Cosas feministas (I) – Feminismo mainstream

Frecuento mucho Twitter, demasiado incluso, y ahí siempre se están cociendo cosas. Algunas más importantes, otras menos… y vídeos de gatos. Eso 24/7. Aunque mi TL está infestada de libros, también una parte importante rezuma feminismo en sus más variopintas clases. Por eso suelo enterarme de mil y una cosas relacionadas con bastante asiduidad. Pero también presencio actitudes y comentarios que acaban por hacer que me hierva la sangre.  [También es cierto que todo esto ocurre en Twitter, que ni Twitter es EL feminismo, ni desde ahí se van a cambiar las cosas a base de hashtags (aunque muchos parecen pensarlo), pero al menos es una fuente temporal de la que beber ante la falta de aguas más puras alrededor].

En estas semanas que he estado desconectada de todo, me he ido enterando a cuentagotas, de cosas a través de esta red social. Y sobre una de ellas me gustaría hablar aquí.  Son, cómo no, las camisetas feministas de Dulceida (lo sé, vengo con algo de retraso).

Dulceida "Feminist"

Fuente: @dulceida (Instagram)

Digamos que con el tema de feminismo se puede hablar, discutir e incluso llegar a las manos (aquí, que tan dados somos a exaltarnos cuando el resto no comparte nuestra opinión) sin exagerar demasiado.  No hay una corriente única de pensamiento dentro del feminismo y eso es lo que lo vitaliza y, a la vez, coloca siempre en el medio de todas las polémicas.  Sigue leyendo

Mujer ♀️

[Publiqué este texto ayer en otra página, pero creo que merece la pena que esté aquí. Allá va.]

Mujeres, siempre tan quejumbrosas, que parece que no os conformáis con nada. A estas alturas de la vida, que ya podéis votar, que podéis caminar solas por la calle (a menos que sea de noche… entonces sois unas inconscientes por exponeros de tal forma), que podéis trabajar fuera de casa y permitiros el lujo de que vuestras parejas os echen un cable en casa. Ya podéis ser mujeres trans sin que os apedreen (en fin), ya podéis optar a altos cargos, ya cobráis como los hombres (*coff coff COFF*). Ya no hay machismo, mujeres, que os lo hay que decir todo. No sé para qué necesitáis un Día de la Mujer Trabajadora, ¿acaso lo tienen los hombres? *1 Si tanto deseáis la igualdad, no seáis radicales, colaboremos todos, busquemos la igualdad de la mano, no recurráis a ese feminismo rancio, que es cosa de hace 100 años.

No odiéis a los hombres, mujeres. ¿No os dais cuenta de que no son todos iguales? ¿De veras no os dais cuenta? ¡Si os lo están repitiendo por activa y por pasiva TODOS LOS MALDITOS DÍAS DEL AÑO! Los hombres son buenos, los hombres os apoyan, los hombres os PERMITEN luchar, porque los hombres quieren la igualdad. Son como el bueno de Albert Rivera: “Ni feminismo ni machismo: igualdad”. No diréis que no son adorables, ¿verdad?

No seáis radicales, mujeres. Siendo radicales no conseguiréis nada. Vuestros derechos son importantes, claro, pero no vamos a dejar al 50% restante de la población sin sus privilegios, ¿a que no? Cómo se os ocurre semejante barbaridad. Aunque, qué vamos a esperar de unas desvergonzadas que claman igualdad y van por ahí enseñando pechonalidad. ¿Queréis que os respetemos si vais pidiendo a gritos que os humillen, que os violen, que os maltraten? Lo que tenéis es mucho morro… feminazis. Sigue leyendo

Cuando levantas una piedra… y aparece un microsexismo

A estas alturas parece masoquista hacerse sangre cada vez que aparece un micro/macromachismo en cualquier parte. Pestañeas y aparece uno nuevo. Creías que no podían superarse a sí mismos, los acuñadores de eso bellos chascarrillos sexistas, pero lo hacen. Tiene un don, son personas ávidas de reinvención, de innovación. O tal vez sea cosa de las redes, que muestra al desnudo tantas pilas de basura, el que surjan aquí y allá nuevas formas de gilipollez.

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Es absurdo intentar eliminar los microsexismos (los más recalcitrantes, por visibles, se han ido erradicando en mayor medida) de la noche a la mañana. Forman parte de nuestra mentalidad, son aspectos perfectamente aceptados/reídos/aclamados por la sociedad. Pero hacen daño. Son las migajas que van quedando de la gran hogaza de machismo que había en un principio, aunque si no se recogen adecuadamente, cada vez que des un paso las verás, y te enervarás y sentirás que todavía pervive lo inicial. Así, claro está, hay que ir poco a poco. Primero hay que detectarlos, repudiarlos y eliminarlos. Ardua tarea, pero infinitamente más eficaz que lanzarse a barrerlos bajo la alfombra.

