Gritos en la llovizna, de Yu Hua

Me costó, aunque me suscitaba un interés notable, adentrarme en esta lectura. Se lo achaqué, en su momento, al impacto que me había producido Grandes pechos, amplias caderas. Hay ciertas similitudes entre ambas obras, especialmente al comienzo, y la novela de Mo Yan me había robado el corazón de tal forma que era imposible encontrar un remplazo a la ligera. De todas formas, intenté dejar de lado la pereza y poner todo el interés en la lectura. Y surtió efecto.Resultado de imagen de gritos en la llovizna

Yu Hua nos sitúa en la China rural y nos va guiando, de la mano de Sun Guanglin, a lo largo y ancho de su vida, así como la de su familia y amigos en Nanmen y Sundong. La historia comienza a mediados de los 60, cuando Sun Guanglin, el hijo mediano de una familia común y corriente de la época, con apenas 6 años se enfrentó a una imagen que le marcaría durante muchos años: el descubrimiento de un muerto. Como él mismo dice, “Era la primera vez que veía un muerto, y parecía dormido. Ésa fue mi sensación a los seis años: morirse era quedarse dormido. A partir de ese día tuve terror a la oscuridad”.

Sun Guanglin, cuyo padre es Sun Guangcai, tiene dos hermanos: el mayor es Sun Guangping; el menor, Sun Guangming. Sí, yo también me he preguntado si no habría algún nombre más parecido aún para añadir y marear la perdiz un poco más. Sus vivencias, desarrollados a finales de los 60 y principios de los 70 mayoritariamente, colman las páginas de esta novela. No obstante, no se trata de una narración que siga un orden lineal, sino que va mordisqueando episodios varios desde principios del siglo XX, para dar forma a a los personajes y la sociedad en que se desarrollan y desenvuelven. Sigue leyendo

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Grandes pechos, amplias caderas

Cuando engulles casi 850 páginas a través de las cuales has recorrido una novela repleta de reveses, de personajes punzantes y de episodios históricos reconocibles, entonces terminas por hacerle un hueco en tu corazón a esa obra. Grandes pechos… es un gran libro, uno que merece la pena leer, gusten o no las sagas familiares, atraiga o no el descubrimiento de las costumbres chinas a lo largo del siglo pasado.

 
Hay que armarse de paciencia, por supuesto, para no desistir durante la lectura, que dista de ser cómoda y sencilla. Influye en esto la prosa y muchas de las escenas narradas. La prosa es brillante, repleta de giros, siempre adecuada a lo contado y a sus personajes; algunas, por no decir muchas, escenas son terribles. Terribles por su dureza, por su crueldad, por su naturalidad. No es esta una obra eufemizada, no es una obra que haya pasado por el tamiz de la censura en ningún aspecto; tal vez haya sido eso lo que provocó que el gobierno chino prohibiese su publicación, atendiendo a las críticas que elevaba contra ciertas actuaciones de miembros de la República Popular y organismos dependientes.
 
Mo Yan, que no es el verdadero nombre del autor, sino un seudónimo que significa “no hables” y que alude a su vida durante la infancia, traza una historia extensa en torno a la familia Shangguan, que vive en el condado de Gaomi del Noreste. Se cuenta su recorrido desde los primeros años del siglo XX hasta los 90 y hay un personaje que va a ser el hilo conductor de toda la trama: Madre.

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Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk

Me llamo Rojo es una novela del autor turco Orhan Pamuk, quien ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 2006, publicada por primera vez en 1998. Desarrolla, a lo largo de casi 700 páginas, una trama repleta de intrigas que van a rodear la creación de un libro de ilustraciones encargado por Nuestro Sultán al señor Tío.
 
En el Estambul del siglo XVI (aunque esto me ha traído un poco de cabeza, como quien dice, porque en el libro no para de mencionarse Estambul, Estambul, Estambul, cuando, en realidad, la ciudad no dejó de llamarse Constantinopla hasta los años treinta del siglo pasado) se ha producido una desaparición. Un ilustrador, que participaba en un importante encargo de Nuestro Sultán, es asesinado y arrojado al fondo de un pozo donde es localizado unos cuantos días más tarde. De hecho, la novela comienza así, haciendo referencia a ello.
 
Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo.

 

La muerte del ilustrador aviva la polémica que la creación de dicho libro había provocado, ya que muchas voces se habían alzado para criticar la impuridad y obscenidad de las imágenes allí contenidas. Además, dicho asesinato va a trastocar la vida de los ilustradores, por cuanto el temor a ser la siguiente víctima del Asesino se agranda a medida que transcurren los días.
 
También el señor Tío, a quien Nuestro Sultán había requerido la creación de dicho libro de ilustraciones, teme por su vida y comienza a sospechar que el asesino de Donoso, que así se llamaba el ilustrador fallecido, se encuentra entre los ilustradores que en la tarea lo acompañan. Eliminado uno, tan solo Mariposa, Aceituna o Cigüeña podría ser el culpable.

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Reseña: Battle Royale, de Koushun Takami

¡Hola! ¿Qué tal estáis?
 Hoy os traigo una reseña que me ha llevado mi tiempo preparar, porque he disfrutado tanto la lectura que no quería estropear la experiencia con una crítica mediocre. ¿Conocéis Battle Royale?

En la República del Gran Oriente Asiático está prohibido el rock, esa música decadente. Los jóvenes crecen en un estado totalitario y controlador que promueve la competitividad. Como medida de control de rebeliones, la administración pone en marcha el Programa: cada año, 50 clases de distintos institutos son elegidas para luchar a muerte en la BATTLE ROYALE. Los alumnos elegidos son aislados en una isla. Las normas del juego son estrictas: no pueden escapar, no pueden contactar con el exterior, y solo puede quedar uno. Todo está permitido para sobrevivir. Empieza el juego. Empieza BATTLE ROYALE.


(Spoilers señalados)
Si consideramos esta lectura como el germen de Los juegos del Hambre, sin pararnos a calificarla de una manera mínimamente objetiva, estaríamos cometiendo un sacrilegio. Battle Royale es una distopía que yo calificaría como clásica, y que sigue los pasos de la genial Larga Marcha de King, dando lugar a una obra de profunda carga política y moral, que conjuga temor, sangre y poder de manera genial.

 

Situémonos en la Gran República Oriental (actual Japón), donde un gobierno opresor, comandado por la figura del Dictador, lleva a cabo todos los años en cada prefectura El Proyecto. Ahí es donde Takami nos introduce, sin paliativos, sin algodones ni tiempo para aclimatarnos. En un segundo todo está bien y al siguiente no hay más que pánico.
 Pero… ¿Qué es eso de El Proyecto?
Se elige, al azar, una clase de 3er curso de instituto de cada región y se envía a los alumnos a un lugar desconocido sin previo aviso. Allí deberán luchar a muerte hasta que quede solo uno. 
Y, ¿Cuál es la finalidad de El Proyecto?

Supuestamente es un mecanismo para mantener a raya los posibles deseos conspiratorios de la población hacia el gobierno, así como para hacer una demostración de poderío; pero, realmente, no es más que una actividad marginal, con es escasa (por no decir nula) cobertura mediática, que lo que hace es destrozar hogares y arrancar miles de vidas.

Una situación que, aunque descabellada, no desencaja con la imagen que se nos proporciona de la Gran República: un lugar con un profundo odio hacia el imperialismo americano, que ha prohibido el rock para evitar que se transmitan ideas peligrosas, y que ejerce una férrea censura sobre música, literatura y prensa, además de sobre internet.

