Reseña: El asesino de comparsistas, de F. Macías

 


Una tenebrosa sombra siembra el pánico en Cádiz poniendo en jaque al mundo de la comparsa y a toda la ciudad. Una joven inspectora y su excéntrico ayudante trabajarán mano a mano para intentar detener una sangría de crímenes que envuelve al carnaval gaditano y que parece no tener fin. ¿Serán capaces de dar con el asesino de comparsistas?


Puede contener spoilers
Yo leí la sinopsis y sentí curiosidad. Mucha curiosidad. ¿Asesinatos en serie mezclados con la gracia andaluza del carnaval? Eso podría dar lugar a un perfecto cóctel molotov. Y algo así ha sucedido.
 
El asesino de comparsistas nos sitúa en Cádiz, a principios de diciembre de 2015. Allí, tres conocidos miembros de las comparsas han aparecido muertos en un espacio de tiempo muy breve. El miedo se extiende por el mundo del carnaval, y la inspectora Jenifer tendrá que jugar su última baza para tratar de hallar al asesino: dar con un exinspector, amigo de la familia, del que hace tiempo que no sabe nada. Juntos, deberán evitar que se produzcan más crímenes, intentar descubrir al asesino y mantener el Carnaval de 2016 en calma.  

 

Dividida en capítulos breves que nos situan en diferentes épocas (desde julio de 2015 hasta julio de 2016) y lugares (Cádiz, Edimburgo, París), esta obra tiene un ritmo ágil, una prosa más que correcta, buena ambientación e intriga. Y, por supuesto, unos protagonistas entre los cuáles saltan chispas constantemente. Se nota (no hay ni pizca de duda al respecto) que el autor conoce a la perfección el tema que está tratando, porque el ambiente y la pasión por el carnaval saltan a la vista en cada renglón de la novela, y hace un gran trabajo a la hora de compartir la magia de ese mundillo con los que no conocemos ni la mitad, aunque sea mediante esta sucesión de crímenes que le dan un aire siniestro a chirigotas, comparsas y fiestas en general.
Respecto a la trama, es inevitable centrarse en los motores de la historia: Alejandro y Jenifer. Exinspector e inspectora, respectivamente, que tendrán que tomar las riendas de una investigación que no parece nada sencilla.
 
