraña… Y digo esto basándome en el asunto de los libros. La ladrona de libros, claro está, roba libros. Y esta actitud la que me descolocó, porque lo hace, a medida que coge soltura, sin temer en demasía las posibles consecuencias de que la descubran, arriesgándose… Aunque es elogiable su absoluta devoción por las letras en una época convulsa, por supuesto. Así que podríamos decir que tengo una especie de relación amor-odio con ella.  También tengo un problema con Rudy, el amigo de Liesel, hijo de los Steiner. En general es un personaje divertido, tierno… Le he cogido cariño, la verdad, pero lo que me irritó muchísimo sobre él fue la descripción que hacía la narradora de su pelo. Rudy Steiner no tiene el pelo como un limón, por el amor de dios. Creo que hay más bien poca gente que tenga el pelo de color amarillo amarillo amarillo cuando nace. ¡Abajo el pelo limón! De verdad, es un aspecto que me trajo de cabeza durante la lectura, porque, además, nos lo está repitiendo cada dos por tres.
Sin embargo, lo mejor de la historia ha sido, en mi opinión, Max. Max ha sido un personaje duro, atormentado, lleno de complejos,  agradecido y avergonzado a partes iguales. La relación con Liesel, ya hacia el final, sí que me ha gustado, y me han enamorado sus batallitas con el Führer en el sótano, y el libro que le regala a la niña antes de partir.  Es muy humano y, aunque Zusak no ha podido escribir su historia de la parte no perseguida de la Alemania nazi sin añadir a un judío, creo que se nos ofrece un punto de vista diferente sobre ellos.
” Hubo un único asalto, y duró horas, y todo se mantuvo igual la mayor parte del combate. El Führer machacó el saco de arena judío.  Había sangre judía por todas partes. “
La ladrona de libros”. Pág 255.
Es muy interesante ver la división entre los propios vecinos de Himmelstrasse, algunos viejos amigos, otros conocidos, por culpa de la guerra, por el temor a decir o apoyar algo que les pueda traer consecuencias.
La parte que más he disfrutado ha sido el final, las últimas cien, ciento cincuenta páginas, porque la prosa adquiere más velocidad y los hechos se suceden con más intensidad. Aquí disfruté y mejoró mucho mi opinión sobre el libro. Me gustó bastante ver que la historia no es tan light como en la película, y que las desgracias llegan y no se puede hacer nada. Ciertas coincidencias y soluciones me sorprendieron mucho, y hubo un reencuentro que me conmovió, pero me esperaba algo más, más detalle, más información, más futuro. Aún así, es un buen cierre para la historia.
¿Os lo recomendaría?
Bueno, no ha sido mi mejor lectura de la historia, me he enfrentado a ella con reticencia y mi opinión ha mejorado notablemente, aunque es cierto que por culpa de la película, no conseguí disfrutarla como se merece. Hay puntos, como la narración desde el punto de vista de la muerte (con los avances sobre lo que va a suceder, o anotaciones que ralentizan el ritmo de lectura), o mi incapacidad para conectar con los personajes la mayor parte del tiempo (solo Rudy y Max son la excepción), que me han gustado y disgustado a la vez. Lo que no voy a negar es que tiene una prosa muy elegante, cómoda de leer, sí, pero embellecida con muy buen gusto; hay buenas descripciones, y diálogos interesantes. Está, por supuesto, el aliciente del robo de libros, que para los amantes de la lectura puede suponer un punto muy interesante a la hora de decidirse. Lo que si estaría bien que hicieseis es meteros en el libro sin prejuicios y, en caso de haber visto la peli, evitar hacer comparaciones constantes entre escenas. Entonces, probablemente, os guste mucho.
 
PD) No sé si habréis visto la película, pero os aseguro que se parece bastante poco al libro. Obviamente, mantiene las líneas generales de la historia y todo eso, pero es mucho más blanda, más infantil. Se han suprimido todas las escenas violentas que aparecen en la obra de Zusak (y, aunque tiene una calificación por edades de +13, la podrían ver niños pequeños sin escandalizarse), y los personajes son todos unos santos, eliminando partes del libro que nos muestran otras facetas de los protagonistas. Además, vemos una peli que se llama La ladrona de libros, y Liesel apenas roba tres o cuatro libros en el filme, mientras que en el libro el número es bastante mayor y los escarceos, más notorios.
¿Habéis leído el libro? ¿Conocéis la peli? ¡Soy toda oídos!

Reseña: La lluvia es una canción sin nombre, de Ángel Gil Cheza

¡Buenas! ¿Cómo estáis? Me imagino que andaréis con los últimos preparativos navideños… Si tenéis un momentito, seguro que disfrutáis con la reseña de esta magnífica novela de Ángel Gil Cheza…

Una joven irlandesa y un muchacho nórdico protagonizan una historia inolvidable inmersos en la primera gran lucha del segundo milenio en la bahía de Dublín, la Batalla de Clontarf, entre vikingos e irlandeses. Mil años después, un joven librero valenciano que llega a Irlanda para esconderse de la justicia se infiltra en un mundo fascinante formado por arqueólogos venidos de todas partes y excava un hallazgo que le cambiará como persona, y le hará descubrir en una isla verde, gris y húmeda que somos de donde se nos quiere y no de donde venimos.Una novela negra en el sentido más social del término, cargada de analepsis históricas. Un vuelo a Irlanda. Un paseo por el Dublín de 1014 y el de 2003. Lluvia, amistad, arqueología, besos, batallas, amor, sangre, sexo, barro, cerveza… cada página es una estupenda excusa para sentir emociones y continuar.