Con este retrato de lo que Battle Royale significa, nos introducimos en el caso que se nos presenta y que seguimos a lo largo de las casi 700 páginas de novela.
Shuya Nanahara se va, junto con sus 41 compañeros de clase, de viaje de estudios en autobús. Sin embargo, por la noche, se percata de que no puede respirar bien en el autobús, que hay una extraña sustancia en el aire. Cuando se despierta está sentado en un aula, en la que parece su aula. Pero no lo es. La clase de Shuya ha sido escogida por el gobierno para participar en El Proyecto. Aislados, atemorizados, los 42 alumnos asisten a una charla sobre lo que les espera antes de descubrir el cadáver del profesor que los acompañaba, para comprender lo que el juego implica. Las normas son claras: deben matarse entre ellos, no se recomiendan las alianzas, si permanecen en una zona prohibida el collar que llevan en el cuello explotará, y si nadie muere en un periodo de 24 horas, todos los collares explotarán y los 42 participantes morirán.
La trama es clara, concisa y transparente: un número determinado de adolescentes, muchos de ellos amigos entre sí, que deberán luchar hasta que solo quede uno. No hay escapatoria. 
Descubrí este libro en un blog -no recuerdo cuál, para variar- y leyendo, en la reseña, referencias a La Larga Marcha y a Los juegos del Hambre me dije que tenía que leerlo. Y no tardé en seguir mi autorecomendación. Muchos de los que me leéis sabréis que Stephen King es mi autor de cabecera y que la Larga Marcha es una de las obras que más me impresionó, así que oír mentar su nombre en alguna parte hace que me declare fan incondicional de ese sitio/objeto/persona. Llamadme inculta, pero nunca había oído hablar de Battle Royale, quizás sí de la película (muy vagamente), pero en ningún caso sabía que de le existencia del libro. La sinopsis es infinitamente atractiva y describe muy bien qué nos vamos a encontrar. Una lectura cruda, sangrienta, donde lo importante es hacer un retrato conjunto de lo que la obra implica: violencia entre conocidos, superviviencia, represión… Un lienzo complicado sobre el que Takami despliega una paleta de colores repletos de matices buenos y malos, con pincelada gruesa y rápida, sí, pero que ofrece un resultado fantástico. 
Con la pincelada gruesa me refiero, sin duda, a la prosa. Esta novela no destaca, ni mucho menos, por su estilo, que es bastante corriente. Cumple bien su función, aunque si hubiese tenido una narrativa algo más embellecida (y no me refiero a la dureza de lo narrado) Battle Royale se merecería codearse con los dioses de la ciencia ficción distópica, 
Pese a que nos enfrentamos a una obra de extensión considerable, el ritmo es trepidante. Es sabido que en la mayor parte de novelas hay episodios de acción y episodios de relleno, fragmentos de transición. No en este caso. Hay sangre, muertes y tensión en cada página. Cero paja. Es increíble que tengamos 700 páginas repletas de acción y que, además, esa acción sea adictiva, como la peor de las drogas. A mí me llevó poco más de tres días finiquitarlo, y hubiera podido seguir leyendo otras cien o doscientas más sin aborrecer, ni mucho menos, la historia. 
Considerada de culto, tal vez, porque es una buena obra que atrae a un público pequeño, el punto característico de Battle Royale es la sangre. Sinceramente, me parece un experimento grandioso (terrible pero grandioso) el encierro de una serie de adolescentes relacionados entre sí con el objetivo de acabar con sus vidas. Tienes 15 años y te ves en la necesidad de sobrevivir sí o sí, para lo cual deberás terminar con las vidas de gente a la que sonríes todos los días, con la que hablas, quizá a tu novio o a tu primo… ¿Cómo actuarías tú si te vieras en semejante situación? ¿Rebelión frente al poder autoritario, como nos muestra Suzanne Collins en Los Juegos del Hambre? ¿O mero afán de superviviencia? Creo que Takami plantea un asunto interesante, un asunto que navega por la mentalidad humana y sus reacciones al peligro, algo que queda empañado (o bañado) en sangre. 
Vemos como amigos íntimos desconfían unos de otros y se disparan por la espalda, vemos traiciones, vemos nerviosismo y arrepentimiento. Pero también hay personajes que se muestran tal y como son, sin estar al abrigo de las relaciones sociales y lo que, básicamente, sería el qué dirán. Crudeza sí, pero no hay violencia porque se haya desatado en los personajes un repentino deseo de asesinr, sino porque en determinada situación, con determinada presión, unas personas deciden desfogarse de cierta manera. Un estudio, repito, interesante. 
 