 Alejandro, que ya está en la treintena y vive alejado de todo y de todos, será sacado de su exilio en Edimburgo para ayudar a Jenifer con su caso. Ella está a cargo, y, viendo agotadas todas las salidas, decide disparar la última bala : recurrir al antiguo amigo de su padre, con el que había compartido juegos durante su infancia. Las cosas no se plantean nada fáciles. Tres asesinatos en el mundo de la comparsa: Quiñones, Tino y Javier Carapapa. Los tres fallecidos en menos de un mes y con cierta similitud en sus muertes. Además, la inspectora ha recibido una amenaza firmada con una curiosa rúbrica, un pito de caña.
Y estos hechos tienen lugar en medio de la revolución que se ha instaurado en el Carnaval de Cádiz: la alcaldesa ha anunciado una completa renovación del modelo de carnaval, de las pruebas del Teatro Falla y premios por una cuantía de hasta un millón de euros. El asesino podría estar en cualquier parte, quizás viéndose atraído a actuar para hacerse con el primer puesto y el suculento premio. Pese a todo el esfuerzo, todo el trabajo y todos los medios de los que disponen, Alejandro y Jenifer no avanzan. El asesino parece no dejar ninguna prueba y los nuevos crímenes no hacen sino complicar más la investigación. Ese pito de caña está estampado en el pecho de una de las víctimas, continua firmando sus misivas amenazadoras y llega, incluso, a ocupar una de las paredes de la habitación de hotel que ocupa Alejandro.  Es peligroso, de eso no cabe duda, sin embargo, por fin dan con algo. ¿Qué es ese algo? Una huella parcial, una huella que podría solventar, de una vez por todas, el misterio y permitir que los carnavales se desarrollaran sin peligro. Pero esa huella parece no pertenecer a nadie, y queda como una pista muerta. No obstante, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Y si no, que se lo digan a Alejandro, que propondrá realizar una búsqueda casi casa por casa para realizar una comprobación algo alocada. El tiempo apremia y, desde Madrid, avisan con apartarlos del caso por falta de avances. [¿Conseguirán descubrir al culpable?]
La verdad es que, como ya he mencionado antes, a mí me ha gustado sumergirme en esta obra. Soy del norte y, aunque conozco el Carnaval de Cádiz (más por tele y reportajes que otra cosa, eso es cierto), me ha dado la sensación de estarlo redescubriendo. Un mundo especial, una pasión increíble y una juerga muy diferente a la que se vive en los festejos del Cantábrico. Creo que es por eso por lo que, a veces, tuve la sensación de sentirme fuera de lugar (sobre todo al principio) con las constantes alusiones a comparsas, autores, etc. (independientemente de ser o no reales), aunque poco a poco fui metiéndome de lleno en el ambiente. Por otra parte, me costó entender ese profundo amor hacia el carnaval (volvemos a lo de antes) que siente, por ejemplo, Alejandro. Viviendo en Edimburgo, tenía la casa llena de carteles del Carnaval, tenía discos con las chirigotas y las comparsas… ¡Guau! Que yo me disfrazo y salgo a disfrutar de la fiesta, pero es otra manera de ver la fiesta totalmente distinta, y he tenido que acostumbrarme a ella en el libro.
Un aspecto que quiero recalcar es el binomio policial Alejandro-Jenifer. Personajes bien construidos (especialmente Alejandro, con sus demonios, sus problemas del pasado, su honor) cuya relación tanto profesional como personal se tambalea constantemente. En mi opinión, para mantener el ambiente oscuro y casi dramático de la obra, esta relación debería haberse enfocado de otra manera. Quizás menos manos cogidas y menos enfados por culpa de lo que puede y no puede ser.
Luego, lo que vendría siendo la parte policial, la investigación y los crímenes, me ha parecido muy lograda. Creo que se aborda desde un punto de vista cercano. Es España, es Cádiz y es la Policía Nacional: no tenemos a un Grissom que viene con la linternita y coge al asesino a los 5 minutos. Y eso lo alabo, porque podríamos haber empezado a meter cuerpos especiales, análisis meteóricos e intervenciones perfectas, lo que dista mucho de la realidad y le habría quitado credibilidad.Respecto al asesino: es un crack. Sinceramente, se nos presenta como el autor de unos crímenes perfectos, sin ni siquiera conocer nada de él, sin ninguna pista… Duro de llevar a cabo, pero muy entretenido, por supuesto.
 
Todavía me faltan por mencionar dos asuntos: el final y el cangrejo. ¿Cuál preferís primero? Bueno, dejaremos lo mejor para lo último, así que voy a comentaros por alto el final.
[AHHHH] Este fue mi grito de impotencia al devorar el final. Ni precipitado ni demasiado lento, un desenlace bueno y tremendamente cruel. Después de 240 páginas tensas, en la ¿243? todo se fue al garete dentro de mi cerebro. Debo reconocer que me esperaba algo así (bueno, no exactamente, pero por ahí iban los tiros), mi mente no había dejado de trabajar desde los primeros capítulos, buscando culpables por todas partes, pero no estaba preparada para el cierre. No, no lo estaba. ¿Por qué? Porque, básicamente, [Spoiler gordísimo] ¿Cómo puede terminar el libro sin saberse quién es el verdadero asesino? Vale, Sabrina estaba un poco p’allá, pero ella solo había ensuciado la investigación. ¡El tipo del pito de caña sigue suelto! [El spoiler gordo acaba de ponerse a régimen]. Eso fue cruel, muy cruel, y yo ahora necesito saber cómo continúa, porque me ha dejado con mono de carnaval, de pitos y de comparsas.
 