 

No contiene spoilers

¿Cuántas novelas decidimos leer tan solo por haber visto una bonita portada? En mi caso, demasiadas. Esta ha sido una de ellas. Hace un par de días vi dos reseñas en diferentes blogs literarios y, en base a la cubierta y a la sinopsis (aunque sin tanta fijación por el tema del pasado), decidí embarcarme en esta historia.  La novela histórica, lo que sería histórica pura y dura, la he leído poco, me he centrado más en historias más bien edulcoradas, de amor o guerra, con matices históricos. Por eso me ha sorprendido la escrupulosidad de Gil Cheza con todo los datos (ficticios y verídicos) de la obra. Además, en lo referente a la prosa y la trama en sí, creo que es un acierto la alternancia de épocas en los capítulos, habiendo una narración presente y otra pasada. No creo que haya sido desmerecida la historia por la narrativa algo tosca y no demasiado pulida, pero si es cierto que he visto conatos de literatura más elegante que se han quedado en eso, en meros conatos.
  En lo que de verdad nos ocupa, que es la historia, el desarrollo de la acción, tenemos una doble ambientación. Por una parte nos vamos a la Irlanda del siglo XI, entorno a 1014 d.C., de la mano de Eimear y Thorgest, bella muchacha pelirroja de alta cuna y guerrero respetado por su valentía y buen hacer en el campo de batalla. Tras una terrible batalla en que todos los hombres de Thorgest cayeron a manos de Ivar, El Viejo, quien los traicionó, él sobrevivió gracias a que Eimear lo sacó de entre las pilas de muertos para curarlo de sus heridas y, de algún modo, devolverlo a la vida. En un primer momento me pareció bastante inverosímil, quizá muy surrealista y bastante acelerado. Un bravo guerrero que es arrastrado por una poco más que adolescente muchacha, que lo cuida a pesar de no tener ningún lazo aparente con él.

 Dejando de lado esto, nos vamos a la otra parte de la historia. Es el año 2002 y Josep, historiador de melena pelirroja que regenta la librería de la familia, se ve obligado a marcharse del país tras creerse buscado por la policía. Va a caer a Irlanda, no lejos de Dublín, donde entrará a trabajar en unas excavaciones arqueológicas del Early Christinan en las que se volcará con un repentino interés por todo lo que pudo haberles sucedido a esos restos. En especial a unos restos que no les corresponde investigar ya que se encuentran fuera del terreno excavado pero de los que saben que pertenecieron a una mujer, de nombre Eimear. A partir de entonces, el autor nos deleita, por una parte, con las vivencias de Juanjo y, por otro lado, con la historia que pudieron haber llevado aquellos restos a sus espaldas. No suelo ser muy partidaria de las novelas con este tipo de narración, dual, que puede hacer que el lector se exaspere o aburra en una de las etapas contadas, pero creo que a esta obra le viene como anillo al dedo. He visto un perfecto equilibrio entre ambas partes, que se entrelazan y, aunque una nos desvela lo que sucederá en la otra, mantienen enganchado al lector (al menos a mí me ha conseguido tener leyendo toda la tarde como una descosida). Además de lo que vendría siendo la trama más o menos histórica, nos encontramos con una buena descripción de la vida cotidiana de Josep (al que, no sé porqué, estoy empeñada en llamar Juanjo… Lo llevo escribiendo todo el rato en el borrador), sus miedos, el día a día complicado fuera de casa, el ambiente en que se desenvuelve y una completa imagen de la ciudad de Dublín. Eso sí, creo que, algo que me ha quedado claro clarinete, es que todos beben como esponjas. Sí, sí, le dan al güisqui y a las pintas de cerveza sin pudor alguno.

 

Lo que más me ha gustado ha sido el trato que se le da a los vikingos, sobre los que me ha entrado ahora el gusanillo. A través de la historia del siglo XI y de las interesantes charlas de Josep con arqueólogos de las excavaciones y amigos suyos, nos desmientes muchos datos tan extendidos sobre estos guerreros, como la utilización de los cascos con cuernos o su carácter totalmente bárbaro, pues conocemos que eran instruidos tanto en el arte de la batalla como en cuestiones morales y mentales… Aunque sé que no hemos de meterlos en el mismo saco, los escoces, en sus temibles clanes de las Highlands y estos vikingos tan humanizados me apasionan y creo que seguiré leyendo sobre ellos más adelante.
En resumen,
La lluvia es una canción sin nombre es diferente de lo que me esperaba. Quizás pensaba encontrar una novela estructurada de otro modo, de prosa más elegante y narración llena de recursos literarios bonitos y agradables. No me he encontrado eso y, aunque al principio casi he desistido por la falta de garra de las páginas y capítulos iniciales, no me arrepiento de haber proseguido con la lectura, porque me ha sorprendido y agradado bastante. En general, me llevo una buena impresión de la obra y del autor, y me apunto la otra obra que tiene publicada para lecturas venideras.