 
Desde luego, me causa una inmensa tristeza pensar en los miles y decenas de miles de jóvenes que perderán sus vidas a la tierna edad de quince años. Pero si sus vidas servirán para proteger la independencia de nuestro pueblo, ¿no tenemos derecho a exigir que su carne y su sangre se derrame y se mezcle con nuestra hermosa tierra, que heredamos de nuestros dioses, para que vivan por toda la eternidad?
Sin embargo, volviendo al tema de la violencia, de lo gore, es cierto que en este libro es lo que prima. No se escatima en baños de sangre, en venganzas y en descripciones detalladas de la acción. Desagradable para unos, estimulante para otros… A mí me ha resultado entretenido. ¿Es bonito que te comenten al dedillo cómo una chica le destroza los ojos a un chico, mientras trata de liberarse de él? ¿Es agradable saber cómo se siente excavar en las cuencas viscosas? ¿Es agradable leer cómo se culmina la jugada con un picahielo clavado en la garganta del chico? No creo que alguien que haya disfrutado de esta lectura se haya recreado en estos pasajes, pero el autor nos lo ha contado tal y cómo sucede. Sin heroísmos, con el asco y el dolor que sufren las partes implicadas, y con todos los aspectos que intervienen. 
Es eso lo que destaca en esta obra: el realismo. Los personajes no son héroes, no son demonios ni son dioses. Shuya Nanahara es un as con la guitarra, tocando rock prohibido, y es buen deportista, pero a veces es superficial y torpe. Gentil, sí, pero con poca maña para sobrevivir en la isla. Shogo, otro de los “grandes” personajes, es seco, cortante, fuerte pero desconfiado. Noriko es valiente, decidida, pero es débil. Y todos temen, de una u otra manera. Son, a fin de cuentas, mortales con sentimientos y deseos de regresar a casa sanos y salvos; no van a entregar su vida para salvar a otro, cuando todos quieren conseguir lo mismo.
Y esto de que los personajes son imperfectos, realistas, queda perfectamente patente en uno de los pasajes más crudos, más duros de toda la obra.  [Spoiler] Un grupo de chicas, resguardadas en un faro, han rescatado a Shuya herido y le han proporcionado cobijo y medicinas para mejorar. No obstante, hay una gran tensión entre las amigas, que temen que Shuya las ataque. Discuten, un mal plan deriva en una muerte equivocada, que, a su vez, termina en un tiroteo. De seis o siete sobrevive una, que acaba por suicidarse. Cuando Shuya abandona el faro hay siete rivales menos que se han asesinado entre sí absurdamente.  [Fin del Spoiler]
Así pues, Battle Royale no es un libro cualquiera. Comparte un régimen totalitario con La Larga Marcha, comparte una lucha por supervivencia y un premio bastante bueno para el ganador. Se explaya bien a la hora de enmarcarlo en tiempo y espacio, y ofrece una historia factible que culmina con un final de infarto, quizá previsible, pero que es el cierro perfecto para semejante obra. Todo esto me lleva a recomendárosla encarecidamente. No pensé que fuera a engancharme tanto a este libro, pero se ha subido a mis favoritos  desde las 100 primeras páginas. Id a por ella sin prejuicios, olvidándoos de la trilogía de Suzanne Collins, porque os gustará y os hará pensar y pasar un rato muy bueno entre las páginas.
 
 
 