Bien, después de haberme desahogado a gusto, me queda el cangrejo. Y pensaréis, ¿qué pinta un cangrejo aquí? Y yo os diré (de la misma manera que se lo dije al autor por Twitter): ¡Este cangrejo se merece una estatua! A ver, os pongo en situación: nuestra historia comienza siendo narrada por un cangrejo que acaba de descubrir una señora comida en la playa. Y termina con el cangrejo desvelándonos lo que mi corazón no se esperaba (véase el spoiler de arriba). Pues sí, ese cangrejo es mi ídolo y debería tener una historia él solo, porque es un grande. Sin más. [Lo sé, mis argumentos son pobres, pero confiad en el cangrejo].
 
Et voilà! Aquí tenemos una obra cortita, entretenida, resultona y que os va a dejar con ganas de más. Se merece que le deis una oportunidad, porque creo que no os defraudará. Además, vais a conocer al mejor cangrejo de la historia y vais a descubrir (si no conocéis ya) la fantástica movida del Carnaval de Cádiz y de sus gentes a la vez que os veis sumidos en una trama repleta de intrigas.
 
 
 ¿Conocíais el libro? ¿Tenéis ganas de leerlo? ¿También queréis un pito de caña?

Reseña: Mr Mercedes, de Stephen King

¡Buenas tardes!

 Siento no haber posteado antes, pero tenía esta reseña a medias, y quiero publicarla ya mismo :3 Después de mucho bregar y de sufrir con la lectura, me he terminado Mr. Mercedes… ¡Disfrutad de la ficha!


Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de parados esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche.  De pronto, invisible hasta que lo tienen prácticamente encima, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a todos los que encuentra a su alcance. Acto seguido, el coche da marcha atrás y vuelve a arremeter contra ellos. El asesino huye dejando atrás ocho muertos y quince heridos. Meses después, Bill Hodges, un policía jubilado, que sigue obsesionado con este caso sin resolver, recibe una carta anónima de alguien que se declara culpable de la masacre.  Brady Hartsfield vive con su madre alcohólica en la casa donde nació. Disfrutó tanto de aquella sensación de muerte debajo de los neumáticos del Mercedes, que ahora quiere recuperarla.