Hay muchos, demasiados, ejemplos de microsexismos latentes que se me vienen a la mente ahora mismo, pero voy a tomar algunos  que he visto hace nada (apenas una semana) en Twitter. (Twitter es el almacén de todo lo bueno y lo malo de estos días. Y de sexismos hay un stock tremendo). Sigue leyendo

Aprendiendo a odiar a Harry Potter

A raíz de leer Besos entre líneas mi vena hater creció, creció mucho. Ahora está en la recámara, esperando ansiosa para salir a la primera de cambio. No es que me haga especial ilusión izar la bandera pirata contra Harry Potter, pero parece que con la oleada de novedades relacionada con la saga no queda otra. Y lo hago a sabiendas de que estoy lanzándome de cabeza y sin protección alguna contra el fandom más poderoso y amplio que existe ahora mismo y que se ha ganado dicha posición a lo largo de los años.
 
En 1997 comenzó todo: se publicó, el 26 de junio, Harry Potter y la piedra filosofal, el primer volumen de la heptalogía que coronaría a J.K. Rowling como la reina de la literatura juvenil moderna. Diez años después, el 21 de julio de 2007, salió al mercado el último de los siete libros: Harry Potter y las reliquias de la muerte; sin embargo, no fue hasta 2011 cuando se dio, a priori, por finiquitado el potencial de esta franquicia, cuando Harry Potter y las reliquias de la muerte (parte II) fue estrenada en cines.
 
Pero no, J.K. Rowling no iba a dejar que sus libros descansasen tranquilos en nuestra memoria y en nuestras estanterías. Ella tenía preparado Pottermore, esa página diabólica que abrió sus puertas definitivamente en 2012 y que permitió, si se excusa la poco elegante expresión, que todos los fanses mojasen braga muy a gusto. Con Pottermore, los potterheadsrecibieron montones de materiales nuevos con los que alegrarse la vista. Artículos inéditos, juegos para integrarse más si cabe en los escenarios de la historia, información sobre el wordbuilding(aunque no está de más echarle un ojo a este post salvajemente ¿sarcástico? sobre el tema), tests, incluso la súbita aparición de material sobre un colegio de magia estadounidense.

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Booktube: Los gozos y las sombras


No será esta la primera vez que diga que no acabo de verle la gracia Booktube. Para ser sincera, tampoco mantengo una relación muy estrecha con papá Youtube, así que creo que es excusable esta falta de comprensión mía para con los renovados métodos de expansión literarios. No obstante, y dado que no soy alguien hater (solo durante breves episodios y no es este el caso, me temo), he decidido hablar de qué me parece Booktube, de algunas cosas que considero poco menos que crímenes capitales y, por supuesto, de algunos (pocos, he de decir) canales que sigo y/o he seguido desde el surgimiento de este fenómeno.

 
La idea para hacer esta entrada ha venido de dos bandas distintas. Por un lado tenemos un post que publicó Mangrii en su blog hace unas semanas hablando de sus booktubers favoritos; en el otro está una conversación de Whatsapp con un amigo durante la cual él me vino a decir algo como: “¿Qué va a ser lo próximo? ¿Reseñas en Youtube?”. Y, sí, entonces le respondí que eso ya existía, de hecho, y que se llamaba Booktube. (Obviaremos su reacción a esto, por el bien de la comunidad *guiño guiño*).
 
Dejando esto aparte, me gustaría comenzar hablando de blogs y canales. El hermano mayor y el recién nacido.
Blogs y canales: evolución

 

Con Blogger,los blogs en general,  no siendo esta la plataforma empleada necesariamente, hubo un boom. Cualquiera podía postear lo que le viniese en gana, cuando y como lo deseara. Compartir lecturas se convirtió en algo habitual y se creó una comunidad modesta a su alrededor, comunidad que no dejaría de crecer hasta nuestros días, ahora que aparecen dos blogs literarios si levantas una piedra. Lo que llevó a los blogs a ser tan populares fue la cercanía que ofrecían, la sencilla comunicación autor-lector, así como la posibilidad de hablar de libros sin límites de ningún tipo y esa reconfortante sensación de realización que se obtiene tras el trabajo bien hecho.

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