Y, ahora, viendo que he resistido a hacer las crueles comparaciones entre Battle Royale y Los juegos del Hambre durante la reseña… ¡Vamos a por la carnaza!
Es inevitable no ver las similitudes entre ambos libros (siempre me he estado refiriendo al primer libro de la saga de Collins. Los otros dos no están relacionados con lo que voy a comentar), desde el aislamiento de un grupo de jóvenes en un lugar desconocido, pasando por el sistema de gobierno o los pajarillos. El libro de Takami es más sangriento, sí, y tiene una base más política e ideológica, pero no hay un deseo de rebelión. No heroísmos como los de Katniss y Peeta. Tampoco hay amor. Battle Royale promete lucha y es lo que ofrece; no se pierde en tramas paralelas que puedan distraer al lector de la cuenta atrás. Así que sí, yo he visto muchas cosas en común. No se me ocurriría tachar la obra de Collins de plagio, aunque es cierto que lo principal del primer libro es una versión rebajada y endulzada de esta obra nipona. Lo que más me sorprendió (y lo que menos se menciona en otros blogs y en otras reseñas o comparaciones entre estos libros) es el origen del Sinsajo. Sabréis que es ese pajarillo, cuyo sonido emplean en LJDH para comunicarse los participantes. Pues sí, también nace en esta obra, pues es empleado su canto para enviar una señal entre los protagonistas y un amigo reencontrado. 
Habiendo leído LJDH antes, y conociendo el percal, me ha ¿molestado? especialmente lo del sinsajo. Es absurdo, lo sé, pero me parece que algo tan característico en la obra pierde mérito al saber que está inspirado (por no decir calcado) de una acción idéntica de una obra anterior. 
Sin embargo, no quiero desmerecer a Los juegos del Hambre que en su momento me gustó mucho, pese a que ahora mi opinión ha cambiado notablemente. Pero, para no liar más la perdiz, cierro esta reseña enorme con una imagen que viene a resumir la relación entre ambas obras. 
 
¡Espero que os haya gustado la reseña! 

Reseña: Los años de peregrinación del chico sin color, de Haruki Murakami.

¡Hola! ¿Qué tal estáis? No penséis que me he arrepentido de volver al blog, pero es que estoy teniendo menos tiempo del que pensaba, y las reseñas se me acumulan, cosa que me estresa notablemente. Pero no he podido resistirme a haceros una visita (tardía) para conmemorar este fantástico DÍA DEL LIBRO.¿Qué mejor que hacerlo con una reseña? Hoy me estreno con Murakami. A ver qué os parece mi experiencia.
 

Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente.


Puede contener spoilers

Me sentía mal por no haber leído todavía ninguna obra de un autor oriental. Y me sentía especialmente mal por no haber probado aún a Murakami. Un asunto que tuvo fácil remedio, todo hay que decirlo. ¿Por qué libro del autor debería haber comenzado? Probablemente esta no hubiera sido la primera recomendación de los más entendidos, pero alguna había que escoger.  
Los años de peregrinación del chico sin color, además de contener una sugerente historia en su interior, tiene una de las portadas que más me han embelesado jamás. Puede parecer una tontería (y quizás la sea), pero hay algo en esa perfecta alineación de lapiceros de colores, rota por ese blanco desacorde, que conecta directamente conmigo. Si lo sumamos a ese magnífico título, que no hace sino resumir a la perfección lo narrado en el libro, el resultado es una fachada literaria que, por mi parte, se lleva un 10. Lo que haya dentro es otra cosa.
Tsukuru Tazaki es un hombre bien entrado en la treintena al que todavía persiguen los fantasmas de la adolescencia. Una complicada ruptura con su grupo de amigos cuando aún estaba en la facultad le provocó un gran vacío emocional, del que aún no ha logrado desprenderse. Animado por Sara, se decide a cerrar de una vez por todas ese episodio de su pasado, para lo que tendrá que re-conocerse a sí mismo y estructurar sus planes de futuro.

Los años de peregrinación del chico sin color, me ha parecido especial. O, al menos, algo diferente a lo que acostumbro a encontrarme tras la cubierta de un libro. No deja de ser una revisión del pasado que desemboca en una costura firme de las heridas a medio cicatrizar, pero una revisión envuelta en tal lirismo, en una prosa que baila entre lo emotivo, lo espiritual y lo verídico, y semejante ambigüedad, que tiene algo. Es complicado reflexionar sobre este libro, básicamente porque los hechos que se nos presentan son escasos y, al igual que los personajes, complejos, enrevesados e incluso surrealistas. No obstante, me hago una idea bastante clara de qué es lo que ha querido trasmitirnos Murakami. Y de cuál ha sido su impacto en mí. 