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Este libro ha estado en mi wishlist desde hace mucho, así que, cuando por fin conseguí hacerme con él, a mediados de diciembre, me sentía felicérrima.  Además, me sirve para ir avanzando en mi Reto King, que poco a poco voy rellenando. Tardé en empezar a leerlo, más que nada porque me daba pena devorarlo y sentirme vacía al terminarlo. Y eso viene a ser lo que ha sucedido. Esta incursión del maestro del terror en la literatura policiaca o negra (como muchos la han denominado), me pareció una genial manera de comenzar el 2015. No me ha defraudado. Entre las 500 páginas del libro encontraréis de todo, un todo que os va a encantar. No me esperaba nada diferente de lo que he leído, es más, creo que ha superado incluso mis expectativas, porque había visto opiniones bastante mediocres, pero no me he dejado llevar por las apariencias. Y aquí estoy.  Stephen King nos sumerge en la película del gato y el ratón. Hay muerte, sangre y locos (porque sino, no estaríamos en una obra del autor), y un buen marco ambiental que se hace increíble a medida que se terminan las páginas. Comenzamos la historia en la cola de personas que aguardan para obtener uno de los empleos que oferta el ayuntamiento. Es un buen inicio, fuerte, frustrante, pero apetecible a la vez. Ahí hace que nos demos la mano con varios personajes que veremos desaparecer de un plumazo. Predecible, pero igualmente frustrante. Tomamos contacto por primera vez con Mr. Mercedes. Después, la historia se desvía en dos ramas: Bill Hodges y Brady Hartsfield. Las vivencias de Hodges, Ins. Ret (Inspector de policía recién jubilado) me han gustado mucho, porque creo que describen muy bien la vida del personaje y sus problemas e impotencia. Brady Hartsfield, como bien se nos dice en la sinopsis, es Mr Mercedes. Un joven maníaco y con trastornos mentales, que quiere tener más reconocimiento por la masacre acometida. Por esa razón le envía una carta a Hodges, que había dirigido la investigación del caso, y desencadena una burda acción detectivesca no falta de encanto. 
En un principio, me pareció un riesgo enseñar todas las cartas nada más comenzar la partida. No hay tensión por descubrir quién es el asesino, no hay tensión por saber si atacará de nuevo o por si irá a por Hodges. No diré que me disgustó esa manera de actuar, pero me sorprendió, francamente. Creo que la trama, que os he descrito, sin extenderme demasiado, un poquito más arriba, está muy bien hilada, sin cabos sueltos que pongan en duda posibles procedimientos descritos, o actos fantasiosos que harían que la historia se saliera de sus raíles. La prosa de King, en esta obra, me ha gustado. Me ha gustado mucho más que en otros libros anteriores. No voy a decir que es más madura, porque sería una severa estupidez, pero sí que es más agradable, sin tantos cortes, sin tanta fragmentación. Hay partes que se desmarcan, por supuesto, tanto para bien como para mal: fragmentos bruscos y rápidos, y fragmentos de un mayor reposo y lirismo. Además, la descripción y el desarrollo de los personajes es muy sutil, muy lento, pero cómodo a la lectura, sin montañas de información que el cerebro perdería a la primera de cambio. Por otro lado, hay algo que quiero remarcar y que, aunque no haya hablado de ello en otras reseñas de libros del autor, me parece cuando menos curioso. Las continuas alusiones a obras suyas. Es fascinante la manera en que introduce con total naturalidad referencias a libros o personajes que él mismo ha creado.  En el libro hay, por ejemplo, menciones a Paul Sheldon,  de la Misery, a Pennywise (mi idolatrado payaso de It) o a Norman y Vva’l doro, de El retrato de Rose Madder. En el primer caso, es en referencia a una de sus “supuestas novelas”; respecto a Pennywise, es en referencia a una careta de payaso que llevaba Mr Mercedes durante la masacre. La de El retrato de Rose Madder es una atribución que hago a título personal, por las similitudes entre Brad y Norman a la hora de llevar una careta en el rostro, y a la hora de raparse y ponerse en silla de ruedas para tratar de pasar desapercibidos a la hora de hacer sus maldades.
En el asiento de piel del conductor se veía una máscara de goma, de esas que cubren toda la cabeza. […] Sin cabeza que la tensara, la sonrisa de aquellos labios rojos se había convertido en una mueca de desdén.
– Pone la carne de gallina. ¿Has visto esa película del payaso de la alcantarilla?
Hodges negó con la cabeza. Más tarde – solo unas semanas antes de jubilarse – compró esa película en DVD, y Pete tenía razón. La máscara se parecía mucho al rostro de Pennywise, el payaso de la película
Mr. Mercedes, Stephen King. pág 77
Siguiendo, ahora, con el ambiente creado, creo que es muy importante hablar del pasado. Sí, porque juega un papel fundamental en la obra. Recurrimos habitualmente al pasado, de 
los personajes, de las investigaciones de policía, pasado tecnológico, para ir trazando la trayectoria de los hechos. No existiría esa dualidad Sherlock-Watson si no recurriésemos a la nulidad tecnológica de Hodges (con sus buenos 60 años en el cuerpo) y a la predisposición, casi de nacimiento, de Jerome para solucionar cualquier problema informático (sin llegar a los 18). Por eso, la novela está llena de contrastes. Pasado, presente y futuro. Antes y ahora. Y lo que llegará. Hay maneras de actuar tan diferentes en este libro de Stephen King a las que podemos ver en otras novelas, por ejemplo, de los años noventa…Sin embargo, creo que lo que merece mi máxima atención son los personajes. Hodges, Jerome, Brady, Holly, Janelle… 
Hay muchas historias detrás de ellos. Para orientarnos: Hodges vendría a ser Sherlock Holmes, Holly y Jerome, sus dos Watsons (de lo más improvisados, pero…). Janelle es el personaje femenino que dota de carisma a la obra, y  Brady, el antagonista desquiciado. Hodges, el Ins. Ret, tiene una personalidad bastante notoria, es bondadoso, organizado, fiel al trabajo, pero tampoco es ningún santo. Es un buen protagonista, aunque en algunos momentos me exasperó, quizás por su sentido del honor y por su frialdad. Holly, de la que “desconfiaba” en un primer momento, se ha convertido en mi personaje preferido, junto a Jerome. Es una adulta con problemas de ansiedad, depresiones y que ha entrado y salido del psiquiátrico constantemente. No obstante, tiene una personalidad reprimida, debajo de la apariencia infantil y pánfila, que resulta sorprendente y muy agradable al ver el contraste con el transcurso esperado de la obra. Jerome, el “ayudante” de Hodges, es un chico negro, de clase media-alta, que prevé entrar en Harvard y que echa una mano, en su tiempo libre, al inspector. Le corta el césped, le soluciona los problemas del ordenador…
Da mucho juego, porque tampoco es ningún mesías. Es más, ninguno de los personajes salvaría el mundo individualmente por el mero placer de hacerlo. Son gente más o menos corriente, con vidas normales e historias de personas normales. Janelle me pareció demasiado forzada en un principio, demasiado bien. Creo que no conecté bien con ella, y no ha sido un personaje que me haya encantado, aunque es cierto que su influencia en Hodges y la su sinceridad sí que me han llegado a convencer. Y, por último, está Brady, Mr. Mercedes. No es el mejor antagonista de King, pero es un buen villano, al fin y al cabo. Un villano que me ha trastocado en cierto modo, porque ha habido momentos que me ponía en su piel y llegaba a entender como trajinaba su mente pese a que estamos hablando de un completo maníaco, un loco. Su historia, con una personalidad turbia arrastrada desde la infancia, con episodios incestuosos y otros macabros, le van envolviendo, confiriéndole un aura tanto de peligrosidad como de sorpresa. ¿Sorpresa? Sí, porque, a pesar de que estamos hablando de un asesino confeso sin remordimiento alguno, no dejamos de ver a un joven ingenuo y hasta inocente, al que se le va calentando la sangre con los nervios y el contrarreloj. No es una máquina, como él mismo piensa, sino un humano más con pocos complejos y menos vergüenza.
 
Allá vais, asesinos y víctimas por igual, allá vais, al conjunto vacío universal que envuelve un solitario planeta azuly a todos sus habitantes en su maquinal ajetreo. Todas las religiones mienten. Todos los preceptos religiosos son engañosos. Inlcuso las estrellas son espejismos. La verdad es la oscuridad y lo único que importa es hacer una declaración de principios antes de entrar en ella. Abrir un corte en la piel del mundo y dejar una cicatriz. A eso se reduce la historia, al fin y al cabo: a tejido cicatrizal. 
Mr. Mercedes, Stephen King. pág 366
EN RESUMEN…  Si os gusta Stephen King, os gustará este libro. Hay diferencias de estilo y de prosa respecto a sus otros libros, pero tampoco es algo que le haga parecer, de la noche a la mañana, William Shakespeare. Creo que se adapta bien al género y, aunque no es un grandioso libro policiaco, si que tiene tensión, emoción y buenos personajes que no permitirán que la historia te deje indiferente. ¿Prefiero a este King o al terrorífico? Sinceramente, no sabría decidirme, pero si el King del terror incluyera metáforas y frases icónicas con el mismo acierto que en esta obra, sería, sencillamente, genial. A mí, me ha gustado mucho. De verdad os lo digo. En un principio pensé que me había equivocado y que me llevaría un gran chasco, pero al final ha dado un giro de 180 grados. Os lo recomiendo, pero leedlo con la mente bien abierta, porque no es una mera narración a lo Hércules Poirot, pero combina de maravilla los demonios detectivescos e intrigantes para dar lugar a una buena historia.
¿Ya le habéis hincado el diente al libro? ¿Me vais a matar por subir tantas reseñas del autor?
¡Soy toda oídos!