El chico sin color. Más allá de la significación literal de esta expresión que da título al libro, el chico sin color es el centro de todo, una bonita ¿metáfora? que representa a la perfección la vacuidad en que se ha convertido la vida de Tsukuru. Este vacío, ese abismo por el que el protagonista se paseó tras la angustia del abandono, es el génesis de toda la historia. Un joven que siempre había estado rodeado de cuatro amigos, cuya relación se prometía irrompible y que, de la noche a la mañana y sin una explicación aparente, se ve solo, es algo difícil de asumir. No obstante, se trata bien esa separación, esa fragmentación, hasta el punto de llegar a entenderla. Y, ¿por qué el chico sin color, aparte de por esa desazón, esa angustia continua, esa caída libre interminable? La razón es simple:
los cuatro amigos con los que formaba ese grupo tan estrecho tenían un color en su apellido. Salvo él.
Aka, Ao, Shiro y Kuro
Tsukuru (del verbo tsukuro, crear)
Partiendo de esa premisa, que lo hacía sentir, a menudo, como un intruso en medio de aquellos cuatros complementos del mecano, la separación lo destroza y debe superar una época de tinieblas, en que ronda el suicidio. Sin embargo, logra salir adelante, dejando de lado el dolor para centrarse en su nueva vida en la enorme Tokio, muy lejos de su natal Nagoya donde sus ex-amigos permanecían. Hay diferentes personajes que aterrizan en su vida, como Haida, pero lo importante, lo verdaderamente importante, es volar al momento en que Tsukuru comienza a descubrir qué fue lo que realmente sucedió.
Y, ¿qué sucedió? ¿Por qué sucedió? ¿Quién lo orquestó? Aquí es donde yo veo la parte surrealista de la historia (junto con otro elemento previo que no os he mencionado, pero que tiene que ver con Haida). A mí me costó entender el porqué de ese corte tan precipitado entre Tsukuru y sus amigos, pero la respuesta que se nos da no me ayudó mucho, la verdad. Sin embargo, Murakami consigue darle las vueltas suficientes a la historia ya hacia el final, que todo acaba encajando. Todo tiene que encajar y ni siquiera rechina al empujar las piezas.
Más vale que te quede grabado: la Historia no puede borrarse ni alterarse. Porque significaría matarte a ti mismo.
Quizás no entendáis lo que trato de decir, pero es que mantengo un gran conflicto conmigo misma en este asunto. Me he leído un libro cuya principal intriga no me la tragaba, pero que acabé por aceptar e incluso entender en el momento del final. Porque sí, porque tenía que ser así y porque el autor la hace creíble a basa de argumentos que, por separado, tienen poco que peso, pero que ganan en coherencia al sucederse unos a otros. Y, principalmente, lo que contribuyó a que entendiese ese abandono, fue el reencuentro de Tsukuru con una de sus antiguas amigas, una escena repleta de tensión que torna en emotividad al recordar el pasado.
¿Qué final merecen las desventuras de Tsukuru? Probablemente el cierre que se nos presente sea el más indicado, pero no es, ni de lejos, el más esperado ni el más adecuado para el frágil corazón de un hipotético lector. Hubiera sido complicado cerrar esta obra sin echar a pique todo ese espiritualismo, esa constante exploración interior del protagonista, pero dejar una incógnita como fin a una especie de cadena de incógnitas es algo cruel. Aunque, repito, posiblemente necesario.
Así pues, mi primera toma de contacto con Haruki Murakami se salda con buenas sensaciones. Muy buenas, me aventuraría a decir. Me ha parecido diferente el ambiente que rezuma su historia y me ha gustado la manera en que maneja estas situaciones tan sencillas a priori (y terrenales) y consigue darles la vuelta para buscarle el doble sentido a cualquier detalle. La mayor pega que se me ocurre viene, además, de este último apunte: las situaciones sencillas. Creo que, por momentos, la trama peca de ser excesivamente plana, sin una salida clara y lógica al final del túnel. Eso sí que me ha hecho desidealizar un poco al autor, del que, siendo sincera, me esperaba algo más espectacular. No obstante, mi aventura murakamiana no ha hecho más que empezar, y mis próximos puertos van a ser Tokio Blues  y 1Q84. Entonces, con una opinión más extensa y más experimentada, podré evaluar a este autor tan especial.