Reseña: El canto del cuco, de Robert Galbraith

Una joven modelo con problemas emocionales cae desde su balcón de Mayfair en plena noche. Su cuerpo yace en la calle nevada. Todo el mundo asume que ha sido un suicidio, excepto su hermano, que contrata los servicios del investigador privado Cormoran Strike para que se encargue del caso. Veterano de guerra con secuelas físicas y psicológicas, la vida de Strike es un desastre. El encargo le da cierto respiro económico, pero cuanto más profundiza en el complejo mundo de la modelo, más oscuro parece todo y más se acerca Strike a un gran peligro. Un elegante misterio impregnado de la atmósfera de Londres, desde las calles más selectas de Mayfair hasta los pubs ocultos del East End o el bullicio del Soho.

Este libro me llamó la atención por su portada, y sobre todo por su título. ¿El canto del Cuco? ¿Qué tipo de nombre es ese para un libro? Entonces me leí la sinopsis y decidí que tenía que leérmelo. Unos días después me enteré que la autora era J.K. Rowling, lo que hizo que mis ganas por devorarlo fuesen aún más in crescendo.  
 
Lo primero que hay que destacar del libro es la estructura. Rowling empieza fuerte, describiendo lo que sucede y de golpe nos lleva a unos meses más adelante, sin explicaciones. A mí, particularmente, me enganchó desde ese primer momento.

 

La redacción es mucho más elegante, profunda y cuidada que en los libros de la saga “Harry Potter” (no he tenido la oportunidad de leer “Una vacante imprevista”.) La autora ha encontrado su madurez literaria en esta obra, desde mi punto de vista, y me ha gustado mucho.

El tema policíaco no me entusiasma (ACTUALIZACIÓN: Ahora soy una adicta o.O), pero, como ya he dicho, la manera en que se trata me atrajo, y no me arrepiento de haberlo leído. En absoluto.

La historia atrapa. Está muy bien construida, sin dejar al azar suposiciones o hipótesis que puedan ser trascendentales. Las declaraciones e interrogatorios me han gustado especialmente, porque se nota que están muy trabajados y realmente se puede obtener la información encapotada de ellas.  El protagonista, Cormoran Strike, está caracterizado con mucha cautela y acierto. Me ha recordado a los detectives de los libros de Agatha Christie, e incluso a Sherlock Holmes, aunque Cormoran no es un héroe, es un humano y yerra continuamente. Aún así ejerce su papel como el mejor, y su carácter es fantástico.

 Su descripción, como un hombre tosco, con un pasado complicado, dista bastante con su manera de actuar. La forma en que investiga la muerte de Lula Landry no deja de tener una buena parte de ficción, pero me ha parecido muy cercano a la realidad, sin excentricismos o apariciones por arte de magia.

Como a un buen Quijote, a Strike no le falta su Sancho Panza. Robin es una joven discreta, bastante común, que busca trabajo en la Oficina de Empleos Temporales, para llevar dinero al hogar que comparte con su prometido. Me ha gustado cómo evoluciona, cómo afloran y no sus sentimientos, la compenetración con Strike, que forja una buena amistad que veremos cómo termina en los próximos libros.

Lo fundamental de la historia es, cómo no, conocer al asesino (si es que realmente lo había habido). El libro combina el misterio bastante bien, a mí me costó descubrir quién había sido, e incluso llegué a pensar que no había habido ninguno. Sin embargo, antes de saber a ciencia cierta quién había sido, me planteé una larga lista de sospechosos. Los fui descartando, gracias a mis hipótesis vacilantes, pero está claro que Strike es mucho mejor detective que yo.

Lo cierto es que el final no me sorprendió, quizá un poco, pero no fue algo espectacular. Me agradó, no obstante, cómo se queda la relación entre Cormoran y Robin, y me ha encantado el poema con el que finaliza la historia.

Como habréis visto, en general me ha gustado, y os lo recomiendo. Se lee rápido porque es entretenido.
 
En Reino Unido se publica la segunda parte el 19 de junio “The Silkworm”. Espero poderlo leer pronto en español.
 
¿Lo habéis leído?